domingo, 31 de diciembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

FRENTE AL 2018

Una vez más la vida me da la oportunidad de colocarme frente a un año que termina para evaluar mi desempeño, y frente a uno que  inicia para ajustar el plan de vuelo.

Llega el momento de cerrar ciclos, dejar en el pasado lo que debe quedar atrás como parte de la historia, y que ya no me pertenece.

Estoy frente al tiempo dando gracias a la vida por las 365 oportunidades que me brindó en el año que termina.

Prometo poner mi mejor esfuerzo por hacer una realidad digna y productiva de cada uno de los días que me toque vivir en el año que hoy  inicia.

De frente al tiempo entiendo que la vida es eso, instantes minúsculos como chispazos en cada uno de los cuales se despliega la opción de aplicar todo el entusiasmo.

No alcanzaría a identificar lo que hice día a día del año que hoy termina, aun cuando en su momento haya sido cada jornada la maravillosa oportunidad de trascender.

Hoy me perdono por aquellos momentos desperdiciados en la molicie, en la quejumbre, en la procrastinación.

Sé que el tiempo vivido no habrá de volver, y que las manecillas del reloj avanzan sin detenerse, por más que queramos que no suceda así.

Pero he aprendido a ser indulgente con mis propios errores para no estancarme.

Sé que en este inicio de año estoy más cerca del final último de lo que estuve hace doce meses, y que nadie más que yo tiene en las manos las riendas de mi vida.

Deseo despertar cada mañana consciente de la realidad del tiempo, de modo de vivir cada día como si fuera el último.

Hoy me encuentro frente a mi propia persona, valorando qué se ha cumplido de mi plan de vuelo particular.

Sé que los sueños son muchos, los proyectos varios y el cumplimiento sujeto a evaluación.  No puedo quedarme en buenas intenciones, porque así no se avanza.

Este es el momento de medir qué llevo en la mochila de viaje, y en qué medida esos recursos apuestan al cumplimiento de  mi proyecto de vida. 

Es la ocasión de evaluar si continúo por la misma ruta o si habré de rectificarla.  También es ahora cuando debo medirme frente a lo que tengo y lo que quiero lograr.

No hay peor error que aferrarse a un sueño sin plantarse de cuando en cuando  como juez imparcial  de su cumplimiento.

Porque entonces sucedería como en arenas movedizas, ir hundiéndonos más entre mayores intentos hacemos por avanzar.

Frente a mi propia persona hoy es el tiempo de agradecer la mano amiga que se extendió cuando más lo necesitaba; la palmada en la espalda que me animó y la palabra de aliento que alentó mi marcha.

Agradezco también al amigo que tuvo la valentía de señalarme mis errores, y al que se abstuvo de falsas alabanzas que tanto daño hacen.

Del mismo modo es ahora cuando estoy en obligación de medir hasta qué punto he correspondido a la vida esas bendiciones con mi actitud, mi lealtad y mi generosidad.

Sé que me hallo en un cruce de caminos y que me corresponde en este preciso momento colocarme frente al futuro, en disposición de medirme con respecto a la mejor versión de mi propia persona: ¿Lo estoy intentando en serio? ¿Me voy pareciendo a esa versión, o por el contrario, me voy alejando de lograrla?

Quiero desarrollar una mente despierta que sepa asombrarse con las pequeñas cosas.  Unos sentidos conectados con la existencia para disfrutar la vida de la mejor manera.

Quiero hacer del mío un corazón abierto y generoso que sepa amar.  Uno que se desprenda del egoísmo paralizante para prodigarse en beneficio de quienes lo necesitan.

Quiero construir un proyecto de vida incluyente, que aparte de mí y los míos pueda beneficiar a otros, para lograr con ello encaminar mis propósitos  por los cauces que el Todopoderoso  tiene para mí.

Quiero recordar ahora y siempre que el amor inicia por los de casa, para de este modo evitar  descuidar lo propio por atender  lo ajeno.

Quiero llegar a sentir esa bendita sensación de esforzarme por ser mejor, para compartirlo en la alegría de un corazón gozoso.

En apego  a la justicia, no me ha de alcanzar la vida para agradecer tantas bendiciones como las que he recibido a lo largo del año que hoy termina.

Así, de este modo, quisiera que se me presentaran las oportunidades para ejercitar el corazón en el delicado arte de amar.

Con la convicción de que son los pequeños actos que cada uno de nosotros lleva a cabo, los que hacen de la vida algo maravilloso.

Que logre sembrar huellas que a otros orienten, para que mi andar no sea estéril.

Que mis palabras tengan un sentido, que  alegren, consuelen, sanen.

Frente al 2018 me planto para decir sí a la vida, sí a los retos que me presente, sí a la ocasión de acercarme más al plan divino que el buen Dios tiene para mí, en la confianza de que sus designios son sabios.

Hoy y siempre.

POESÍA por María del Carmen Maqueo Garza


NECESITO

Necesito recoger uno a uno mis miedos, colocarlos al otro lado del horizonte donde pertenecen.

Necesito recoger mis enojos, mis palabras hirientes, mis rencores.

Extender un lienzo nuevo y blanco en el cual comenzar a bosquejar un mundo nuevo.

Necesito volver a creer en el próximo prójimo, en mi hermano, en mi amigo, en mi país…

Necesito arrancar de mi ser el desánimo, la desesperanza, erradicar de mis pupilas las imágenes cruentas que incitan a descreer.

Necesito llamar a la mañana, a la música, a los niños, y plantar una fe recién nacida en la tierra.

Me urge comenzar a creer en un mundo donde la justicia corra libremente sin ser amenazada.

Por hoy siembro palabras.

Del libro Mi Barco de Papel sobre Aguas Escarlata

Sueños por un mundo ideal con Eduardo Galeano

Reflexión frente al tiempo


Reflexión sobre la vejez

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Vivamos cada día como si fuera el último, finalmente tan solo es una frase más más. Imposible vivir el día a sabiendas de que fuera el último, porque nos resultaría difícil abstraernos de la angustia que debe causar el saber que vamos a morir al día siguiente, una de nuestras grandes fortunas es desconocer cual es nuestra fecha de caducidad.

Si de lo que se trata es de hacer de ese día un día especialmente feliz, lo que menos serviría es sentirlo el último, no por lo menos para mí.

No habría por qué condenarnos a tal sufrimiento para hacernos recapacitar en el valor que tiene cada día vivido, y vivirlo a plenitud, sin condena, sin amenaza. No menospreciar ningún día aún cuando sea casi garantía que nos falta todavía futuro por recorrer.
Esta vida no admite desperdicio, no por lo menos sin condenarnos y cobrar factura. No nos vamos de aquí sin que nos haya pesado en la conciencia haber dejado pasar de largo tiempos y personas que nunca más pudimos recuperar.

No es vivir como si fuera el último día de nuestras vidas lo que hará que nuestro día valga la pena, es saberlo irrepetible, invaluable, porque uno siempre siente que no tuvo el suficiente tiempo para vivir aquello que le fue más trascendental, para fomentar las amistades más preciadas, para convivir con sus seres amados y demostrarles lo mucho que los amaba. para construir en vez de destruir afectos, para ser generador y no depredador de nobles sentimientos, para trascender en los corazones y memoria de los demás como algo digno de ser conservado en ellos.

No vivir como si este día fuera el último, sino el primero, para sentir que estrenamos un tiempo nuevo, cuidando de él para que no se manche con el hastío, el enfado, el pesimismo. Que al anochecer sintamos que ese día no fue gastado, sino invertido en hacer de nuestras memorias un ensayo donde hasta los errores hayan valido la pena haberlos vivido, porque nos permitieron reconocernos falibles y terminar siendo la clave para desarrollar aptitudes que nos impidan volver a cometerlos.

Porque cada día, sea día de estreno, renovación de voluntad, que nos trae optimismo y fe en que por malo que sea nuestro amanecer, siempre habrá la oportunidad de que mejore.

Canción de Navidad de Silvio Rodríguez

domingo, 24 de diciembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

NAVIDAD PROFUNDA
Llega esta maravillosa época del año. Hoy todos tenemos permiso de volver a creer en la magia de las cosas, como cuando éramos niños.
     Una fecha cuyo origen y manifestaciones debieran ir de la mano, pero no siempre sucede así.  En momentos nos gana la fiesta de los sentidos por encima de la reflexión profunda del corazón.
     Llega Jesús  Niño que nace entre pajas en Belén.  Él, quien somete su majestuosidad de rey a los rigores de la pobreza, para que ni el más sencillo tenga temor de aproximarse ante su presencia.
     Todos nos remontamos a nuestra infancia para dejarnos deslumbrar por esos misterios inexplicables que fascinan.  Desde las luces de Bengala cuyas chispas se esparcen para iluminar la noche, hasta el misterio del amor de Dios que da la vida por nosotros.
     Esperamos el momento en que la piñata cargada reviente su panza para regalarnos fruta y colación, después de haber representado a los peregrinos José y María que finalmente hallan posada.
     Este es momento de reunión familiar, ocasión para dejar atrás las pequeñas diferencias capaces de abrir  zanjas irreconciliables  entre hermanos.   ¿Qué sitio más precioso para el corazón que el hogar? ¿Qué amor más grande que el de la familia?
     Tiempo para vernos reflejados en la mirada de los niños pequeños que esperan con ilusión la fiesta de  Navidad.  Momento de gozar como ellos gozan, de agradecer a la vida tantas bendiciones que nos ha regalado a lo largo del año.
     De igual manera, es la ocasión para aprender a bendecir aquellas dificultades que nos permiten valorar al doble la vida, la salud y la familia.  Escollos que  ayudan a  medir de qué somos capaces, que contribuyen a  enfocarnos en lo que es en verdad valioso, y así avanzar en nuestro crecimiento personal.
     ¡Qué maravilloso  poder dar algo de nosotros mismos para contribuir a la alegría de otros! Sacudirnos el propio interés en aras del beneficio de quien más necesita, y así  percibir la experiencia transformadora de la generosidad.
Sea la fiesta que hoy vivimos, una oportunidad única para descubrir las necesidades reales de nuestros hermanos, con el propósito de dar un sentido sanador a  nuestra dádiva.
Conservemos en mente  el carácter de la celebración, evitando caer en excesos que pudieran derivar en tragedia.
     Organicemos nuestro programa para librarnos de  prisas que en esta temporada provocan tantas malas experiencias. Por momentos nos gana la precipitación y actuamos hasta con furia.
     Se trata de disfrutar con quienes más apreciamos, pero sobre todo,   pasarla bien cada quien  consigo mismo, y los apremios no son la mejor forma de hacerlo.
     Recordemos hoy esos lejanos goces de la infancia. La manera cómo las pequeñas cosas  nos ponían tan felices.
     No desvirtuemos el sentido último de la celebración, que es el amor más grande. Vivamos una fiesta congruente entre el gozo cristiano que festejamos y el modo como lo hacemos.
     Seamos gentiles con el medio ambiente, cuidemos nuestro planeta.  Que el amor que prodigamos consiga cubrir hasta donde nuestra vista alcance.
     Disfrutemos al máximo aquello que podamos comprar con sensatez.  Evitemos compromisos económicos que generan malestar al término de las fiestas.   Lo más importante es la convivencia, el encuentro con aquellas personas que nos valoran por lo que somos y no por otra cosa.
     Vivir es el gran milagro que se lleva a cabo en la intimidad de nuestras células cada día.  Tener salud implica la armonía entre procesos maravillosos que se realizan en el interior de nuestros cuerpos para proveernos de bienestar, entendimiento y una sensibilidad capaz de traspasar las murallas de nuestro propio yo. Esos son los milagros por los cuales nos corresponde agradecer día con día.
     Tener la promesa de una vida después de la muerte es encontrar un propósito más allá de nosotros mismos, para hacer lo que hacemos con redoblado entusiasmo, ciertos de que lo que hoy emprendemos aquí es una forma de sembrar eternidad.
     Jesús Niño viene a decirnos que las mayores riquezas del ser humano radican en su corazón, y que los afanes de posesión no apuntan en ese sentido.
     Con la sencillez de niño con que hoy invita desde las pajas a revestirnos,  es como Jesús ha prometido que se entrará al reino de los cielos.
     Así, en el silencio, en un momento de recogimiento frente al prodigio del amor más grande, ofrezcamos desde nuestro corazón, aquello que ayude a que otros crean en el amor de Dios de viva forma.
     Seamos congruentes entre el motivo de la celebración y nuestra forma de festejar.  Entre la pobreza del que llega para salvarnos y lo que gastamos para la ocasión.  Entre el amor que celebramos y nuestro modo de manejarnos en esta temporada.
     Deseo para cada uno que el milagro del amor transformador se instale en su vida y en su hogar esta noche  para siempre.

Buenos deseos en 17 idiomas

En Alemán - Froehliche Weihnachten und ein gluckliches Neues Jahr!

En Catalán - Bon nadal i feliç any nou!

En Croata - Sretan Bozic

En Checo - Prejeme Vam Vesele Vanoce a stastny Novy Rok

En Danes - Glaedelig Jul

en Francés - Joyeux Noël et Bonne Année!

en Griego - Kala Christougenna Kieftihismenos O Kenourios Chronos

En Holandés - Vrolijk keerstfeest en een gelukkig nieuwjaar

En Inglés - Merry Christmas and a  Happy New Year

En Italiano - Buon Natale e Felice Anno Nuovo

En Noruego - God Jul og Godt Nyttår

En Polaco - Wesolych Swiat Bozego Narodzenia

en Portugués - Boas Festas e um feliz Ano Novo

En Ruso - Pozdrevlyayu s prazdnikom Rozhdestva is Novim Godom

En Serbio-Croata - Sretam Bozic. Vesela Nova Godina

En Sueco - God Jul och Gott Nytt År

En Vasco - Zorionak eta Urte Berri On


Tomado de www.cunavidad.com/



Aleluya de Haendel

Oración de Antoine de Saint-Exupéry

Enséñame el arte de los pequeños pasos

No pido milagros y visiones, Señor, pido la fuerza para la vida diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos.

Hazme hábil y creativo para notar a tiempo, en la multiplicidad y variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me atañen personalmente.

Ayúdame a distribuir correctamente mí tiempo: dame la capacidad de distinguir lo esencial de lo secundario.

Te pido fuerza, auto-control y equilibrio para no dejarme llevar por la vida y organizar sabiamente el curso del día.

Ayúdame a hacer cada cosa de mi presente lo mejor posible, y a reconocer que esta hora es la más importante.

Guárdame de la ingenua creencia de que en la vida todo debe salir bien. Otórgame la lucidez de reconocer que las dificultades, las derrotas y los fracasos son oportunidades en la vida para crecer y madurar.

Envíame en el momento justo a alguien que tenga el valor de decirme la verdad con amor.

Haz de mí un ser humano que se sienta unido a los que sufren. Permíteme entregarles en el momento preciso un instante de bondad, con o sin palabras.

No me des lo que yo pido, sino lo que necesito. En tus manos me entrego.

¡Enséñame el arte de los pequeños pasos!


Hermosa representación navideña

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Época navideña, tiempo donde la sensibilidad de muchos como yo se incrementa, donde se exacerban las sensaciones placenteras y dolorosas.

Navidad, ecos de nuestra niñez, para unos ilusión, para otros decepción. Significados disímbolos que nos llevan del canto al llanto. Nostalgia de lo bien vivido, resurgimiento de lo sufrido. 

Intentando no romper la magia que envuelve estas fiestas, con pesimismo y reflexiones sobre una navidad deseada contra la que estamos viviendo, adaptándome a lo que se estila, sin mucho reclamo. Encontrando en la llegada de quién amo, en el convivio familiar, en los abrazos y caricias, en el compartir la mesa, las risas, las narraciones del hoy y del ayer la esencia de la navidad. Agradeciendo la vida que permanece y la que no, pero que trasciende en el corazón de los que los quisimos.

Hacer de la navidad no lo que encuentro, sino lo que busco, siempre hay la oportunidad de tener un acercamiento a la paz, al amor, al contacto más humano y tierno que se puede alcanzar en fecha alguna.

Quizá no sea la navidad un día ideal, quizá no todo lo deseado esté sucediendo, pero si lo que busco viene de un sentimiento profundo, auténtico, sublime, seguro habrá la oportunidad de atraparlo. 

Navidad, natalicio, nacimiento de una luz de vida, que se renueva y nos ilumina a lo largo de este trayecto, luz espiritual que permanece más allá de una fecha,de una época, inextinguible mientras la mantenga encendida la fe en que siempre habremos de poder reencontrarnos con el amor de nuestros semejantes y de Dios.

Minions para Navidad

domingo, 17 de diciembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

NUESTRA CELEBRACIÓN
Me asombran los grandes viajeros que encuentran la manera de recorrer el mundo para adentrarse en los usos y costumbres de cada lugar.   Igual admiro a quienes han leído bibliotecas enteras, y llegan a conocer la forma de pensamiento de tantos hombres y de tantas culturas.  Todos ellos impelidos por una necesidad de descubrir y amar más la vida.
     Al margen de quienes buscan desentrañar los misterios insondables del universo, yo conozco la vida de otra manera, ella llega  para invitarme a descubrir manifestaciones de su esencia, y así, a través de esas pequeñas muestras de las grandes cosas, darme la oportunidad de amarla.   Imagino que mi ventana ejerce un efecto como de imán para la naturaleza, de modo que las cosas suceden justo ahí, al otro lado de donde yo estoy, para mi goce y  aprendizaje.
     Esta temporada del año tiene mucho que ver con nuestros deseos.  Los buenos presagios van y vienen en una y otra dirección, se expresan en saludos, en tarjetas impresas,  mensajes electrónicos y  canciones navideñas.  Deseamos lo mejor para nuestra familia y amigos, a la vez que tratamos de dar cumplimiento a ciertos deseos propios que se han ido incubando en nuestro interior a lo largo del año.  Tal vez un viaje, quizás el regalo de algo que hemos deseado y que finalmente nos obsequiamos.  Y del mismo modo así como parte de nuestros deseos se ve satisfecho, otra parte de los mismos se queda sin atender, y en medio de aquella algarabía terminamos la temporada con un sabor agridulce.
     Para poner las cosas en perspectiva respecto a esas insatisfacciones tan humanas, tan nuestras, llegó un gorrión a darme una gran lección hace un par de días.  Aprovechamos que el clima era benigno para regar las plantas del patio, y al terminar de hacerlo quedó un pequeño charquito sobre el cemento.  Momentos después apareció el  pequeño pardal  que se instaló en el charquito y comenzó a revolotear y revolotear con singular entusiasmo.  Se acomodaba para un lado y luego para el otro aprovechando aquel pequeño volumen acumulado, se acicalaba y  volvía a sumergirse dentro del menguante charquito. Supuse que se estaría raspando contra las rugosidades del cemento cada vez que se deslizaba de panza en la poca agua una y otra vez. Pero si alguna imagen de una avecilla feliz pudiera tener en mi mente, sería la de este chilero.  ¡Vaya! tanta algarabía armó que pronto se aproximaron los dos pájaros carpinteros que seguido me visitan, y en la escasa agua que quedaba buscaron hacer lo mismo.
     Después del disfrute visual vino la reflexión: ¿Acaso se necesita tanto para ser feliz? ¿Es obligado  emprender  grandes gastos para lograrlo? Lo glamoroso de la temporada nos atrae a todos –me incluyo en primerísimo lugar--, las luces, la música, los adornos navideños por doquier; los regalos, la ropa, los alimentos propios de la temporada.  Cada elemento es un atractivo que  atrapa nuestros sentidos, por supuesto.  Ahora habría que preguntarnos si es lo  fundamental de las fiestas, o si existe un sentido más profundo que debiera actuar como eje rector.  Y habría que cuestionar si en cumplir con todo lo externo estamos descuidando el motivo último de la celebración.
Cuando entendemos que Jesús, siendo rey vino al mundo de la  más humilde manera, para que los pobres no se intimidaran, podremos voltear a ver a quienes menos tienen y sentirlos como hermanos.  Y seguir adelante con nuestras fiestas como las hemos planeado, pero abrir un espacio en nuestro corazón y compartir una poca de nuestra abundancia, para aquellos que pasarán la Nochebuena como cualquier otra noche, con hambre, con frío, en soledad. 
     ¿Será realmente tan difícil compartir algo de lo que tenemos? ¿Tan complicado actuar desde la convicción de que todos podemos regalar un tanto que alivie a quienes  menos tienen? Y que esas personas poco favorecidas en lo material puedan sentir el amor de Dios en  esa pequeña dádiva.
     El hermoso gorrión pardo vino a mi patio en estos días para recordarme que la alegría de la temporada consiste precisamente en eso, en gozar lo que se tiene, en disfrutarlo con todo el entusiasmo que hay en nosotros.  Es contar nuestras bendiciones y dar un testimonio de agradecimiento al cielo, reconociendo lo afortunados que somos por tener nuestro propio espacio para gozar.
     No nos dejemos llevar por los apremios de la temporada hasta volvernos contradictorios: Nada cristianos al manejar, al desplazarnos en sitios públicos, al festejar, cayendo en ese contrasentido de celebrar de la manera menos cristiana el más grande amor cristiano.
     Yo me quedo con esa hermosa imagen de gozo y alegría grabada en mi mente para toda la temporada.  Les deseo que cada uno encuentre su propia gran inspiración para vivir esta celebración  de la mejor manera.

VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza

GEMÍNIDAS

Nuestros muertos
se van yendo
poco a poco
          …así ha de ser.
Comienzan a partir
como aguas mansas
que fluyen silenciosas.
Nos  dejan
vestigios del ayer:
           Una frase,
alguna melodía, un poema.
Su esencia
ha sembrado recuerdos
          en la memoria. 
En ciertas ocasiones
las gemínidas
alumbran las entrañas 
          de la noche.
Se borran los límites
de carne y sangre.
De los amados
se queda para siempre
          con nosotros
el ser interior
que nunca muere.


Navidad y Hanukkah

Villancico whatsapero

Las redes sociales se hacen presentes, con mucha creatividad y  buen humor. Hallado en Internet.

El mejor perro del mundo

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



Admiro a las personas que son capaces de ver más allá de lo que les permite la vista. No quedarse en la imagen y alcanzar a rebasar los límites de la retina, para descubrir lo que encierra esa figura que percibimos a través de nuestros ojos. Mirar con esos otros que logran descifrar los sentimientos más nobles, que son capaces de reconocer aún cuando esté escondida un alma buena a pesar de que las apariencias pudieran encubrirla.

Esa visión que solo es capaz de dar el amor al prójimo y que nos ofrece un panorama más amplio de las personas, haciéndonos posible apreciar cualidades que yacen ocultas, a veces voluntariamente como mecanismos de defensa, otras veces  condicionadas por un castigo que pareciera autoinflingirse ella misma, quizá para purgar sus culpas.

Es amando, con actitud humana y humilde, sin juicios hechos al vapor, como logramos encontrar en las personas lo que ellos mismos han perdido o luchan por rescatar. Es una experiencia gratificante ser partícipes en ese rescate, en poder ser un aliado, una mano que apoye a quien ha perdido el rumbo, pero que ha conservado en su alma la bondad, la ternura, reafirmar a quien se encuentre confundido, reconocerle sus capacidades y con ello lograr que lo haga él mismo. Dejar de guiarnos por las apariencias, descubrir la autenticidad de las personas y su valor real, más aun cuando hemos sido afortunados y no hemos sufrido el azote de las miserias de la vida, porque nos ha protegido por el afecto de quienes nos rodean y muchas veces salvados por ella de hundirnos en el dolor y la desolación. Hay quienes no han tenido tal fortuna y  naufragan víctimas de las tempestades, cuya lucha es solitaria e incomprendida, porque nadie se ha detenido a ver más allá de sus errores.

La vida nos sorprende con gente maravillosa, que a veces a primera vista no logramos descubrir por guiarnos tan solo por las apariencias. otras habremos dejado involucrarse en nuestra vida a quien no merecía estarlo, por la misma razón.

Las apariencias engañan es cierto, porque vivimos tan de prisa, que no hay mucho tiempo para interpretar más allá de lo que se aprecia a simple vista. Quien aprende a invertir tiempo en descifrar códigos más profundos de las personas, buscando su verdadera esencia, seguramente verá enriquecida su vida espiritual y un destino más certero tendrán sus sentimientos.

Historia de Navidad con los Niños Cantores de Viena

domingo, 10 de diciembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

LECCIONES DE OTOÑO
No  hay una razón única sino muchas que vuelven para mí el otoño la época más hermosa del año.  Las tres estaciones restantes hablan de florecimiento, fructificación y decadencia. La sabiduría del otoño me atrapa, por sus nobles lecciones de vida ante la recta final.
     Gozo el verde de los paisajes primaverales, sin embargo los ocres de esta época me cautivan.   Puede permanecer lago rato mirando una sola hoja de maple que luce sus colores cálidos, del rojo al púrpura.  Habla de madurez, de una esencia poderosa del árbol,  que no teme perderse en las hojas que deja caer al suelo, con cada viento que sopla sobre sus ramas.
     Hasta ahora no he conocido una hoja que no caiga con gracia haciendo cabriolas desde el sitio donde brotó y creció –su hogar--, hasta su destino final en el suelo.  Cada una de ellas adopta un estilo muy particular para ir meciéndose, tal vez girando en su trayecto aéreo hasta terminar, del mismo modo que hacen sus hermanas, conformando una alfombra multicolor pero  de corta vida, que pronto termina deshecha por algún otro viento travieso, o por la iniciativa del hombre que llega con su escoba a romper aquel efímero equilibrio foliado.
     Qué lección de desprendimiento, de dejar ir aquel nicho  al que ya no se pertenece. Qué manera de asumir el destino que corresponde a su condición de  expatriadas, tienen las hojas. ¡Tanto qué aprender de ellas!
     El otoño enseña que nada en esta vida es permanente, y que nos corresponde ser dóciles a los cambios que va imponiendo la edad. Esto es, aprender a envejecer con gracia y una  buena dosis de buen humor, pero sobre todo con un sentimiento de gratitud por todo lo que la vida nos ha permitido experimentar.  Es el tiempo de hacer cuentas con nosotros mismos, para entender de qué modo hemos sido bendecidos, de tantas y tan variadas formas hasta el momento de efectuar esta respiración.  El ocre del otoño invita a eso, al agradecimiento.
     Eventos como el vivido en el país la semana que termina  llaman al niño interior que todos tenemos dentro, tantas veces anestesiado, de modo que no alcanza a percatarse de las maravillas que ocurren en derredor.  La formación de cristales de nieve  como estrellas a partir de agua y frío refuerzan mi convicción personal,  de que los prodigios de la naturaleza son incontables, sin embargo vivimos distraídos –como dijera Facundo Cabral-- y no los percibimos.  Salir a ver cómo cae la nieve con sus grandes copos que de inmediato se prenden de la ropa y pronto se derriten; sorprendernos del modo como la nieve forma una alfombra que va cubriendo todas las superficies que encuentra a su paso; divertirnos jugando con la nieve entre las manos como cuando éramos pequeños.  Es un modo de reavivar nuestra alegría innata, que tan fácilmente dejamos que se apague por cualquier razón,  tantas veces absurda.  Es darnos cuenta que no es tan complicado  sentirnos alegres por las pequeñas cosas que suceden cada día, porque finalmente, la felicidad es cuestión de actitud, es como una mochila que cargamos a lo largo de la ruta para hacer del andar algo digno de ser vivido.  Es la provisión que llevamos para recorrer  el camino.
     ¡Cuántas grandes lecciones nos trae el otoño! La mansedumbre para acatar el orden perfecto del cosmos; la docilidad para atender los tiempos que nos va correspondiendo vivir.  La profundidad como seres humanos, para que a pesar de aquello que vamos perdiendo por el camino, no se agote nuestra esencia.  
     Otoño es empatar con la vida y actuar de manera divertida y graciosa, aun en las caídas.  Es descubrir que muchos contemporáneos más están en las mismas circunstancias que nosotros, y sabernos arropados por una hermandad.  Es apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles, que por cuestión de la edad van siendo más frecuentes, y es también aprender a ahijar con sentido del humor, aquellas limitaciones que el paso del tiempo nos impone.
     Llegar al otoño no implica desechar nuestros sueños de juventud.  Es emprenderlos de manera entusiasta,  pero ir cerrando círculos de aquellos propósitos que se van cumpliendo.  Es entender de mejor manera que cuando éramos jóvenes, que el paso del tiempo es absoluto, y que querer detenerlo es una forma de engaño que nos roba tiempo.
     Encaminarse por esa recta final es sentir el orgullo de haber llegado hasta este punto en condiciones de seguir andando por cuenta propia.   Es voltear a ver lo afortunado que ha sido nuestro trayecto, colmado de bendiciones que se han hecho presentes día con día.
     Es hacer un alto en el camino para dimensionar el tramo final, efectuar un recuento de aquello que tenemos para una buena marcha, y emprenderla con el mejor de los ánimos.
     ¡Bendito otoño que me permites entender todas estas realidades de la vida de manera tan bella!

VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza

EPIFANÍA BLANCA

Me tomó por sorpresa.  Las gotas de lluvia fueron transformándose con rapidez en aguanieve y finalmente en copos níveos.  Mi rutina de la primera hora de la mañana se vio felizmente interrumpida por este regalo del cielo.

La naturaleza nos obsequia una nueva lección cada día.  La mía de hoy fue acerca de la docilidad.  Es maravillosa la forma como los grandes copos de nieve van cayendo, pareciera que se mece cada uno por impulso propio, hasta tocar el suelo.  Al depositarse sobre una superficie lo hacen en completo silencio, a diferencia de sus hermanas las gotas que emiten, desde un discreto “plic” hasta un espectacular “plum” cada vez que chocan con un objeto duro.

Los copos nos enseñan además el sentido de la solidaridad.  Van cayendo uno sobre el otro y sobre el otro, hasta integrarse en una masa homogénea que se adhiere con particular apego a los sitios que toca, y que al filo del mediodía, cuando  el sol asoma y las avecillas que ya se han desperezado, dejan escuchar sus primeros trinos, empezarán a convertirse en agua.

El panorama luce estático bajo ese manto de blancura que se engruesa de tanto en tanto.  No parece haber vida en las calles ni en los patios, como si los seres vivos cuidáramos de no romper ese encanto con algún movimiento, y hasta el más ruidoso de los chamacos guardara sus sonoras manifestaciones para después.

Viene a mi mente la palabra “paz”. Este blanco bendito que todo cubre y calma nos invita a creer en ella, a revestirnos de su pureza, en particular en esta temporada cuando los ánimos –de manera paradójica al sentido de la fiesta-- fácilmente caldean por efecto de la agitación y el alcohol.

Doy gracias a Dios por esta hermosa lección previa a la Navidad, que me ayuda a no perder de vista cuál es la esencia de la fiesta, el sentido último de la celebración.  Se trata del amor en la mayor de sus manifestaciones, se trata de Jesús que vino para dar la vida por cada uno de nosotros.  

...Que mi corazón no lo olvide.


Luces navideñas desde Málaga

La famosa calle Marqués de Larios durante el arranque de la temporada navideña 2016

El pino de St. Martin de Paulo Coelho


Un dí­a antes de Navidad, el cura del pequeño pueblo de St. Martin, en los Pirineos franceses, se preparaba para celebrar la misa, cuando empezó a sentir en el aire un perfume delicioso. Era invierno, y hací­a mucho que las flores habí­an desaparecido, pero allí­ estaba ese aroma tan agradable, como si la primavera se estuviese adelantando.

Intrigado, salió de la iglesia para buscar el origen de semejante maravilla, y acabó encontrando a un muchacho sentado frente a la puerta de la escuela. Junto a él, habí­a una especie de árbol de Navidad completamente dorado.

– Pero, ¡qué belleza de árbol! – dijo el párroco -. ¡Con ese aroma divino que desprende, parece que ha tocado el mismí­simo cielo! ¡Y está hecho de oro puro! ¿Dónde lo conseguiste?

El joven no reaccionó con especial alegrí­a a los comentarios del religioso.

– Es cierto que este árbol, como usted lo llama, cada vez ha ido pesando más mientras lo cargaba hasta aquí­ caminando, y que las hojas se han puesto duras. Pero eso no puede ser oro, y me da miedo pensar en lo que dirán mis padres cuando vean lo que les traigo.

El muchacho relató entonces su historia:

– Hoy por la mañana salí­ hacia la gran ciudad de Tarbes para comprar un árbol de Navidad con el dinero que mi madre me habí­a dado. Pero ocurrió que, al cruzar un poblado, vi a una señora mayor, sola, sin familia con quien celebrar la gran fiesta de la Cristiandad, y le di un poco de dinero para la cena, confiado en que luego sabrí­a arrancarle un descuento al vendedor de la floristerí­a.

»Al llegar a Tarbes, pasé frente a la gran prisión, y habí­a allí­ algunas personas esperando la hora de la visita. Estaban todos tristes, pues iban a pasar esa noche lejos de sus seres queridos. Escuché que algunas de estas personas comentaban que ni siquiera habí­an conseguido comprar un pedazo de tarta. En ese mismo momento, impulsado por ese romanticismo que tienen los de mi edad, decidí­ compartir mi dinero con esas personas que lo necesitaban más que yo. Apenas guardarí­a una mí­nima cantidad para el almuerzo. Como el florista es amigo de mi familia, seguro que me darí­a el árbol, a cambio de que yo trabajase para él durante la semana siguiente, pagando así­ mi deuda.

»Sin embargo, cuando llegué al mercado me enteré de que el florista que conocí­a no habí­a ido a trabajar. Intenté por todos los medios que alguien me prestase dinero para comprar el árbol en otro lugar, pero fue imposible.

»Me dije a mí­ mismo que conseguirí­a pensar mejor con el estómago lleno, así­ que me dirigí­ a una fonda, pero se me cruzó un niño que parecí­a extranjero y me preguntó si podí­a darle alguna moneda, pues llevaba dos dí­as sin comer. Imaginando que el niño Jesús alguna vez también debió pasar hambre, le entregué a este otro lo poco que me quedaba, y me volví­ para casa. En el camino de regreso, le rompí­ una rama a un pino, y luego intenté retocarla, como podándola, pero fue poniéndose así­ de dura, que parece de metal, y no se parece ni de lejos al árbol de Navidad que mi madre está esperando.

– Pequeño amigo – dijo el cura, el perfume de este árbol tuyo no deja lugar a dudas: ha sido tocado por los Cielos. Déjame contarte lo que falta de tu historia:

»En cuanto te alejaste de aquella señora, ella inmediatamente pidió a la Virgen Marí­a, madre como ella, que te devolviese de alguna manera el favor recibido. Los familiares de los presos pensaron que se habí­an encontrado con un ángel, y rezaron agradeciéndoles a los ángeles las tartas que consiguieron comprar. Y el niño con el que te cruzaste, por su parte, le dio las gracias a Jesús por haber saciado su hambre.

»La Virgen, los ángeles, y el propio Jesús escucharon las peticiones de toda la gente a la que ayudaste. Cuando rompiste la rama del pino, la Virgen puso en ella el perfume de la misericordia. Mientras caminabas, los ángeles iban tocando sus hojas, transformándolas en oro. Por último, con todo ya concluido, Jesús examinó el trabajo, lo bendijo, y a partir de ahora, a quien toque este árbol de Navidad se le perdonarán los pecados y se le cumplirán los deseos.

Y así­ ocurrió. Cuenta la leyenda que el pino sagrado aún se encuentra en St. Martin; pero su poder es tal que su bendición alcanza a todos los que ayudan al prójimo en la ví­spera de la Navidad, por muy lejos que se encuentren de este pequeño pueblo de los Pirineos.

Carlos Kasuga: La importancia de la educación

Agradezco a Daniel su magnífica sugerencia.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


¿Vamos agregando años a la vida, o vida a los años? Ambas cosas son ciertas. Pero la primera sin la segunda no tienen sentido, vano sería vivir la vida solo dejando pasar el tiempo sobre nosotros y envejecer sin habernos dado la oportunidad de reconocer en ella la maravilla que significa nuestra existencia en este mundo.

Encontrar en los detalles más pequeños la presencia de un ser supremo que nos ha construido el mejor de los escenarios para desarrollar el papel que cada quien tenga a bien interpretar. Darnos además, como si fuera poco, más de una ocasión para hacerlo.

Las oportunidades que valen la pena a veces llegan más de una vez a nuestras vidas, como dispensando la ceguera que pudimos tener al no haberlas aprovechado en su momento. La vida es noble, sin ser un camino recto y llano que nos lleve directamente a un destino, con tramos sinuosos, con laberintos a veces, pero siempre proporcionándonos la ocasión de que a través de estrategias, de actitud seamos capaces de retomar el rumbo.
La vida es justa, pero a veces nos ajusta tanto que parece apretarnos el alma, y sin embargo no ahorca, no, cuando sabemos enseñorear el espíritu y crecernos al castigo. No ahorca, si entendemos que la felicidad está tan a la mano, como nuestra capacidad de ver más allá de lo que nuestros ojos miran. No lo hace, cuando la podemos ver a través de ese maravilloso lente de aumento que amplía los más pequeños detalles esenciales en la vida, aquellos que finalmente nos hacen más que mortales, humanos en toda la amplitud de la palabra. Una vida  que nos atrapa y nos guía dándonos la mayor certeza de que vamos por el camino correcto, si logramos mirar la vida a través de ese mágico cristal que es el amor.

El mejor regalo de Navidad: Video inspiracional

Enrique: Gracias por tan valiosa sugerencia.

domingo, 3 de diciembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

PENSAR SINTIENDO
Tuve la oportunidad de asistir a la entrega del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua Española 2017.  El evento se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno en la ciudad de Saltillo el pasado miércoles 29. En esta quinta edición la ganadora fue la cuentista y poeta española Ana Isabel Conejo Alonso con su poemario intitulado “Todo lo abierto”, obra escrita a principios de este año, luego de que le diagnosticaron un cáncer de mama.  Como ella misma dice, tuvo un efecto catártico en su proceso emocional para enfrentar una enfermedad de tal magnitud. Sus palabras de agradecimiento estuvieron cargadas de emoción, de hecho, tuvo que interrumpir su discurso un par de veces a causa del llanto.
     Al  referirse a la disciplina literaria que la llevó a ganar este premio, la galardonada  manifestó que la poesía, lejos de ser un adorno inútil como pudiera parecer de primera intención, es un instrumento transformador de la sociedad. Hizo énfasis en que este género literario tiene una importante función social, porque “La poesía es una forma de pensar sintiendo”. Ahondando un poco en sus palabras, hay que decir que es precisamente esta característica del lenguaje poético la  que lo vuelve un modo de expresión tan único, tan íntimo, tan envolvente. Nace de lo más profundo de la emoción del poeta, y va a estremecer a quien lo lee. Lo consigue  mediante la música de las palabras y la esencia muy humana –como llama viva--  de sus contenidos.
     El cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro medio, se estima que   en una de cada 3 familias mexicanas, en un momento dado, aparecerá la enfermedad, y según la UICC, cada año se diagnostican 128,000 nuevos casos.  Obedece a factores químicos, físicos y biológicos, de manera que esos conceptos populares para prevenirla o curarla de forma natural,  no dejan de ser eso, productos del pensamiento mágico que se topa de frente con el rigor científico al cual hay que atender para salir adelante.
Ahora bien, a pesar de ser cada vez más frecuente este mal, estamos poco o nada preparados para enfrentar un diagnóstico de tal naturaleza, ya sea  en nosotros mismos o en un ser querido. Cuando el mal físico se presenta hace zozobrar todas las esferas del paciente y de su familia cercana, se necesitan asideros para no hundirse después de recibir la noticia.  Es así como las palabras de Ana  Isabel  representan una tabla de salvación que encuentra el náufrago en  medio del río revuelto, y que definitivamente le habrá de ayudar a llegar a buen destino, a pesar de la turbulencia de las aguas.  Como señalaba en el párrafo anterior, para salir delante de esta enfermedad no hay remedios mágicos, pero sí buenas oportunidades de remisión en muchos de los casos, o de tratamientos paliativos en aquellos que, por su avanzada condición, no  alcanzan una remisión total.  De este modo la palabra escrita cumple una doble función, como señala de manera acertada la poeta, tiene una función catártica, además de que permite transmitir a otros –comenzando por los seres queridos—los estados emocionales que se están padeciendo en un momento dado, dentro del obligado Camino de Santiago personal, uno  que se vive, no por una semana como el de Compostela, sino a lo largo de lo que resta de vida.
     Otro rasgo muy definitorio de Ana Isabel es la forma como se expresa con relación a la mujer, postura muy definida en ella, que dio pie a una de las poesías leídas durante la ceremonia,  que se intitula “Todas nosotras”.
     Me permito compartir un fragmento de su poemario que dibuja de cuerpo entero a la poeta quien, por cierto, está muy orgullosa de sus cicatrices quirúrgicas.  Las  identifica como parte de su propio ser, de manera que no piensa desterrarlas atendiendo a la estética, sino conservar con orgullo como parte de su  geografía personal.  Con esto termino:
Yo no soy
                        De miel.
De luz.
De aire.
Yo no soy esta herida.
No soy solo esta herida.
Claveles rojos
me estallan en la boca
si pienso un beso.
Yo no soy solo el pecho cercenado,
la maltratada carne.
Yo soy por dentro vuelo,
soy esa oscuridad
de noche con estrellas
que se puede habitar como una casa
De miel.
De luz,
De aire.
Yo no soy una víctima.

VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza





EPIFANÍA DEL NOGALAR
Con mucho cariño para  Elsa

La mañana es templada. Cada vez que exhalo veo frente a mis ojos una nubecilla de vaho que me remite muy atrás, a mis años de niña, cuando cualquier elemento  era motivo para un nuevo juego de la imaginación.

La naturaleza me regala una sinfonía de trinos y murmullos que entran por los oídos hasta tocar el alma.

Este es un nogalar creado por el hombre para convivir con la naturaleza. Ha perdido su condición silvestre, su desorden natural, para integrarse al paisaje que la estética humana ha planeado para él. Aun así,  conserva la esencia única de su ser, y se convierte entonces en maestro de su propio creador. Un maestro vasto y sabio, pero sobre todo paciente, que sabe esperar a ser requerido.

Los nogales se subyugan a la voluntad del ser humano, conocedores de que ese es el camino de su perpetuación.

Someten sus grandes penachos, ahora amarillentos por el otoño, al urbanismo, pero nunca dejan de apuntar al cielo, igual como hace el alto bambú desde su propio bosquecillo de verdes cañas.

De los árboles caen de cuando en cuando gotas de agua sobre el tierno césped, en cuya mullida alfombra hundo mis pies. Tengo la necesidad de apropiarme de esa humedad para no olvidar mis raíces.

El geranio  florece propuesto a olvidar que es  prisionero confinado a un macetón. El ave del paraíso hace alarde de colores junto a la gran piedra bola,  en tanto  los alisos de mar llenan su pequeño espacio hasta formar una nube, tal vez esperando un ángel o un hada que los conquiste.

Termino mi lección de hoy un poco más humana, más dócil ante el orden natural del cosmos, pero sobre todo más feliz, en este mi universo de  pequeñas cosas, la maravilla que la vida me ofrece cada vez que poso mis ojos en la naturaleza, para descubrir una y otra vez el privilegio de existir. 

Estaré siempre ahí: Video animado


Agradezco a mi querida colaboradora Eréndira su magnífica aportación, en memoria de nuestro hermoso mutuo amigo José Clemente, a 8 meses de su partida.

Poesía de Mario Benedetti


Dicen por ahí... por Jesús Adrián Romero



CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



La autenticidad, esa valiosa cualidad que imprime un sello especial a las personas.

Autenticidad en las acciones, en el lenguaje, en los sentimientos. 

Decir querer y realmente estar queriendo, decir lo siento y que sea palpable el sentimiento a través de la mirada, de la palabra, del tacto. 

No se es la misma persona con todo mundo y en todo lugar, uno maneja distintas facetas, sin que esto implique  no ser genuino. 

Simplemente es reconocer los límites que dan las circunstancias, las necesidades y gustos de las personas con las que se trata, el papel que está uno desempeñando en uno u otro sitio. 

Tenemos la versatilidad suficiente para poder manejar distintas situaciones con distintos matices, personalidad que como abanico ofrece diferentes versiones de nosotros mismo, sin perder la esencia, sin hipocresías, ofreciendo nuestra autenticidad a los demás, conservando siempre claros los límites de una intimidad, que solo se concede a quien nuestro sentido común nos orienta, por considerar sea capaz de darle su justo valor y mantenerlo a salvo. 

No desnudar el alma ante cualquiera, no implica falta de veracidad, es autoprotección que es sinónimo de inteligencia emocional. 

Exponer el alma tal cual, sin ambages es riesgo que solo vale la pena correr en contadas ocasiones a sabiendas de que por cautelosos que seamos, siempre podremos sufrir un desencanto. 

Finalmente nuestra autenticidad será evaluada a veces equivocadamente, pero nada mejor que nuestra propia conciencia, esa tarde o temprano nos reclamará y nos pasará factura, cuando en la evaluación de nuestra vida, tenga mayor peso, la falsedad.

El poder de la música con Leonardo Barcellos

Agradezco a mi querida Lilia tan valiosa sugerencia que  rompe estereotipos y mueve el alma.

domingo, 26 de noviembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

EL CORAZÓN DE PIEDRA VERDE
Salvador de Madariaga fue un notable historiador, escritor, poeta y diplomático español.  Dentro de su vasta obra literaria dedicó una novela a la Conquista de México, misma que se intitula “El corazón de piedra verde”.  Me permití tomar prestado su título para mi columna semanal en la que busco hablar de México, del corazón de su gente y del precioso jade que dentro de la Arqueología mexicana simboliza la vida.
     Ahora son Baja California sur, el estado de México y Colima; antes han sido o siguen siendo otras entidades federativas las golpeadas por la violencia ligada al crimen organizado.  El artero asesinato de Silvestre De la Toba --ombudsman en BCS—y de su hijo ocurrido hace una semana manda un poderoso mensaje: “No hay institución que pueda someternos”.  Se cumple así la intención del mensaje de desmoralizar a todo aquel que busque hacer valer los Derechos Humanos, lo que nos lleva a temer qué más seguirá.  El gobernador de dicha entidad luce pasmado y silencioso, y ¡vaya! no es para menos la situación que están viviendo.
     Una vez más, como ya ha venido sucediendo en anteriores momentos de crisis necesitamos detenernos, analizar y entender que el origen de un problema de este tamaño, al igual que su  solución, no dependen de forma exclusiva del gobernante en turno.  La descomposición social que estamos padeciendo ha sido un problema de muchos –o más bien de todos—durante largo tiempo, y sería absurdo esperar que exista un modo de resolverlo en quince minutos, como dijera en su momento Vicente Fox con relación al EZLN.  La forma segura  de solucionarlo es a largo plazo, difícil pero en realidad es la única que funciona: Se llama educación.
     La educación, necesitamos visualizarla con todo lo que conlleva.  No se trata de que el niño aprenda a multiplicar cifras de cuatro dígitos,   que enumere de corrido los 135 ríos de  México o que identifique todos los organelos de la célula animal.  Claro que es importante el conocimiento, pues entre más conoce una persona más avanza por el camino que le llevará a apreciar y amar aquello que conoce. Pero para lo que nos ocupa,  la educación va mucho más allá, al fomento de  valores.
     El concepto de “educación” se refiere a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño y del joven, esto es, educar la inteligencia y la voluntad. Para que el proceso educativo sea exitoso necesita partir de modelos sólidos para las actitudes que pretendemos que el niño o el joven asimilen.  Si yo como maestro no soy congruente entre lo que digo y lo que hago, el mensaje no cumple con su función de moldear la conducta del alumno, y el proceso educativo no se da.
     Un caso que no por cotidiano pierde fuerza es el siguiente: Existe un reglamento vial que señala que si el semáforo está en rojo yo debo esperar, y si está en verde me toca avanzar.  No puedo enseñar al alumno esa regla si yo no la acato primero.  Cuando me paso el semáforo en rojo porque “al cabo que no hay carros que estén cruzando frente a mí”, estoy anulando la regla.  El mensaje para el joven es entonces: “La ley no tiene valor absoluto sino relativo y condicional.”
     Si yo me paso los semáforos en rojo, u ocupo los cajones para discapacitados cuando no me corresponde, ¿con qué autoridad moral puedo exigir al hijo que cumpla sus obligaciones? ¿O  le estoy enseñando que el respeto a los demás es variable?... Un país de Primer Mundo lo que hace de entrada es poner orden en  casa.  Si dice “alto” no pasas, si dice “siga” pasas. No a criterio personal, no dependiendo de las circunstancias, una regla siempre se obedece.
     Un país está compuesto por individuos agrupados en familias.  Para que funcione el proceso educativo que va a sacar a México de estos graves problemas, debe iniciar  dentro de cada hogar mediante  reglas sensatas, universales y claras, con sanciones también claras y firmes, que se aplican con amor. El niño necesita saberse aceptado y querido, necesita asimilar que se le corrige por amor, porque queremos que llegue a ser un ciudadano satisfecho, productivo y feliz. 
     Antes de sacarle tarjeta roja necesitamos demostrarle de manera tácita que lo amamos; no podemos partir del supuesto de que “ya lo sabe”, así no funciona.  Tampoco funciona si tenemos la nariz metida en la TV o en el celular todo el día, y cada vez que el niño nos aborda ponemos cara de fastidio.
     Los primeros que tenemos que educarnos somos nosotros, desechar malos hábitos, ser congruentes, conscientes, proactivos, generosos y compartidos. 
     Un gran cambio requiere mucho trabajo: Todos –sin excepción-- tenemos tarea para rato.  El corazón de piedra verde que tanto sorprendió al escritor: La vida de México que surge plena y fecunda  desde sus raíces, dispuesta a conquistar al mundo.

ANTIPOESÍA por María del Carmen Maqueo Garza


Tus urgentes Alertas Amber,
la desesperación plasmada en esas mantas
con letreros de  “Ayuda”,
se impactan de frente
contra la losa
de la burocracia. Tu dolor de madre
va a estrellarse contra la indiferencia
del sistema.

La insensibilidad mueve sus piezas
decreta  “jaque mate”
desde el primer enroque.
Tu dolor de madre; tu angustia
de mujer; tu rabia ciudadana,
todo anula  la hidra poderosa.

“Con dinero baila el perro”,
lo sabes y lo sufres.
Más allá, nada cuenta.

El polvo del olvido
va cubriendo a  tu niña.
Será mañana el mismo polvo
que  cubra tus memorias
de madre, el dolor
en la entraña profunda
que no habrá de caducar 
con el tiempo.

Pablo Neruda: Poema No. 20

REFLEXIÓN de Ramón Sánchez Mata



¡PONME LA CADENITA!

En algún hogar del mundo, esa mañana como todos los días se escuchaban los gritos alterados de un hombre regañando a su hijo:
-Levántate pronto, lávate la cara, los dientes, péinate, ponte la camisa, pero apúrate, tienes que ir a clases, sabes que...ya no hay tiempo para que desayunes;en el camino tomarás tu jugo, pero no lo vayas a tirar...¿Qué te dije, tonto? Ya te manchaste la camisa, me tienes harto, nunca aprendiste a hacer bien las cosas.

El chiquillo guardaba silencio, sabía que le podía ir peor, estaba tan atemorizado que ni siquiera podía decirle "papá".  En la escuela, constantemente era reprendido por su maestra porque se distraía siempre pensando por qué no podía ser feliz como los demás niños.

Esa tarde al regresar a casa, sin saber por qué, se atrevió a romper el silencio y dijo: 

-Hoy me preguntó la maestra en qué trabajas y no supe qué responder.

-Yo entreno perros- dijo el hombre.

-¿Y para qué los entrenas?- dijo el niño.

Los enseño a ser obedientes, a sentarse, a echarse, a quedarse quietos, a brincar obstáculos, a no hacer destrozos, cuidar la casa, cuidar y proteger a los niños; los entreno para trabajar en la policía, en los bomberos; los entreno para rescatar personas, para salvar vidas localizando explosivos y muchas cosas más.......¡Ah! también los entreno para ayudar a caminar a las personas ciegas.

Con mucho interés seguía preguntando: ¿Y les pagan a los perros por hacer todo eso?

-Claro que no- dijo él.  A cambio reciben mucho amor, atención y cuidados de parte de sus dueños o de quienes trabajan con ellos.

-¿Y cómo logras entrenarlos?

-Es muy sencillo- dijo.  -Solamente les pongo una cadenita, los llevo a pasear, camino y platico con ellos y poco a poco les voy enseñando. Cuando no hacen bien los ejercicios los corrijo firmemente, pero sin lastimarlos, después los acaricio para que sientan que no estoy enojado con ellos. ¡Pero se necesita mucha paciencia!

El pequeño muy emocionado quería salir corriendo y platicarle a sus amiguitos lo que acababa de escuchar, pero de pronto... con ese gesto infantil, característico y natural que hacen los niños cuando sienten que van a brotar sus lágrimas, levantó su carita inocente y dijo: 

-¡Pónme la cadenita! Yo también quiero salir a pasear y platicar contigo, quiero aprender muchas cosas de ti, quiero que me corrijas si lo hago mal y después me acaricies para sentir que no estás enojado conmigo. 
A cambio yo seré un niño obediente, no te haré enojar más, no haré destrozos, cuidaré la casa, aprenderé a cuidar las personas, a salvar vidas.........

¡Ah! y si un día tú quedaras ciego, yo te ayudaré a caminar.  ¡Por favor ponme la cadenita, sólo tenme paciencia!

El hombre aquel, estalló en un sollozo profundo que le desgarró el pecho y al abrazar a su hijo, sintió que de su corazón salía una cadenita que rápidamente se enlazaba con el corazón de su hijo; era una cadenita con muchos eslabones de amor, de calor humano, de comprensión y mucha paciencia!

El niño sonrió, se acurrucó en su pecho y dijo:

¡Gracias, Papá!

Agradezco a Grace su valiosa sugerencia.



Gigi baila flamenco

Una pequeña niña brasileña, aquí de 2 años,  cautivada por el baile flamenco, usa los zapatos de su mamá para darnos una muestra de su arte, antes de prepararse para la siesta.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


A quien corresponda:

¿A quién corresponde en esta vida darle sentido a nuestra existencia?
¿A quién podemos solicitarle nos aliente a seguir cuando las fuerzas nos abandonan y nos impiden continuar?
A veces decidimos hacer a otro responsable de nuestra vida, adjudicarle todo el poder sobre nosotros y hacerle sentir que depende de él nuestro destino, como si con esto le confiriésemos un derecho, cuando por el contrario, le estamos asignando una obligación en nombre del amor que le tenemos.
Amar sin embargo no significa que seamos propiedad de nadie, ni tampoco responsables del ser amado.

Somos responsables de respetar, de ser fieles, honestos, de comprometernos en esta relación, cualquiera que esta sea, porque amar es vínculo que obliga a compromiso, pero manteniendo la suficiente libertad para no permitir la dependencia enfermiza que desvirtúa el sentimiento más noble que existe sobre la tierra.
quien corresponda, es misiva que lleva el mismo remitente que destinatario, cuando de hacerse cargo de nuestra vida se trate.

Al frente de nuestra vida; nuestra fe, nuestras agallas, nuestra voluntad.

A un lado y como apoyo que nos aligera la carga, aquellos que nos aman, con un amor genuino y responsable.

Liberemos al ser amado de la responsabilidad absoluta de nuestra vida, sin dejar de agradecer infinitamente a aquel que al amarnos es analgesia, es esperanza, incentivo de lucha, amor que sostiene, pero al que nunca le corresponde estar al frente de nuestra vida.

"Papel de lija": Miniatura orquestal de Leroy Anderson

Del mismo autor de "La máquina de escribir", llega ahora "Papel de lija"

domingo, 19 de noviembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

ANTES DE IZAR LOS IDEALES
Hoy  he venido recordando a Don José Muñoz Cota, orador, escritor y diplomático chihuahuense, con quien tuve la fortuna de coincidir en el medio periodístico lagunero allá por 1975, cuando yo escribía mis primeras colaboraciones  y él ya era toda una institución.  Recuerdo uno de sus libros del cual generosamente me  obsequió una copia autografiada: “El hombre es su palabra”.
     Cada quien ve el mundo desde aquello que le apasiona.  En mi caso es desde  la palabra a la cual hallo atributos extraordinarios.  A ratos me parece una palanca capaz de mover al mundo, tal y como Arquímedes lo asentara hace más de dos mil años.   Mucho de lo que hoy ocurre hace suponer que es precisamente por causa de la palabra, o para ser específicos, a falta de la palabra, y ahí les va:
     Una necesidad fundamental del ser humano es la de expresarse frente a los demás.  Es algo que ocurre desde principios de la historia, lo bueno o lo malo busca ser expresado de muy distintas maneras, ya sea para participar una alegría o para desahogar una contrariedad.   Desde las pinturas rupestres europeas, hasta los GIFS y los emojis actuales, el ser humano busca expresar aquello que piensa o que siente.  Sin embargo la cosa no es tan sencilla como supondríamos, y esa falta de expresión de lo propio bien puede ser el germen de interacciones sociales poco afortunadas.
     De niños aprendimos a hablar, el lenguaje se  va ajustando progresivamente a reglas y convenciones sociales, esto es, puedo decir algo “siempre y cuando…”, o “en la medida que…”,  expresarlo frente a determinadas personas, y no hacerlo frente a otras.  Desde ese momento lo que llevamos dentro va quedando determinado por elementos externos, y entendemos que así debe de ser, para una sana convivencia.  Los soliloquios propios del niño pequeño van quedando atrás, al grado de que el escolar halla indeseable o aburrido estar solo, no sabe disfrutar estar consigo mismo, con lo cual se pierde de mucho en la vida. Su autoestima se queda muy corta, y necesita de los demás para sentirse bien.   Entra al sistema educativo escolarizado y aprende muchas cosas, pero no se le educa para desarrollar su inteligencia emocional.  Como por intuición va practicando expresar lo que piensa y lo que siente, y así continúa hasta la edad adulta.
     Unos años después estamos frente a un individuo que no habla consigo mismo, y menos sabe decir a otros  lo que siente, tiene pobre autoestima, y por ende no es asertivo, además de que no posee mucho autocontrol.  En estas condiciones va del extremo de guardarse todo, al extremo de explotar por cualquier contrariedad.  La maravillosa utilidad que la palabra podría aportar para él se queda flotando en el limbo, en un mundo en el que nos guardamos de expresar lo que sentimos por miedo a ser malinterpretados, y reservamos las palabras amables, y volcamos las de odio cuando ya estamos como olla de vapor, con las emociones a punto de explotar.
     Y esta misma falta de palabras que no se dicen se vuelve responsable de úlceras duodenales  infartos del miocardio, adicciones y demás.  Aquello que debiera decirse y no se dice, ha de hallar una vía de escape, cualquiera.  Más delante vienen los hechos terribles, los que provoca nuestra ira largamente reprimida cuando sale a chorro y arremete contra lo que esté más próximo, la pareja, el hijo, el jefe o el conductor de enfrente.  Nos volvemos violentos, o más bien explosivos, sin que –visto desde fuera-- parezca existir una causa que pueda explicarlo.
     Uno de los apelativos que tenía Don José Muñoz Cota era el de “relámpago”. Al menos así lo llamó Federico Corral Vallejo, uno de sus biógrafos.  Él fue un relámpago para vivir su vida que fue interesante y variada, pero fundamentalmente un relámpago con el uso de la palabra, habiendo sido el primer campeón nacional de Oratoria, en el concurso convocado por el periódico El Universal en el año 1927, cuando José contaba con 20 años de edad.  Lo contrasto con los relámpagos destructivos hoy en día, que produce la no-utilización de la palabra para expresar nuestros estados internos, que resulta en latigazos de violencia de género, familiar y social.
     Ahora que las autoridades de la SEP se enfocan en la reforma educativa, todos los ciudadanos somos responsables de vigilar que  tenga como objetivo la formación de ciudadanos sanos y libres.  Las competencias de un programa académico no se alcanzan sin una base de sustentación emocional  firme. Uno de los requisitos para lograr este sano equilibrio de las sociedades que viven en paz,  es el desarrollo de la inteligencia emocional, aprender a comunicarnos unos con otros, expresar pensamientos, deseos y emociones, para alcanzar una sana armonía. Como diría Muñoz Cota “hacerlo antes de izar los ideales”.

Poesía por María del Carmen Maqueo Garza

Con motivo de la celebración del Día Mundial del Prematuro, escribí esta poesía como una forma de reconocimiento a su incansable labor  para dos grandes médicos neonatólogos, amigos queridos: Guillermo Gutiérrez Calleros y Moisés Quiles Corona.


NIÑO AZUL
Azul eres,  del color del cielo,
desde tu pequeña gran cuenca
de la vida.  Te arrulla
el suave golpeteo
de caudalosos ríos púrpura
que fluyen mansamente
del corazón materno.
Arropado en su ilusión de madre,
te vuelves cada día
más el proyecto que de ti  ha soñado
ella, la mujer origen.

Algo se ha roto.

Ahora luchas,   mi niño 
como   gran guerrero.
Me conturba  mirarte
cada vez que tu barca
cruza el Aqueronte
de los juicios médicos,
bajo la intensa luz blanca
de Terapia Intensiva.
Nada te abate,  llevas tatuada
en  tu ser
la corona triunfal que se reserva
para los vencedores.

Mi niño azul,
desde tu frágil pequeñez
te observo
prendido a la esperanza,
tu  fe puesta --con total mansedumbre—
en la Ciencia y el sagrado
ministerio de sus sacerdotes.
Tus grandes sueños
se despliegan 
vastos uno a uno. Te descubro
desde el borde de la incubadora
--tu pequeño espacio--
la pasión empeñada en convertirte
un día
en el más venturoso
ciudadano del mundo.

Poesía de Neruda en voz de Feneté

CENTENARIO DE INDIRA GANDHI

Hoy se cumple el  centenario del natalicio de Indira Gandhi, quien fuera Primera Ministra de la India.  De ella rescato esta reflexión así de profunda como vigente:


"Paz no es solo la ausencia de discordia y de violencia.
Paz significa armonía y un clima de comprensión y tolerancia. 
Las condiciones necesarias para que reine un clima así son la libertad y la justicia, tanto social como económica, y la madurez necesaria para evitar el odio y el temor. 
Naturalmente, los gobiernos desempeñan un papel importante para moldear la opinión pública, pero igual responsabilidad tienen los pueblos mismos, lo que ellos sientan y hagan. 
El pensamiento justo y la acción correcta por parte del pueblo no pueden dejar de incidir sobre el gobierno."

Amigos en la nieve

CONFETI DE LETRAS


Nunca será demasiado poco lo que nos quede para construir un hoy.

Todo por servir se acaba, reza el refrán, pero mientras por eso se acabe bien habrá valido la pena, si lo usamos de la mejor manera. Con el material que se nos ponga a la disposición, mucho, poco, de mayor o menor calidad, siempre con la mejor actitud, siempre pensando en optimizar los recursos.

Reciclar, maravillosa oportunidad de darle uso a aquello que habíamos dejado empolvarse, pero que puede convertirse en herramienta de suma utilidad, con tan solo un poco de voluntad.

En las peores catástrofes es quizá, cuando conservar la vida hace reconocer el valor de ésta, así se haya perdido todo, aquel que tenga un alma fortalecida por la fe, alimentada por el amor, podrá ser capaz de recuperarse a si mismo y de proyectar su energía incluso más allá de si mismo, convertirse en inspiración para aquellos que se desmoronan ante el más mínimo embate de la vida.

Siempre hay de que y de quien valernos para poder salir del más profundo abismo, a veces ese algo, ese alguien lo encontramos en nosotros mismos. En nuestro esfuerzo en nuestro deseo de reconstruirnos, en abastecer nuestro almacén emocional quebrantado, nutrimento espiritual que nos permite volver a sentir, a alcanzar la plenitud, que nos acerca a la orilla de tierra firme y más allá de eso, nos invita a ser generosos y compartirlo, deleitarnos así con el exquisito sabor del agradecimiento a esta vida, al amor, a esta oportunidad de regresar a nosotros mismos aún extraviados en el peor de los laberintos del sufrimiento.

Tamboristas de la Marina de Japón

domingo, 12 de noviembre de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

EL MEJOR PILOTO
Haz de tu vida un sueño y del sueño una realidad.
Antoine de Saint-Exupéry

Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por  la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión  habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano, y hasta dónde pueden llevar los mismos  a aquel que se atreve a soñar.
     El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendimientos,  misiones, visiones, objetivos y niveles.  Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo no es la única forma para  alcanzar las metas que nos proponemos.
     La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal.  Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión.  Para ello  la experiencia de los mayores les facilita la  creación de proyectos factibles de  llevarse a cabo.  Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto, porque viven esperando que alguien venga a tocar su puerta para descubrirlos.
     Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de  tener como amiga.  Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días.  Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún,  las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho.  Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular   entusiasmo por vivir que  se manifiesta siempre que alguien  le pregunta cómo está, e invariablemente  contesta  con un alegre “Muy bien”.
     Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños.  Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos.  Entre uno y otra nos hallamos  el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala.   No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida. 
     Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de  nuestra personalidad.   No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar.  Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular  a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.
     Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal mientras vivieron, para ejemplos hay muchos.  Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia.  Y por el contrario, tenemos a quienes van en   sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de entusiasmo, vivos porque respiran, pero nada más.
     Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia.  La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos  consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia.   Así  regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima.  Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor.  Un pequeño que se siente aceptado a pesar de sus errores, aprende a amar,  asume que todo  ser humano merece lo mejor, y apuesta a favor suyo.
     La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de  cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.