domingo, 12 de julio de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 Y A TI: ¿QUÉ TE DEFINE?

A ratos echo a volar la imaginación para fantasear sobre personajes que para su época fueron unos adelantados. Hago historias suponiendo qué habría escrito Julio Verne frente a las realidades que, para todos nosotros, habitantes del tercer milenio, son elementos cotidianos que por su continua presencia tendemos a ignorar. Digamos, los viajes al espacio o la manipulación genética. O qué habría opinado Einstein frente a los modernos experimentos de tiempo y energía. O cómo habría reaccionado el médico Bernard Rieux, personaje central de la novela “La peste” de Albert Camus, ante la rápida propagación de enfermedades transmisibles que han asolado al mundo entero en estos últimos lustros, como es el caso del VIH, del SARS y del COVID.

Una realidad incontrovertible es que nos hallamos en medio de un universo cibernético interminable, que genera segundo a segundo nuevos contenidos que invaden nuestro espacio personal, y hasta llegan a querer asfixiarnos. En el 2003 David Rothkopf, investigador norteamericano, acertadamente acuñó la palabra “infodemia”, para definir el fenómeno de transmisión virtual de información que se distribuye de manera masiva y acelerada. Este patrón a la fecha se ha difundido y multiplicado de diversas maneras para actuar como una nube de tormenta que amenaza destruirnos.

Los habitantes del planeta tierra del siglo 21 tenemos varias tareas que otras generaciones ni acaso imaginaron. Una de ellas es elegir nuestras batallas, como diría el refrán popular, esto es, del mundo de información que tenemos a un clic de distancia, elegir a cuál accedemos y cuál simplemente ignoramos.  Los temas son incontables, hay “de chile, de dulce y de manteca”. Nos podemos inclinar por noticias sobre asuntos internacionales, deportes, espectáculos, finanzas, conflictos interpersonales de las grandes figuras, o de los vecinos de al lado. Escoger entre literatura universal o de aeropuerto; revistas serias o de comentarios vanos. Publicaciones alarmistas como las que dicen que el mundo se acabará pasado mañana a las 5 de la tarde, o narraciones de color de rosa. Hay infinidad de contenidos sobre los cuales decidir. Y de igual manera sucede con otros aspectos de nuestra vida:

Podemos rodearnos de personas con gustos similares para pasar un buen rato. Igual hacerlo con aquellos que saben más que nosotros, en un afán de aprender, o con quienes menos conocen, para desarrollar una satisfactoria labor de transmisión de conocimientos.

Los temas a tratar pueden ser, desde trivialidades con las cuales ocupar nuestras tardes, acompañados de una buena taza de café, departiendo entre nosotros, enriqueciendo nuestras respectivas posiciones en la vida, o “echando chisme” nada más. O bien, podemos profundizar en reflexiones existenciales acerca de la evolución, la muerte o el más allá. O bien, comentar respecto a otros valores que son de gran trascendencia para el ser humano por su paso por esta vida.

Con un buen amigo se pueden emprender juegos de mesa, mientras nos divertimos, competimos y nos conocemos como adversarios. O hay la posibilidad de visitar algún atractivo natural y gozar de esa contemplación hombro con hombro, al tiempo que el entorno hace despliegue de su grandeza frente a nuestros ojos.  Podemos escuchar música o crearla, compartir alguna lectura o deshilvanar recuerdos del pasado.

En estos tiempos de tanta prisa, que nos lleva a la angustia y hasta a generar reacciones iracundas, siempre es sano revisar qué nos define como seres humanos: Qué pensamientos predominan en nuestro interior; qué tipo de reacciones nos mueven, y hasta dónde razonamos nuestra forma de actuar. Es fundamental identificar los contenidos que nos llaman, así como lo que estos generan en nuestro espíritu. ¿Nos tranquilizan o nos aceleran más? ¿Nos llevan a la introspección o al escape? Revisar qué personas nos rodean y qué provoca su presencia en nosotros. Medir hasta dónde es positiva su influencia, o si hay elementos que nos mantienen a su lado a pesar del daño que nos provocan.

En estos tiempos de saturación sensorial es más fácil fugarse que enfrentar. Nos atemoriza profundamente el silencio, esa ocasión cuando, en ausencia de ruidos del exterior, hemos de confrontar lo propio. Tal vez por ello optamos por mantener los sentidos sumergidos en elementos del exterior, pegados a la pantalla, para acallar continuamente esos silencios que tanto miedo dan. Algo similar ocurre con la lectura, plena de contenidos que nos mueven a la reflexión personal, a revisar lo que somos y poseemos, frente a lo que más nos conviene como viajeros en el tiempo: Le tememos y le rehuimos.

Es una buena ocasión para detenernos frente al espejo, así, cada uno en total intimidad, ante la gran pregunta: Y a ti, ¿qué te define?

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

Logos: La prosa matemática

Esta es la historia de Logos, una prosa que nació entre las tintas de la retórica, pero cuyo corazón latía en la precisión del cálculo. En un mundo de inmediatez y adjetivos rimbombantes, Logos cometió el acto más rebelde de la literatura: enamorarse de la exactitud.
No pretendía ser la simple descripción de un atardecer; buscaba el ángulo exacto de la refracción solar. Mientras sus hermanas, las rimas, se disolvían en suspiros, Logos perseguía la métrica del alma. Para ella, una frase no era una cadena azarosa de palabras, sino una ecuación de sentido donde el sujeto y el predicado se equilibraban en una balanza justa.

Comprendió entonces que el lenguaje es un mapa, pero el número mide el territorio. Si la palabra es el qué, el número es el cuánto y el por siempre. Bajo esa premisa, descubrió que la belleza habita en la proporción áurea de un párrafo bien construido.
Nuestra protagonista emprendió un viaje hacia las bibliotecas del pensamiento puro. Fue una travesía tensa a través de desiertos de silencio donde las palabras se evaporaban. En el camino, le salió al paso el Monstruo de la Polisemia, una criatura informe hecha de malentendidos, sospechas y ruidos semánticos.
Para vencerlo, Logos no usó una espada, sino una demostración. Invocó la elegancia ecuménica de la identidad de Euler: e^iπ + 1 = 0

Al presenciar la síntesis perfecta entre la nada y la unidad, el caos retrocedió. Logos confirmó que la prosa más elevada no es la que más adorna, sino la que ejecuta la economía del lenguaje; ahí donde cada palabra cuenta porque cada palabra es, en sí misma, una cuenta.
Llegó finalmente a los pasillos de la Academia de lo Absoluto. Los sabios, al verla, dictaminaron con severidad:
—Si te entregas a los números, perderás tu carne. Serás solo estructura.
Logos, sosteniendo la mirada, replicó con la fuerza de un axioma:
—El amor es la matemática más pura. La soledad es un número primo, indivisible y aislado; la compañía, una suma que no siempre da dos, sino una potencia mayor que sus partes.

Su enfoque revolucionó la gramática de los sabios: a partir de entonces, los sustantivos fueron tratados como variables independientes; los verbos se entendieron como funciones de cambio en el tiempo       —f(t)—; y los adjetivos asumieron el rol de constantes críticas que alteran el resultado final.

Al término de su viaje, Logos se transformó en una prosa cristalina. Descubrió que la literatura y la matemática son dos espejos enfrentados: ambos intentan explicar el universo, uno a través del sentimiento y el otro a través del rigor.

Hoy, cuando leemos un texto que nos detiene el aliento por su claridad, es Logos quien nos habla. Es la prosa que comprendió que un punto final no es una interrupción, sino el resultado de una operación perfecta de pensamiento. Murió como palabra, pero resucitó como geometría literaria.

"No somos más que un conjunto de probabilidades buscando un resultado posible: el sentido".

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Toda mi vida he buscado aplausos, como si cada paso que daba necesitara una ovación de pie. Me partí el alma intentando gustarle al mundo, pero el único escenario donde importaba mi actuación era el que tenía dentro de mi cabeza.

Hoy, después de tanto, he bajado el telón, me he mirado al espejo y he hecho las paces con todos mis yo: el inseguro, el que buscaba amor en los lugares equivocados, el que se castigaba por no ser perfecto. Los he alineado frente a mí, uno por uno, y en lugar de reproches, les he dado un abrazo.

No había nada que perdonar, salvo el no haberme dicho antes lo único que siempre necesité escuchar: "Eres suficiente, cabrón. Y siempre lo fuiste..."



Algoritmo de la hospitalidad con Leandro Moller


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Todo ser humano posee una esencia, ese distintivo que lo hace distinguirse. Cualidades y defectos, características que forman nuestra personalidad. Conformada por aquello que la genética determinó, modificada por las condiciones del ambiente donde nos hallamos criado. A través de nuestra existencia, las vivencias van moldeando muchas conductas, en cada uno de nosotros incidirán de distintas maneras. Habrá quien resulte afectado negativamente por la adversidad, otros tendrán la capacidad de sublimarla y rescatarse a sí mismos, logrando incluso sobrepasar las capacidades de quienes han sido más afortunados.

Existen seres nobles cuya esencia va quedando encriptada, encapsulada, como un mecanismo de defensa ante la agresión, o lo que consideran lo sea. Han sufrido rechazo, menosprecio, a pesar de dar lo mejor de ellos mismos, desilusionados y maltrechos, con una concepción ya distinta de lo que tenían entendido como bondad, deciden cambiar el rumbo y vivir para sí mismos, sintiendo que solo así habrán de librarse del dolor que les ha causado el sentirse defraudados. Pero la esencia noble, ahí está, recubierta quizá bajo un falso manto de resentimiento que refleja hostilidad, y grita, con ahogada voz que se le rescate, una y otra vez, pero el orgullo sofoca su queja. Ni se es feliz, ni a su alrededor puede alguien serlo, y a pesar de que se advierte esa esencia, es sabido que el auto-rescate es la única forma de recuperarla. A veces será necesario tocar fondo para darse cuenta de que se ha perdido tanto o más de lo que se consideraba preservar. Siempre vale la pena arriesgarse a dar, a amar. a confiar, a tener fe, que resguardar los sentimientos y presentarse ante los demás con frialdad, con egoísmo; eso, tarde que temprano, cobrará una factura mucho mayor. El alma y la conciencia reconocen la bondad, y en ésta encuentran el mejor elixir de vida plena. Nunca la maldad, por asequible que sea, logrará dar la felicidad que la nobleza y el amor nos ofrecen, dándonos la sensación de libertad del alma, sin las cadenas que nos atan al rencor, al resentimiento, sino con alas que nos permiten volar, sin despegar los pies del suelo.

REFLEXIÓN de JCDovala

Caer para encontrar el rumbo

Hay caídas que duelen porque llegan sin aviso, rompen nuestros planes y nos obligan a detenernos, y, sin embargo, con el paso del tiempo comprendemos que no todas las pérdidas son derrotas, ni todos los tropiezos son un fracaso, porque a veces, caer es la única manera de abandonar un camino que no era el nuestro y descubrir aquel para el que realmente estábamos destinados. Por eso, incluso en medio de la incertidumbre, vale la pena agradecer cada experiencia, porque todas dejan una enseñanza, fortalecen el carácter y nos acercan, paso a paso, a la persona que estamos llamados a ser.

La gratitud transforma la manera en que miramos nuestra historia. Nos permite honrar tanto los días de alegría como los de dificultad, reconociendo que ambos forman parte del mismo propósito. Con respeto por el tiempo, por la vida y por quienes han caminado a nuestro lado, aprendamos a recibir cada caída como una oportunidad para levantarnos con más sabiduría, más humildad y un corazón más fuerte, porque, muchas veces, el rumbo que tanto buscamos comienza justamente en el lugar donde pensamos que todo había terminado.