La tentación de la comodidad frente al deber
La comodidad seduce. El deber construye.
La comodidad alivia. El deber fortalece.
La comodidad promete paz. El deber genera dignidad.
La tentación de la comodidad no es escandalosa, no es evidente, no es ruidosa. Es suave. Es lógica. Es razonable. Es justificable. Se presenta como descanso, como auto-cuidado, como merecimiento, como “no pasa nada”. Y por eso es tan peligrosa: porque no parece mal. Pero desgasta por dentro. La comodidad no destruye de golpe. Adormece. No rompe la vida. La debilita lentamente. No hace ruido. Pero vacía. El deber, en cambio, exige. Cansa. Cuesta. Incomoda. Retrasa gratificaciones. Obliga a sostener procesos. Pero construye estructura interior.
Espiritualmente, el deber no es imposición externa: es fidelidad interna. Es responder a lo que sabes que es correcto aunque no sea lo más fácil. Es obedecer a la conciencia, no al impulso. La comodidad sigue el deseo. El deber sigue el valor. La comodidad busca placer. El deber busca sentido. La comodidad protege el cuerpo. El deber forma el alma.
El problema no es descansar. El problema es vivir descansando de lo que da sentido. No es disfrutar. Es evitar. No es cuidarse. Es huir. No es pausa. Es renuncia al propósito. La comodidad como estilo de vida produce vacío. El deber como forma de vida produce identidad. Porque el deber te saca de ti. Te conecta con otros. Te compromete. Te hace responsable. Te da dirección. La comodidad te encierra. Te aísla. Te vuelve centro. Te vuelve frágil. Te vuelve dependiente del bienestar.
Una vida guiada por la comodidad termina siendo pequeña. Una vida guiada por el deber se vuelve grande por dentro. No por éxito externo. Por dignidad interna. El deber no siempre se siente bien. Pero siempre deja algo bueno. La comodidad siempre se siente bien. Pero muchas veces no deja nada. Y a largo plazo, eso pesa.
La tentación de la comodidad es elegir lo fácil hoy y pagar lo vacío mañana. El deber es elegir lo difícil hoy y vivir con sentido mañana. Porque la vida no se construye con lo que te gusta hacer, sino con lo que sabes que debes hacer. Aunque cueste. Aunque canse. Aunque no apetezca. Ahí se forma el carácter. Ahí se revela la identidad. Ahí se define la estatura interior. La comodidad te hace cómodo. El deber te hace fuerte. La comodidad te hace estable. El deber te hace firme. La comodidad te hace vivir. El deber te hace valer la pena.
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