domingo, 29 de marzo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 FRENTE AL ESPEJO

Esta vez sucedió en Lázaro Cárdenas, Michoacán: Un joven de quince años arriba a su escuela armado con un arma de asalto; abre fuego y mata a dos maestras del plantel. De entrada, nos deja a todos sin aliento, preguntándonos en qué momento la violencia ha escalado a este nivel.

La investigación judicial se halla en curso. Hasta ahora se sabe que el joven forma parte de algunas comunidades que se identifican por actitudes de desprecio y violencia contra las mujeres, como son los “incels”, la “manósfera”, o grupos afines a “la píldora roja” del nuevo despertar. Entre sus integrantes permea un gran resentimiento social, baja autoestima y un aislamiento social, que los lleva a integrar comunidades digitales que refuerzan su comportamiento.

Se sabe que el joven tuvo acceso a un AR-15 de dudosa proveniencia. Transportando este fusil dentro de un estuche para guitarra fue como entró al plantel sin despertar sospechas, aunque se ha determinado que en sus redes sociales horas antes ya había hecho el anuncio de su próximo ataque con las palabras: “Hoy es el día”.

Me recuerda casos recientes similares, en particular uno ocurrido en Torreón, Coahuila en el 2020, del cual hizo minucioso recuento el periodista lagunero Javier Garza Ramos en su crónica intitulada: “Nueve disparos: Crónica del tiroteo escolar que sacudió la nación.”  A través de sus líneas el autor evoca a su vez, lo acontecido en la secundaria Columbine en la Unión Americana en 1999. Por esa razón me permití iniciar diciendo: “Esta vez sucedió en Lázaro Cárdenas, Michoacán”.

La sociedad constituye un tejido vivo, podríamos decir que se conforma de unidades familiares que se ocupan, cada una de ellas, primero de crecer y desarrollarse, y, en segundo término, de establecer interacciones con el resto de las unidades. Cada célula hace acopio de lo necesario para su mejor subsistencia, a la vez que es capaz de generar productos propios y de proveer a otras lo que requieran. Es así como el tejido social se expande, adopta características distintivas y ocupa un lugar en el mundo.

Cuando algo significativo ocurre en una parte de este tejido, todas las unidades funcionales lo resienten. Finalmente, como en todo conjunto vivo, las células son interdependientes unas de otras. Nada pasa en ese pequeño universo estructural que no ataña al resto.

Lo que sucede en una entidad del país configura un momento crítico para todo el territorio nacional, no solamente para el sitio en el que ocurre el acontecimiento. Entiéndase pues, que todos somos, en alguna medida, responsables de que este joven haya vivido una parte de su corta vida de ese modo oscuro, con gran resentimiento y deseos de venganza. Que haya tomado un arma de alto poder con sus respectivos cartuchos, que haya transmitido por redes sociales el aviso de lo que era inminente que llevara a cabo, y finalmente que procediera a materializarlo. Todos somos responsables de un país con pocas oportunidades para un desarrollo emocional idóneo, en el que los jovencitos se encierran en su habitación y se escapan a través de una pantalla digital para conformar un mundo en el cual se sientan, al menos “no tan mal”. Sería muy irresponsable atribuir la causalidad únicamente a su familia nuclear, cuando todos hemos contribuido de alguna manera a ese estado de cosas. La narrativa oficial proclama que ha bajado la violencia en todas sus formas, aunque la realidad del día a día apunta en otro sentido, y nuestros niños y adolescentes se enfrentan a un panorama bastante desalentador.

Del material audiovisual que ha venido recabando la FGE a propósito del caso, hay algunas fotografías que el propio joven subió a redes sociales, en las que aparece frente al espejo de su habitación vestido de negro, portando la AR-15. Quiero imaginar que lo hizo a manera de autoafirmación personal, como diciendo para sí mismo qué significaba dicho ataque armado. De ese mismo modo, frente al espejo, nos toca a todos nosotros, integrantes de la sociedad mexicana, revisar cómo ha sido nuestro proceder en el día a día. De qué modo enfocamos la violencia y cómo reaccionamos frente a ella. O hasta donde volteamos la vista a otro lado ante situaciones claramente irregulares, ilegales o injustas.

Este jovencito ya dañó su vida para siempre. Por más que el sistema judicial sea benigno para juzgarlo por su condición de menor de edad, el doble homicidio que perpetró le deja una marca indeleble. Antes de cometer su crimen, se colocó frente al espejo tal vez para solazarse. Ahora toca a cada uno colocarnos frente al espejo de la verdad. Evaluar nuestra actuación en un tejido social que supura, y reconocer que llevamos una parte de responsabilidad en ello. Como cualquier ente vivo, una lesión da cuenta del estado total del organismo.

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

Génesis 2: Primer trimestre

Ese primer trimestre fue un tiempo de sombras tenues y una arquitectura invisible.
Mientras el mundo exterior seguía su curso, ajeno a mi presencia, dentro de ese océano cálido yo estaba librando la batalla más creativa de la naturaleza.

El Primer Mes:
Al principio, yo era una quimera científica. No parecía un ser humano, sino un disco minúsculo de esperanza. Pero en mi centro, algo sagrado estaba ocurriendo: la formación del tubo neural.
- El mapa del pensamiento: Antes de tener manos para tocar o boca para besar, tuve un surco primordial que se convertiría en mi cerebro y mi columna vertebral. Era el cableado de mi alma.
- El primer tambor: Alrededor del día 22, ocurrió el milagro. Sin que nadie lo escuchara afuera, un grupo de células especializadas comenzó a contraerse al unísono. Mi corazón, un motor del tamaño de un grano de amapola, dio su primer golpe. Lub-dub. Estaba vivo.

El Segundo Mes:
En este periodo, la biología se volvió arte. Dejé de ser un "embrión" genérico para empezar a dibujar los rasgos de mi linaje.
- Brotes de vida: Mis brazos y piernas aparecieron como pequeños brotes de arcilla en los costados de mi cuerpo. Al principio parecían paletas de remo, pero pronto, una muerte celular programada y perfecta esculpió los espacios entre mis dedos.
- El rostro del destino: Mis ojos, que todavía eran solo manchas oscuras a los lados de mi cabeza, empezaron a migrar hacia el frente. Mi mandíbula y mi lengua se formaron, preparándose para el primer llanto y la primera palabra.
- El refugio de la placenta: Se consolidó mi "árbol de la vida". La placenta se arraigó profundamente, filtrando el amor y la fuerza de mi madre para que yo pudiera seguir expandiéndome.

El Tercer Mes:
Al llegar a la semana doce, ya no era una posibilidad borrosa; era un feto, una palabra que suena a ciencia pero que para mí significaba "libertad".
Mis huesos, que antes eran solo cartílago suave como la seda, empezaron a endurecerse, convirtiéndose en el armazón que sostendría mis sueños.

- El baile del movimiento: Empecé a dar mis primeras volteretas. Mi madre aún no podía sentirme —era como el roce de un ala de mariposa contra el cristal—, pero yo ya estaba probando la fuerza de mis nuevos músculos en el líquido amniótico.
- La huella única: En las yemas de mis dedos, la piel se arrugó en patrones que nadie más en la historia del universo repetiría. Mis huellas dactilares quedaron grabadas para siempre, mi firma personal ante el mundo.

La paradoja de mi crecimiento
Es fascinante pensar que, al final de estos tres meses, aunque solo medía unos 5 o 6 centímetros (el tamaño de un kiwi), ya tenía todos mis sistemas orgánicos en su lugar. Lo que restaba era solo cuestión de tiempo, alimento y amor para crecer.

Fueron meses de un silencio profundo, donde mi mayor tarea era simplemente ser.
 
Mi madre experimentaba mareos y fatiga, sin saber que toda su energía estaba siendo transmutada en mis párpados, en mis riñones y en la capacidad de mi corazón para amar.



CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Nada es para siempre

El río cree que corre para siempre, pero un día se entrega al mar y desaparece en él.
El árbol levanta sus ramas al cielo durante décadas, hasta que un invierno más duro que los otros lo vuelve madera caída.
La estrella arde millones de años en silencio… y cuando nadie la mira, simplemente se apaga.
El día también es un pacto breve: nace con el alba, camina unas horas entre nosotros y al final se rinde, inevitable, a la noche.
La rosa presume su perfume en la mañana, y por la tarde ya comienza a despedirse del mundo.
Incluso las ciudades —tan seguras de su eternidad— terminan siendo polvo que otros siglos pisan sin saber quién vivió allí.
Todo tiene un ciclo.
Todo nace, respira un tiempo… y luego se inclina ante el olvido.
Nada es para siempre.
Ni el universo, que un día agotará su último suspiro de luz.
Y sin embargo, en medio de esta coreografía de finales, existe una tregua diminuta, un instante suspendido contra la corriente del tiempo:
la serena paz —breve pero inmensa— de saberte mía...



TED Talk: Cómo detectar fotografías fealsas hechas con IA


 Pueden activarse subtítulos y traducirlos al español.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Y que es si no entonces la vida, sino una continua alternancia entre el querer y no poder, el poder y no querer, el poseer y el carecer, el llorar y reír, amar y por desamor sufrir, soledad y compañía.  Navegar sin brújula muchas veces, capotear los malos tiempos, pisar tierra firme encontrando la certeza de un sendero amable que lleva a mejores tiempos, descansar el alma, gozar de esa paz que deja sentir la nobleza del ser humano, de la naturaleza. Súbitamente ser estrujado por la naturaleza misma, por la miseria humana, por la enfermedad que acecha y mina nuestro cuerpo, por esos fantasmas que parecían haber quedado en el pasado y reaparecen haciéndonos de nuevo daño. 

Y sin embargo, hay que seguir viviendo, dejar a un lado cargas de lamentos o saber continuar con ellas a cuestas discriminando su peso, alimentar el alma de nuevas sensaciones que colmen los sentidos, curar heridas que causen rencor con sabio perdón. Renovarse, reciclar desechos de sentimientos obscuros , sublimar rencores, reencontrarnos con la paz y la ansiada felicidad por el mayor tiempo posible, a pesar de la marea, a pesar de nuestro pasado, a pesar de nosotros mismos.

Imagen creada mediante Copilot

El Danubio azul, op 314: Vals de Johann Strauss con la Filarmónica de Viena