Coincide
esta colaboración dominical con la conmemoración mundial del Día de la Mujer,
fecha que desde 1977 fue instituida por la ONU. Y ⸺casualmente⸺ la ocasión también
se empareja para mí con la relectura de un libro de la escritora española Rosa
Montero que se dedica a dos temas: la elaboración del duelo por la pérdida del
compañero de vida, y la biografía de Manya Sklodowska, mejor conocida como Marie
Curie, una de las dos personas en la historia de los Nobel que se han hecho
acreedoras a dos premios en distintas categorías. El libro de Montero publicado
en el 2013 se intitula: “La ridícula idea de no volver a verte”.
Soy
una apasionada de la historia de la mujer, en especial de los orígenes de esta
conmemoración de la mujer a través de la historia, haciendo hincapié en que no
es una fecha para irse de fiesta y regalar bombones, sino un llamado a la
reflexión. A una reflexión que derive en hechos, en urgentes cambios que sitúen
en igualdad de circunstancias a la mujer frente al hombre en los terrenos académico,
laboral y social.
Nuestro
amado México es un país que pende del hilo de la narrativa que se nos da a
conocer a diario. Por desgracia la realidad es muy distinta, y en lo relativo a
desapariciones de mujeres, en particular adolescentes, es alarmante. El
Registro de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) es lo más confiable
que tenemos para informarnos sobre personas desaparecidas. Cerró el 2025 con 34,460
personas desaparecidas, 14,000 de las cuales no habían sido localizadas al
cierre del año, y en lo que va del 2026 reporta que de las desapariciones
registradas la mitad son mujeres, y de estas, principalmente niñas entre 10 y
14 años.
Regresando
al motivo de conmemoración del Día de la Mujer, vale recordar que fue alrededor
de la Revolución Francesa, en la segunda mitad del siglo dieciocho, cuando dos
brillantes mujeres redactaron lo que sería la declaración de los derechos de la
mujer: Olympe de Gouges en 1770 y Madame d'Èpinay en 1791. Tras de estos manifiestos
siguieron expresiones similares en varias capitales europeas y de Norteamérica.
En 1911, en el fragor de esta batalla ideológica, ocurrió en Nueva York el
incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist, donde hubo 146 muertes,
fundamentalmente de mujeres que se hallaban como obreras manuales encerradas en
un edificio sin salidas de emergencia. Esta fábrica era de dos judíos
provenientes de la región que actualmente corresponde a Lituania; ellos se
protegían del robo de insumos que pudieran llevar a cabo las obreras
encerrándolas durante su jornada laboral.
Los
textos dados a conocer en tiempos de la Revolución Francesa hablaban sobre el
derecho de la mujer a la educación, a la independencia jurídica y económica en
el matrimonio, y a la necesidad de homologar las condiciones laborales para
ambos sexos. Con lo ocurrido en Nueva York podemos comprobar que en un siglo y
medio esas condiciones habían quedado en letra muerta.
Venturosamente,
fue en ese mismo 1911 cuando Marie Curie recibió el segundo premio Nobel de su
vida, el de Química, por el descubrimiento del radio y del polonio. Rosa Montero profundiza en las condiciones de
vida laboral del matrimonio Curie, y nos hace ver de qué forma, en la precaria
situación en que trabajaban, consiguieron los avances que los hicieron pasar a
la historia. A la muerte de su esposo
ocurrida en 1906, Madame Curie siguió adelante en sus investigaciones. Su hija
Irène Jolliot-Curie siguió la misma carrera que sus padres, y le fue otorgado el
Nobel, junto con su esposo Frèdèric en 1935. Tanto la madre como la hija
murieron por causas relacionadas con la radioactividad que manejaron.
Rosa
Montero, en su estilo híbrido de crónica-ensayo autobiográfico habla sobre su
propio duelo a la muerte de su esposo Pablo, frente al vivido por María Curie
quien, debajo de su perenne actitud severa experimentaba profundas emociones al
lado de su ser amado, y posteriormente, a su muerte, según consta en un diario
en el cual fue narrando distintos momentos de su vida, tanto personal como
familiar y laboral. Además de que nos señala cómo las condiciones de
desigualdad en el trabajo que desarrollaba al lado de su esposo, fueron superadas
por el amor que ella le profesaba.
El
8 de marzo es una fecha para la reflexión respecto a la trayectoria de la mujer
en el mundo moderno. Conocer y evaluar lo que se ha logrado, pero también lo
que no se ha hecho, y definir qué tareas nos corresponde asumir, en un país con
tan elevados índices de violencia contra nuestro género. En especial nos corresponde
a nosotras, como se viene haciendo desde tiempos de la Revolución Francesa, reforzar
la lucha por conseguir condiciones de justicia y dignidad, animadas a hacerlo
desde el corazón.
