domingo, 16 de agosto de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 META EN COMÚN

Sin lugar a duda uno de los mayores problemas de nuestros tiempos es la soledad. La expansión urbana y la inseguridad nos han llevado a frenar la movilidad dentro de las poblaciones. Los tiempos en que niños y jóvenes podían permanecer fuera de casa sin riesgo alguno son cosa del pasado. Todo ello nos conduce a un aislamiento físico, que se salva únicamente por las relaciones que podemos establecer en los centros escolares o laborales, pero nada más. Por supuesto que dos instituciones cobran especial relevancia: la familia y la iglesia, tanto una como otra consiguen amalgamar las necesidades y los intereses de sus miembros, pero no siempre es suficiente para el espíritu.

Lo anterior nos ha llevado a construir otro tipo de espacios en los que podamos convivir e intercambiar lo propio. Tendremos fiestas ocasionales que cubran en parte esa necesidad, pero sigue habiendo huecos que no encontramos cómo llenar, lo que lleva a idear otras alternativas.

Un punto clave en el desarrollo de empatía es lo que se denomina “otredad”, término que he abordado por aquí en un par de ocasiones. Es la actitud de identidad con los demás que nos permite, entre otras cosas, crear lazos permanentes en la sociedad. A diferencia de la tolerancia, que implica que yo sostengo mi forma de ser y estoy dispuesto a convivir con cómo es el otro, la otredad es meterme en la piel de una persona para interpretar las cosas del modo como lo hace. Un método excelente para el desarrollo de este concepto es la lectura, muy en particular de obras de ficción, a partir de cuyos personajes podemos entrar en la piel de quienes piensan o actúan muy distinto a como nosotros lo hacemos, para zambullirnos en su mundo, sus expectativas y limitaciones, hasta poder compenetrarnos. La lectura en solitario llega a ser adictiva, sin embargo, para muchos no es la mejor opción. Buscar un grupo con el cual hacernos acompañar en nuestras lecturas, es una propuesta refrescante, que deja grandes enseñanzas.

En Piedras Negras existen varios clubes de lectura que funcionan desde tiempo atrás. Alguno de ellos asociado a un movimiento de la iglesia católica; otros independientes. La dinámica suele ser similar: reunirse periódicamente, marcar un libro para leer en el período entre reuniones, y en su momento comentarlo entre todos. Pensé en armar un grupo de lectura con un giro distinto en varios aspectos: no tendríamos que leer una misma obra; privilegiaríamos la lectura del libro impreso sobre el electrónico, evitando sin embargo el gasto de comprar un libro, cuyo costo en no pocas ocasiones rebasa el monto correspondiente al salario mínimo diario de esta región del país. Entonces, para evitar hacer el gasto de comprar un libro, creamos un fondo revolvente a partir de donaciones.  Los participantes pueden llevar a casa un libro para leerlo y regresarlo más delante. La idea original prendió, y el fondo revolvente ha ido creciendo con aportaciones de varios miembros que facilitan libros de su propiedad para disfrute de sus compañeros. Así nació “Tercer Espacio”.

Para nuestras reuniones mensuales se anotan quienes desean participar comentando un libro a partir de un formato en el cual se destaca la información del autor, nombre de la obra, contenidos, reflexiones, vocabulario nuevo y recomendaciones para futuras lecturas. Esos formatos se van integrando a una biblioteca virtual de acceso público.

En la semana que concluye realizamos nuestra cuarta sesión mensual. El grupo ya comienza a sentirse sólido, muy participativo, con sugerencias de gran utilidad para ir integrando a nuestras tareas.

La reflexión última con la que me quedo hoy es la de que una forma de combatir la soledad es integrándonos a un grupo que tenga intereses similares a los propios. Establecer metas en común e ir cumpliéndolas dota al grupo de cohesión y da un sentido de identidad.  Nos regala a cada miembro una forma de evitar la soledad; por el contrario, trabajamos en conjunto a favor de propósitos que van más allá del interés personal, y que nos permiten trascender.

Me inquieta la abundancia de jóvenes con la mirada fija en una pantalla electrónica. Metidos en una cápsula que les aísla del entorno, de la que no parecen estar dispuestos a salir. Como si ahí encontraran una forma de elegir los contenidos que impactan sus sentidos, muy al contrario de la realidad “real” con sus altibajos, y lo que implica comunicarnos con alguien que piensa, siente y actúa en una sintonía distinta a la nuestra, y con la que no siempre nos ponemos de acuerdo. Ello puede generar conflicto, y tal vez hasta violencia.

Un grupo con intereses afines y una tarea común es una excelente manera de convivir, construir y trascender, y no se diga de divertirnos juntos y pasar una tarde inolvidable.

CARTÓN de LUY


 

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

 Tres años de silencio

15/ago/2026

Cada 15 de agosto, mientras la ciudad celebra allá afuera el día de la Asunción, el tiempo en esta casa se detiene.

Tres años sin ti. Tres años habitando este silencio de cristal que todavía cruje en los pasillos. Un trienio entero aprendiendo a descifrar la vida y a caminar por un mundo que no es mío.

Durante tres décadas, la hoja en blanco me pareció un territorio lejano; la palabra hablada nos pertenecía cada noche para contarnos el día.

Hoy no me queda más que hablarte con la voz de la pluma. Y a veces me pregunto cómo seguir contando historias si la protagonista de la mía cerró el libro antes de tiempo.

Extraño la luz de tus madrugadas. Tú perdida en tus series coreanas y yo, en relatos de un pasado distante. Me hace falta esa forma tuya de interrumpir mi lectura: apenas un gesto sutil, una mirada con picardía que no pedía nada más que encontrarnos en silencio. Eso bastaba. Eso ponía en orden todo mi universo.

Pero no te has ido del todo. Te quedaste en las amarras que tejiste con tanto amor: en la solidez de nuestros hijos y en la risa fresca, casi milagrosa, de nuestra nieta. ¡Si la vieras ahora!, no te despegarías de ella ni por un segundo. Cuando la miro a los ojos, te veo a ti. Encuentro tus destellos intactos en sus gestos y comprendo que nada de lo que construimos se perdió en la sombra.

No miro hacia atrás con las manos vacías. No eres un recuerdo inmóvil en un altar, sino este pulso que me late en las manos, la tinta con la que intento alcanzarte y el calor de la familia que dejaste en pie.

Hoy no te hablo en vano. Lo hago en la penumbra de la noche, miro el camino que andamos juntos y te digo con el alma en la punta de la pluma:

Gracias, Vero. Mi historia sigue teniendo tu voz.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Carpe diem: la vida sucede hoy

Hace más de dos mil años, el poeta romano Horacio escribió carpe diem, una expresión que solemos traducir como “aprovecha el día”. Pero quizá su sentido sea todavía más hermoso: cosecha el día, toma de él lo que hoy puede darte, porque mañana sigue siendo apenas una promesa.

Y aunque hayan pasado siglos, seguimos necesitando que alguien nos lo recuerde.

Vivimos corriendo detrás del mañana: esperando las vacaciones, el momento perfecto, tener más tiempo, menos problemas, unos kilos menos o un poco más de dinero… mientras la vida, silenciosa y testaruda, continúa pasando frente a nosotros.

Carpe diem no significa vivir sin pensar en las consecuencias ni lanzarnos al vacío. Significa estar presentes. Tomarnos ese café sin mirar el reloj, contemplar un amanecer como si fuera el primero, decir “te quiero” mientras todavía podemos hacerlo, abrazar sin prisas y agradecer incluso esos pequeños instantes que parecen insignificantes… hasta que un día los extrañamos.

Porque al final quizá la vida no se mida por los años que acumulamos, sino por aquellos momentos en los que realmente estuvimos vivos.

El ayer ya cerró su puerta.

El mañana todavía no tiene llave.

Pero hoy está aquí.

Así que camina, ama, ríe, contempla, equivócate y vuelve a intentarlo.

Carpe diem… cosecha este día.

Puede que entre sus pequeñas horas esté escondido uno de los mejores momentos de tu vida...

CHARLA: La gratitud en el amor con Efrén Martínez

 


CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

No siempre ocurre lo que esperábamos, no siempre las cosas se resuelven de la manera como lo habíamos contemplado, no nos salen como lo planeamos o nos lo habían pintado. A veces nuestras expectativas son tan altas que no damos crédito a lo que nos está sucediendo, ya sentíamos que habíamos pasado el peor trance y que encontrábamos la salida a la luz, cuando nos vemos otra vez en un largo túnel que parece no tener fin. Estábamos preparados para una tregua en la ardua lucha en la que la vida nos había posicionado y de nuevo nos vemos forzados a enfrentar enemigos que creíamos derrotados.

Invadidos por el miedo, la depresión, agotados los recursos de fe y esperanza que sentíamos haber invertido en nuestra gran empresa contra la adversidad, otra vez estamos en medio del combate y sintiendo que no es justo, que no es posible, y que esta vez ya es demasiado

Debíamos volver a casa a continuar la vida, y se nos dice que no hay tregua y que quizá ahora viene algo todavía mas difícil de enfrentar. Desgarrada el alma, hecha trizas la voluntad, tendremos que echar mano de lo que ni nosotros mismos imaginamos poseer.

A renovar las fuerzas, el espíritu, a llenar las arcas de nuevo de esperanzas, a buscar voluntad valiéndonos de incentivos como la familia, el cariño de nuestra gente, sabernos queridos y necesarios es quizá la mejor forma de volvernos a incorporar, a ponernos de nuevo en pie de lucha.

Tenemos vida, momentáneamente maltrecha, pero vida al fin, y podemos de nuevo salir victoriosos. Tenemos como humanos la capacidad de reinventarnos, de renovarnos, de sacar fuerzas de flaqueza, tenemos la fe, muchos de nosotros en Dios, otros en la vida misma, y si la fe mueve montañas, asimismo moverá a nuestra alma haciéndola levantarse para continuar la vida, esta vida que si no nos ha sido siempre fácil, es todavía promesa de muchas cosas bellas por vivir.

Toma un minuto, recupera fuerzas y vámonos al siguiente round, esta pelea seguro la ganas por K.O.

POESÍA JOVEN de Héctor Rivero

En vano

Todos los días
saludábamos a Google Earth.
Nosotros también teníamos
un amor lejano
que se posaba en el cielo.

Google nunca nos vio.
Nadie nos vio.

Saludamos muchas veces el terciopelo azul
hasta que alguien nos dijo que era en vano.
Entonces regresamos a la cápsula:
pequeño planeta inalcanzable
para recordar que el mundo
está demasiado lejos.

Héctor Rivero (Matanzas, Cuba, 1990-)

Tomado de periodicodepoesia UNAM, agosto 2026