domingo, 8 de febrero de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 MI DEDO PULGAR Y LA INDIFERENCIA

A causa del frío la piel sufre cambios, más con la edad. Mi dedo pulgar derecho presenta una pequeña herida, que me ha llevado a un par de reflexiones que deseo compartir: La primera tiene que ver con el dolor. Siendo una herida de pocos milímetros de longitud y sin signos de infección, genera un dolor que me recuerda continuamente su existencia. La segunda reflexión requiere una mayor amplitud para expresarla:

Me llama poderosamente la atención la forma como una simple alteración de la piel, el tejido más extenso del cuerpo llega a generar cambios funcionales: El dedo me duele si ejerzo presión contra algún objeto, como puede ser el teclado de la computadora o al tomar algo con la mano.  A partir de ello, mi desempeño global se modifica: habrá cosas que de momento no puedo hacer con igual efectividad que antes. Afortunadamente es algo transitorio que se resolverá con la aplicación de crema hidratante, la piel se regenerará y todo volverá a su estado normal.

Todo ello me llevó a pensar, entonces, que esta pequeñísima herida de mi dedo pulgar derecho podría compararse con una disfunción social que aparece, primero en un municipio. Si no se corrige oportunamente, puede llevar a que esa pequeña parte de la sociedad ya no funcione como lo hacía previamente. Se generarán complicaciones y contaminación. Como no estamos resolviendo esa primera alteración, irán apareciendo otras lesiones similares o mayores, que dañarán todo el tejido social conforme pase el tiempo.

Digo lo anterior porque, si analizamos un poco nuestro proceder como sociedad, debemos confesar que en muchos aspectos somos demasiado flexibles frente a conductas ilícitas. Fácilmente justificamos o ignoramos lo que ocurre en nuestro entorno con el argumento de que, mientras no nos afecte directamente, no nos toca buscarle solución. Me recuerda aquel famoso fragmento del pastor luterano Martin Niemöller: "Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada... Luego vinieron por los judíos, y no dije nada... Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí". Palabras a propósito de lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, que dan cuenta de lo que acontece cuando no nos involucramos en la problemática social de nuestro entorno.

Nota de estos días ha sido la detención del presidente municipal de Tequila, Jalisco, Diego Rivera Navarro, sobre el que pesaban, desde inicios de su mandato, acusaciones de extorsión a tequileros y cerveceros, violencia en razón de género y abuso de autoridad. Había puesto a una importante tequilera al borde de la quiebra exigiendo aranceles millonarios, y además había llevado a cabo la apropiación ilegal para sus fines personales del Museo Nacional del Tequila, que había convertido en residencia particular y sede de algunas dependencias municipales. Desde antes de su toma de posesión en el 2024 se le había relacionado con un cartel del crimen organizado.

Un personaje así generaba, a los ciudadanos que no vivimos en Tequila, desde curiosidad y hasta ⸺me atrevo a decir⸺ simpatía por osado, partiendo de que no nos afectaba directamente. Claro, a menos que tuviéramos programado un viaje a tierras jaliscienses y se afectara nuestro recorrido turístico.

Lo anterior me remite a las limitaciones de tránsito por el territorio nacional a causa del crimen organizado. Siendo niña tuve el privilegio de conocer prácticamente todo el país en viajes por tierra en el vehículo familiar. Mis padres organizaban un programa que incluía grandes capitales y diversos pueblos pintorescos (en ese tiempo no existía la denominación de “pueblos mágicos”). Ello me permitió conocer y aprender a apreciar lo nuestro de una forma muy cercana y completa. Hoy difícilmente podría hacerse un viaje de esa naturaleza.

Y vuelvo al planteamiento inicial: La primera pequeña herida que se dio en algún lugar de la república la desestimamos. Afectó a los inmediatos, pero a nosotros no, así que la ignoramos. El asunto fue avanzando y generalizándose, y comenzó a contaminar muchos otros segmentos del tejido social, como si, volviendo a la herida de mi pulgar derecho, yo la ignorara, de manera que comenzara a progresar en profundidad y extensión, afectando otras estructuras, cada vez de manera más aparatosa, hasta llevar al riesgo de un colapso sistémico por falta de atención.

Nuestra sociedad está muy afectada por la propagación del grave mal que se originó en esa pequeña herida inicial que no atendimos. La indiferencia que mostramos frente a lo que viene sucediendo ha condicionado que aquello avance. El asunto es que, de seguir así, terminará afectándonos directamente a todos, en nuestra persona, nuestra familia o nuestro patrimonio.

Hay cura para ello: El primer paso es arrancarnos la venda de la indiferencia.

CARTÓN de LUY

 


REFLEXIÓN DE JCDovala



La promesa no es una frase.

Es un contrato moral. Es una carga voluntaria. Es una responsabilidad aceptada.


Prometer es atarse al futuro.

Es decir; yo me hago cargo. Del otro. Del mundo. De la palabra.


Porque la palabra dada no es sonido; es estructura, es confianza, es orden social.


Cuidar del otro es humanidad.

Cuidar del mundo es civilización.

Cuidar la palabra es dignidad.


Ese es el pacto. No escrito. No firmado. Pero sagrado.


Sin promesas cumplidas no hay familia. Sin palabra respetada no hay comunidad. Sin responsabilidad 

no hay futuro.


La promesa verdadera no busca aplauso. Busca coherencia. No presume. Cumple.


No es romántica. Es seria. No es emotiva. Es ética.


Porque quien honra su palabra

sostiene más que relaciones; sostiene estructuras.


Eso no es idealismo. Es arquitectura social básica.


La promesa. El pacto. La base.


Y sin base… todo lo demás es humo.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Polvo de Estrellas

Hace cien vidas ya te amaba, cuando aún éramos polvo de estrellas vagando sin rumbo en el vientre del cosmos. Lo supe siempre, desde ese entonces en que el universo apenas balbuceaba sus primeras palabras. Tuyo era mi corazón; tuyo había sido siempre. No había dudas, no había grietas. Era una certeza que ardía en mí como un fuego eterno.

Y entonces llegaste, esta vez con piel y con nombre, y todo cobró sentido. El día que te vi por primera vez, lo supe con más claridad que nunca: eras tú, la razón de todos mis naufragios. Una alegría feroz, incontrolable, me recorrió de punta a punta, como un rayo que partiera en dos mi vieja soledad. Pero tú… tú no lo sabías. Pasaste frente a mí, ligera como un suspiro, de la mano de otro que no conocía tu destino como yo lo conozco.

No importa. No importa, porque el amor verdadero no reclama ni exige, sólo espera. Y si en esta vida he de morir en silencio para que el universo me devuelva una próxima donde tus ojos me reconozcan al fin, entonces moriré gustoso. Moriré mil veces más, si es necesario, porque sé que nuestra historia está escrita en las estrellas, y el tiempo, implacable como es, no tiene más remedio que rendirse ante ella...

Cada vez que lees, tu cerebro cambia físicamente

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


He tenido oportunidad de elegir en mi vida muchas cosas, trascendentales unas, otras triviales, pero a diario elijo, siempre he tenido libertad de hacerlo. Hay cosas sin embargo que no radican en mi voluntad, en mi decisión, que me han sido ajenas, que he tenido que aceptar e integrar a mi vida, sin que siquiera haya podido advertirlas, menos rechazarlas, venían incluidas en ese contrato que la vida nos da tácitamente al nacer, sin que se solicite firmemos de conformidad.

Estamos expuestos a la vida, venga como venga, sin sello de garantía, sin fecha de caducidad, dotados de corazón y cerebro donde cada quien elige que almacenar, y cuyo contenido marca la diferencia de como asimilar los hechos, de como relacionarse con los demás, de buscar grietas por donde entre un rayo de sol en plena obscuridad, o de naufragar en un charco de desventura. 

Elijo mantener en mi alma, el amor como fuerza que domine mi ser, como motor que me mantenga en marcha, vivo de esa energía que generosamente se me ha otorgado desde siempre, lucho por preservarla y por hacerles sentir a los que me aman, que les correspondo con la misma intensidad. De ellos muchos fueron elegidos, otros me fueron bondadosamente impuestos, gracias por ello, porque nunca pude haber sido yo más acertada. 

Gracias vida, por el libre albedrío, y gracias también por darme armas para enfrentar mi destino.

Estamos expuestos a la vida, venga como venga, sin sello de garantía, sin fecha de caducidad, dotados de corazón y cerebro donde cada quien elige que almacenar, y cuyo contenido marca la diferencia de como asimilar los hechos, de como relacionarse con los demás, de buscar grietas por donde entre un rayo de sol en plena obscuridad, o de naufragar en un charco de desventura. Elijo mantener en mi alma, el amor como fuerza que domine mi ser, como motor que me mantenga en marcha, vivo de esa energía que generosamente se me ha otorgado desde siempre, lucho por preservarla y por hacerles sentir a los que me aman, que les correspondo con la misma intensidad. De ellos muchos fueron elegidos, otros me fueron bondadosamente impuestos, gracias por ello, porque nunca pude haber sido yo más acertada. Gracias vida, por el libre albedrío, y gracias también por darme armas para enfrentar mi destino.