No es fácil desprenderse de aquello que fue significativo en tu vida, lo material incluso, mucho menos de las personas que han sido en distintas etapas pieza fundamental en nuestras vidas. Pero hay que seguir adelante, cambiar de ruta si fuese necesario, reprogramar el esquema que teníamos trazado y que la vida nos fuerza a replantear sin aviso previo, No todo está en nuestras manos, habremos de aceptar que nuestra vida no se rige tan solo por nuestra voluntad, que forjamos nuestro destino en parte solamente, que tendremos en muchas ocasiones la oportunidad de cambiarlo, y otras de aceptarlo y adaptarnos a él.
Aceptar que las relaciones humanas cambian, que lo que una vez fue amor puede llegar a diluirse, sin que apenas caigamos en cuenta del porqué. Somos finalmente tantos como las percepciones de aquellos con los que coincidimos en este mundo, incluso para nosotros mismos tendremos zonas ocultas que otros logren reconocer, dejamos huellas tan distintas en la gente, que quizá ya es satisfactorio que la mayoría sean con la intención que pusimos en ella.
Afortunada soy de poder decir que fui feliz antes y serlo ahora, en un entorno distinto y distante de lo que tantas veces imaginé fuera. Sentir que estuve y estoy donde en cada etapa debía estar, de mantener vivos los afectos que permanezcan, en la intensidad que cada quien me haga sentirlos, siempre valorarlos como sustento de mi alma, como una de mis mayores fortalezas.
¡Siempre agradecida, con Dios con la vida!
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