Una red social cuyo propósito es contribuir a enaltecer la calidad humana, la sensibilidad ciudadana y la autoestima. Un pequeño espacio que aliente, reconozca y difunda los valores de los diversos ciudadanos del mundo. Que nos impulse a cuidar del planeta, y a edificar la sociedad justa y buena a la que todos tenemos derecho.
martes, 18 de julio de 2017
domingo, 16 de julio de 2017
CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza
IDENTIDAD Y VALÍA
El surgimiento de la Aldea Global ha generado una crisis de
identidad personal, somos parte de una comunidad gigantesca, lo que representa grandes ventajas, pero a un costo emocional
muy elevado.
En el mundo de la hipercomunicación se van extraviando los
valores humanos fundamentales.
Generamos, transmitimos y recibimos tantos mensajes, que a ratos nos sentimos
asfixiados, el significado que tuvo un mensaje para quien lo dio y quien lo recibió por primera vez, se va perdiendo
en la medida en que la transmisión del mismo se vuelve masiva. Su esencia
original se desdibuja en ese ir y venir a través de la
red, como sucedería con una hoja de árbol, que mientras la tenemos entre las
manos apreciamos la riqueza de detalles, su color, bordes y venas, pero cuando se
convierte en parte de una tonelada de hojas en el suelo, pierde su valor único y
se confunde en el montón. Dejamos de percibir toda su
magnificencia individual, ya no sentimos ese contacto maravilloso con la
naturaleza, y más bien creemos estar frente
a un cúmulo de basura.
Este mismo acostumbramiento obra tratándose de otros
contenidos; los ruidos intensos nos generan un caos auditivo en el cual
simplemente dejamos de escuchar. La erotización indiscriminada hace que se
pierda el encanto del encuentro amoroso. Los constantes signos de violencia
extrema dejan de impactarnos. Así mismo nos
vamos tornando insensibles frente a escenas de muerte, un asunto que permea
todos los medios de información en sus distintas versiones, para generar en
nosotros una tolerancia perversa.
Con mucho, whatsapp se ha convertido en la reina de las
redes sociales, podemos mandar mensajes de cualquier extensión y prácticamente sin
límite de destinatarios. Cada mañana van
y vienen infinidad de buenos deseos para recibir el día, y otro tanto circula por las noches para despedirlo. Se cumple cabalmente aquella teoría de los 6
grados de conectividad de Karinthy, y en menos que canta un gallo un contenido
que lanzamos ya nos está llegando reciclado desde otra parte del mundo. A
través de esa misma red circulan fotografías de todo, de todos, de cada
detalle, a cada momento, para bien o para mal.
Yo me pregunto hasta qué punto esos contenidos terminan siendo
intrascendentes en razón de su exceso, además de que nos privamos de disfrutar
un paseo, una obra de arte o una reunión, en aras de tomar una y mil
fotografías, y ser los primeros en publicarlas.
En este escenario que yo llamaría “despersonalizador” es muy reconfortante descubrir que aún hay modos
de ensalzar valores que nos llevan a
sentirnos personas únicas, especiales y apreciadas. Elementos que nos permiten reafirmar que la
vida es un don inestimable el cual nos corresponde cuidar y explotar para el
bien propio y de los demás. Necesitamos
dar y recibir mensajes personalizados, una llamada, una visita, tal vez una tarjeta
electrónica, sí, pero crearla para una sola persona, y no que sea la misma para los 250 contactos que
tengo en 5 chats… Sentir esa caricia personalizada, ese decir “aquí estoy”, “te
aprecio”, “cuenta conmigo”.
Nuestros hijos saben bastante poco de sus ancestros. En esta época en que la prisa nos gana, no hay mucha oportunidad –como antes—para
aquellas pláticas familiares donde se
contaban una y otra vez anécdotas de tiempos de los abuelos, que además de
sabrosas y originales, otorgaban identidad familiar y sentido de pertenencia al clan. Muchos podemos recordar de labios de nuestros
mayores, historias que dibujan las figuras queridas y dejan en nosotros
una impronta de orgullo familiar. Ahora
solo falta que digamos a los chicos que vayan
a googlear la biografía de sus
ancestros para que los conozcan y aprendan a sentirse felices de tenerlos.
Conocer el significado de un objeto de arte que atesoramos
con especial cuidado, la historia de una receta culinaria, lo que hay detrás de
aquellas fotografías de reuniones familiares en casa de los abuelos. Poder identificar los relatos que narran hazañas de los ancestros, y que a fin de
cuentas nos ponen sobre el planeta. Es
buen momento para trabajar esa esfera de la identidad para nuestros niños y
jóvenes, que ellos sientan que cuentan con elementos que los definen y los ubican
en un contexto familiar y de comunidad, frente a un mundo que a ratos arrasa
como tsunami. Demos los obsequios más valiosos --tiempo y atención--, tiempo para amar en forma
personalizada, para regalar a los
miembros de la familia un “te quiero” mirándolos a los ojos, que haga patente nuestro interés por ellos…
Atención, para que por nuestra actitud cada uno se sepa único e irrepetible,
convencido de que nuestro buen Dios, amorosamente, valiéndose del más precioso polvo de estrellas, dejó plasmada en él su mejor obra.
Antipoesía por María del Carmen Maqueo Garza
SOCAVÓN
(Dedicado a todas
aquellas víctimas que engulló el sistema)
Se abre la tierra en su profunda entraña.
Lo hace en son de protesta
por el daño histórico,
por el no respeto a la naturaleza
de sus cauces. Engulle la oquedad
lo que encuentra a su paso.
Después de la tragedia,
muerto el niño y su padre,
--los dos juanes--
se apresuran a tapar el pozo
con cemento hidráulico a presión,
acallan el llanto de los deudos
con grandes peroratas.
Gastan –ahora sí--, todos los millones
que ahorraron a la mala.
Lo hacen para borrar de tajo
impericia y corruptelas.
Queda el aire impregnado por el
humo
de los cirios fúnebres.
El funcionario profiere justificaciones
de ciencia ficción,
señala chivos expiatorios.
La culpa es de la lluvia, --dice—
para eximir al constructor, su amigo,
con quien toma un coñac y fuma un habano.
¿Qué son dos muertos que nadie conoce?,
dice para sus adentros mientras
sirve otra ronda
a los contertulios de esta noche.
A voz en cuello, entre
carcajadas
levantan todos la copa una vez más:
¡Salud, amigos, y que viva México!Mamá hurón presenta crías a su humano
La convivencia con humanos llega a generar confianza en especies hasta hace poco silvestres, al grado de involucrarlos en llevarlos a conocer sus crías recién nacidas. Aquí una mamá hurón haciendo lo propio.
Poesía de Benjamín Valdivia
ARENA
Pierden su integridad en la caída
los minutos de arena.
Cosas como del agua
nos llevan las manos, la mirada
y casi toda la voz.
Son pasajeras nimiedades
y lúbricas torpezas.
Nos apartan del mar donde podrían
las horas compactarse.
Pues llegará el crepúsculo y el tiempo
se llevará las últimas arenas
y arrojará las sombras encima
del mirar.
Gracias a Carlos por su magnífica sugerencia.

los minutos de arena.
Cosas como del agua
nos llevan las manos, la mirada
y casi toda la voz.
Son pasajeras nimiedades
y lúbricas torpezas.
Nos apartan del mar donde podrían
las horas compactarse.
Pues llegará el crepúsculo y el tiempo
se llevará las últimas arenas
y arrojará las sombras encima
del mirar.
Gracias a Carlos por su magnífica sugerencia.
CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez
Cuando se tiene una sola oportunidad de lograr un objetivo, se destina todo el esfuerzo a obtenerlo.
Va siendo poco a poco que vamos cayendo en cuenta, que solo hay una vida, y que no podemos dejar de esmerarnos en hacer de ella una obra maestra.
No es que necesariamente lo vayamos a lograr, pero si fijamos como tal nuestro propósito, seguramente tendrá que ser buena la obra.
¿Qué es para nosotros el hacer una vida valiosa? Eso varía con el tiempo vivido y del tiempo disponible para reflexionar al respecto, por eso es que cuando ya hemos recorrido la mayor parte del trayecto, podemos ser más objetivos y certeros en reconocer lo que si y lo que no valía la pena.
Habremos para entonces oído mil veces que el éxito no se mide en nuestras ganancias materiales, pero la mayor parte de nuestro tiempo irá encaminado a conseguir estas.
Guiados por la inercia del consumismo, dejamos a un lado aquello que no se destine al éxito económico, porque definitivamente la sociedad se basa en ello. Pocos buscan ser recordados por un Premio Nobel de la Paz, siempre tendrá más relevancia haber sido un millonario goleador o artista de plástico, estos sí son ejemplos que vale la pena emular. Se convierten en modelos a seguir, es entonces cuando nos vemos tal cual somos, una contradicción entre lo que decimos ideal y lo que pretendemos realmente concebir como tal.
Para cuando hacemos un análisis objetivo y convincente, la mayoría ya habremos llegado a una edad en que solo nos queda aferrarnos en esta última etapa a todo aquello que dejamos de lado, y darle su justo valor. Es eso entonces lo que llaman la sabiduría del anciano, que se transmite de generación a generación, que queda en consejo, en bellas frases, pero no se traducen en un cambio en nuestros arquetipos sociales, en los que sigue dominando la materia, sobre el espíritu.
¿Qué es para nosotros el hacer una vida valiosa? Eso varía con el tiempo vivido y del tiempo disponible para reflexionar al respecto, por eso es que cuando ya hemos recorrido la mayor parte del trayecto, podemos ser más objetivos y certeros en reconocer lo que si y lo que no valía la pena.
Habremos para entonces oído mil veces que el éxito no se mide en nuestras ganancias materiales, pero la mayor parte de nuestro tiempo irá encaminado a conseguir estas.
Guiados por la inercia del consumismo, dejamos a un lado aquello que no se destine al éxito económico, porque definitivamente la sociedad se basa en ello. Pocos buscan ser recordados por un Premio Nobel de la Paz, siempre tendrá más relevancia haber sido un millonario goleador o artista de plástico, estos sí son ejemplos que vale la pena emular. Se convierten en modelos a seguir, es entonces cuando nos vemos tal cual somos, una contradicción entre lo que decimos ideal y lo que pretendemos realmente concebir como tal.
Para cuando hacemos un análisis objetivo y convincente, la mayoría ya habremos llegado a una edad en que solo nos queda aferrarnos en esta última etapa a todo aquello que dejamos de lado, y darle su justo valor. Es eso entonces lo que llaman la sabiduría del anciano, que se transmite de generación a generación, que queda en consejo, en bellas frases, pero no se traducen en un cambio en nuestros arquetipos sociales, en los que sigue dominando la materia, sobre el espíritu.
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