HUELLAS O FANTASÍA
Un
fenómeno que las redes sociales vienen exponiendo más y más en las últimas
semanas, es el relativo a los terianos (therians): personas en general jóvenes
que se identifican, mediante su aspecto y comportamiento con alguna especie no
humana.
En
lo personal sabía poco o nada sobre este fenómeno. Como primer ejercicio de un
curso sobre IA que estoy tomando, solicité a Copilot información de su origen y
trastornos psicológicos asociados al fenómeno. En la primera clase del curso
aprendimos que un “prompt” es la instrucción que le damos a la aplicación de IA
para llevar a cabo una tarea. De este modo pregunté a Copilot sobre el origen
de esta tendencia. Me enteré de que no es precisamente un fenómeno nuevo, sino
que en otras culturas ha sido representado por tótems, chamanes y mitos como el
del hombre-lobo.
Habría
que preguntarse, entonces, por qué en las últimas semanas va creciendo a tanta
velocidad su difusión a través de redes sociales: Personas con cabezas de
perro, de caballo o de gato interactuando con otros seres humanos, desde la
posición erecta algunos, hasta simulando caminar en cuatro patas otros. Circulan
videos de terianos interactuando con especies animales que reaccionan de
distintas maneras ante su presencia.
Según
la IA, la identificación del humano por determinada especie animal puede ser
espiritual, psicológica o simbólica, de modo de destacar determinadas
cualidades inherentes a la misma, como la lealtad, la valentía o el sentido de
comunidad. En lo personal suponía que detrás de esta forma de actuar había un
trastorno psicológico. Según Copilot no obedece a una perturbación mental, sino
a una identidad que se adopta, contrario a la zoantropía, que sí es un delirio
patológico asociado a cuadros psicóticos, en general de tipo esquizoide o
bipolar. En este último caso el individuo se percibe como un ser de una especie
no humana y tiende a actuar como tal, gruñe, deja de hablar y pretende comer lo
que el animal que asume comería. De esta última categoría se tienen
documentados pocos casos a lo largo de la historia.
De
momento este asunto de los terianos me recordó la oleada de identidades como
los punk y darketos, que surgieron en México entre finales de los años setenta
y hasta los noventa. Esos grupos se estudiaron, encontrando en su origen la
necesidad de una identidad propia y una búsqueda de un sentido de
comunidad. Aunque a la fecha no hay nada
similar relativo a los terianos, yo me atrevería a decir que detrás de estas
actitudes marginales a la normalidad social, hay cierta búsqueda de identidad
que nuestros jóvenes no están pudiendo satisfacer en las condiciones actuales.
Ellos se aíslan frente a las pantallas y pierden contacto con otros humanos. Se
sienten relegados e incomprendidos; no acaban de asimilar el orden que rige a
la sociedad, e intentan establecer un orden propio. Vale la pena no perder la
pista a estos fenómenos por demás reveladores.
Otro
asunto perruno, que no es precisamente nuevo, pero viene expandiéndose en
Europa, es el de los perros virtuales. Esto es, personas adultas ⸺más que
jóvenes⸺ que pasean perros inexistentes en espacios públicos. Para ello
adquieren unas correas con un sistema rígido en su interior, de modo que esta no
caiga por gravedad, sino que permanezca en una posición como la que mantendría
si en realidad estuviera llevando a un perro. Supongo que puede tratarse de un
manejo aséptico de la idea de tener un perro que no come, no se ensucia ni hace
destrozos en la casa, al cual hay que sacar a pasear. Me remite a algún chiste
gráfico de una revista ochentera, en el que aparece un individuo por la calle
paseando a su cepillo de dientes. Lo que surgió como un juego conceptual, ahora
resurge en países como Alemania, en los que se toma muy en serio su ejecución.
Nuevamente nos sugiere una forma de emprender una acción socialmente
encomiable, como sería atender un perro, pero sin los inconvenientes que
implica su real cuidado.
Es
interesante leer la forma como distintos fenómenos sociales reflejan un intento
de apropiarse de una realidad que no bien acaba de abarcarse. Es un decir “aquí
estoy” frente a una cultura que a ratos se percibe como un muro ante el cual simplemente
nos topamos. Jugar con la imaginación de esas maneras es una forma de
autoafirmarnos. Habría que ver, entonces, si es la forma más gratificante que
hay para hacerlo.
Por
momentos pareciera que la tecnología paraliza nuestra creatividad. En este
desperezamiento obligado que nos toca aplicarle antes de que el tiempo nos gane,
habrá que decidir el modo como elegimos escribir nuestra propia historia, si en
paseos interminables llevados por la fantasía, o fincando un compromiso a fondo
con la vida, para dejar una huella permanente de nuestro paso.
