domingo, 17 de mayo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 EDUCACIÓN: ALAS PARA VOLAR

Se celebra en México el Día del Maestro, figura central en la formación integral de los individuos, considerando que el proceso educativo es un eje fundamental para el desarrollo de sociedades armónicas y productivas.

En la antigüedad, hallamos por un lado lo que fue la formación en Grecia, en donde se desarrolló el concepto denominado “paideia”, modelo de formación integral que abarcaba las esferas física, intelectual y moral, encauzadas hacia el establecimiento de un marco social óptimo para todos. Exaltaban el logro de la cultura como fundamento para fomentar y valorar el desarrollo de una ciudadanía plena.

Por su parte, en nuestro México prehispánico se desarrollaron centros educativos como el Calmécac, destinado para los hijos de las elites (sacerdotes y guerreros), y el Tepochcalli, para el resto de los pobladores. En uno y en otro se encauzaba a los alumnos al desarrollo de aprendizajes que les permitieran más delante tomar las riendas de la sociedad en que habían nacido. Un tercer concepto que se desarrolló con especial énfasis fue la enseñanza de las artes, misma que se llevaba a cabo en los Cuicacalli, o centros de enseñanza de las artes.

Aun cuando desde esa época la educación se marcaba como obligatoria, aún a principios de los años veinte del siglo pasado, existía una gran población analfabeta, calculada en aproximadamente 60% entre adultos de ambos sexos. Antes de encabezar José Vasconcelos la Secretaría de Educación, no existía una medición del nivel de alfabetización en México, aunque se han hallado documentos históricos que permiten calcular estos índices. Con el avance de los procesos educativos en México, esas cifras lograron abatirse, considerando que para el año 2,000, se habían disminuido al 9.5%, según el censo poblacional del INEGI de ese año.

Lo que nos viene sucediendo en los últimos tiempos pudiera atribuirse a diversos factores, entre los que quiero destacar los siguientes: Bajo los conceptos de la Nueva Escuela Mexicana, los logros educativos elevados se consideran innecesarios y hasta perjudiciales en contra de la población. Según marca esta doctrina, prepararse y alcanzar niveles superiores de conocimiento, es un atentado contra quienes no se hallan en las mismas condiciones. Por ello se desalienta el aprendizaje más allá de los estándares básicos. Por su parte se ataca la meritocracia, como un abuso contra el sistema; esforzarse por sacar mejores notas y alcanzar mayores niveles de educación se considera discriminatorio. Al grado que últimamente existen corrientes que pretenden prohibir la reprobación de alumnos, aun los que saquen malas notas o tengan múltiples faltas. Apelando a aquello de los derechos humanos tal vez se pretenda generar una mole de individuos medianamente pensantes que sean fáciles de manejar.

Un último factor que viene a mi mente es el apego a las pantallas, que provoca, por un lado, distracción, y por el otro, activación de vías dopaminérgicas que generan adicción, bajos niveles de atención y pobre retención de conceptos. No es lo mismo adquirir conocimientos a través del aprendizaje en aula o de la lectura en papel, que hacerlo deslizando continuamente la pantalla de nuestro dispositivo digital.

En este Día del Maestro vienen a mi memoria los grandes mentores que he tenido a lo largo de mi vida. Puedo decir que de ellos he aprendido a entender mejor las cosas, a vivir en consecuencia, a apreciar de forma única lo que sucede en torno a mí. He aprendido a proponerme ideales y a luchar por conseguirlos, a no conformarme con una trivial medianía; por el contrario, a plantearme retos por cumplir. Hoy recuerdo a cada uno de ellos y les bendigo. Ha sido a través de sus enseñanzas que he podido desarrollar las distintas facetas de mi vida, de modo de ser feliz, y a su vez, transmitir esos valores a mis hijos.

Escuchaba justo un mensaje de Aurelio Nuño, exsecretario de Educación, hablando acerca del valor del proceso educativo en México. Su comentario arranca a partir del intento por extender el período vacacional con motivo del Mundial de Futbol, algo que, finalmente, y para fortuna de todos, se desechó. Él propone abrir un amplio proceso de revisión de la educación, para retomar el visualizarla como el eje central de la prosperidad social a la que todos tenemos derecho. Da cifras con relación a la disminución de inscripción escolar en los distintos niveles a partir del 2018, siendo más marcada en el nivel preparatoria. No quiero imaginar bajo qué riesgos se encuentran esos jóvenes, máxime en poblaciones donde rige el crimen organizado.

Los valores son el eje en torno al cual se desarrollan las distintas sociedades. Podrán cambiar las circunstancias externas, pero no lo medular, eso nunca. Ojalá así lo entendamos.

CARTÓN de LUY


 

REFLEXIÓN de JCDOVALA

La tragedia de saber... y no actuar

Hay una verdad que pocos aceptan; la mayoría de las personas no fracasa por ignorancia, sino por inmovilidad. Leemos libros, escuchamos consejos, admiramos disciplinas ajenas, llenamos cuadernos de ideas… pero seguimos posponiendo la acción como si el tiempo tuviera paciencia infinita.

El verdadero salto en la vida no ocurre cuando descubres algo nuevo, ocurre cuando decides honrar lo que ya sabes. Sabes que debes llamar a quien amas, sabes que debes cuidar tu cuerpo, sabes que debes dejar hábitos que te están destruyendo lentamente y sabes que el miedo no desaparecerá antes de empezar; y aun así esperamos “el momento correcto”, como si la voluntad fuera un rayo divino y no una decisión cotidiana.

La distancia entre la vida que soñamos y la vida que vivimos rara vez está en el conocimiento. Está en el coraje de actuar con constancia sobre verdades simples. Porque una pequeña acción repetida vale más que una gran intención eternamente aplazada.

Al final, la sabiduría no se mide por cuánto entiendes, sino por cuánto transformas. Porque hay personas que saben mucho… y viven poco. Y otras que, con verdades sencillas, cambian por completo su destino. 

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

 La sonrisa rota

La tristeza se está quedando a vivir conmigo.
Ya no toca la puerta.
Ya no avisa cuando llega.
Simplemente aparece,
se sienta a la par de mi café frío
y mira en silencio cómo pasan los días.
A veces adopta la forma de cansancio.
Otras, la de una sonrisa automática
que nadie sospecha rota por dentro.
Lo más peligroso de ciertas tristezas
no es que griten…
es que aprenden a comportarse como parte de la casa.
Y uno sigue funcionando.
Trabaja.
Habla.
Salva vidas quizá.
Pero por dentro siente que algo se fue apagando lentamente,
como una sala de emergencia a las tres de la mañana
cuando ya no quedan fuerzas ni para pensar.
Tal vez crecer también era esto:
descubrir que hay dolores
que no buscan destruirte,
solo enseñarte cuánto silencio puede soportar un ser humano.
Pero incluso la tristeza más fiel
tiene miedo de algo:
de los amaneceres coloridos,
de una llamada sincera,
de una mano que se queda,
de esa pequeña chispa absurda
que insiste en recordarnos
que todavía estamos vivos...

ACERCA DE LA VIOLENCIA ESCOLAR con la neuropsiquiatra chilena Amanda Céspedes


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

"Arrieros somos y en el camino andamos"
Una frase corta que encierra en ella una gran verdad. En nuestro ir y venir por los caminos que la vida nos depara, por elección a veces, por necesidad o imposición circunstancial otras, más de una vez habremos de reencontrarnos con aquéllos que un día pensamos o quizá deseamos no volver a ver nunca.
No hay nada mejor que sentirnos en paz con nosotros mismos, de buscar alejarnos de la venganza, de regresar el mal con mal, de mantener en nuestro corazón reclamos y resentimientos añejos que reciclamos a cada momento y que nos dejan solo amargura en el corazón y peor aún nos incitan a "pagar con la misma moneda" el daño que a nuestro juicio nos hicieron.

Difícil ser justos en nuestro juicio hacia las acciones de otras personas, si a veces no lo somos ni con nosotros mismos, condenar y mucho menos buscar vengar las que consideramos afrentas no es a mi parecer la mejor forma de sentirnos satisfechos o de poder sentir que hemos saldado la cuenta.

En el camino nos podremos o no volver a encontrar, y nada mejor que hacerlo con sensatez, cada quien lleva sus luchas internas y en su conciencia el cargo de aquellas acciones que con toda intención dañaron a otros, a veces incluso justificadas con argumentos sin validez, apoyados en heridas que nunca curaron y que impulsan a " no buscar quien me la hizo sino con quien me la pague", siempre hallaremos en nuestro camino personas así, y perder energía y tranquilidad por vengarnos de quien ya de por si tiene un caos espiritual es vano, más perjudicial para nosotros mismos que para ellos.

Sentir satisfacción en la venganza, es "bienestar", efímero, una recompensa dopaminérgica cuyo efecto es a corto plazo y que finalmente se convierte en culpa, un reclamo de nuestra conciencia de haber actuado impulsiva e instintivamente sin un fin satisfactorio.

Seamos agentes de paz, cada quien da lo que lleva dentro, y eso lo define. Marquemos distancia de aquéllos que contaminan nuestra vida, sigamos en este camino pudiendo mirarlos a la cara con la compasión que merece aquél que vive atormentado por los resentimientos, sin dar más salida a su amargura que dañando a quien tiene cerca.

La mejor guerra se pelea en silencio, manteniendo nuestra paz interior.

"Arrieros somos y en el camino andamos", no debiera sonar a sentencia de venganza como situación de reciprocidad, sino de solidaridad, "hoy por ti, mañana por mi" y cuán cierta resulta esta frase más de una vez en la vida.

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya


La memoria no es un archivo de datos, sino un salón de clases que nunca cierra sus puertas. 
Al mirar hacia atrás, comprendo que mi identidad no es un átomo solitario, sino una constelación formada por el brillo de otros.
Vengo de un linaje de tiza y paciencia; mi abuela y mi madre no solo me dieron la vida, sino que me enseñaron a leer el mundo antes de que yo supiera descifrar una sola letra. En sus manos, la enseñanza no era un oficio, sino un acto de fe: la convicción de que el conocimiento es la única antorcha que, lejos de extinguirse, se aviva al compartir su fuego.
Sin embargo, mi gratitud se extiende más allá de la sangre.
Se desborda hacia aquellos arquitectos invisibles que, en el cruce de los años, supieron troquelar mi espíritu. Soy el eco de las voces que me guiaron; entiendo ahora que un maestro no solo entrega una lección, sino que cede una parte de su propio tiempo —ese recurso no renovable— para sembrar en tierra ajena.
En esta arquitectura del ser, distingo tres pilares fundamentales:
- El Aula como Microcosmos: Allí aprendí que la verdad no es un destino estático, sino una búsqueda incesante. Mis maestros me enseñaron que la duda es, en esencia, la forma más elevada de respeto hacia la inteligencia.
- El Sello de la Humanidad: Cada uno dejó una marca distinta en mi relieve. El rigor de unos me heredó la disciplina del pensamiento; la ternura de otros me advirtió que la ciencia sin conciencia es solo ruido.
- La Geografía del Ser: Si hoy puedo desentrañar un concepto, escribir un verso o conmoverme ante el dolor ajeno, es porque alguien tuvo la generosidad de mostrarme cómo se sostiene el hilo de Ariadna en los laberintos de la existencia.
A veces me pregunto qué sobrevive de ellos en mis gestos cotidianos.
Encuentro la sombra de un profesor de historia en mi curiosidad por el pasado; escucho el empeño de mi madre en mi búsqueda de claridad; siento la rectitud de mi abuela en mi ética de vida. Todos ellos componen la cosmogonía de mi ser.
Ser agradecido es reconocer que somos una obra colectiva. La gratitud es el puente que une al niño que fui con el hombre que habito; una estructura sostenida por la madera de los antiguos pupitres y el polvo de los pizarrones.
A todos ellos, a los que permanecen y a los que ya son memoria, les debo mi capacidad de asombro.
"Enseñar es dejar una huella en la vida de otra persona para siempre".
Hoy, al habitar mi propia piel, me reconozco como un tejido de voluntades ajenas.
Mi gratitud no es solo una palabra, sino una forma de existencia: honrar su legado es seguir aprendiendo, seguir preguntando y, sobre todo, mantener encendida esa llama que un día, con infinita paciencia, ellos depositaron en mis manos.
¡Muchas felicidades a los Maestros en su día!

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