domingo, 12 de noviembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

EL MEJOR PILOTO
Haz de tu vida un sueño y del sueño una realidad.
Antoine de Saint-Exupéry

Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por  la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión  habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano, y hasta dónde pueden llevar los mismos  a aquel que se atreve a soñar.
     El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendimientos,  misiones, visiones, objetivos y niveles.  Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo no es la única forma para  alcanzar las metas que nos proponemos.
     La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal.  Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión.  Para ello  la experiencia de los mayores les facilita la  creación de proyectos factibles de  llevarse a cabo.  Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto, porque viven esperando que alguien venga a tocar su puerta para descubrirlos.
     Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de  tener como amiga.  Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días.  Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún,  las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho.  Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular   entusiasmo por vivir que  se manifiesta siempre que alguien  le pregunta cómo está, e invariablemente  contesta  con un alegre “Muy bien”.
     Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños.  Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos.  Entre uno y otra nos hallamos  el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala.   No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida. 
     Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de  nuestra personalidad.   No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar.  Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular  a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.
     Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal mientras vivieron, para ejemplos hay muchos.  Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia.  Y por el contrario, tenemos a quienes van en   sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de entusiasmo, vivos porque respiran, pero nada más.
     Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia.  La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos  consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia.   Así  regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima.  Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor.  Un pequeño que se siente aceptado a pesar de sus errores, aprende a amar,  asume que todo  ser humano merece lo mejor, y apuesta a favor suyo.
     La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de  cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.

VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza


AUSENCIA

Has partido
con tu valija de sueños
bajo el brazo,
me  he quedado muda
sin tus palabras.
Antes  de que el polvo
borre tus huellas,
dejo el pensamiento 
en vilo,
salgo a buscarte,
sigo los ecos de tus pasos
por el camino,
voy al balcón que compartimos
de tarde en  tarde,
donde encontraron mis palabras
eco en las tuyas.
Hoy  no encuentro 
otra cosa
más allá de un  silencio
que dice  muerte.

Es polvo tu recuerdo.
Es memoria mi vida.

El poder de la risa: Grupo Pallapupas

POESÍA de Jorge González Durán



LA FLOR DEL AGUA

Si tú me lo dijeras
te preguntara:
¿en dónde empieza el agua
para cortarla?
      ¿Comenzará en la nieve,
aprisionada?.....
      ¿La encontraré en los ríos
si va descalza?...
      ¿Se dormirá en tu sueño
de tan delgada?...
      Si tú me lo dijeras...
pero lo callas.
      ¡Dime, dónde está el agua!
¿Por qué el mar la deshace
junto a la playa,
y en pájaros de espuma
la deja ahogada?...
      Si tú me la trajeras...
¡cuánto la amara!
      ...Y el agua se hizo flor
en tu mirada.

Agradezco a Carlos su valiosa sugerencia poética.

Cortos animados Camaradas de polvo

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



Nuestra propia vida ocurre de la manera como la percibimos.

No es raro escuchar a alguien decir que no es feliz, cuando para nosotros debiera serlo, porque tiene todo para que así fuera.

Advertimos los sucesos, a las personas de distinta manera. Lo que para unos es tragedia, para otros es tan solo una situación apenas incómoda, intrascendente.

Sorprende a veces como hay personas que pueden sortear más de una vez situaciones por demás desafortunadas y son capaces de sobrellevarlas, admira su resiliencia, su capacidad de no quedarse sumidos en la desgracia e inclusive no solo de ello, sino de ser transmisores de paz, porque dentro de si mismos la tienen y la rescatan a pesar de que la desventura se las haya arrebatado transitoriamente.

Otros en cambio, viven siempre angustiados, desconfiados, sufriendo hasta por lo que no les has pasado, viendo en cada situación una posibilidad de conflicto, en la más trivial, en aquella que a veces ni siquiera sucede.

Cuando se encuentra la armonía entre el corazón y el cerebro, cuando hay paz espiritual, es entonces que la vida se aprecia distinta, y ni siquiera es que ésta sea mejor, es que hemos tomado la decisión de vencer el pesimismo, de no perder la fe, de ver en cada día la mejor oportunidad de reencuentro con el amor, con el perdón, con la paz interior, que nos permita sobrellevar nuestra realidad, sin que nos arrebate nada ni nadie la esperanza de que pueda mejorar.

Unchained melody

Gracias, Joe por esta hermosa sugerencia.

domingo, 5 de noviembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

DESTINO Y RUTA
Hoy en día se impulsa la educación por  competencias medida en resultados.  Los grandes recursos tecnológicos facilitan estos logros, tenemos en la punta de los dedos todo tipo de información que hasta hace algunos lustros hubiera requerido tiempo de consulta en tratados impresos.   Las nuevas generaciones nacen con el chip integrado, de modo  que difícilmente alcanzarían a imaginar cómo eran las cosas en los tiempos cuando no existía la televisión a colores, la computadora personal o la telefonía celular.  Todo ello condiciona cambios de comportamiento que no siempre apuestan a la armonía social.
     Hace algunos días circulaba por una de las principales avenidas de la ciudad, mi intención era aparcarme en un estacionamiento al frente de unos locales comerciales.   Al momento de intentarlo se atravesó frente a mí un vehículo cuyo joven conductor pretendía salir del estacionamiento en reversa; al accionar mi claxon debió frenar bruscamente, para luego girar sobre sí mismo e intentar ahora salir de frente, justo en el momento cuando yo intentaba entrar al estacionamiento.  Dado que arrancó con el acelerador a fondo, quedamos a milímetros de que   impactara mi unidad.  Cuando finalmente pude estacionarme, él  arrancó con una quemada de llanta que debe haberse escuchado a dos cuadras a la redonda.
     Aquello me preocupó, ya me veía toda la tarde en engorrosos  trámites viales aquí y allá, sin vehículo mientras reparaban la carrocería, y sin poder atender los compromisos que ya había contraído.  Pero lo que más me impresionó  fue lo que capturó aquella instantánea acerca de nuestra juventud, inquietud personal que quisiera compartir en este espacio.
     Sería inadecuado afirmar que los tiempos pasados fueron mejores.  Cada época ha poseído sus propios encantos, y quienes hemos tenido la fortuna de transitar entre dos siglos, dos milenios y  diversos avances tecnológicos, debemos reconocerlo. Sin embargo es evidente que existe una gran diferencia en el estilo de vida de una y otra época, mientras que la actual se orienta a objetivos específicos medidos en tiempo y forma, las épocas anteriores ponían en primer término al ser humano y después todo lo demás.
     Un ejemplo familiar de lo anterior, que me resulta muy útil para medir esta diferencia es el siguiente.  A los 7 años de edad me llevaron mis papás a conocer Disneylandia.  Hicimos el recorrido por tierra desde la ciudad de Torreón hasta las inmediaciones de Los Ángeles, California, en el vehículo familiar, un Renault Coupe blanco que de niña siempre me pareció semejante a un huevo cocido.  En dos jornadas llegamos a aquella parte del estado de California, lo que para mí significaba cumplir el  gran sueño de mi infancia.  El vehículo era compacto, sin ninguno de los aditamentos que hoy en día facilitan viajar distancias como esa, lo que sí recuerdo es la infinidad de momentos mágicos que pude acumular a lo largo de la travesía hasta llegar a Disneylandia.   Mis papás y yo gozamos de igual manera el camino  como la meta  final.
     A diferencia de aquellos tiempos, hoy acostumbramos fijar la atención en el destino al cual buscamos llegar en el menor tiempo y con la mayor comodidad posible.  Descartamos cualquier goce que el derrotero pueda ofrecernos, con la mirada puesta en el punto final. 
     Sucede con los viajes turísticos y sucede en nuestra vida diaria, pareciera que vamos contra reloj, como si en avanzar veloces empeñáramos la vida.   Nos irrita cualquier contratiempo del camino, y terminamos enojados con todo y con todos.  Esto es, nos perdemos de disfrutar una gran parte de lo que el trayecto nos ofrece, dispuestos a gozar solo a partir de que lleguemos a nuestra meta.
     No estoy tan segura de que los adultos estemos haciendo bien en la forma de educar a nuestros niños y jóvenes, dejando de lado los aspectos humanistas que tienen que ver con el disfrute de otros elementos, aparte del éxito final.  Gozar cada tramo, disfrutar la compañía que llevamos, y atesorar bellas memorias que –en mi caso particular-- a más de cincuenta años de distancia siguen recordándose con particular gozo.
     Los sitios públicos son los grandes escaparates en los que puede aprenderse mucho sobre la vida.  La costumbre de  no respetar los cajones para discapacitados significa  poner mi comodidad por encima de las necesidades del otro; el no atender el rojo del semáforo, revela que me siento superior al  elemental orden colectivo.  Y mostrarse contrariado cuando algo no funciona conforme a los propios deseos, refleja baja tolerancia a la frustración.  Habría que revisar si el  manual para la vida que damos a nuestros niños y jóvenes  les está permitiendo hacer de la felicidad  la  actitud cotidiana con la cual puedan gozar a profundidad cada tramo del camino.

POESÍA de Isabel Fraire


No te deseo...

no te deseo
te veo
tu imagen sigue
ocupando el silencio junto a mí
      no tengo otra manera de
moverme
que envuelta en tu mirada
tu recuerdo me viste
     el aire que ocupaban tus
palabras
resuena en mis oídos
como un tropel de ángeles
     mis dedos sonámbulos
se tropiezan contigo
en cada objeto.

Agradezco a Carlos tan sensible sugerencia poética. 

Cápsulas de NO con el Dr. Pablo López Rosetti

REFLEXIÓN por Sandra B.B.


Mirar hacia fuera nos distrae nos aparta nos desconecta, mirar hacia dentro nos encuentra. 

Nos permite tomar acción desde un lugar amoroso, después de ver el mundo cómo está es nuestro deber generar amor, humildad, esperanza, compasión, aceptación, generosidad, respeto. 

Para ser feliz no necesitas un motivo sino una decisión, pero recuerda ni en otros ojos ni en otras manos. La posibilidad de ser feliz esta en ti.

Si yo, no descubro belleza en ti, la limitación está en mi.

Porque la sonrisa también es parte del viaje y dicen por ahí que la sonrisa es el espejo del alma.

Música de corral

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



Es una gran responsabilidad ser depositario del cariño de alguien.

Saber que nos hacen dignos de ser queridos, y considerar que tenemos las cualidades necesarias, primero para merecer ese cariño, y luego para conservarlo y mantenerlo a salvo.

Uno quiere a veces sin muchos motivos para hacerlo, un cariño no muy razonado que aflora y hasta nos sorprende, porque el raciocinio a veces no alcanza los límites del corazón,

No se ama intencionadamente, los afectos requieren empatía, un encuentro que va más allá de la razón. No siempre hay reciprocidad en el sentimiento, tampoco se es responsable de que así sea. Cariños inmerecidos, cariños involuntarios, no hay premeditación en el querer.

Cuánto daño hacemos al no reconocer que cualquier cariño recibido merece respeto. Si no es posible corresponderlo, ser honestos, tampoco es válido fingirlo tan solo por compasión.

El cariño auténtico tiene aroma inconfundible que se percibe a distancia, para alertarnos de su presencia. El amor de mis padres y el que le tengo a mis hijos es quizá la mejor fragancia que he aspirado y que aspiro lleguen mis hijos a percibir en este amor que rebasa las fronteras de mi corazón.

Pablo Milanés: El amor de mi vida, concierto en vivo.

domingo, 29 de octubre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

YESSICA
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor.  Se inscribió a un taller de escritura creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve  participantes, con sus 13 años.
     Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su sintaxis,  claro reflejo de su gusto por la lectura.  Lee en voz alta a la misma velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó  a estar muy atentos,  para no perder detalle de sus textos. 
     A lo largo de los tres días que duró el taller  esta jovencita no dejó de asombrarnos.  Afirma que le gusta leer, lo hace de manera continua, y   con sus amigos ha integrado un círculo literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos textos. 
     Veo en Yessica un futuro  literario muy prometedor. Tiene un gran  talento nato, pero sobre todo posee un  espíritu de  constancia y disciplina.  Durante el taller mostró gran entusiasmo ante cualquier actividad que se  nos encomendó  desarrollar, una tarde se convirtió en extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y al final fue el único humano en un mundo en el que  todos se habían transformado  en perros.
     Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede  permiso de abrir la puerta de la imaginación para viajar, descubrir, crear y recrear.  Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la lectura,  sabe  disfrutarla.
     Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo contagien a otros, para procurar la lectura por placer.   Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que se participa por deber, y a partir del momento cuando ya no existe una exigencia externa, la lectura se abandona.
     Nuestros jóvenes la tienen difícil: Les estamos heredando un mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios.  Jóvenes como Yessica amenazan con desestabilizar al sistema, en  ellos está el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad  y que –en consecuencia—vaya a lesionar  los intereses de los actuales poderosos. Estos últimos actúan mediante  la utilización de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan  mantener las cosas como ahora están.   Solo quien es capaz de alejarse para ver a la distancia,  puede dar una lectura distinta a las cosas, proponer  otros caminos para generar el cambio que México necesita.
     Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior.  Detrás de ella está su familia, seguramente sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse  un derrotero propio de forma valiente y auténtica, y jalar con ella a sus pares.  Es bajo esta premisa como podrán prepararse adultos con clara conciencia acerca de  qué cambios se necesitan, y cómo conseguirlos.
     A mis años, interactuar con gente joven es como  recibir  una vitamina de largo alcance.  El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a  la confianza de  que nuestro país habrá de seguir adelante y mejorará.  La tarea de nosotros los adultos mayores consiste en animar a niños y  jóvenes a perseverar en ese entusiasmo, a reforzarlo, pero sobre todo a  que entiendan  cómo hemos llegado a donde estamos; de quedarnos aquí qué riesgos corremos, y cuáles serían las maneras para evitar empantanarnos.  Con jóvenes como Yessica me siento tranquila; al apropiarse ella de la palabra escrita --como lectora y como escritora--, está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse, para favorecer el desarrollo del juicio crítico.
     Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos ociosos, es una forma de morir en vida.  Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los años acumulados sino  los sueños agotados.
     Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje lo hago a través de su mamá, y de este modo  aprovechamos para hablar sobre los hijos y la educación.  Percibo en ella una madre que sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando sus actividades,  y anticipándose a lo que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la atención materna.

     Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación.  Bajo el amor inteligente y  proactivo de los padres florecen futuros adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.

Poesía por María del Carmen Maqueo


SOY
Cada  vez son más los muertos
presencia amorosa
que  me  rodea.
Danzan, me invitan,
la oscuridad se puebla de luces
seductoras,
desde una dimensión
donde el tiempo no existe.

Mi   hoy  se  enajena,
se  colma de rostros nuevos,
mi ayer
se  puebla de amados amores,
los que ya partieron.
Cada día que pasa
más me llaman ellos
desde la penumbra.

Los siento cercanos, amables,
pueblan   los sueños,
asaltan mis versos hasta hacerlos suyos.

Cada mañana voy siendo más como ellos,
menos  la que fui hasta ayer. 
Cada noche soy más muerte.
Una muerte
que  a la primera luz
del alba
se disipa. 

Economía de caricias con Álex Rovira

Poesía de León Felipe


PERDÓN
Soy ya tan viejo,
y se ha muerto tanta gente a la que
yo he ofendido
y ya no puedo encontrarla para
pedirle perdón.
     Ya no puedo hacer otra cosa
que arrodillarme ante el primer
mendigo
y besarle la mano.
     Yo no he sido bueno...
quisiera haber sido mejor.
Estoy hecho de un barro
que no está bien cocido todavía.
     ¡Tenía que pedir perdón a
tanta gente!...
Pero todos se han muerto.
¿A quién le pido perdón ya?
¿A ese mendigo?
No hay nadie más en España...
en el mundo,
a quien yo deba pedirle perdón?...
     Voy perdiendo la memoria
Y olvidando todas las palabras...
Ya no recuerdo bien...
Voy olvidando...olvidando...
olvidando...
Las palabras se me van
como palomas de un palomar
desahuciado y viejo
y solo quiero que la última
palabra,
la última palabra, pegadiza y terca,
que recuerde al morir sea esta:
perdón.

Agradezco a Carlos su gentil sugerencia.

Las aventuras de Piper

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Hay que llenar la vida de tanto amor que por más que intente entrar el odio en ella, no encuentre cabida. 

Hay que procurar en cada espacio de vida compartir sonrisas, bienestar, buscando dejar huella que sea grata de recordar para los demás.

Hay que mantener las ventanas del alma abiertas para que las inunde la luz , pero saber iluminarla cuando las tinieblas de la desolación, del sufrimiento que inevitablemente nos hará sus hospederos a lo largo de este trayecto que es la vida, nos impidan ver con claridad la salida. 

Tener luz propia y proyectarla, esa luz que nace de un´espíritu que se ha fortalecido a través de ejercitar el amor a los demás. No hay mejor generador de energía, no existe motor que mueva más almas, que este sentimiento cuando es auténtico.
Sentir que quiero, querer sentir que vivo, vivir y darle sentido al sentimiento. En un "te quiero" puede reconstruirse una vida, en un "te quiero" puede estar la cura de un alma atormentada

En un sincero y genuino " te quiero" se encontramos muchas veces nuestro destino.
Por aquellos a quienes quiero, que no son pocos; por mis hijos que son el amor más puro y profundo que he sentido y siento; por mis amores ausentes físicamente que trascienden y permanecen en mi corazón, en mi memoria...

...Por todos esos amores de profundas raíces que no arranca ni el tiempo, ni la distancia, ni la misma muerte. Por ellos, gracias a ellos, mantengo el alma cual luna en plenilunio. Tan pródiga ha sido la vida en darme afectos que no tengo reparo alguna en compartirla.

Voces de la naturaleza


Gracias, Cristina por la magnífica sugerencia.

domingo, 22 de octubre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

EL ARTE DE SANAR
Mañana 23 de octubre,  se celebra en nuestro país el Día del Médico.  En mi caso, con el paso del tiempo y las circunstancias,  más que festejada me siento festejadora, dispuesta a rendir tributo a las figuras sanadoras de mi propia historia personal. 
     Con relación a los orígenes de la celebración, en esta misma fecha, pero en el año 1833 se abrió en México la Escuela de Ciencias Médicas dependiente de la Dirección de Instrucción Pública. Un siglo después, en 1937  este  hecho fue conmemorado, rindiendo honor al médico Valentín Gómez Farías, creador de la Dirección de Instrucción Pública.
     Desde que somos pequeños la figura del médico inspira una mezcla de sentimientos, confianza y temor; apego y admiración.  De este modo crecí bajo la sombra protectora de nuestro médico de confianza, el ginecólogo César Del Bosque,  a quien recurríamos para infinidad de consultas y procedimientos.  En lo personal merece una atención especial, pues fue también a través de él que comencé a entrar al hospital --el Centro Médico de la Laguna, frente a la Alameda-- desde mis años de preparatoria. Fue ahí  donde vi un  parto y una cirugía por primera vez,  y tuve el primer encuentro con la muerte de un paciente.  A partir de entonces esos y otros muchos pasillos hospitalarios representaron las avenidas de mis andares universitarios, los  de formación hospitalaria y los de práctica institucional, hasta la jubilación.  Muy ocasionalmente ocupé el sitio como paciente,  del otro lado de la barrera, pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron, de modo que en los últimos ocho sí me ha tocado fungir como paciente, primero para diagnóstico y tratamiento, actualmente  para control.
     Hoy agradezco a los médicos que inicialmente valoraron mi caso, quienes utilizaron su tiempo para hacerlo con especial cuidado, mucho más allá de sus horarios de salida.  Médicos que hallan en su ejercicio profesional la mayor satisfacción, totalmente al margen de la ganancia económica.
     A partir de ese momento han sido muchas las figuras de galenos que han atendido todo lo derivado de aquel cuadro inicial, que han vigilado la evolución del mismo etapa por etapa.  Quienes, además del enfoque hacia la enfermedad han tenido en cuenta a la persona del paciente, algo fundamental para la recuperación integral.  Incurriría en imperdonable  injusticia si tratara de nombrarlos a todos, pero sí quiero reconocer a cada uno de ellos su elevada calidad moral como personas, de modo que nosotros los pacientes logramos reconocer a Dios obrando a través de su quehacer profesional.
     Maravilloso es enfocarse a la solución del problema físico del paciente, pero mucho más sanador es abarcar también sus circunstancias personales, junto con el medicamento brindar una palabra de aliento, que en algunos casos tal vez sea lo que más alivie al paciente y a sus familiares.
     Hace una semana celebraba con mis compañeros de facultad en la ciudad de Torreón,  40 años de haber egresado de las aulas de Medicina.  Regresamos a ellas y pudimos percibir  de qué modo el espíritu de nuestros maestros sigue presente; cada uno de nosotros  logró evocar algún momento vivido en las aulas que le marcó para siempre. De eso está hecho un buen maestro, de testimonios que apuntalen  el incipiente proyecto de vida de sus alumnos.
     La figura del médico está completa solo cuando es humana, de otra manera su trabajo podría ser reemplazado por una máquina que haga diagnósticos basada en algoritmos de probabilidad, con la frialdad de cualquier otro aditamento tecnológico.  La calidez en el abordaje, la afabilidad y el buen trato para nada están peleados con la objetividad al  aplicar los conocimientos científicos.
     Quiero agradecer también al Médico Tiempo su función sanadora.  A lo largo de la vida vamos enfrentando tormentas grandes y pequeñas, cuando estamos atravesando por ellas es difícil entender las cosas a plenitud o definir un rumbo, así que nos valemos del sentido común para tomar decisiones y superar aquel episodio.  Una vez que va pasando el tiempo comenzamos a ver las cosas de otra manera, lo sucedido se clarifica, los sentimientos recuperan su orden, y el espíritu va sanando.  Es entonces cuando entendemos que ya no es necesario mantener  las velas replegadas, que   podemos volver a extenderlas  para continuar la travesía.
     La Medicina ha sido una ciencia y un arte,  sagrada misión que se lleva dentro y se prodiga en cada acto profesional.  “Donde quiera que se ama el arte de la Medicina se ama también a la humanidad”, palabras de Platón que  en estos tiempos adquieren especial significado, pues son precisamente médicos humanistas lo que necesita nuestro mundo para ir sanando, para recuperar la fe y recargar la esperanza. Gracias, vida por haberlos puesto frente a mí.

MEMORIAL por María del Carmen Maqueo Garza

Rosaura Barahona, periodista, escritora y catedrática del ITESM  campus Monterrey,
falleció en aquella ciudad el 21 de octubre del 2017 a las 4.45 am. DEP.
ROSAURA
Hay maestros que llegan a nuestra vida de manera providencial.  Se van filtrando como agua buena para refrescarnos, y una vez que entran ya  nunca los dejamos ir, se vuelven parte de nosotros, son la voz que atendemos con deliciosa regularidad para aprender acerca de la vida.

Así llegó la Maestra Rosaura Barahona, como un paradigma de claro juicio,  apegado a la verdad, dueña de una ética profesional intachable y de una valentía como pocas; llamaba a las cosas por su nombre, sin dobleces.  La primera vez que le solicité autorización para reproducir una de sus columnas en mi blog me respondió casi de inmediato de forma afirmativa; para la segunda vez me indicó que podía utilizar sus textos sin tener que notificarle previamente.  De esos gestos  nobles que distinguen a los grandes.

Ver el modo como planteaba un problema, sus posibles causas y soluciones, era como ir de su mano  frente a un gran escaparate y visualizar una realidad de manera clara y didáctica, hasta entenderla.  Leer una de sus colaboraciones era aprender acerca del problema planteado, y del modo como un problema debe plantearse, recurso de gran utilidad para mis afanes comunicacionales.

A los lectores nos invitó a conocer parte de su vida familiar incluyendo a su perro, como una amiga con la cual te tomas un café para hablar sobre el tema del momento.   Así nos enteramos de que sufría un problema pulmonar cuyo avance parecía inminente. Aun cuando ella demostraba una gran voluntad por vivir, y estaba dispuesta a hacer lo necesario para lograrlo, me atrevo a suponer que fue sintiendo el modo como  la enfermedad amenazaba con ganarle la partida. Una de sus últimas colaboraciones intitulada “¿Sufrimiento o problema?” es una suerte de testimonial en el que habla de su  padecimiento y del modo  de aceptarlo como una realidad que le tocó vivir, y expresa también  su convicción de no convertir en sufrimiento los problemas que todos vamos  enfrentando.  “Los problemas son parte de la vida, y estamos aquí para tratar de resolverlos y aprender de ellos”.

Con su partida queda un gran hueco en el periodismo, vamos a extrañar a la comunicadora auténtica y valiente que tanta luz nos dio.  Queda un hueco aun mayor en el corazón de muchos, quienes nos acostumbramos a hallar en ella el ser humano maravilloso y emprendedor, que sabía alegrarse por las pequeñas cosas de cada día, y que no dudaba en compartir lo suyo de forma generosa con los demás.   Vamos a extrañar su voz señalando los problemas de nuestro mundo de manera puntual; lamentamos desde hoy no contar con su guía para desentrañar nuevas situaciones que se vayan presentando en el camino.

Maestra Rosaura: Gracias por tu vida, por tu entrega y por tu ejemplo. Gracias por haber sido un ser humano hermoso, una profesional completa y una maestra pródiga. Llegó para ti el  momento de continuar tu camino en otra dimensión, así queremos entenderlo.  Eso sí, querida maestra: ¡Cómo te vamos a extrañar!

Ravel desde el Sena

Gracias, querido Moisés por tu excelente sugerencia.

Reflexión de Sandra BB


¡Que frágil la vida aquí en la tierra! Muchas veces uno no se da cuenta hasta que no le queda más remedio que enfrentar la realidad, aunque la vida es maravillosa, está llena de momentos que nos hacen reflexionar.

Aquí estamos, existimos y sea cual sea la razón, mientras que sigamos aquí, está en nuestras manos decidir qué camino queremos escoger dentro de tantas posibilidades infinitas.

Mientras tengamos un día más de vida, aprovechémoslo para construirnos una vida que esté llena de amor, gratitud y esperanza.

Amo a esa gente que sabe lo que quiere, y te elige, y te cuida, y te ama, y te respeta, y te deja hacerla feliz... Esos son los imprescindibles, existen pasos previos para llegar hasta donde se quiere llegar, un día a la vez, gracias por un día más de vida...

El perro cojo de Manuel Benítez Carrasco

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Si, es cierto que han sido más los intentos fallidos que los exitosos en mi vida. Pero he podido saborear cada uno de mis logros.
     He sido afortunada,considero que más que eso, porque no he cifrado mi éxito en expectativas irrealizables, porque aun no siendo conformista, he intentado conformar mi vida y buscar en ella la felicidad con metas que no sobrepasen mi capacidad, o la que considero tengo para conseguirlas. 
     He soñado, y he logrado realizar muchos de mis sueños, he aprendido a reconocer realidad de fantasía, y me he fascinado con ambas, dejando a cada una en el lugar que corresponden, sin renunciar a esa extraordinaria oportunidad de ilusionarme con lo inalcanzable, pero no dejarme llevar por ello.
     Nado en este mundo de incertidumbre, pero siempre aferrada a la esperanza, que me impide naufragar, que me sostiene y da fuerzas para nadar incluso contracorriente. 
     Me trazo un camino, pero reconozco mis límites y mis circunstancias y sé que en cualquier momento puedo tener que variar el rumbo y aprender a encontrar en ese nuevo destino, por distinto que éste sea, la capacidad de renovar mi fe, de fortalecer mi espíritu, de no dejar que naufrague mi voluntad.
     En este espacio en que vivo, con lo que vaya dejándome el paso del tiempo, con mis pérdidas y mis ganancias, con mis triunfos y fracasos, sigo intentando lograr una y otra vez no perder mi capacidad de amar, de sonreír, de sorprenderme con cada amanecer, de no perder la fe en mi misma, en Dios, ni en la humanidad.

En busca del tiempo perdido

La Medicina a través del tiempo: Del consultorio tradicional a la Epigenética

jueves, 12 de octubre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

CELEBRAR LA VIDA
Una mañana,  durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance  para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya  medio siglo, comencé a fabricar con  la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.
     Todo  fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí  cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial   nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida.  Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.  
     Aquello no podía quedarse así  como un privilegio estéril.  Luego de haber conocido ese  milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano  sufrieran un desequilibrio y   enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.
     En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad.  En el aprendizaje de cada materia  tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos  su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue  preparando mi espíritu para asimilar  el ejercicio de la Medicina como  un arte,  un arte de carácter sagrado que  se practica con amor.
     De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente;  me invitó a hacerlo  desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente.  Aprendí de todos mis mentores que   la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que  a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.
     Desde entonces supe que esa consigna a favor de la vida no se abandona nunca, porque habrá de ser el lienzo último que nos cubra cuando rindamos tributo a la madre tierra.
     Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como  el mayor tesoro y la más elevada inspiración.
     La existencia nos dota de grandes alas y de un espacio abierto,  donde cada cual tiene libertad para  ser el pintor de su propio cuadro, el creador  de su propia melodía.  Tenemos la maravillosa facultad de aprender cosas nuevas, de probar destrezas que antes no hubiéramos acaso imaginado, con una sola consigna en mente, disfrutar todas las oportunidades que se nos presenten, siempre y cuando aquello que adquiramos y aquello que ejerzamos no haga mal a nadie.
     Este es un momento muy especial para mí, se cumplen cuarenta años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para  emprender un camino  personal  auténtico, que  me ha proporcionado  ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a  otros de distintas maneras. Todo ello  sin perder nunca de vista que la felicidad es una opción muy personal, una actitud con la que vamos por el camino hasta exhalar el último aliento.
     Si veinte años no es nada, cuarenta menos: Un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano.  Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.

     Doy gracias a la vida por todos sus momentos, por sus retos y  oportunidades,  en especial por  la absoluta  libertad que tengo para decidir qué par de lentes uso para mirarla cada día.  Momento especial de celebrar, y en tal espíritu gozoso  este pequeño espacio nuestro –suyo y mío--  no podía quedarse ajeno a la gran ocasión.

Dar hasta que duela: Banda Cuisillos

Palabras con motivo de la celebración de los 40 años

Cuarenta años se dicen fácilmente pero representan –en el mejor de los casos— alrededor de media vida.  A la vez, como una paradoja del hombre frente al tiempo, son algo así como un parpadeo, un preguntarnos en qué momento han pasado cuarenta veranos, cuarenta navidades, cuarenta fiestas de año nuevo.  Cuántos acontecimientos prodigiosos han ocurrido en este período de tiempo que --de ello estamos seguros--, han ido cambiando nuestra forma de ser, de percibir la vida.
     Henos aquí reunidos, igual que alguna vez hicimos como un grupo de preparatorianos que aspiraban a entrar a la carrera de Medicina.  En este lobby esperamos turno desde temprana hora con el fin de conseguir una ficha para el examen de admisión, y en estos mismos cristales vinimos a recorrer nerviosos las listas de seleccionados, para descubrir gozosos que nuestro nombre sí aparecía.  A partir de aquel momento ha sido un recorrer hombro con hombro un largo camino que nos trae hasta hoy, cuando nos sorprendemos de tener vida,  suficiente salud  y desbordante entusiasmo para celebrar un maravilloso hecho: ¡Aquí seguimos!              Algunos compañeros ya no están con nosotros, ellos terminaron su misión antes y han partido, para cada uno de ellos va todo nuestro cariño y nuestros más dulces recuerdos. Sepan que se les extraña como parte que fueron de este  clan, que habrá de seguir reuniéndose para las grandes ocasiones hasta que el último de los polvos se disipe.
     De los derechos fundamentales del hombre nosotros como médicos hemos trabajado por los dos más importantes.  Nos preparamos  para actuar a favor de la vida y la salud, piedras angulares del resto de los derechos humanos.   Atendiendo al juramento hipocrático nos propusimos custodiar la vida desde la concepción, procurando condiciones que garanticen  una existencia digna y de calidad para cada uno de nuestros pacientes.
     Como pocos sobre la faz de la Tierra, hemos sido testigos del milagro de la vida, en nuestro imaginario contamos con los elementos de conocimiento que permiten entender la forma como se generó la primera molécula de materia orgánica, de qué modo los átomos de hidrógeno, oxígeno y nitrógeno se fueron uniendo mediante enlaces químicos a un carbono central, para formar estructuras anulares, que más delante dieron pie a las bases nitrogenadas, materia prima de los ácidos nucleicos.   Afortunados de haber visto replicarse al DNA separando su doble hélice en giros interminables, como si cada cadena tuviera vida propia, bajo la batuta de un espíritu inmarcesible que no alcanzamos a abarcar con la razón.  Por este proceso de replicación se generan dos cadenas individuales  a partir de las cuales puede iniciar la vida. Atrás quedaba el Dios amenazante de nuestras primeras lecciones de catecismo; ahora lo descubríamos como el  Principio perfecto regidor del Cosmos.  Un Dios que nos guiña el ojo  para aprender y entender; para disfrutar y soñar; pero sobre todo, como diría nuestro entrañable Sabines, un Dios encantador que actúe como un viejo sabio o un niño explorador,  para enseñarnos  a amar  la existencia más cada día.
     Contar las historias de vida de cada uno de nosotros llevaría infinidad de tiempo.  Son muchas y muy variadas las experiencias, todas ellas significativas, que hemos vivido desde aquella mañana cuando, con nuestro uniforme blanco bien planchado, nos acomodamos en esta escalinata de acceso a nuestra amada escuela –hoy facultad-- para la fotografía de graduación.  Cada cual ha formado su familia, algunos de sangre, otros de afecto, pero todos contamos hoy con un nicho amado en el cual hemos descubierto que somos muy felices.   Trabajamos desde nuestro espacio muy personal por un mundo mejor para todos, la vida con su marea y su contramarea, a ratos revolcándonos sobre la arena, nos ha enseñado el valor de la amistad, del cariño, de la alegría por estar juntos.
     Hoy es momento de dar gracias a Dios por nuestras bendiciones; de extender los brazos para darnos un gran abrazo colectivo.  Hora de celebrar las coincidencias que nos hermanan  y sacudirnos con humor las diferencias de otros tiempos.  Ocasión de honrar a nuestros padres que hicieron posible la educación que recibimos; a los queridos maestros que nos mostraron los posibles caminos a seguir dentro de la Medicina, cada uno de ellos desde su sensibilidad y especial pasión. Es tiempo de recordar a nuestros compañeros que partieron antes dejando una huella en el corazón de cada uno de nosotros.
     ¡Viva la vida! ¡Viva la amistad! ¡Viva nuestra gloriosa Facultad de Medicina! Amigos queridos: ¡Muchas felicidades!


      María del Carmen Maqueo Garza                       Torreón, Coah.  Octubre 14, 2017 

VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza


Transito por la delgada  línea incierta
del tiempo,
nada me pertenece 
además de este instante
en el que ahora escribo. Nada 
más allá del aliento 
que impulsa mi voz
como  velamen dócil
por el mar de la vida.

lunes, 9 de octubre de 2017

"La Sinjónica" de José Fernández Mendizábal

Con especial cariño a mis entrañables amigos Benjamín y Marisa hechos de música.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Se me está ocurriendo crear un centro de nutrición y un gym para fortalecer el espíritu. 
Más allá de la fe que cada quien profese, un centro donde hubiera rutinas de zumba al ritmo de los buenos modales. Un área para fortalecer el optimismo, para fomentar la cortesía. 

Me imagino en una sección de cómo ejercitar las relaciones interpersonales, hacer músculo que nos mueva a ser serviciales, íntegros, honestos. Un gimnasio donde sudemos la gota gorda por adelgazar el egoísmo, la apatía, el pesimismo, y convertirnos en pura fibra, a deshacernos de ese sobrepeso que dan la ambición desmedida, y los antivalores. 

Sentir que al transpirar nos inspiramos en una fe que nos mueva, que nos haga ser mejores como seres humanos. Nutrirnos de sentimientos sanos, no chatarra que se nos ofrece en empaques y con sabores tentadores y solo nos va minando nuestra salud espiritual. 

Vamos buscando el equilibrio entre nuestra apariencia y nuestra esencia, vamos poniendo el mismo énfasis en mantener nuestro espíritu y nuestro cuerpo. Que se difunda y se haga moda adelgazar la mezquindad, que se propaguen las diferentes dietas donde abunden los sentimientos más puros "orgánicos" diremos, libres de las toxinas y de la miserable condición en que la banalidad va convirtiéndonos. 

Seamos vigilantes de nuestro cuerpo, de nuestra mente, y no olvidemos que lo que nos hace diferentes a otras especies, es precisamente esa parte que dejamos muchas veces en el último sitio de nuestras prioridades, nuestro espíritu. 

Fortalecer nuestro espíritu, alimentar el alma, no requiere de costosas instalaciones ni de exóticas dietas pero sí de una profunda reflexión sobre nuestra razón de existir y el reconocer como éxito el vivir en armonía con nosotros mismos y con los demás, con total congruencia entre nuestro pensamiento y nuestras acciones.

" Mi espíritu me hará volar cuando caminar no pueda".

domingo, 8 de octubre de 2017

Video: Una nueva oportunidad

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza


CLAUDIA ELENA
A Claudia la vine a conocer estos últimos años, previamente era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes.  Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace 6 años y medio,  noticia que cimbró a esta frontera. Aun cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran ´por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un  adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
     A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida.  En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo,  conminó a toda la población a orar.   Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México.  La zozobra que había en su corazón de madre  la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía –entonces sí—sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, desgranarlo y llorarlo.  Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso  hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final,  así de  dolorosa como de tranquilizadora: Su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.
     Cronológicamente fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal,  y posteriormente  compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta.  Hace diez meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: Le detectaron un cáncer, situación  que definitivamente le cambia la vida a cualquiera.  Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha  tarea para los años por venir.
     Hace  algunas noches, atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del mes de Lucha contra el Cáncer,  intitulada “Cáncer en el alma”, en  la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017 en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia. El mayor de estos retos, un diagnóstico que marcó para su vida un antes y un después.
     A partir de su experiencia como paciente transmite al público cómo en esos momentos de incertidumbre y de angustia, gestos tan simples como un abrazo o una palabra de aliento llegan a hacer la gran diferencia.  Varios de los asistentes, que ya hemos andado ese mismo camino, asentimos totalmente a lo expresado por ella.  En definitiva un diagnóstico de cáncer  rompe el equilibrio de tu día a día, te arranca con brusquedad de tu zona de confort y te lleva a temer lo peor, primero la muerte, después la limitación física, y por supuesto el desequilibrio financiero. Una vez superada la crisis    comenzamos a ver la vida de otra manera, apreciamos cada pequeño detalle como con lentes de realidad aumentada, provistos de un entusiasmo tal, que los demás no consiguen abarcar. 
     Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos y bien.  No hay tiempo ocioso, cada día tiene un propósito específico  por cumplir, de modo que la existencia se convierte a largo plazo en una colección de experiencias maravillosas.
     Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio!  Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como “Cáncer en el alma”, es urgente sanar el corazón del mundo.  Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos,  habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros,  procurar las coincidencias y  desechar las diferencias.  Nos invitas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos.  Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro, como el respaldo más fuerte en tiempos de crisis.
     En esta vida cada cual tiene una historia y una misión.  Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia,  por hacerlo tan bien!


VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza


ORACIÓN DEL  PATIO
Mi Dios de las grandes maravillas,
de qué modo te  encuentro
mañana tras  mañana
en  los rincones de mi pequeño patio,
lejos del barullo estrepitoso
de egos prominentes
que claman ser tus dueños.
     Te observo en cada uno
de los muchos milagros cotidianos,
titilando en el perfecto espejo
de una gota de rocío 
sobre el verde terciopelo de las hojas.
     Eres eco inagotable de  risas infantiles,
eres  música que emiten las criaturas menudas
que no cesan de alabarte con su canto.
     Explosión incontenible de aguas 
que se vuelcan en mi patio 
cada  tarde  veraniega de lluvia.
     Dios de las pequeñas grandes maravillas,
no tengo que buscarte en los gruesos tratados
ni devanarte de  prédicas que  anuncian
el  inminente fin del mundo.
     Baste con salir a mi patio y encontrarte
en los pequeños milagros cotidianos
que se vuelcan mañana tras  mañana,
mi Dios, para que yo te crea.

Poesía de Magdalena Sánchez Blesa

Agradezco a mi querido Guillermo su gentil sugerencia.

Poema de Mario Benedetti


CERO
Mi saldo disminuye cada día
qué digo cada día
cada minuto cada
bocanada de aire
muevo mis dedos como si pudieran
atrapar o atraparme
pero mi saldo disminuye
muevo mis ojos como si pudieran
entender o entenderme
pero mi saldo disminuye
muevo mis pies cual si pudieran
acarrear o acarrearme
pero mi saldo disminuye
mi saldo disminuye cada día
qué digo cada día
cada minuto cada
bocanada de aire
y todo porque ese
compinche de la muerte
el cero
está esperando.

El extraño sabor de un dron

En China mantienen en forma a los tigres de un santuario poniéndolos a perseguir un dron, pero ¿Qué pasa cuando fallan los cálculos?

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Me ha costado mucho aprender, que aunque desee con todo el alma que algo suceda, una buena parte de las veces mi deseo no se hará realidad. Igualmente ha sido difícil aceptar que no tengo la posibilidad de cambiar mi entorno a complacencia, menos aún la forma de ser o pensar de quienes me rodean.

Dicen que soñar no cuesta nada, pero hay sueños que nos duelen y que se repiten sin que nada podamos tampoco hacer al respecto, a veces hasta soñar es costoso.

No puedo elegir lo que suceda cada día en mi vida, tan solo en parte es mi elección, pero elijo que suceda lo que suceda vaya pudiendo ser capaz de aceptarlo, de adaptarme, de atenuar las consecuencias cuando el suceso sea adverso.

Si bien es cierto que no puedo abstraerme del sufrimiento, si he aprendido a poderlo aligerarme y llevarlo a cuestas dejando al tiempo lo vaya diluyendo, sin dejar que me nuble la vista y me impida ver nuevos horizontes en los que asoma de nuevo la felicidad.
Aprender a tocar la realidad, a saber que a veces es tersa y otras espinosa, pero no evadirla, nada es para siempre y el nunca es adverbio que puede llegarnos de un momento a otro. La vida nos lleva de un extremo a otro, pero en cada uno hay algo, hay alguien que nos dé certeza de que existir cuesta.

Vivir plenamente, como para que alcance para uno y para aquellos con los que compartimos un pedacito de universo. El precio de vivir se nos reembolsa en cada amanecer, en cada luna llena y sobre todo en el amor que se haya sabido cultivar.

Darlo todo con Marissa Mur

domingo, 1 de octubre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

EL OTRO SISMO
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México.  Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.
     A diferencia del ’85 –para quienes hemos vivido ambos escenarios—en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los “millennials”.  Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les  consideró  un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.
     A  partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central,  nos  permite revisarnos cual   protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia. Con toda seguridad  Elena Poniatowska o  Sabina Berman vendrán recogiendo tantas experiencias de vida que confluyeron en una sola intención, la de levantar a México después del cataclismo. Los grandes que nos hacen falta para ayudarnos a entender las cosas  son   Octavio Paz, Carlos Monsivais,  Ignacio Padilla.
     La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas.  La logística para su distribución  –debemos decirlo-- no ha sido la mejor, desde el principio se percibió  la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material.  Nuevamente fueron los millennials,  que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda.  Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a  un mismo sitio, lo que entorpeció en buena medida las eficiencia del apoyo.
     La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados, además –por supuesto— evaluar qué proporción de las afectaciones obedeció a factores humanos que pudieron haberse prevenido.  Tiempo de fincar responsabilidades, y por una vez garantizar que esas denuncias de la sociedad civil no se queden en el limbo de la no-procedencia judicial.  Para ejemplo el caso del Colegio Rébsamen en el cual se concentran muchos vicios institucionales y que resultó en 26 muertes, cuando si se hubiera cumplido la norma, no tendríamos ese saldo fatal.
     Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país.  Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos.  Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez –más que nunca--el dinero deberá ser sagrado peso por  peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío ni merma alguna.
     En definitiva este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender.  La rapiña a todos los niveles es una mala costumbre que se da a partir del pensamiento --“cultural”, diría nuestro señor presidente--,  de que si aquello no me lo apropio yo, lo hará alguien más, cuando lo  ideal sería decir,  si  no es mío, tiene que ser de alguien más, y me toca  respetarlo. Esto último sucede en países con un gran desarrollo  humanista, y hacia allá debemos de enfocarnos a llegar.
     Nuestros millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo.  Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos.  Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción.  No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.
     Las redes sociales han jugado un gran papel, necesario que actúen a favor de la verdad y el bien.  No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes  tratan de actuar en la contingencia.  Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo;  sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos.  Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es irresponsable.
     El otro sismo,  el de las estructuras intangibles que renacen, es  la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese  México que todos anhelamos.

CUADROS URBANOS por María del Carmen Maqueo Garza

DUELO EN LA BUGAMBILIA*
Acabo de enterrar a un pájaro carpintero que de tanto venir al patio de visita ya sentía mío.  A  media calle vi un pequeño bulto sobre el pavimento,  al pasar junto a él  lo reconocí  por el color de su plumaje, la frente rojiza y su largo pico.  No pude seguirme de  frente imaginando cómo algún vehículo lo dejaría convertido en una plasta. Di la vuelta a la manzana y regresé, tomé esta foto que aquí comparto y lo recogí para darle la sepultura digna de un amigo.
     Hasta esta mañana  había dos pájaros carpinteros en la cuadra.  Simpáticos uno y otro (o uno y otra, en  definir el sexo de los pájaros  no me siento competente).  Al filo del mediodía acostumbraban picotear el largo tronco de una palmera vecina o el poste de madera de enfrente, al cual converge una infinidad de cables de todo tipo.
     Uno de los dos es (o era) un pillo travieso: Cada año, a partir del inicio del otoño viene una ardilla a mi patio a recoger nueces y enterrarlas.  Hay una porción de tierra donde reverberan las sábilas como si tuvieran permiso para hacerlo, y es justo ahí donde la afanosa ardilla guarda sus tesoros para el invierno.  Por efecto de la humedad contenida en la tierra su cáscara se reblandece, y la ardilla puede más delante desenterrarlas, romperlas y degustar la pulpa.  Lo que ella nunca supo, y es mejor conservar así  para siempre, es que llegaba el pájaro carpintero y con su largo pico hurgaba en la tierra hasta  descubrir el sitio donde había una nuez enterrada. Luego de hallarla martillaba y martillaba hasta extraerla, en seguida la colocaba en el hueco natural del tronco de un clavo de ornato, y ahí emprendía el constante picoteo hasta romper la cáscara y darse gusto con la nuez.
     No sé si el de las travesuras sería este  o su compañero, que aún no sabe que ha quedado solo en el mundo de los carpinteros, sin nadie que le haga segunda a partir de ahora.  Al levantar su pequeño cuerpo lo noté tibio y sin rigideces, acababa de morir, en uno de los  ángulos de inserción de su pico mostraba una pequeña herida circular, no logré identificar si secundaria a un disparo de posta, o porque haya chocado con un vehículo en movimiento. Recordé --y me tranquilizó—lo que dice mi hija Eréndira, que los niños de hoy ya no juegan a cazar pájaros con rifles de postas, pues están muy ocupados metidos en sus juegos electrónicos. Sí puedo afirmar que  había sangre fresca en ese punto y  sobre el asfalto, o sea, que lo que haya sido acababa de ocurrir. Ya en casa  limpié el pequeño cuerpo todavía buscando signos de vida, no los encontré, además de que se percibía un   incipiente olor a  muerte. Me apenó observar una criatura tan perfecta convertida en despojo.
     Pensé entonces en los cuerpos que hasta ayer seguían rescatando en la ciudad de México luego de tantos días del temblor, quise imaginar la mezcla de dolor e ira, de dolor y tristeza, de dolor e impotencia de sus familiares.  También pensé en qué terrible enfrentar la  muerte de un ser amado de ese modo.   El pájaro carpintero contó con un par de manos enguantadas que aún tibio  lo limpiaron, lo acariciaron y acomodaron sus plumas, para colocarlo luego en un  lienzo y  llevarlo a una pequeña  fosa. Esta última la  cavé en el macetón de la bugambilia, muy cerca del clavo de ornato, tal vez el  de sus travesuras de otoño, si es que este pequeño resultara ser el travieso.  Conservo esta fotografía de su cuerpo inerte, así como  una pluma que se desprendió, quizá como regalo póstumo, agradeciendo que lo salvé de terminar deshecho en el pavimento. No acabó como tantas otras aves urbanas que viven  de milagro, salvando con gracia los obstáculos que les hemos puesto, y mueren sin duelo.
         ¡Ocasión para recordar que no somos dueños del tiempo, y que la vida termina en cualquier momento! No para entristecernos sino todo lo contrario, para gozar y disfrutar lo que tenemos ahora, en este mismo instante, con este preciso hálito de vida. Dar gracias por las maravillas que hay dentro y alrededor de nosotros, en particular por los amigos cuya hermosa presencia enaltece nuestra vida.

*Aclaro que escribo la palabra “bugambilia” de este modo, porque me parece que el esplendor de la hermosa planta trepadora no puede ceñirse a escribirse con “v” por razón de que haya sido el Conde de Bougainville quien la trajo a América en el siglo 18.  Apenas “bugambilia”con “b” alta y sonora, para  reflejar  la explosión de colores contenida en su hermosa flor.


Frida, la perra rescatista

Cadi Guidxibinu

Desde que nos asomamos a este mundo, desde que pisamos esta tierra, desde aquel día nacimos con los días y las noches contadas, porque somos ‘hijos de muertos’. 
     Nuestra vida es efímera, quién dijo que vinimos para quedarnos.
     Pero en lo que llega nuestro destino seamos felices, aún en medio de las lágrimas: si caemos cien veces doscientas veces nos levantaremos, porque esa es la naturaleza del ser humano, no vinimos para estar sentados sobre la tierra.
     Le agradezco al Dios Grande y que cada uno, desde su fe y su creencia haga lo que tenga que hacer por volver a despertar y mirar al sol, a las nubes, las sonrisas de los niños, sus travesuras, a los animales, a la naturaleza.
     No permitamos que nos aterroricen, no permitamos que aplasten nuestro corazón.
     No permitamos que los charlatanes nos acorralen con su discurso del fin del mundo.
     Hagamos de este día un día hermoso aunque sólo comamos, como decían los abuelos, tortilla y sal.

Agradezco a mi querido Guillermo el apoyo para dar con las raíces de esta hermosa poesía zapoteca.

Poesía de Maricela de la Toba

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


No hay duda, somos un país de gente que conserva el instinto de servir, de ayudar, que se compadece y apoya al desvalido. Pareciera que tiene que estremecerse la tierra para que se nos despierten estos sentimientos, pero finalmente sucede y nos sorprende gratamente a propios y extraños la forma en que acontece.

Igualmente, se despiertan otros sentimientos, y se mueve gente en otras direcciones. Crisol de emociones en el que nos advertimos con todo el potencial que tenemos de ser solidarios, humanitarios, compasivos.

Vale la pena conservar estas imágenes,  vale la pena ensalzarlas, que nos incentiven a seguir siendo un pueblo unido, a dejar de ser influidos por la costumbre de hacer de todo una novela cursi, en la que se caen en excesos de alabanzas, donde se fabrican héroes que se convierten en estrellas de la televisión, cuando hay miles de personas que siguen en el anonimato, cuando hay tanto que dar a conocer por los medios de comunicación en pro de tanta gente necesitada de ayuda.

Nos han hecho pueblo telenovelero, lo cual no nos permite ser objetivos, analíticos, realistas de modo que podamos discernir con buen criterio sobre los acontecimientos. Seguimos manipulados por los medios, en una buena parte, sin siquiera advertirlo.Ya basta de hacer protagónicos a una perra, un soldado y a una niña que nunca existió bajo los escombros, ya basta de que hagamos de esto una novela barata.

Seamos seres pensantes, los mexicanos somos tan solo humanos, no tenemos genes de seres extraordinarios, lo extraordinario es que estamos descubriendo nuestras capacidades y dejando de lado ese sentimiento de minusvalía que nos impide reconocer todas nuestras aptitudes, que no son pocas. Estemos a la altura de nuestra realidad, impidamos ser víctimas de aquellos que pretender convertir este suceso catastrófico en un "reality show".

Huapango desde la Plaza Tapatía.

¡Así se levanta México!

domingo, 24 de septiembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

SEPTIEMBRE 19: MÉXICO VIVO
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.
     Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aun en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos  provocan, por razón de  sus afanes desmedidos.
     A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar.  Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.
     Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.
     Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer  y cantar.
     Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes  y los preciosos valles de jade y esmeralda,  sufre. Sus entrañas han convulsionado.
     En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni  de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.
     Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.
     Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos.  A quienes conocimos de cerca  el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.
     Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo  nuestra real pequeñez frente al cosmos,  del cual somos una simple arenilla.
     Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.
     Debido a  la contundencia de lo ocurrido nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el  prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.
     Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.
     Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No  puedo limitarme a hacerlo en  la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.
     Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando  mis ardientes deseos  de vivir toda sentencia de muerte.
     Los seres humanos oscilamos en  la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal.  Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.
     Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a  quienes lo necesitan.  Que prevalezca el llamado de la conciencia  sobre los silencios de  codicia y  egoísmo.
     Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.
     Ocasión de  rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de  quienes consuelan. Mañana quién sabe.
     Que se sienta la viva presencia de los sueños que llevaron a nuestros abuelos a arar la tierra y sembrar –palmo a palmo--  pedazos de nuestra historia.  Hoy nos toca soñar y luchar por  quienes vienen detrás.
     El planeta, como ente vivo respira. Sea este estremecimiento la ocasión de reajustar prioridades  en nuestra ruta de navegación personal.
     Después de este nuevo 19 de septiembre, me quedo con una reflexión  que deseo compartir:
     México: Gracias por ser la fuerza que remueve escombros, que trabaja hasta con las uñas.  Gracias por ser el puño solidario que pide silencio de vida, y  ser el grito de alegría cuando  de la oscura bocaza surge esta  como un milagro.
     Gracias por la fe de quienes rezan prendidos de tu nombre, de un rosario,  de la imagen de la Guadalupana.  Gracias por el espíritu inquebrantable de tus hombres y mujeres de piel de canela, por la sabiduría de tus viejos, y por aquel que  se desprende de su pequeño salario para ofrecer un taco a quien lo necesita.
     Gracias, México por recordarme dónde te encuentras y dónde te debo buscar cada mañana.  Gracias por recargar mi entusiasmo cuando el desánimo amenaza con abatirme.
     Gracias por tus niños de colores reunidos en una sola risa. Gracias por tus perros de arnés que buscan vida,  y por aquellos  sin dueño que puedo sentir míos.
     …Por tu música y tus historias, por tus poetas,  por la nobleza de quien no tiene para dar más que una gran sonrisa y la reparte feliz por donde va.
     Gracias por sembrar en mí una esperanza que se crece con las dificultades,    que aprende a volar muy alto con cada 19 de septiembre que sale a su  paso. Ahora más que nunca sé  que debo honrar  el bendito suelo donde he nacido.