No todo aquello de lo que carecemos nos hace realmente falta, a veces es anhelo que una vez alcanzado ni siquiera disfrutamos. Darle valor a la rutina, a nuestro quehacer diario y no esperar tan solo que la vida sean fines de semana. La vida es esto que está ocurriendo hoy, a cada minuto te está sucediendo algo que puede ser tu mejor momento, y quizá ni siquiera sepas apreciarlo por estar obsesionado por lo que ni siquiera puedes hacer que suceda.
Vive plenamente tu día, aspira el aroma de un nuevo amanecer, déjate abrazar por la luna y encuentra en sus brazos la luz que ilumine tu pesimismo, para librarte de él, para no perderte del paisaje por cerrar los ojos para imaginar otra realidad ajena a la tuya y que no llegará tan solo por desearla.
Vive plenamente mientras tu mente, tu corazón y tu cuerpo puedan estar en completa armonía. Siente, vibra al compás que te toquen, no todo lo que anhelas te repito, te haría más feliz de lo que ahora puedes ser, si logras ver con el alma toda la fortuna que posees.
No hay nada peor que no congraciarse con la propia vida, hasta de la soledad hay que saber hacer un aliado para que no pese demasiado. Quien haya sembrado afectos, nunca padecerá hambre que no pueda ser satisfecha por una caricia, por una palabra, por un abrazo que nos llegue al alma.
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