domingo, 14 de junio de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 ¿SOLOS O ACOMPAÑADOS?

El mensaje que ha dado a conocer el Papa León XIV durante su visita a España toca varios aspectos que atañen a nuestra sociedad del tercer milenio. En alguna de sus alocuciones habló sobre los seres humanos como arquitectos sabios en la construcción de la civilización del amor, dando a entender que, por encima de cualquier iniciativa personal en el mundo, debe prevalecer precisamente esa, la creación de sociedades en las que el amor, en su más amplia expresión, sea el objetivo final. Dada la coincidencia de su visita pastoral con el inicio del Mundial de Futbol, expresó una sentencia que, seguramente, quedará inscrita en el libro de la historia:

“La vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino

que aprendemos a recorrer juntos.”

León XIV destaca el hecho de que, siendo los humanos en principio seres gregarios, a últimas fechas tendemos a la polarización, al prejuicio que divide, a rehuir el reconocimiento y la gratitud de unos para con otros, ⸺encerrándonos en nuestra burbuja digital, en nuestra zona de confort de la cual difícilmente nos animamos a salir, digo yo⸺. Volviendo a las palabras del Papa: Nos cuesta trabajo conectar con extraños y así nos privamos de la riqueza de una vida social plena.

Si yo fuera escultora y decidiera desarrollar una obra que haga alusión a la soledad en la que se encuentra el ser humano, al menos en los últimos veinte años, esculpiría la imagen de un hombre en actitud de caminar, llevando un teléfono móvil en su mano y la mirada clavada en la pantalla del aparato. En lo personal esa es la representación de muchos fenómenos que ocurren en nuestro interior: hay el deseo autoprotector de encerrarnos en nuestro propio espacio y no interactuar con los demás; hay un dejo sombrío de indiferencia hacia lo que ocurre más allá de nuestro entorno personal, una especie de rechazo por los acontecimientos del exterior, un manifestar que prefiero la soledad a cualquier contacto con otras personas, frente a las cuales corro el riesgo de ser dañado.

Me atrevo a suponer que nuestro México ha sido doblemente afectado por estos fenómenos a partir de un sistema de gobierno que divide y categoriza. Que habla de buenos y de malos, de izquierda y derecha, de diferencias sociales entre unos y otros. Venimos sufriendo esas grandes diferenciaciones que no hacen más que contraponernos, dividirnos y alejarnos de quienes piensan distinto. Habría entonces que recordar las sabias palabras de Voltaire quien estableció una sentencia universal que dice: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.”

Es muy sencillo el asunto, pero de repente somos muy dados a complicarlo: Si todos somos distintos al nacimiento, traemos una carga genética única, aun entre hermanos nacidos de unos mismos padres. Si nos desarrollamos dentro de familias diversas, y conforme crecemos vamos asumiendo distintos comportamientos tan personales como genuinos, resulta absurdo pretender meter a todos en una sola categoría por razón de sus ideas, y descalificar a quienes no piensen del mismo modo. Una sociedad moderna tiene derecho a la libertad de credo, de libertad de pensamiento y de expresión, y pretender condenar este derecho está fuera de todo concepto de sana convivencia. En nuestro caso ⸺México⸺, estas tres libertades están garantizadas por nuestra Constitución y aplican de igual manera para gobernantes y gobernados.

Cierto, con frecuencia nos topamos con quienes buscan avanzar por la vida en solitario a toda costa, desdeñando el acompañamiento y la riqueza que puede significar desarrollarse en equipo. Con seguridad los mueve su temor de que compartir el propio talento es correr el riesgo de ser asaltado por el camino, desacreditado o anulado por otros. Refleja inseguridad personal que, tal vez, lo lleve a andar una ruta que se percibe azarosa, y complicada. Confiemos en que la vida le vaya mostrando que, después de todo, avanzar en compañía de los demás no es tan terrible como ha imaginado. Cierto, no se trata de actuar desde la ingenuidad y confiarse, pues siempre pueden surgir lobos en el camino, pero, definitivamente, se puede ir de manera más confiada. Y, de hecho, con esta actitud, disfrutar más la travesía.


Viene a mi mente una última metáfora que deseo compartir con ustedes: En la partitura de un concierto musical hay uno o varios instrumentos solistas y al fondo va la orquesta sinfónica. ¿Sería igual el lucimiento de los solistas sin la participación de la orquesta en pleno?

En estos días del Mundial tenemos elementos para revisar cómo vamos por la vida. Si estamos ejerciendo nuestra mejor estrategia en el juego, aprovechando los talentos de quienes nos acompañan en el juego que todos llevamos a cabo. ¿No les parece?...

CARTÓN de LUY

 


POESÍA por María del Carmen Maqueo Garza

Una simple gota de rocío encierra un mundo de imágenes

iridiscentes, juguetonas.

Me transporta a la infancia, a esas primeras gotas

que habré visto al lado de mi abuela

en el universo de macetas rojas y blancas

de su patio central, donde fui descubriendo

los misterios de la naturaleza.

El tañer de  campana para misa de siete me remonta

a mis primeros años, a la terraza frente a la catedral del Carmen

del Torreón que dejó de ser mío ha mucho tiempo:

Un tropel de mujeres viejas y mudas, llegadas de todas partes,

ataviadas con sus chales y  chalinas negras

para acompañar entre susurros al sacerdote

en su primer oficio matutino.

Cada vez que veo una bugambilia (así, con “b” labial, que dé cuenta

de la explosión de magenta o morado con que puebla el espacio),

Cada imagen de esos tonos llamativos que escalan el cielo me remonta

a las esquinas laguneras de altas bardas

Desde donde  aún asoman copetes coloridos que gritan “alegría”.

Vuelvo a mi infancia, al olor del pasto recién cortado, al sabor

agridulce de una limonada.  Al color del vientre rojo de una gran sandía.

Vuelvo a ese tiempo ajeno al paso de las horas

A ser la niña que se asombra con las cosas más simples

Y acuna entre sus brazos el germen cada día renacido

de la eterna alegría.

 

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Seguir creyendo en la vida

Dicen que hacerse viejo es un privilegio.

No estoy tan seguro.

Porque nadie te cuenta que llega un día en que empiezas a despedirte de cosas sin darte cuenta.

La última vez que cargaste a tu hijo en los hombros. La última vez que tu madre te llamó para preguntarte si ya habías comido. La última vez que un amigo te dijo "nos vemos pronto" sin saber que era una despedida definitiva.

La vejez no llega de golpe.

Se cuela despacio.

Se esconde en los nombres que ya no recuerdas, en los cumpleaños que ahora parecen correr más rápido que los años, en las fotografías donde cada vez reconoces a más muertos que vivos.

Y eso duele.

Duele abrir el teléfono buscando a alguien que ya no está. Duele escuchar una canción y descubrir que ahora eres tú quien pertenece a los recuerdos.

Duele mirar el espejo y encontrar el rostro de tu padre observándote desde tu propia cara.

Pero hay algo que duele más.

Sentirte innecesario.

Ver cómo el mundo sigue avanzando sin pedirte permiso, sin preguntarte qué piensas, sin detenerse un instante a escuchar todas las batallas que sobreviviste.

Entonces entiendes algo terrible. La juventud se va del cuerpo mucho antes de irse del corazón.

Porque por dentro sigues siendo aquel muchacho que soñaba con cambiar al mundo. Sigues creyendo que aún queda tiempo. Sigues guardando proyectos en un cajón. Sigues esperando abrazos que nunca llegarán.

Y tal vez por eso los viejos nos volvemos silenciosos.

No porque no tengamos nada que decir.

Sino porque llevamos demasiadas historias enterradas bajo la lengua.

Historias de amores que no fueron. De amigos que quedaron en el camino. De oportunidades que dejamos escapar por miedo. De palabras que debimos decir cuando todavía había tiempo.

Al final descubres que envejecer no consiste en sumar años.

Consiste en aprender a caminar acompañado por fantasmas.

Y aun así...

Aun así levantarte cada mañana.

Preparar café.

Mirar el amanecer.

Y agradecer que el corazón, aunque lleno de cicatrices, todavía encuentre razones para seguir latiendo.

Porque quizás la verdadera grandeza de hacerse viejo no sea llegar lejos.

Sino seguir creyendo en la vida después de haber visto todo lo que es capaz de quitarte.

CHARLA SOBRE LA AUTENTICIDAD POR Carla Cardona


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Texto publicado por la autora con motivo del Día de la libertad de expresión.

Hoy es día de la "Libertad de expresión".
Conviene señalar algunos lineamientos o consideraciones sobre ella en las relaciones interpersonales.

Claves para una comunicación interpersonal saludable:
-Bidireccionalidad: La comunicación sana no solo trata del derecho a hablar, sino también del derecho a ser escuchado. Promueve la actividad colaborativa en lugar de la imposición de una sola perspectiva. ----Asertividad: Permite expresar necesidades, opiniones y desacuerdos de forma clara y respetuosa, sin agredir a la otra persona ni someterse a sus deseos. 
-Respeto a la intimidad y al honor: Expresarse con libertad no justifica la humillación, el lenguaje de odio ni las ofensas personales. 
-Acuerdos mutuos: En círculos cercanos (pareja, familia, amistades), los límites a la expresión se definen mediante la negociación, el consenso y la validación de las emociones ajenas.

Claves para un ejercicio saludable:
Para que esta libertad fortalezca tus vínculos en lugar de desgastarlos, se fundamenta en ciertos pilares esenciales:
-Empatía y respeto: Expresar tus opiniones debe hacerse sin faltar al respeto ni invalidar los sentimientos o la dignidad de la otra persona.
-Asertividad: Comunicar lo que piensas o sientes de forma clara y directa, pero evitando la agresividad o la imposición.
-Derecho a la intimidad: Las relaciones interpersonales sanas respetan espacios y temas que pertenecen al ámbito privado de cada individuo.

Retos comunes y cómo superarlos
En ocasiones, la libertad de expresión se ve comprometida por dinámicas disfuncionales:
-Miedo al juicio: Ocultar opiniones por temor a la reacción de la otra persona. La solución es fomentar espacios seguros basados en la confianza.
-Agresividad verbal: Confundir la libertad de expresión con el derecho a ofender. El equilibrio radica en expresar el mensaje sin atacar personalmente al otro.
-Falta de escucha activa: Cuando una de las partes exige ser escuchada pero descalifica lo que los demás expresan.

La palabra es caricia o herida, usarla te une o separa. La libertad con límites, anteponiendo el sentido común y conexión entre cerebro y corazón establece la mejor comunicación. Seamos como decía Galeano, seres "sensipensantes"

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

El asesino de los sueños

Lo descubrí no por lo que hacía, sino por lo que dejaba de suceder.
El asesino de los sueños es un artesano de la ausencia. No viste de sombras ni habita en los callejones del miedo; se sienta a tu mesa, usa tu reloj y te habla con la voz impecable de la sensatez. Su mayor crueldad no es el golpe, sino la anestesia.
Durante años permití que habitara en el rincón de mi escritorio. Lo vi destruir el orden de mi agenda, donde lo urgente devoraba a lo importante, y lo vi en el brillo azul de las pantallas que apuñalaban mi presencia a cambio de una fría asistencia online —como si el abrazo fuera el mismo—.

Es un asesino sutil que no roba el aire, sino las ilusiones. Su arma es el adverbio «después» y su cómplice la gratificación instantánea, ese sedante que nos vuelve espectadores de vidas ajenas mientras la nuestra se oxida en el silencio de lo no intentado.

Es extraño cómo nos acostumbramos a la asfixia. Él nos convence de que la madurez es sinónimo de resignación; de que la cordura es una tumba alfombrada donde los anhelos deben dormir para no incomodar a los otros.

Pero la filosofía del alma no entiende de cronogramas. Si el sueño es el tejido que une nuestra carne con lo infinito, este verdugo de seda desata los nudos, dejándonos a la deriva en un mar de monotonía.

Sentí el peso de su mano el día en que un café se enfrió sobre mi escritorio sin que yo notara su presencia. En ese instante de lucidez aterradora, comprendí que morir no es el cese de los latidos, sino la domesticación del entusiasmo.
Hoy, sin embargo, he decidido cometer una indiscreción. He abierto la ventana de par en par, permitiendo que el desorden del viento desbarate la jerarquía de mis papeles. La brisa ha golpeado mi rostro con una violencia más fuerte que una caricia, recordándome que la piel aún sabe vibrar. Pude ver al asesino a los ojos y le he negado esta partida.

Porque la vida no se mide por la seguridad de la orilla, sino por el vértigo de los puentes que nos atrevemos a cruzar.
He vuelto a habitar la herida de la posibilidad, allí donde el sueño, por fin, se atreve a sangrar de realidad.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.