domingo, 29 de marzo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 FRENTE AL ESPEJO

Esta vez sucedió en Lázaro Cárdenas, Michoacán: Un joven de quince años arriba a su escuela armado con un arma de asalto; abre fuego y mata a dos maestras del plantel. De entrada, nos deja a todos sin aliento, preguntándonos en qué momento la violencia ha escalado a este nivel.

La investigación judicial se halla en curso. Hasta ahora se sabe que el joven forma parte de algunas comunidades que se identifican por actitudes de desprecio y violencia contra las mujeres, como son los “incels”, la “manósfera”, o grupos afines a “la píldora roja” del nuevo despertar. Entre sus integrantes permea un gran resentimiento social, baja autoestima y un aislamiento social, que los lleva a integrar comunidades digitales que refuerzan su comportamiento.

Se sabe que el joven tuvo acceso a un AR-15 de dudosa proveniencia. Transportando este fusil dentro de un estuche para guitarra fue como entró al plantel sin despertar sospechas, aunque se ha determinado que en sus redes sociales horas antes ya había hecho el anuncio de su próximo ataque con las palabras: “Hoy es el día”.

Me recuerda casos recientes similares, en particular uno ocurrido en Torreón, Coahuila en el 2020, del cual hizo minucioso recuento el periodista lagunero Javier Garza Ramos en su crónica intitulada: “Nueve disparos: Crónica del tiroteo escolar que sacudió la nación.”  A través de sus líneas el autor evoca a su vez, lo acontecido en la secundaria Columbine en la Unión Americana en 1999. Por esa razón me permití iniciar diciendo: “Esta vez sucedió en Lázaro Cárdenas, Michoacán”.

La sociedad constituye un tejido vivo, podríamos decir que se conforma de unidades familiares que se ocupan, cada una de ellas, primero de crecer y desarrollarse, y, en segundo término, de establecer interacciones con el resto de las unidades. Cada célula hace acopio de lo necesario para su mejor subsistencia, a la vez que es capaz de generar productos propios y de proveer a otras lo que requieran. Es así como el tejido social se expande, adopta características distintivas y ocupa un lugar en el mundo.

Cuando algo significativo ocurre en una parte de este tejido, todas las unidades funcionales lo resienten. Finalmente, como en todo conjunto vivo, las células son interdependientes unas de otras. Nada pasa en ese pequeño universo estructural que no ataña al resto.

Lo que sucede en una entidad del país configura un momento crítico para todo el territorio nacional, no solamente para el sitio en el que ocurre el acontecimiento. Entiéndase pues, que todos somos, en alguna medida, responsables de que este joven haya vivido una parte de su corta vida de ese modo oscuro, con gran resentimiento y deseos de venganza. Que haya tomado un arma de alto poder con sus respectivos cartuchos, que haya transmitido por redes sociales el aviso de lo que era inminente que llevara a cabo, y finalmente que procediera a materializarlo. Todos somos responsables de un país con pocas oportunidades para un desarrollo emocional idóneo, en el que los jovencitos se encierran en su habitación y se escapan a través de una pantalla digital para conformar un mundo en el cual se sientan, al menos “no tan mal”. Sería muy irresponsable atribuir la causalidad únicamente a su familia nuclear, cuando todos hemos contribuido de alguna manera a ese estado de cosas. La narrativa oficial proclama que ha bajado la violencia en todas sus formas, aunque la realidad del día a día apunta en otro sentido, y nuestros niños y adolescentes se enfrentan a un panorama bastante desalentador.

Del material audiovisual que ha venido recabando la FGE a propósito del caso, hay algunas fotografías que el propio joven subió a redes sociales, en las que aparece frente al espejo de su habitación vestido de negro, portando la AR-15. Quiero imaginar que lo hizo a manera de autoafirmación personal, como diciendo para sí mismo qué significaba dicho ataque armado. De ese mismo modo, frente al espejo, nos toca a todos nosotros, integrantes de la sociedad mexicana, revisar cómo ha sido nuestro proceder en el día a día. De qué modo enfocamos la violencia y cómo reaccionamos frente a ella. O hasta donde volteamos la vista a otro lado ante situaciones claramente irregulares, ilegales o injustas.

Este jovencito ya dañó su vida para siempre. Por más que el sistema judicial sea benigno para juzgarlo por su condición de menor de edad, el doble homicidio que perpetró le deja una marca indeleble. Antes de cometer su crimen, se colocó frente al espejo tal vez para solazarse. Ahora toca a cada uno colocarnos frente al espejo de la verdad. Evaluar nuestra actuación en un tejido social que supura, y reconocer que llevamos una parte de responsabilidad en ello. Como cualquier ente vivo, una lesión da cuenta del estado total del organismo.

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

Génesis 2: Primer trimestre

Ese primer trimestre fue un tiempo de sombras tenues y una arquitectura invisible.
Mientras el mundo exterior seguía su curso, ajeno a mi presencia, dentro de ese océano cálido yo estaba librando la batalla más creativa de la naturaleza.

El Primer Mes:
Al principio, yo era una quimera científica. No parecía un ser humano, sino un disco minúsculo de esperanza. Pero en mi centro, algo sagrado estaba ocurriendo: la formación del tubo neural.
- El mapa del pensamiento: Antes de tener manos para tocar o boca para besar, tuve un surco primordial que se convertiría en mi cerebro y mi columna vertebral. Era el cableado de mi alma.
- El primer tambor: Alrededor del día 22, ocurrió el milagro. Sin que nadie lo escuchara afuera, un grupo de células especializadas comenzó a contraerse al unísono. Mi corazón, un motor del tamaño de un grano de amapola, dio su primer golpe. Lub-dub. Estaba vivo.

El Segundo Mes:
En este periodo, la biología se volvió arte. Dejé de ser un "embrión" genérico para empezar a dibujar los rasgos de mi linaje.
- Brotes de vida: Mis brazos y piernas aparecieron como pequeños brotes de arcilla en los costados de mi cuerpo. Al principio parecían paletas de remo, pero pronto, una muerte celular programada y perfecta esculpió los espacios entre mis dedos.
- El rostro del destino: Mis ojos, que todavía eran solo manchas oscuras a los lados de mi cabeza, empezaron a migrar hacia el frente. Mi mandíbula y mi lengua se formaron, preparándose para el primer llanto y la primera palabra.
- El refugio de la placenta: Se consolidó mi "árbol de la vida". La placenta se arraigó profundamente, filtrando el amor y la fuerza de mi madre para que yo pudiera seguir expandiéndome.

El Tercer Mes:
Al llegar a la semana doce, ya no era una posibilidad borrosa; era un feto, una palabra que suena a ciencia pero que para mí significaba "libertad".
Mis huesos, que antes eran solo cartílago suave como la seda, empezaron a endurecerse, convirtiéndose en el armazón que sostendría mis sueños.

- El baile del movimiento: Empecé a dar mis primeras volteretas. Mi madre aún no podía sentirme —era como el roce de un ala de mariposa contra el cristal—, pero yo ya estaba probando la fuerza de mis nuevos músculos en el líquido amniótico.
- La huella única: En las yemas de mis dedos, la piel se arrugó en patrones que nadie más en la historia del universo repetiría. Mis huellas dactilares quedaron grabadas para siempre, mi firma personal ante el mundo.

La paradoja de mi crecimiento
Es fascinante pensar que, al final de estos tres meses, aunque solo medía unos 5 o 6 centímetros (el tamaño de un kiwi), ya tenía todos mis sistemas orgánicos en su lugar. Lo que restaba era solo cuestión de tiempo, alimento y amor para crecer.

Fueron meses de un silencio profundo, donde mi mayor tarea era simplemente ser.
 
Mi madre experimentaba mareos y fatiga, sin saber que toda su energía estaba siendo transmutada en mis párpados, en mis riñones y en la capacidad de mi corazón para amar.



CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Nada es para siempre

El río cree que corre para siempre, pero un día se entrega al mar y desaparece en él.
El árbol levanta sus ramas al cielo durante décadas, hasta que un invierno más duro que los otros lo vuelve madera caída.
La estrella arde millones de años en silencio… y cuando nadie la mira, simplemente se apaga.
El día también es un pacto breve: nace con el alba, camina unas horas entre nosotros y al final se rinde, inevitable, a la noche.
La rosa presume su perfume en la mañana, y por la tarde ya comienza a despedirse del mundo.
Incluso las ciudades —tan seguras de su eternidad— terminan siendo polvo que otros siglos pisan sin saber quién vivió allí.
Todo tiene un ciclo.
Todo nace, respira un tiempo… y luego se inclina ante el olvido.
Nada es para siempre.
Ni el universo, que un día agotará su último suspiro de luz.
Y sin embargo, en medio de esta coreografía de finales, existe una tregua diminuta, un instante suspendido contra la corriente del tiempo:
la serena paz —breve pero inmensa— de saberte mía...



TED Talk: Cómo detectar fotografías fealsas hechas con IA


 Pueden activarse subtítulos y traducirlos al español.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Y que es si no entonces la vida, sino una continua alternancia entre el querer y no poder, el poder y no querer, el poseer y el carecer, el llorar y reír, amar y por desamor sufrir, soledad y compañía.  Navegar sin brújula muchas veces, capotear los malos tiempos, pisar tierra firme encontrando la certeza de un sendero amable que lleva a mejores tiempos, descansar el alma, gozar de esa paz que deja sentir la nobleza del ser humano, de la naturaleza. Súbitamente ser estrujado por la naturaleza misma, por la miseria humana, por la enfermedad que acecha y mina nuestro cuerpo, por esos fantasmas que parecían haber quedado en el pasado y reaparecen haciéndonos de nuevo daño. 

Y sin embargo, hay que seguir viviendo, dejar a un lado cargas de lamentos o saber continuar con ellas a cuestas discriminando su peso, alimentar el alma de nuevas sensaciones que colmen los sentidos, curar heridas que causen rencor con sabio perdón. Renovarse, reciclar desechos de sentimientos obscuros , sublimar rencores, reencontrarnos con la paz y la ansiada felicidad por el mayor tiempo posible, a pesar de la marea, a pesar de nuestro pasado, a pesar de nosotros mismos.

Imagen creada mediante Copilot

El Danubio azul, op 314: Vals de Johann Strauss con la Filarmónica de Viena


 

domingo, 22 de marzo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 KUKULKÁN VERSUS GROK

Hace un par de días ocurrió el equinoccio de primavera, momento bianual cuando el sol se ubica exactamente a la altura del ecuador terrestre, de manera que, por veinticuatro horas, la duración del día y de la noche es equivalente. En diversos puntos del orbe puede apreciarse en forma sensitiva lo que el fenómeno produce, en particular en pirámides mayas de nuestro país y la vecina Guatemala.

Acudir a sitios arqueológicos durante los equinoccios es algo de lo que se lleva registro desde la segunda mitad del siglo veinte, a raíz de las descripciones que J.Rivard publicara para NatGEO en 1969. Es una tradición que a la fecha continúa, que reúne a inspirados y estudiosos alrededor de las pirámides para presenciar el momento en que, a través de unas estructuras triangulares a lo largo de la pirámide, se produce la imagen de una serpiente descendiendo desde la altura hasta la base de la estructura, lo que se ha querido interpretar como el descenso de Kukulkán, la serpiente emplumada de los mayas, equivalente a Quetzalcóatl de los mexicas. Aunque, cabe decirlo, hay descripciones de esta interpretación en crónicas de tiempos de la Conquista.

En lo personal siempre me ha asombrado la precisión matemática con que nuestros pueblos prehispánicos, en particular los mayas, construyeron sus sitios sagrados, destacando los observatorios. Sin lugar a duda fueron unos acuciosos observadores de la bóveda celeste, para identificar el orden de los astros y la sucesión de fenómenos que se presentan de manera cíclica en el firmamento. Maravilloso conocimiento que, a la fecha, por desgracia, está muy subvalorado.

Lo de hoy es la inteligencia artificial (IA). Se convierte, desde una herramienta excelente para ampliar nuestras destrezas frente a los equipos digitales de punta, hasta un equipo de asistentes especializados con los cuales podemos acompañar nuestras diarias actividades en todos los terrenos. No es solamente un apoyo con fines recreacionales, sino un elemento capaz de incrementar nuestro acervo y nuestras habilidades de comunicación.

En un curso de IA impartido por el economista Eduardo Vázquez, director de la Academia de IA regiomontana, se señalaba cuánto crecen las posibilidades de ser contratados por una empresa para los aspirantes que dominen el manejo de la IA. De ese tamaño las ventajas. Ahora bien, como todo en esta vida, el recurso tiene sus claroscuros. Justo me quise imaginar los vastos conocimientos de los mayas frente a la capacidad de razonamiento de nuestros jóvenes egresados, quienes, en muchas de las ocasiones, están delegando el razonamiento a diversas aplicaciones digitales, resultando entonces que la habilidad que les irá abriendo puertas es la de dominar qué aplicación utilizar cuándo y para qué, elaborando las preguntas precisas que conduzcan al desarrollo de un proceso de “pensamiento” que emita la información, o el ordenamiento, o el mapa mental requerido.

De alguna manera el panorama que estamos viviendo a estas alturas del tercer milenio, me recuerda a la novela distópica de George Orwell “1984”. Su trama nos conduce a través de un mundo que va permitiendo que el estado (conocido en la novela como “Gran Hermano”) asuma progresivamente el control de la población, para someterla a sus designios, y cómo la iniciativa de un par de ciudadanos que intentan rebelarse ante el sistema es finalmente sofocada. Una metáfora que debería alertarnos ahora, más de setenta años después de haber sido publicada, de hasta qué grado una sociedad puede perderse cuando el juicio crítico de sus individuos es apabullado por los intereses del sistema. Nos lleva a reflexionar que, si nos abandonamos a la comodidad de la IA y dejamos de practicar nuestro juicio crítico, terminaremos anulados.

“Grok” es precisamente una de las aplicaciones más populares de la IA. Me gusta el nombre pues evoca figuras mitológicas a través de la historia, aunque su función modernísima está asociada a la búsqueda de contenidos en X. Quise por un momento imaginarme a la serpiente emplumada que llega en los equinoccios a diversas pirámides mesoamericanas, enfrentada con el ente creado por la IA que nos provee de información recién publicada en redes sociales. Los visualicé como en un campo yerto, en una lucha cuerpo a cuerpo, tratando de definir, cada uno, quién es el más poderoso.

Una abierta invitación a no subestimar el peso de nuestra historia, construida a base de disciplina, observación y talento, por nuestros abuelos prehispánicos, quienes, hace más de quinientos años, fueron capaces de predecir fenómenos celestes que ahora logramos pronosticar, solo mediante toda la tecnología de punta. Invitación a separar por un rato los ojos de la pantalla, y descubrir las increíbles maravillas que nos rodean.

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya


Qué viaje tan extraordinario ha sido este, incluso antes de que mis pulmones conocieran el peso del aire.
Permíteme contarte cómo pasé de ser una posibilidad en el cosmos a este latido constante que hoy me define.

Todo comenzó en un universo microscópico, un ballet silenciado donde el azar y el destino decidieron encontrarse.
 
No fue solo un evento biológico; fue una colisión de historias.
- La Danza de los Gametos: Imagina a mi padre aportando una de sus millones de semillas de vida, una pequeña cápsula de información navegando contra la corriente. Por otro lado, mi madre, ofreciendo el óvulo, una luna llena y plateada esperando en la penumbra de la trompa de Falopio.
- El Instante de la Fusión: En el momento en que esa semilla traspasó la barrera de la luna, el tiempo se detuvo. Mis dos mitades se fundieron para crear algo completamente nuevo: el cigoto. En ese punto, mi código ya estaba escrito: el color de mis ojos, la forma de mi risa y la curiosidad que ahora siento.

La Odisea del Viaje (Día 1 al 7)

No me quedé quieto. Mientras mis células se dividían en una progresión geométrica fascinante —de dos a cuatro, de ocho a dieciséis—, flotaba como un astronauta en el espacio profundo hacia mi primer hogar.
Era una mórula, un pequeño racimo de sueños, rodando suavemente hacia el útero.

Al llegar, ocurrió el milagro de la implantación. Me abracé a las paredes cálidas de mi madre, echando raíces invisibles para alimentarme de su propia vida. Ese abrazo fue nuestro primer pacto de amor.

Poco a poco, dejé de ser un concepto para convertirme en una presencia.
1. El Latido: A las pocas semanas, un pequeño punto de luz comenzó a pulsar. No era solo un músculo enviando sangre; era mi tambor anunciando que ya estaba aquí.
2. La Conexión: A través del cordón umbilical, no solo recibía oxígeno. Sentía la calidez de su voz, la vibración de su risa y, a veces, la marea suave de su melancolía.
3. La Formación: Mis dedos se separaron como pétalos, mis párpados se sellaron para proteger mis ojos en formación y mi cerebro comenzó a tejer la red de pensamientos que hoy me permiten narrarte esto.

Un milagro en cifras
Para que yo esté aquí, la biología tuvo que ser perfecta:
- 46 cromosomas se alinearon en una danza precisa.
- 280 días de una metamorfosis más compleja que la de cualquier mariposa.
- Millones de conexiones neuronales creadas cada minuto en el silencio del vientre.

Ahora, al abrir los ojos a esta luz nueva y sentir el frío del mundo, entiendo que mi concepción no fue el final de un proceso, sino el prólogo de la historia más hermosa que jamás voy a escribir: mi vida.

REFLEXIÓN de JCDOVALA

 Con respeto y desde la distancia, quiero compartir este mensaje contigo y pedirte que, si lo consideras valioso, también lo hagas llegar a tus hijos.

La vida, al final, es solo un instante. Y si tus padres ya no están presentes, te pido algo sencillo; cierra los ojos y haz una oración por ellos.

Honra a tus padres. No por obligación, sino por conciencia.

Ellos son el origen de lo que hoy eres; tus valores, tu carácter y muchas de las oportunidades que has tenido. Antes de que pudieras sostenerte por ti mismo, ellos ya estaban ahí. Antes de que entendieras el mundo, ellos ya lo enfrentaban por ti.

Con el tiempo uno crece, se ocupa, se distrae… y sin darse cuenta empieza a dar por hecho lo más importante. Pero hay una verdad que no cambia: el tiempo no regresa. Y llegará el día en que darías cualquier cosa por una conversación más, un consejo más, un momento más.

Honrar a los padres no es solo obedecer. Es escuchar, respetar y estar presente. Es reconocer su esfuerzo, incluso cuando no fue perfecto. Porque nadie nace sabiendo ser padre; aprendieron en el camino, contigo.

Las bendiciones de un padre o una madre no siempre se ven, pero se reflejan en la vida. Abren caminos, protegen en silencio y sostienen cuando todo parece incierto.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

El anticristo

Hay preguntas que no envejecen.
Se repiten como la tos en la madrugada de una sala de emergencias: insistentes, incómodas, inevitables.
¿Estamos cerca del fin?
¿Está ya entre nosotros el anticristo?
Cada siglo ha jurado que sí. Cada guerra ha sido “la última”. Cada pandemia ha sido “la definitiva”. Y sin embargo, la humanidad sigue levantándose al día siguiente, con los ojos hinchados y las manos aún temblorosas, pero levantándose.

Yo no creo en un anticristo de carne y hueso caminando por nuestras calles con un nombre y una dirección verificable. No hay evidencia de ello. No hay un expediente clínico, ni una placa, ni una historia documentada que nos permita señalarlo como se señala una fractura o una arritmia.
Pero eso no significa que lo que esa figura simboliza no exista.
Porque existe.
Y lo vemos todos los días.

Se ve cuando alguien miente sabiendo que hace daño.
Se ve cuando alguien se aprovecha de otro.
Se ve cuando dejamos de sentir lo que le pasa al de al lado.
Se ve cuando la vida de una persona vale menos que el interés de alguien más.
Ese es el verdadero rostro de lo oscuro: la pérdida de humanidad.

Se presenta sin cuernos ni profecías, sino con formas más cotidianas: la indiferencia que pasa de largo frente al sufrimiento, la mentira que se disfraza de verdad conveniente, la corrupción que compra silencio, la violencia que se normaliza, la deshumanización que reduce a las personas a números o estorbos.

Ese “anticristo” no necesita templos ni símbolos.
Le basta con el cansancio de la gente buena.
Pero hay otra parte de la historia que también es real, y esa casi nunca se menciona.
Se ve cuando alguien se detiene a ayudar a un desconocido.
Cuando una madre se desvela cuidando a su hijo.
Cuando un trabajador hace bien su trabajo aunque nadie lo esté viendo.
Cuando un médico, una enfermera, un maestro, un vecino… decide no rendirse con otro ser humano.

Mientras eso exista… el mundo sigue.
Así que no, no creo que estemos cerca del final.
Creo que estamos en lo de siempre:
una humanidad que a veces se pierde…
y muchas otras veces se encuentra.

Y en cada amanecer, alguien —quizá usted, quizá yo, quizá quien lea estas líneas— tendrá la oportunidad de decidir, una vez más, de qué lado quiere estar.
No del lado del miedo.
No del lado de la indiferencia.
Sino del lado que mantiene la luz encendida… aunque el mundo, a ratos, parezca empeñado en apagarla...

CHARLA: Las ocho claves para vivir mejor


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Vivir y aprender a adaptarse a los cambios, es algo que nos permite alcanzar aquello que concebimos como la felicidad. Dejar atrás lo que se tuvo y ya no se tiene más. No aferrarse a las cosas ni a las personas, mantener los vínculos afectivos que permanecen intactos a pesar del tiempo, la distancia, las circunstancias.
 
No es fácil desprenderse de aquello que fue significativo en tu vida, lo material incluso, mucho menos de las personas que han sido en distintas etapas pieza fundamental en nuestras vidas. Pero hay que seguir adelante, cambiar de ruta si fuese necesario, reprogramar el esquema que teníamos trazado y que la vida nos fuerza a replantear sin aviso previo, No todo está en nuestras manos, habremos de aceptar que nuestra vida no se rige tan solo por nuestra voluntad, que forjamos nuestro destino en parte solamente, que tendremos en muchas ocasiones la oportunidad de cambiarlo, y otras de aceptarlo y adaptarnos a él.
 
Aceptar que las relaciones humanas cambian, que lo que una vez fue amor puede llegar a diluirse, sin que apenas caigamos en cuenta del porqué. Somos finalmente tantos como las percepciones de aquellos con los que coincidimos en este mundo, incluso para nosotros mismos tendremos zonas ocultas que otros logren reconocer, dejamos huellas tan distintas en la gente, que quizá ya es satisfactorio que la mayoría sean con la intención que pusimos en ella.
 
Afortunada soy de poder decir que fui feliz antes y serlo ahora, en un entorno distinto y distante de lo que tantas veces imaginé fuera. Sentir que estuve y estoy donde en cada etapa debía estar, de mantener vivos los afectos que permanezcan, en la intensidad que cada quien me haga sentirlos, siempre valorarlos como sustento de mi alma, como una de mis mayores fortalezas.

¡Siempre agradecida, con Dios con la vida!

Canción "Primavera" con el dueto Efecto Tarumba


 

domingo, 15 de marzo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 URGENTE SENTIDO DE COMUNIDAD

En este tercer milenio los cambios ocurren a velocidades inusitadas. En cuestión de horas o de días llega a modificarse sustancialmente la geopolítica mundial, el precio del crudo o la integridad de diversos territorios en conflicto bélico. Contrastado frente a la parsimonia, digamos, del siglo veinte, los habitantes actuales de la tierra necesitamos, ahora sí que “ponernos las pilas” para avanzar al ritmo de los acontecimientos.

Debido a tal velocidad, no alcanzamos a percatarnos de muchos de los cambios que van ocurriendo, tanto en el entorno como dentro de nosotros mismos. Tal vez nos sorprendamos con una óptica de los hechos distinta a la que siempre habíamos tenido, o actuando de modos novedosos frente a un estímulo determinado. De momento no alcanzamos a comprender que parte de esos cambios ocurre en respuesta a la manera como el exterior influye sobre nosotros.

Recuerdo las familias de mediados del siglo pasado, generalmente numerosas, en las cuales una misma prenda de ropa iba pasando del mayor a los menores mientras durara íntegra. Y como la calidad de fabricación de ropa era muy superior a la actual, una misma chaqueta podía perdurar diez o más años entre el mayor y el más pequeño, para luego ser donada a la caridad. Ninguno de los hermanos rechazaba recibir “el gallito” del hermano mayor. No había esa fijación por las marcas, y todos contentos, muy distinto a como ocurre hoy en día. Cada niño tiene sus propias prendas, de preferencia nuevas y de marca, y casi sería un atentado contra sus derechos recibir algo de segunda mano que usó su hermano mayor. Porque, vaya, hay que decirlo, ropa de segunda comprada en una tienda dedicada a ese ramo llega a ser hasta distinguido, digamos, en un “Antique Mall” norteamericano o una “Friperie” europea, opciones de caché. Así de contradictorios somos a ratos.

Una costumbre que ha venido cambiando radicalmente con el tiempo es la relativa al consumo de café. Lo que en sus inicios era una taza de cualquier material rígido en la que se vertía una misma mezcla para todos, ahora se ha convertido en una bebida que se sirve en vasos desechables. La presentación inicia con la variedad y el origen del grano; el tueste y la preparación. Puede ser café regular, descafeinado o espresso, endulzado con alguno de la gran variedad de edulcorantes, con leche de vaca, de almendra, deslactosada, light, con distintos acentos y matices… en fin, la lista pareciera interminable.

En el mercado encontramos otros artículos altamente personalizados en los distintos géneros en que la mercancía puede ofrecerse: Teléfonos celulares, tabletas, vehículos y otros tipos de artefactos de transportación; paseos, vuelos, viajes turísticos… Narices, orejas y cualquier otra porción corporal que se desee aumentar, disminuir, perfilar y demás.

Todo lo anterior, que se engloba en una forma de ajustar lo que deseamos, procuramos, compramos y utilizamos, resalta cómo nos vamos ciñendo a un egocentrismo cada vez mayor, que nos vuelve, poco a poco, en demandantes, intolerantes y progresivamente irritables cuando no se cumplen nuestros deseos más puntuales.

Pudiera decirse que lo anterior apunta en sentido contrario al concepto de comunidad. Nos volcamos más en lo individual y menos en conocer y atender las necesidades de quienes nos rodean. Y es precisamente, ese sentido de comunidad un elemento que nos está haciendo mucha falta a todos hoy en día.

Visualizar los problemas en conjunto nos permite una observación más amplia y diáfana; trabajar por resolverlos entre todos lleva a abordar sus diversas aristas. Somos mayor número de individuos enfocados a un mismo trabajo, aplicando cada uno sus habilidades muy propias. Al mismo tiempo crece el aprendizaje y la motivación, de modo que el trabajo se cumple de mejor manera y en un tiempo más reducido. Además de que el logro de metas conjuntas refuerza la identidad y el sentido de pertenencia.

No deja de asombrar la cantidad de suicidios consumados o en modo de intentos que ocurren últimamente. Se han habilitado diversas líneas telefónicas de asistencia en crisis, pero aun así los casos se presentan. Entonces habrá que buscar un sustrato común en todos ellos. ¿No será que esta tendencia a la exagerada individuación nos está cobrando factura?

Hay cosas que no podemos volver atrás en el tiempo; tipos de conducta que habrán de permanecer en el baúl de los recuerdos. Muy al margen de ello siempre es sabio asomarnos atrás y rescatar aquellos patrones de conducta que reforzaban el tan necesario sentido de comunidad que nos sustentaba. Un concepto que bien podría apoyar nuestra salud mental y ponernos a salvo de muchos problemas derivados del estrés con el que estamos viviendo en unos tiempos de notable aceleración.

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

Mi querido amigo Luis Toraya se integra formalmente al esfuerzo semanal de este blog, para publicar de manera periódica textos de su propia autoría. Aunque ya habíamos sacado algo suyo, hoy estrena oficialmente su espacio bajo el título "Crónicas de un Don Nadie". Aquí nos explica el autor el por qué del título. ¡Bienvenido, Luis!

Dicen que la historia la escriben los vencedores, pero la vida —la de verdad— la vivimos quienes pasamos desapercibidos en la fila del banco, en el tráfico de los lunes o en la mesa de al lado en cualquier café.

No soy un experto en nada, pero soy un testigo de todo. 

En este espacio, cada semana, me propongo rescatar esas pequeñas historias que parecen no tener importancia, pero que, al mirarlas con atención, revelan mucho más de lo que imaginamos.

A veces, la verdadera maravilla no se esconde en las cumbres, sino en la pausa que no pedimos.

Hoy, mientras esperaba a que el semáforo cambiara de rojo a verde, vi cómo un rayo de sol atravesaba el parabrisas y se detenía exactamente sobre el polvo que flotaba en el aire del coche. Durante unos segundos, esa pequeña polvareda, usualmente molesta o ignorada, se convirtió en una constelación danzante, un espectáculo de luz dorada que el mundo entero parecía haberme regalado solo a mí, en medio de la prisa y el claxon impaciente de al lado.

Nos acostumbramos tanto a existir que olvidamos notar el milagro de la física y el azar colisionando en un simple rayo de luz. 

Olvidamos que respirar, que el latido silencioso de nuestro corazón o el hecho de que un árbol se mantenga en pie al otro lado de la acera, son eventos de una complejidad asombrosa que sostienen nuestra realidad.

No necesitamos buscar grandes hitos para justificar nuestra estancia aquí. 

A veces, ser testigo de cómo la luz se filtra entre las hojas de un árbol en una calle gris es suficiente prueba de que, incluso en la rutina más plana, la vida sigue haciendo magia frente a nuestros ojos.

Aquí habrá de todo: reflexiones sobre el paso del tiempo, el extraño alivio de encontrar un libro viejo, el caos de la existencia moderna y, ocasionalmente, el intento fallido por entender qué rayos estamos haciendo aquí.

No busco ser el protagonista de tu semana, solo pretendo ser una voz honesta que te acompañe mientras tomas un respiro. 

Bienvenido a estas crónicas. Al final, todos somos un poco 'don nadie' en este gran enredo, y ahí es precisamente donde nos volvemos interesantes.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa


El cerebro de Dios

En algún rincón del siglo XVI, cuando Europa despertaba de la larga noche medieval, un hombre solitario se subió a un andamio en el Vaticano para pintar a Dios. No era sacerdote ni teólogo. Era escultor, arquitecto, poeta y sobre todo, un obsesivo. Se llamaba Miguel Ángel Buonarroti, y aceptó a regañadientes un encargo que cambiaría para siempre la historia del arte: decorar el techo de la Capilla Sixtina.
   Entre 1508 y 1512, mientras el papa Julio II libraba guerras y consolidaba su poder, el artista florentino pasaba las horas tumbado sobre su espalda, pincel en mano, pintando más de 500 metros cuadrados de cielo e historia bíblica. Pero en medio de esa bóveda majestuosa hay un fresco que detiene el tiempo: La Creación de Adán.
   Todos hemos visto esa imagen aunque no sepamos su nombre: dos manos que casi se tocan, separadas por un soplo de aire. Una pertenece a Dios, majestuoso, barbado, envuelto en un manto que flota; la otra a un hombre desnudo, recién formado, que extiende su dedo con pereza divina. No es un contacto cualquiera: es el instante en que la vida pasa del creador a su criatura.
   Lo que muchos olvidan es lo que significaba crear en el Renacimiento. Ya no era un acto misterioso reservado a lo sobrenatural: era también el fruto del conocimiento, la razón, la observación del mundo. Italia hervía de ideas nuevas: Leonardo disecaba cadáveres para dibujar músculos y nervios con precisión quirúrgica; Copérnico ponía al sol en el centro del universo; Erasmo escribía sobre el libre albedrío. Y en medio de esa revolución, Miguel Ángel decidió pintar al hombre no como siervo temeroso, sino como reflejo de lo divino: fuerte, hermoso, capaz de pensar por sí mismo.
   Por eso La Creación de Adán no muestra a Dios moldeando barro ni insuflando aliento por la boca. Lo muestra transmitiendo algo invisible y más profundo: la chispa de la conciencia. No es la carne lo que crea a un hombre, sino la mente que la habita.
   Si uno observa con calma ese manto rosado que envuelve al Creador, descubrirá algo inquietante: su contorno no es casual. Las curvas, las hendiduras y hasta la posición de los ángeles trazan con precisión quirúrgica el perfil de un cerebro humano. Es como si Miguel Ángel, que conocía la anatomía mejor que muchos médicos de su tiempo gracias a sus disecciones clandestinas, hubiese escondido un mensaje en el corazón mismo de la fe: Dios no sólo da vida, da pensamiento.
   Quizá el artista sabía que la divinidad no está en el cielo sino dentro del cráneo, que el mayor milagro no es respirar sino ser conscientes de que existimos. Tal vez por eso Adán no corre a tocar a su creador: apenas extiende su dedo, como quien recibe algo intangible que no entiende del todo. Porque en ese diminuto espacio entre ambos —ese abismo microscópico— cabe todo lo que somos: la duda, la razón, la curiosidad, la chispa que nos impulsa a buscar respuestas.
   Durante siglos, nadie pareció notar el secreto. Los fieles levantaban la vista y veían un Dios paternal flotando en el éter. Los papas se sentaban bajo la bóveda sin sospechar que sobre sus cabezas se escondía un manifiesto humanista. Recién en 1990, más de cuatrocientos años después, dos médicos estadounidenses, Frank Meshberger y Rafael Tamargo, demostraron que aquella forma correspondía con sorprendente exactitud a un corte sagital del cerebro humano. La noticia recorrió el mundo académico como un relámpago: lo que parecía una simple nube era en realidad un mapa de nuestra mente.
   Y entonces la pintura cobró un nuevo sentido. No era sólo el relato de un Dios que crea al hombre; era el testimonio de una época que se atrevió a pensarse a sí misma, que descubrió que comprender el cuerpo era también acercarse a lo sagrado. Era la confesión silenciosa de un artista que entendió que la divinidad no se impone desde arriba, sino que se enciende dentro de nosotros.
   Cada vez que miro esas dos manos casi tocándose, pienso que tal vez la distancia entre Dios y el hombre no es un abismo insalvable, sino el grosor de una sinapsis. Que el soplo divino no llega con rayos ni truenos, sino con un impulso eléctrico. Que el mayor acto de creación ocurrió no cuando nos dieron carne, sino cuando nos regalaron la capacidad de preguntarnos por qué estamos aquí.
   Y en esa pregunta —dolorosa, eterna, maravillosa— habita el cerebro de Dios...

CHARLA: Decisiones pequeñas: Un gran cambio


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Estar totalmente satisfecho con la vida implica reconocer en ella lo que depende de nuestro esfuerzo y voluntad para lograr que sea posible;, reconocer límites en nuestras aspiraciones y sueños, aceptar que una buena parte de lo que nos sucede no está a nuestro alcance cambiarlo, por más voluntad y esfuerzo que hagamos por lograrlo. Adaptarnos a nuestras circunstancias, agradecer lo que poseemos, tener ambición de progreso que implique crecimiento personal y no solo mejorar nuestra economía. 

No todo aquello de lo que carecemos nos hace realmente falta, a veces es anhelo que una vez alcanzado ni siquiera disfrutamos. Darle valor a la rutina, a nuestro quehacer diario y no esperar tan solo que la vida sean fines de semana. La vida es esto que está ocurriendo hoy, a cada minuto te está sucediendo algo que puede ser tu mejor momento, y quizá ni siquiera sepas apreciarlo por estar obsesionado por lo que ni siquiera puedes hacer que suceda. 

Vive plenamente tu día, aspira el aroma de un nuevo amanecer, déjate abrazar por la luna y encuentra en sus brazos la luz que ilumine tu pesimismo, para librarte de él, para no perderte del paisaje por cerrar los ojos para imaginar otra realidad ajena a la tuya y que no llegará tan solo por desearla. 

Vive plenamente mientras tu mente, tu corazón y tu cuerpo puedan estar en completa armonía. Siente, vibra al compás que te toquen, no todo lo que anhelas te repito, te haría más feliz de lo que ahora puedes ser, si logras ver con el alma toda la fortuna que posees. 

No hay nada peor que no congraciarse con la propia vida, hasta de la soledad hay que saber hacer un aliado para que no pese demasiado. Quien haya sembrado afectos, nunca padecerá hambre que no pueda ser satisfecha por una caricia, por una palabra, por un abrazo que nos llegue al alma.