domingo, 17 de mayo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 EDUCACIÓN: ALAS PARA VOLAR

Se celebra en México el Día del Maestro, figura central en la formación integral de los individuos, considerando que el proceso educativo es un eje fundamental para el desarrollo de sociedades armónicas y productivas.

En la antigüedad, hallamos por un lado lo que fue la formación en Grecia, en donde se desarrolló el concepto denominado “paideia”, modelo de formación integral que abarcaba las esferas física, intelectual y moral, encauzadas hacia el establecimiento de un marco social óptimo para todos. Exaltaban el logro de la cultura como fundamento para fomentar y valorar el desarrollo de una ciudadanía plena.

Por su parte, en nuestro México prehispánico se desarrollaron centros educativos como el Calmécac, destinado para los hijos de las elites (sacerdotes y guerreros), y el Tepochcalli, para el resto de los pobladores. En uno y en otro se encauzaba a los alumnos al desarrollo de aprendizajes que les permitieran más delante tomar las riendas de la sociedad en que habían nacido. Un tercer concepto que se desarrolló con especial énfasis fue la enseñanza de las artes, misma que se llevaba a cabo en los Cuicacalli, o centros de enseñanza de las artes.

Aun cuando desde esa época la educación se marcaba como obligatoria, aún a principios de los años veinte del siglo pasado, existía una gran población analfabeta, calculada en aproximadamente 60% entre adultos de ambos sexos. Antes de encabezar José Vasconcelos la Secretaría de Educación, no existía una medición del nivel de alfabetización en México, aunque se han hallado documentos históricos que permiten calcular estos índices. Con el avance de los procesos educativos en México, esas cifras lograron abatirse, considerando que para el año 2,000, se habían disminuido al 9.5%, según el censo poblacional del INEGI de ese año.

Lo que nos viene sucediendo en los últimos tiempos pudiera atribuirse a diversos factores, entre los que quiero destacar los siguientes: Bajo los conceptos de la Nueva Escuela Mexicana, los logros educativos elevados se consideran innecesarios y hasta perjudiciales en contra de la población. Según marca esta doctrina, prepararse y alcanzar niveles superiores de conocimiento, es un atentado contra quienes no se hallan en las mismas condiciones. Por ello se desalienta el aprendizaje más allá de los estándares básicos. Por su parte se ataca la meritocracia, como un abuso contra el sistema; esforzarse por sacar mejores notas y alcanzar mayores niveles de educación se considera discriminatorio. Al grado que últimamente existen corrientes que pretenden prohibir la reprobación de alumnos, aun los que saquen malas notas o tengan múltiples faltas. Apelando a aquello de los derechos humanos tal vez se pretenda generar una mole de individuos medianamente pensantes que sean fáciles de manejar.

Un último factor que viene a mi mente es el apego a las pantallas, que provoca, por un lado, distracción, y por el otro, activación de vías dopaminérgicas que generan adicción, bajos niveles de atención y pobre retención de conceptos. No es lo mismo adquirir conocimientos a través del aprendizaje en aula o de la lectura en papel, que hacerlo deslizando continuamente la pantalla de nuestro dispositivo digital.

En este Día del Maestro vienen a mi memoria los grandes mentores que he tenido a lo largo de mi vida. Puedo decir que de ellos he aprendido a entender mejor las cosas, a vivir en consecuencia, a apreciar de forma única lo que sucede en torno a mí. He aprendido a proponerme ideales y a luchar por conseguirlos, a no conformarme con una trivial medianía; por el contrario, a plantearme retos por cumplir. Hoy recuerdo a cada uno de ellos y les bendigo. Ha sido a través de sus enseñanzas que he podido desarrollar las distintas facetas de mi vida, de modo de ser feliz, y a su vez, transmitir esos valores a mis hijos.

Escuchaba justo un mensaje de Aurelio Nuño, exsecretario de Educación, hablando acerca del valor del proceso educativo en México. Su comentario arranca a partir del intento por extender el período vacacional con motivo del Mundial de Futbol, algo que, finalmente, y para fortuna de todos, se desechó. Él propone abrir un amplio proceso de revisión de la educación, para retomar el visualizarla como el eje central de la prosperidad social a la que todos tenemos derecho. Da cifras con relación a la disminución de inscripción escolar en los distintos niveles a partir del 2018, siendo más marcada en el nivel preparatoria. No quiero imaginar bajo qué riesgos se encuentran esos jóvenes, máxime en poblaciones donde rige el crimen organizado.

Los valores son el eje en torno al cual se desarrollan las distintas sociedades. Podrán cambiar las circunstancias externas, pero no lo medular, eso nunca. Ojalá así lo entendamos.

CARTÓN de LUY


 

REFLEXIÓN de JCDOVALA

La tragedia de saber... y no actuar

Hay una verdad que pocos aceptan; la mayoría de las personas no fracasa por ignorancia, sino por inmovilidad. Leemos libros, escuchamos consejos, admiramos disciplinas ajenas, llenamos cuadernos de ideas… pero seguimos posponiendo la acción como si el tiempo tuviera paciencia infinita.

El verdadero salto en la vida no ocurre cuando descubres algo nuevo, ocurre cuando decides honrar lo que ya sabes. Sabes que debes llamar a quien amas, sabes que debes cuidar tu cuerpo, sabes que debes dejar hábitos que te están destruyendo lentamente y sabes que el miedo no desaparecerá antes de empezar; y aun así esperamos “el momento correcto”, como si la voluntad fuera un rayo divino y no una decisión cotidiana.

La distancia entre la vida que soñamos y la vida que vivimos rara vez está en el conocimiento. Está en el coraje de actuar con constancia sobre verdades simples. Porque una pequeña acción repetida vale más que una gran intención eternamente aplazada.

Al final, la sabiduría no se mide por cuánto entiendes, sino por cuánto transformas. Porque hay personas que saben mucho… y viven poco. Y otras que, con verdades sencillas, cambian por completo su destino. 

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

 La sonrisa rota

La tristeza se está quedando a vivir conmigo.
Ya no toca la puerta.
Ya no avisa cuando llega.
Simplemente aparece,
se sienta a la par de mi café frío
y mira en silencio cómo pasan los días.
A veces adopta la forma de cansancio.
Otras, la de una sonrisa automática
que nadie sospecha rota por dentro.
Lo más peligroso de ciertas tristezas
no es que griten…
es que aprenden a comportarse como parte de la casa.
Y uno sigue funcionando.
Trabaja.
Habla.
Salva vidas quizá.
Pero por dentro siente que algo se fue apagando lentamente,
como una sala de emergencia a las tres de la mañana
cuando ya no quedan fuerzas ni para pensar.
Tal vez crecer también era esto:
descubrir que hay dolores
que no buscan destruirte,
solo enseñarte cuánto silencio puede soportar un ser humano.
Pero incluso la tristeza más fiel
tiene miedo de algo:
de los amaneceres coloridos,
de una llamada sincera,
de una mano que se queda,
de esa pequeña chispa absurda
que insiste en recordarnos
que todavía estamos vivos...

ACERCA DE LA VIOLENCIA ESCOLAR con la neuropsiquiatra chilena Amanda Céspedes


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

"Arrieros somos y en el camino andamos"
Una frase corta que encierra en ella una gran verdad. En nuestro ir y venir por los caminos que la vida nos depara, por elección a veces, por necesidad o imposición circunstancial otras, más de una vez habremos de reencontrarnos con aquéllos que un día pensamos o quizá deseamos no volver a ver nunca.
No hay nada mejor que sentirnos en paz con nosotros mismos, de buscar alejarnos de la venganza, de regresar el mal con mal, de mantener en nuestro corazón reclamos y resentimientos añejos que reciclamos a cada momento y que nos dejan solo amargura en el corazón y peor aún nos incitan a "pagar con la misma moneda" el daño que a nuestro juicio nos hicieron.

Difícil ser justos en nuestro juicio hacia las acciones de otras personas, si a veces no lo somos ni con nosotros mismos, condenar y mucho menos buscar vengar las que consideramos afrentas no es a mi parecer la mejor forma de sentirnos satisfechos o de poder sentir que hemos saldado la cuenta.

En el camino nos podremos o no volver a encontrar, y nada mejor que hacerlo con sensatez, cada quien lleva sus luchas internas y en su conciencia el cargo de aquellas acciones que con toda intención dañaron a otros, a veces incluso justificadas con argumentos sin validez, apoyados en heridas que nunca curaron y que impulsan a " no buscar quien me la hizo sino con quien me la pague", siempre hallaremos en nuestro camino personas así, y perder energía y tranquilidad por vengarnos de quien ya de por si tiene un caos espiritual es vano, más perjudicial para nosotros mismos que para ellos.

Sentir satisfacción en la venganza, es "bienestar", efímero, una recompensa dopaminérgica cuyo efecto es a corto plazo y que finalmente se convierte en culpa, un reclamo de nuestra conciencia de haber actuado impulsiva e instintivamente sin un fin satisfactorio.

Seamos agentes de paz, cada quien da lo que lleva dentro, y eso lo define. Marquemos distancia de aquéllos que contaminan nuestra vida, sigamos en este camino pudiendo mirarlos a la cara con la compasión que merece aquél que vive atormentado por los resentimientos, sin dar más salida a su amargura que dañando a quien tiene cerca.

La mejor guerra se pelea en silencio, manteniendo nuestra paz interior.

"Arrieros somos y en el camino andamos", no debiera sonar a sentencia de venganza como situación de reciprocidad, sino de solidaridad, "hoy por ti, mañana por mi" y cuán cierta resulta esta frase más de una vez en la vida.

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya


La memoria no es un archivo de datos, sino un salón de clases que nunca cierra sus puertas. 
Al mirar hacia atrás, comprendo que mi identidad no es un átomo solitario, sino una constelación formada por el brillo de otros.
Vengo de un linaje de tiza y paciencia; mi abuela y mi madre no solo me dieron la vida, sino que me enseñaron a leer el mundo antes de que yo supiera descifrar una sola letra. En sus manos, la enseñanza no era un oficio, sino un acto de fe: la convicción de que el conocimiento es la única antorcha que, lejos de extinguirse, se aviva al compartir su fuego.
Sin embargo, mi gratitud se extiende más allá de la sangre.
Se desborda hacia aquellos arquitectos invisibles que, en el cruce de los años, supieron troquelar mi espíritu. Soy el eco de las voces que me guiaron; entiendo ahora que un maestro no solo entrega una lección, sino que cede una parte de su propio tiempo —ese recurso no renovable— para sembrar en tierra ajena.
En esta arquitectura del ser, distingo tres pilares fundamentales:
- El Aula como Microcosmos: Allí aprendí que la verdad no es un destino estático, sino una búsqueda incesante. Mis maestros me enseñaron que la duda es, en esencia, la forma más elevada de respeto hacia la inteligencia.
- El Sello de la Humanidad: Cada uno dejó una marca distinta en mi relieve. El rigor de unos me heredó la disciplina del pensamiento; la ternura de otros me advirtió que la ciencia sin conciencia es solo ruido.
- La Geografía del Ser: Si hoy puedo desentrañar un concepto, escribir un verso o conmoverme ante el dolor ajeno, es porque alguien tuvo la generosidad de mostrarme cómo se sostiene el hilo de Ariadna en los laberintos de la existencia.
A veces me pregunto qué sobrevive de ellos en mis gestos cotidianos.
Encuentro la sombra de un profesor de historia en mi curiosidad por el pasado; escucho el empeño de mi madre en mi búsqueda de claridad; siento la rectitud de mi abuela en mi ética de vida. Todos ellos componen la cosmogonía de mi ser.
Ser agradecido es reconocer que somos una obra colectiva. La gratitud es el puente que une al niño que fui con el hombre que habito; una estructura sostenida por la madera de los antiguos pupitres y el polvo de los pizarrones.
A todos ellos, a los que permanecen y a los que ya son memoria, les debo mi capacidad de asombro.
"Enseñar es dejar una huella en la vida de otra persona para siempre".
Hoy, al habitar mi propia piel, me reconozco como un tejido de voluntades ajenas.
Mi gratitud no es solo una palabra, sino una forma de existencia: honrar su legado es seguir aprendiendo, seguir preguntando y, sobre todo, mantener encendida esa llama que un día, con infinita paciencia, ellos depositaron en mis manos.
¡Muchas felicidades a los Maestros en su día!

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados

domingo, 3 de mayo de 2026

TED Talk Lectura en papel o lectura en pantalla


 

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 PEQUEÑO RECONOCIMIENTO

La enfermedad nos coloca frente a una realidad única: Nuestra condición de mortales. Desde que nacemos somos proclives a enfermar, pero conforme nuestra edad avanza, esa posibilidad va en aumento.

Esta semana estuve en la Clínica de Alta Especialidad UMAE 34 del IMSS en Monterrey, Nuevo León. Ahí me realizaron varios estudios de laboratorio y gabinete, y consulta médica. Los especialistas buscaban descartar una condición preocupante que, para mi fortuna, finalmente se eliminó del panorama diagnóstico. Ahora bien, como experiencia integral fue interesante en muchos aspectos. Es de lo que quiero hablar hoy.

Esta Unidad Médica de Alta Especialidad fue inaugurada en 1995. Tiene un diseño funcionalista que me recuerda el estilo de Luis Barragán, con sus colores rosa y ocre, y atmósferas de doble altura que proporcionan amplitud.  El estilo arquitectónico rompe, definitivamente, con el tradicional de unidades hospitalarias del Seguro Social. Forma parte de un complejo inmobiliario que comprende, además, un edificio administrativo y una unidad de Medicina Familiar. Todos ellos revestidos con ladrillo de fachada. Al frente de la UMAE destaca una escultura metálica monumental de forma cúbica, elaborada en varios planos, que representa un grupo humano, y en la de Medicina Familiar se aprecia la clásica madre amamantando al niño, protegida por el águila, símbolo del IMSS, del escultor neoleonés Federico Cantú Garza.

Desde que se accede a la explanada se observa un contraste entre personas que ingresan a consulta y otras más que, supongo, son familiares de pacientes hospitalizados, y que toman pequeños espacios o resquicios del exterior del inmueble para descansar un poco, algunos de ellos recostados directamente sobre el cemento que se extiende por la explanada y escaleras exteriores. En la puerta principal existen dos mesas de registro en las cuales los vigilantes indican a los recién llegados escribir nombre y motivo de ingreso, y revisan bolsos y mochilas.

Una vez sorteado ese punto se accede a espacios amplios, bien cuidados, muy limpios y perfectamente señalizados, que albergan las áreas de consulta y diversos gabinetes de estudio de enfermedades de corazón y pulmones. Todo es luminoso y bien ventilado, con un jardín interior en la planta superior que da gran vida a los espacios. Es sencillo localizar el servicio que se está buscando. Dado que me fueron solicitados varios estudios de laboratorio y gabinete, y luego la consulta, pude recorrer todas las áreas del edificio destinado a la atención ambulatoria. Las unidades de Terapia Intensiva y Hospital se hallan muy independientes de todo esto.

Las amplias salas de espera me dieron oportunidad de llevar a cabo un ejercicio de introspección personal, al tener frente a mí las muy diversas facetas de la vida humana, y en forma particular, cuando esa vida es atravesada por la enfermedad. Cómo lo toma cada paciente, algunos reflejando la crisis en que los coloca la enfermedad, otros más dejando ver cómo se mantienen fuertes ante el mal físico, y algunos dan cuenta de lo desesperanzador que llega a ser un diagnóstico. Ese hospital logra generar una integración espiritual. Surge la alegría, como fue mi caso, de un diagnóstico que se descarta, y que en otros casos lleva a un llanto hondo que nadie condena ni mira de soslayo. Hay una convergencia de humanidades benévola y arropadora.

La UMAE 34 ha ganado varios premios, tanto por su calidad administrativa, como por su servicio médico y la excelencia de su personal en el trato al paciente, como si cada trabajador de las distintas categorías se mantuviera consciente de dar lo mejor, adaptándose a las necesidades personales de cada paciente.

El dolor humano es uno solo, pero se despliega en modalidades muy diversas. Ante una enfermedad que se presume catastrófica llegan sentimientos como la angustia y el temor, frente a un panorama incierto que nos hace temer por la vida, por las limitaciones que puedan desarrollarse, o bien, ante el sufrimiento que llegasen a padecer nuestros seres queridos. Son momentos críticos que a cualquiera cimbran.

¡Qué maravilla que contemos con espacios de atención médica dignos, completos y reconfortantes para esos trances de la vida! Espacios como esta unidad médica que facilitan los trámites y los procesos de interiorización personales. Maravilloso descubrir que ahí existen trabajadores de distintas categorías que actúan por convicción, más que por obligación contractual. Y así como en diversas ocasiones he señalado errores de nuestro sistema de gobierno, esta vez aplaudo la calidad y calidez de un hospital del IMSS, que facilita al paciente y a sus familiares enfrentar un quebranto de salud. ¡Como derechohabiente agradezco y reconozco su magnífica labor!

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

 El arte de habitarnos

En la quietud de este santuario, lejos del ruido de un mundo que solo entiende de intercambios y ganancias, comprendo al fin que el amor no es un puerto de llegada, sino un mar en el que se decide navegar para siempre, soltando el timón.

Nos enseñaron que amar era encontrar a alguien que "nos hiciera felices".

¡Qué error tan humano y qué pobreza de espíritu!

¡Bienaventurados los pobres de espíritu!

Pero, buscar la propia felicidad es como intentar atrapar el humo con las manos: se desvanece en el instante en que creemos poseerlo.

El verdadero amor es esa llama que quema y sana al mismo tiempo; en él, la dicha no es el objetivo, sino la consecuencia.

Amarte es, en esencia, el arte de descentrarme. Es desplazar el eje de mi universo para que ya no gravite sobre mis necesidades, sino en torno al florecimiento de tu ser.

No es una pérdida de identidad, sino una expansión milagrosa: mi alegría ha dejado de ser una nota solitaria para convertirse en la resonancia de tu risa. Si tus ojos brillan porque has alcanzado un sueño, ese brillo ilumina mis rincones más oscuros con una intensidad que yo jamás habría podido generar a solas.

Es la entrega al desprendimiento voluntario.
Al cuidar tu paz como si fuera el último fuego sagrado de la tierra, me libero de la cárcel del "yo".

En el momento en que me entrego a la tarea de ser tu abrigo, descubro con asombro que el frío también abandona mis huesos.
Es una generosidad circular: al vaciarme en ti, habito en nosotros.

El amor es más sublime que el apego. Es la libertad de elegir tu felicidad antes que la mía. Si amarte es buscar tu plenitud, debo amar tu libertad tanto o más que tu presencia.

Si algún día tu camino exige una dirección distinta a la mía, amarte será también dejarte ir.

Prefiero el naufragio de mi corazón, verme roto sobre la arena, antes que convertir mi abrazo en una cadena.

El amor solo es real si se ofrece con las manos abiertas, sabiendo que el ave tiene la libertad de volar, y que si, a pesar de todo, se queda, es porque ha encontrado en nuestro cielo su mejor destino.

No estoy incompleto, pero contigo soy inmenso. No te necesito para sobrevivir, pero te elijo para que la vida sea un poema y no solo un trámite.

He aprendido que la forma más elevada de amor es, paradójicamente, la entrega total: porque no hay mayor paz que ver al ser amado caminar pleno, sabiendo que uno ha tenido el honor de ser el viento que impulsa sus velas.

Al final, tu felicidad es el suelo donde crece la mía. Y en este jardín compartido, ya no importa de quién es cada flor: el perfume nos pertenece a los dos.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.


CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

 El lado B del amor

Hay una mentira elegante que nos vendieron desde siempre: que el amor es luz constante, que es fácil, que es un refugio donde nada duele.
Y no.
El amor —el de verdad— tiene un lado B.
Y ese no sale en las fotos.
Ese lado no es rosa.
No es cómodo.
No es el que se presume.
Es el momento en que dos personas se quitan el disfraz y se ven sin adornos. Cuando el cansancio pesa más que las palabras bonitas. Cuando el silencio incomoda. Cuando la vida —cruda, injusta, sin pedir permiso— se mete en medio y empieza a desgastar todo.
Porque el amor no se prueba cuando todo fluye.
Se prueba cuando la vida golpea.
Y aquí hay que decirlo claro, sin maquillaje:
esto no es aguantar maltrato.
No es tolerar humillaciones.
No es justificar lo que rompe la dignidad.
Eso no es amor. Eso es otra cosa.
El lado B del amor no es quedarse en lo tóxico.
Es resistir juntos la crueldad de la vida, no la crueldad del otro.
Es cuando el problema no es la persona que tienes enfrente…
sino lo que el mundo les lanza a ambos.
La enfermedad.
El fracaso.
El miedo.
El desgaste de los días que no salen como uno quería.
Ahí es donde el amor deja de ser discurso y se vuelve decisión.
Porque amar no es sostenerse de la mano cuando hay música de fondo.
Es sostenerse cuando todo alrededor hace ruido… y aun así no soltarse.
El lado B del amor es incómodo.
Es áspero.
Pero es real.
Es ese punto donde muchos se van, porque no era lo que esperaban.
Y unos pocos se quedan… no por costumbre, sino por convicción.
Nos enseñaron a buscar fuegos artificiales.
Pero el amor que dura no explota… arde lento.
Dos personas que solo conocen el lado A se enamoran.
Dos personas que entienden el lado B… se convierten en equipo.
Y en un mundo que empuja, rompe y desgasta,
no hay nada más poderoso que eso:
dos corazones palpitando al mismo ritmo ...

2 CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



Los niños son un sol, expóngase a ellos y no utilice bloqueador!
No hay mejor melodía que el llanto de un niño al nacer. 
Nada mas infantil que no permitirnos ser un poco niños de vez en cuando.
Quien no se contagia de la felicidad de un niño revela  una miserable inmunidad a ser feliz.
Seguramente mi mejor versión como ser humano fue mi niñez.
Quien ha arrullado a un niño sabe lo que es una caricia en el alma.
Si quieres saber el significado de la ternura solo abraza a un bebé, escucha la voz y la risa de un niño, sorpréndete con su imaginación y descubre en sus travesuras el desafio inicial a la vida.
La niñez es un etapa en nuestra vida que quedará impresa en nuestra alma  y tan solo un poco en la memoria.  El amor a los niños es quizá el sentimiento más puro y eniquecedor que seamos capaces de manifestar, unicamente superado por la maravillosa sensación de ser amados por ellos. El amor de un niño es invaluable.
  Los niños transforman el entorno, llenan vacíos, crean magia, nos retan a ser tolerantes, nos descubren un mundo que alguna vez debimos habitar, son amalgama de energía vital y dulzura, son maestros de la autenticidad e ingenio, fragilidad corpórea, firmeza espiritual.  
    Somos guías de estos seres pequeños que engrandecen nuestra existencia, sembremos amor en sus corazones, abonemos con valores y congruencia en nuestras acciones.
       No sé si cuando fui niña pude haber hecho tan feliz a  un adulto, pero tengo la fortuna de que cientos de niños a través de mi vida hayan sido fuente de alegría, de esperanza y aprender de ellos a no perder el asombro que impulsa al aprendizaje y la curiosidad.
   GRACIAS NIÑOS POR EXISTIR!!

1 REFLEXIÓN: Deja que la vida te lleve


 

domingo, 26 de abril de 2026

7 CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

PARA MUESTRA UN BOTÓN

Nuestro problema moral es la indiferencia del hombre consigo mismo:

Erich Fromm

Nuestro querido México presenta, de cuando en cuando, situaciones que dan cuenta del estado general de cosas en el país. Esta vez fue en la Pirámide de Teotihuacán, un individuo obviamente afectado de sus facultades mentales ingresa al sitio arqueológico provisto de armamento y municiones, y un megáfono. Escala media pirámide y desde ese punto comienza a querer dar órdenes a los visitantes en un tono agresivo, insistiendo en hacer valer sus argumentos bastante demenciales. Logra herir a varios, asesina a una turista extranjera, y cuando comienza a recibir disparos por parte de las fuerzas armadas, opta por suicidarse. El video que circula, tomado por algún amateur, es de gran crudeza.

El suceso es una fuerte sacudida en medio de todos los eventos cruentos que ocurren día a día, por más que las autoridades pretendan disimularlos. Ese continuo golpeteo a nuestro sistema nervioso termina por generar una indiferencia de unos para con otros, como escudo protector, lo que deviene en consecuencias negativas para todos. La violencia de los odios cruzados en redes sociales mina la integridad de cualquier sociedad. Conviene, entonces, dar una repasada de lo que es la ética dentro del periodismo. Para ello recordamos a expertos como el colombiano Javier Darío Restrepo, ya fallecido, quien publicó varios libros y un curso acerca de la ética periodística, material que se utiliza en la formación profesional de carrera, y que no está por demás procurar que se aplique a todos los niveles, entre personas dedicadas a la comunicación.

Restrepo estableció una serie de siete normas éticas a las que debiera apegarse el periodista en su labor: Comienza por la búsqueda de la verdad, algo que a ratos resulta tan difícil en estos tiempos de medias verdades o de verdades acomodaticias, que no reflejan la realidad concreta, sino la percepción personal y hasta sesgada de la realidad. Una segunda norma habla acerca de la honestidad, algo cada vez más difícil de lograr en un mundo que se inclina a favor de la conveniencia personal más que del proceder intachable. Una tercera norma se refiere al respeto, esto es, poner por delante del interés periodístico el respeto a la persona humana, en particular tratándose de menores de edad. La cuarta habla sobre la protección, o sea, el comunicador no va a exponer a otros seres humanos a daño, con tal de obtener la nota. La quinta es el compromiso, algo cada vez más escaso en el quehacer humano. Comprometerse con la institución a la cual se sirve, comprometerse con el país, y, sobre todo, comprometerse el periodista consigo mismo, con sus principios morales. La sexta norma corresponde a la aplicación de métodos dignos para la recopilación de la información; en este rubro llegamos a ver tantos abordajes tan poco dignos, que exponen y dañan a otras personas en el afán de obtener una nota. Y, por último, la séptima norma se refiere a la rectitud profesional; no venderse, no dejarse manipular por intereses ajenos a la verdad y el bien.

Restrepo habla sobre el amor como el comienzo de la ética, a través del respeto de la persona, tanto del periodista, como del abordado por la nota que se integra, y eventualmente respeto por el futuro lector de dicha nota. Llama a la reflexión en el ejercicio periodístico.

El catedrático colombiano falleció en el 2019, pero de alguna manera dejó previsto lo que estaría ocurriendo en estos últimos años con la inteligencia artificial. Nos puso sobre aviso con relación a las prácticas de manipulación de imágenes y de encuestas, encaminadas a alterar o suprimir la verdad, situaciones que se vienen cumpliendo en estos tiempos. Sus recomendaciones como catedrático siempre fueron hacer planteamientos respetuosos, íntegros y certeros en la labor periodística, con el objeto de trazar y acompañar por las vías que conducen a la excelencia profesional.

Gran parte de las notas que circulan actualmente tienden a generar polarización e indiferencia. El video del homicida de Teotihuacán da cuenta de la carga de profundo resentimiento que lo movió a atacar a turistas extranjeros, personas totalmente inocentes que visitaban nuestro país. Sus palabras se perciben cargadas de un odio profundo hacia quienes coincidieron con él en ese punto geográfico, pero muy en particular contra los que venían de otros países.

Para muestra de lo que la circulación de información carente de ética y sentido humano llega a generar, queda este lamentable episodio, a unas cuantas semanas del inicio del Mundial. Es una nota que desalienta, que confronta y poco favorece a la conformación de sociedades justas y sensatas, como las que los mexicanos aspiramos construir para nuestros hijos y nietos.

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

 Ortografía del miedo

A veces me quedo mirando la pantalla, con el cursor parpadeando como un corazón que duda antes de dar el siguiente latido.

El teclado, que solía ser un puente, se ha convertido en un campo minado.

Hoy quise escribir sobre la muerte, esa vieja conocida que nos define por contraste, pero mi dedo se detuvo ante la sospecha: ¿debo escribirlo así, o debo disfrazarla de mu#te?

Es una extraña forma de castración simbólica. Estamos viviendo la era de la ortografía del miedo.
Cuando sustituimos una letra por un asterisco o un número, no estamos protegiendo al lector; estamos fracturando el pensamiento.

La palabra violencia, con sus uve dental y sus vocales abiertas, tiene un peso específico en el aire.
Al convertirla en vio&5#cia, le robamos su gravedad. La hacemos parecer un error de sistema, un fallo técnico, cuando en realidad es una herida humana que necesita ser nombrada para ser sanada.
Me aterra pensar en esa progresión absurda que vamos permitiendo.

Si hoy nos tiembla el pulso con "muerte", ¿qué pasará mañana con la palabra mujer? Si el algoritmo decide que la cercanía fonética es una amenaza, terminaremos viviendo en un desierto de sinónimos vacíos.

"Nombrar mal las cosas es añadir desgracia al mundo", decía Albert Camus. Y tenía razón. Si no puedo decir "acoso", ¿cómo voy a denunciarlo? Si la palabra se vuelve impronunciable, el acto se vuelve invisible.

Desde mi perspectiva como observador de este lenguaje en constante mutación, noto que estamos creando una gramática del escondite.
La pérdida del referente: El símbolo (@, #, *) actúa como una venda.
La desensibilización: Al ver palabras "rotas" constantemente, nuestro cerebro deja de procesar el impacto emocional del concepto real.
El triunfo del algoritmo sobre el alma: Escribimos para complacer a una máquina que no entiende de contextos, de duelos, ni de justicia; solo entiende de filtros.

Extraño la libertad de las palabras plenas. Esas que tienen cuerpo, que tienen sangre y que, a veces, duelen.

Porque el dolor es parte del aprendizaje. Si permitimos que el lenguaje se desmorone en códigos cifrados por miedo a "herir" la sensibilidad de un código de programación o de alguna persona sensible, terminaremos perdiendo la capacidad de conmovernos.

No quiero una paz que nazca del silencio o del disfraz. Prefiero la palabra cruda, la palabra entera.
Porque solo cuando llamamos a la muerte por su nombre, podemos realmente celebrar la vida. Sin asteriscos. Sin censura. Con todas sus letras.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Aunque sea por poco

Soy un diablo… pero de esos que todavía se detienen a ayudar.
No siempre hice lo correcto.
A veces elegí mal, a veces llegué tarde,
a veces supe lo que debía hacer… y no lo hice.

He estado en los dos lados, como todos:
en el lado donde uno abraza,
y en el lado donde uno se pierde.
Porque la verdad es menos bonita de lo que nos gusta contar:
no somos buenos todo el tiempo,
ni malos del todo.
Somos eso que decide… cada día.
Y sí, he bailado con mis sombras.
Las conozco por nombre.
Pero también sé lo que se siente hacer algo bien cuando nadie está mirando.

Por eso, cuando me toque hacer cuentas conmigo mismo, no voy a pensar en el cielo ni en el infierno.
Solo voy a preguntarme:
¿hice más bien que daño?
Y ojalá —aunque sea por poco—
la respuesta me deje dormir en paz...

CHARLA SOBRE LA MUERTE Y LA VIDA: Charla de Tiza Martínez


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Nuestra vida es el cuento que cada quien decide contar, un cuento que tiene inicio y final, en el que solo al primero tenemos acceso. Una historia que se escribe día a día y que solo en parte se mantiene en la memoria, permaneciendo en ella sin que nuestra voluntad intervenga en decidir las vivencias que deseáramos conservar. Tristeza, dolor y felicidad, tintes distintos en los momentos vividos que habremos de interpretar según la percepción que en su momento hayamos tenido de ellos y que definitivamente modificaremos de acuerdo a nuestro presente

Hace unos días leía a mis nietos un bello cuento. "El poder del amor" era su título. Trataba de un osito extraviado en el bosque, le temía a la obscuridad, Un conejo le aconsejó entonces que recordara bellos momentos y con ello acudirían luciérnagas mágicas que iluminarían su camino a casa. Haciendo una analogía, reflexioné en la importancia que tiene llenar nuestra vida de bellos momentos, y ¿qué momentos pueden ser más bellos que aquellos en donde sentimos y hacemos sentir el amor? esos que no tan solo se recuerdan, que revivimos con tanta emoción que aceleran el ritmo de nuestro corazón, ¡ recordar si! ¡volver a pasar por el corazón!

Y no es ningún cuento que esas vivencias hacen la magia de iluminar el camino cuando nos acecha la obscuridad y nos sentimos perdidos. Ese reencuentro con el amor de nuestra familia, a nuestras amistades, a la gente con la que hemos convivido y que hemos cultivado a lo largo de nuestra existencia son emociones que iluminan hasta los días más aciagos, luz que da fuerza, que imprime fe para enfrentar la adversidad aún en la mayor de las penumbras. Esa magia divina que solo posee el amor, que a veces en la cotidianeidad se nos ofrece y cuya trascendencia valoraremos muchas veces más en el futuro que en el momento en que se vivió.

¡Me encantó este cuento! queda en mí el deseo para mis nietos y para todos nosotros, que siempre que nos sintamos perdidos, que la obscuridad aceche, miles de luciérnagas mágicas nos acompañen con tan solo evocar bellos momentos, plenos de amor.

Los buenos momentos hay que propiciarlos, los malos llegan solos. Seamos artesanos del amor y que el poder de nuestra creatividad haga magia que ilumine nuestras vidas

1 REFLEXIÓN DE JCDOVALA

 El día de hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre este importante, tema en el caminar de nuestra vida… Hoy, no mañana.

Porque la vida no es un borrador que puedas corregir después, no hay ensayo general porque lo que no haces hoy, rara vez regresa con la misma fuerza, con la misma oportunidad, con la misma versión de ti.

Mañana es cómodo. Y esto es solamente la excusa elegante del miedo; es el lugar donde escondemos lo que nos exige valor, disciplina y decisión; pero también es donde se quedan enterradas las ideas, los abrazos no dados, las palabras que nunca dijiste y los pasos que nunca te atreviste a dar.

Hoy incomoda o perturba, porque hoy exige, y te enfrenta contigo mismo, sin pretextos. Pero también hoy construye, y transforma, hoy define quién eres en realidad, no quién dices que serás.

No esperes a sentirte listo, porque nadie lo está completamente; y no esperes el momento perfecto porque ese no existe. Nunca olvides que lo único real es este instante, con todo y sus dudas, con todo y sus imperfecciones.

Haz la llamada. Di lo que sientes. Empieza ese proyecto. Perdona. Corrige. Avanza y no lo dejes pasar para otro día. 

Porque al final, la vida no se mide por lo que pensaste hacer, sino por lo que tuviste el coraje de hacer cuando aún estabas a tiempo.

Ten presente siempre en el caminar de tu vida que el momento es … Hoy. No mañana.

domingo, 19 de abril de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 MONSIVÁIS Y LA SOLIDARIDAD

Cuando esto escribo vengo regresando de entregar una papelería en un hospital del IMSS. Estos trámites, habitualmente, tardan un rato, por lo que suelo cargar con uno de mis libros “de bolsillo”, poco más grande que un teléfono celular, que cabe perfectamente en mi bolso de mano. Hoy me acompañó “No sin nosotros” del genio de la crónica Carlos Monsiváis.

La obra comienza con escenas del terremoto de 1985, que, a quienes tenemos edad para haberlo vivido siendo adultos, nos recordará una sola palabra que campeó por todo México. La palabra es “solidaridad”.

Monsiváis hace referencia a las condiciones en que se encontraba el país previo al terremoto, fundamentalmente desde 1952, atravesando períodos en los que el gobierno en turno ⸺en esos tiempos el PRI⸺ se las ingeniaba para controlar lo que ocurría en política a todos los niveles. Viene hablando de la inconformidad que se percibía entre la población en general, y las medidas coercitivas que llegaban a ser aplicadas hacia quienes se manifestaran en contra del sistema. Al inicio de la crónica vienen unas palabras que dan cuenta, acertadamente, del efecto que provocó en la población mexicana la llegada del sismo. Transcribo: “Por vez primera, sobre la marcha y organizadamente los que protestan se abocan a la solución y no a la espera melancólica de la solución de los problemas”. Dando cuenta de que representaba un parteaguas en tiempos en los que el civismo estaba convertido en poco más que una materia olvidada en los libros escolares.

Mi experiencia personal durante el sismo puedo recordarla como si la viviera en estos momentos: En la universidad en la cual formaba parte del profesorado, organizamos una recolección de alimentos no perecederos, medicamentos y ropa, para ser enviados a la hoy Ciudad de México. A pesar de la distancia entre ese punto geográfico y la franja fronteriza norte donde vivo, directivos, maestros y alumnos de la universidad nos organizamos para reunir y enviar ayuda en especie a través del DIF municipal. Las estaciones radiofónicas de la localidad brindaron un apoyo total para la difusión de la colecta, instando a los pobladores a llevar ayuda material. Era muy conmovedor ver llegar a familias completas con bolsas de mandado para apoyar la recolección. Incluso una tienda comercial del otro lado de la frontera contribuyó con un generoso donativo de alimentos enlatados. La información de lo que sucedía en la capital del país la recibíamos fundamentalmente a través de la televisión en cadena nacional. Permanecíamos vigilantes, en particular quienes teníamos familiares o conocidos que pudieran haber sufrido a causa del evento. A lo largo del día aparecían interminables listas en blanco y negro con nombres de personas sobrevivientes. Cualquier otro medio de comunicación estuvo caído durante los primeros días después del sismo y de su gran réplica 24 horas después.

Regresando a Monsiváis: Habla de la banalidad del gobierno frente al sismo, y de cómo desde la presidencia quisieron desanimar las iniciativas ciudadanas de participación, lo que no hizo más que alentar a la sociedad civil para redoblar sus esfuerzos. Se vencieron resistencias, se superaron miedos y en ese ánimo los capitalinos se lanzaron en cuadrillas que ellos mismos organizaron, a remover escombros en busca de sobrevivientes.

Dentro de ese mismo contexto Monsiváis habla sobre la matanza ocurrida en la Ciudad de México en el llamado “Halconazo” o “Jueves de Corpus” en julio de 1971. Alrededor de mil jóvenes habían sido capacitados como “Halcones”, paramilitares que atacaron a los estudiantes que se manifestaban de manera pacífica en apoyo a la UANL y a favor de la autonomía universitaria, lo que dejó alrededor de 225 muertos. Ese grupo de halcones en algo me recuerda a los jóvenes del bloque negro que a últimas fechas ataca durante marchas pacíficas.

Cuando los ciudadanos nos organizamos para emprender acciones de resistencia civil, no hay fuerza que nos contenga. El sismo del 85 hermanó a todos los mexicanos, desde cualquier rincón, en una misma causa, sintiendo que el dolor de los afectados era también nuestro dolor, y que debíamos de actuar para resolverlo.

Como sociedad hemos perdido mucha de la empatía que anteriormente nos caracterizaba, sumidos cada uno en su propia burbuja digital, con los sentidos aprisionados. Primamos nuestra satisfacción inmediata y absoluta, hasta de nimiedades, por encima de las urgentes necesidades vitales de nuestros hermanos. Quisiera tener de regreso entre nosotros a Carlos Monsiváis, para que dé un vistazo a nuestra sociedad mexicana del tercer milenio y nos desglose, uno a uno, los hilos que conforman esa madeja de terrible aislamiento progresivo que nos ha vuelto tan indiferentes unos con otros.

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

El aire de la mañana tiene hoy una textura distinta, como si el tiempo se hubiera detenido un instante para permitirme tomar aire antes de seguir la marcha.

No hay necesidad de nombres ni de cifras; basta con el silencio de la luz que empieza a filtrarse por la ventana para entender que este no es un amanecer cualquiera, sino un recordatorio silencioso de la permanencia.

Al abrir los ojos, el primer sentimiento no es de logro, sino de un asombro casi reverencial.

Me detengo a observar la arquitectura de lo cotidiano: el pulso constante que me habita, la maravilla de una creación que se despliega ante mis ojos sin que yo haya hecho nada para reclamarla.

Me siento como un espectador invitado a una función magistral, alguien que, sin méritos especiales, ha recibido un asiento en primera fila para presenciar el milagro de la existencia.

Sin embargo, reconozco que esta luz no es gratuita. Mi identidad no está hecha solo de claridades, sino también de las sombras que proyectan las ausencias.

El dolor por los que ya no están no es un lastre, sino el marco que sostiene mi estructura; son sombras amadas que enmarcan mi presente y le dan profundidad a lo que soy.

Entiendo, al fin, que la plenitud no es la ausencia de grietas, sino la capacidad de dejar que la luz pase a través de ellas.

Hay una gratitud profunda que se anuda en el pecho al pensar en los rostros que dan color a mis días. 
Los amigos, esos cómplices de vida que son, en realidad, los verdaderos espejos donde uno termina de reconocerse.

Verlos, escucharlos, saber que compartimos el mismo fragmento de eternidad, es un regalo que recibo con las manos abiertas y el corazón conmovido.

Hoy no se trata de mí, sino de lo que me rodea y me sostiene.

Es un agradecimiento sincero por la oportunidad de seguir siendo testigo de la belleza, por la capacidad de sentir el calor del sol y la frescura del viento, y por la bendición de habitar este mundo un día más.

Me quedo con esa paz: la de saber que la vida sigue su curso y que, por un designio que me sobrepasa, hoy sigo aquí, celebrando el simple y extraordinario hecho de estar presente.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

La luna no alumbra… vigila.

Suspendida sobre la ciudad que no se detiene —porque el mundo nunca se detiene—, cae como un ojo encendido, como un latido que no duerme. Abajo, la vida sigue: motores, luces, pasos que no preguntan. 
Pero hay otra mitad… silenciosa, despierta, en una vigilia que no se ve pero se siente. Una espera antigua, como si el aire supiera algo que la rutina ha olvidado.

La fotografía no es una fotografía.
Es una sospecha.

Un cuadro subrealista donde la luna no es luna, sino reflector… un foco divino apuntando con precisión quirúrgica hacia ese poste solitario, erguido contra la noche. Y entonces deja de ser poste. Se vuelve símbolo. Se vuelve ausencia. Se vuelve cruz.

Una cruz vacía.

Y en esa ausencia hay más presencia que en cualquier cuerpo clavado. Porque no hay muerte ahí… hay victoria. Hay un eco antiguo que dice, sin palabras, que alguien ya pasó por el dolor, lo atravesó, y regresó.

La ciudad sigue su ritmo.
Pero el cielo… está recordando.

TED Talk sobre cómo nos relacionamos con Chat GPT


 Se activan y traducen subtítulos.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

¡Que cosas tiene la vida! La historia mil veces contada, contada con distintas versiones según quien la cuente. Saber nuestras historia para reconocer errores y evitar repetirlos, pero si a veces dudamos de cual sea la verdadera historia ¿cómo saber qué fue lo acertado y qué no? 

Desde siempre hemos aprendido a apreciar el talento, las virtudes, la sabiduría de los hombres después de muertos, se les honra ya que han fallecido, a unos se menosprecia mientras están vivos, a otros se les margina o se les critica severamente, muchos otros por sus ideales llegan a perder su libertad. Otros viven a la sombra del anonimato dedicando su vida a lo que después será patrimonio de algunos, admiración de muchos. Gente que en el cementerio reciben su mayor tributo, poseedores de mentes brillantes, talentos sobrenaturales, aptitudes y cualidades que no los llevan al éxito porque fueron contracorriente, porque su meta era ser y no tener, invisibles para aquellos cuya óptica sólo es capaz de deslumbrarse con el brillo del poder y del dinero.

Únicamente la muerte les reivindica y no su es su vida sino su obra la que los hace inmortales. Ejemplos hay muchos, en contexto social, político, científico no se diga en las artes, desde siempre y hasta hoy en día sigue existiendo esa gente cuya determinación, vocación y pasión por sus ideales los mueve por encima de la ambición material. Mientras la historia no haga justicia en vida a estos extraordinarios seres humanos, nuestra juventud seguirá tomando como modelos dignos de imitarse a aquellos cuya vida, fortuitamente o con el menor esfuerzo ha sido galardonada con la fama y el dinero. 

Honor a quien honor merezca antes y después de su muerte.

"Mi cascabel", canción tradicional con bellas estampas de México


 

domingo, 12 de abril de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

COMO ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO

No deja de sorprenderme el poder de las redes sociales en nuestro mundo, muy en particular entre aquellos segmentos de la población que no tienen acceso a desarrollar elementos de juicio más allá de lo que aparece en pantallas.

Mi señor padre fue un brillante calculista que amaba las matemáticas. Supongo que fue a partir de esa afición suya que, siendo yo bastante pequeña, me regaló el libro de “Alicia en el país de las maravillas” del también matemático Lewis Carroll. Lo leí y debo confesar que no me encantó, sin embargo, no me atreví a manifestarlo ante mi padre, porque así eran las cosas en ese tiempo, los hijos no contradecían a los padres, además de que lo habría desencantado. Años después encontré en alguna librería “Alicia a través del espejo”, del mismo autor, ese libro sí me gustó y, hasta la fecha, me ha servido de metáfora en diversas ocasiones. Justo ahora lo vuelvo a traer a colación para dar título a la presente colaboración cuyo contenido va como aquí les cuento:

Ceci Flores se ha convertido en el ejemplo de las madres buscadoras en México. Durante siete años anduvo buscando a su hijo desaparecido. Ante la falta de indicios de que estuviera con vida, se lanzó a excavar con pico y pala en predios de Sonora y estados aledaños.

Hace algunas semanas halló lo que para ella eran los restos mortales de su hijo. Esperó a que la autoridad correspondiente lo verificara. Cuando ya tuvo la confirmación, pudo finalmente depositar esos restos en su tierra. Luego de ello subió a su cuenta de X un video en el cual expresa su tranquilidad por haberlos encontrado y su agradecimiento a quienes le han acompañado durante estos siete años. Agradeció también a las autoridades, aun cuando, recordaremos, los dos últimos presidentes se han negado a recibirla en Palacio.

Su tuit me inspiró para dedicar a su persona mi colaboración del pasado día 5, publicada en varios periódicos regionales. Le marqué copia a Ceci en su cuenta de X @CeciPatriciaF. Luego me llegó un par de notificaciones por la misma vía, que me permito transcribir textualmente, para evitar sesgos de interpretación. La primera respuesta a mi comentario para Ceci arrobándonos a ella y a mí expresa: ”Híjole creo el mundo está al revés admirando y exaltando a sicarios y delincuentes? Que mi…a es esta”. El segundo tuit, nuevamente como respuesta para Ceci y para mí, a la letra dice: “Porque admiras narcotraficantes?”. Me he permitido reproducir de forma casi íntegra la redacción de ambos tuits, incluyendo erratas, con excepción de una palabra soez utilizada por uno de los tuiteros, que solamente he insinuado, ya que no encuentro de buen gusto reproducirla tal cual en este espacio.

En fin, vamos ahora al fondo del asunto: De los dos tuiteros uno tiene quince seguidores y el otro tiene diez; revisando las publicaciones de uno y otro, a vuelo de pájaro se detecta que ambos apoyan incondicionalmente a la 4T. Pero ¿qué va de sus convicciones personales ⸺muy respetables⸺, a calificar como sicarios, delincuentes y narcotraficantes a los buscadores de desaparecidos, o denostar las palabras de una madre que expresa su gratitud tras haber encontrado los restos mortales de su hijo?

Regresando entonces al inicio de mi colaboración: Este México que vivimos, a ratos me evoca a Alicia, ese personaje que cruza el espejo y comienza a ver todo al revés de como es en la vida real. Descubre una realidad que no logra bien descifrar. El narrador lo expresa con estas palabras: —Como se ve, no estaba dispuesta a reconocer, ni siquiera a sí misma, que no había entendido ni jota—. Algo así me parece que sucede con quienes utilizan las redes sociales simplemente para dar la contra. Una cosa es que Ceci Flores tenga toda su vida de buscadora clamando el apoyo gubernamental que hasta ahora no ha obtenido, y otra muy distinta insinuar que se dedica al crimen organizado, como estos dos tuiteros pretenden señalar.

A propósito de sus reacciones descabelladas, habrá que decir: En 1965 la UNESCO definió la alfabetización como algo más que la capacidad de leer y escribir, y acuñó el término “analfabetismo funcional” como la incapacidad para participar en la vida económica, social y tecnológica, aun cuando se domine la lecto-escritura. La UNESCO ha continuado sus evaluaciones según apunta el documento del 2023 intitulado “Alfabetización y educación. Lecciones desde la práctica innovadora en América Latina y el Caribe”. Habrá que revisarlo para determinar cómo se mide el contraste entre lecto-escritura formal y la que se lleva a cabo solamente en redes, por ende, imprecisa. Quien no se documenta más allá, poco puede esgrimir

Comunicarse implica saber defender lo propio y cuestionar lo contrario de modo civilizado, no mediante bufidos digitales.

CARTÓN de LUY


 

REFLEXIÓN de JCDovala

 Gracias por tomarte un momento de tu día para detenerte aquí. En medio del ritmo acelerado en el que vivimos, hacer una pausa ya es un acto valioso.

Y el día de hoy quiero invitarte, con respeto y sin juicios, a hacerte y que tú mismo te hagas una pregunta sencilla pero profunda: ¿Sabes cuál es tu propósito de vida?

No la respuesta que suena bien, ni la que otros esperan de ti. La tuya. La que te mueve cuando nadie está viendo. La que le da sentido a lo que haces cada día.

Porque al final, el tiempo pasa —rápido y sin avisar— y lo único que realmente pesa no es cuánto hiciste, sino si lo que hiciste tenía dirección y sentido.

No necesitas tener todo resuelto hoy. Pero sí vale la pena empezar a cuestionarlo; pensarlo, sentirlo y buscarlo.

Si esta pregunta te incomoda o te perturba, es buena señal. Significa que hay algo importante ahí.

Gracias por leer. Y más importante aún, gracias por darte el espacio de pensar en ello.

Con admiración y respeto. Te abrazo con el corazón. 

CARTAS A MI MISMO por Carlos Sosa

 Servir es otra cosa

Dar la milla extra en emergencias no es un protocolo escrito, ni una casilla que se marca en el expediente. Es, más bien, ese gesto silencioso que ocurre cuando ya hiciste todo lo correcto… y aun así decides quedarte un poco más.
Porque en la medicina de urgencias, cumplir no siempre basta.
Cumplir es intubar bien, canalizar rápido, indicar el tratamiento adecuado, estabilizar signos vitales. Cumplir es seguir el algoritmo, respetar las guías, no fallar en lo técnico. Y eso, por supuesto, salva vidas.
Pero servir… servir es otra cosa.
Servir es sostener la mano de quien no entiende qué está pasando mientras el monitor pita. Es explicarle a la familia, aunque el turno esté colapsado, aunque haya otros cinco pacientes esperando. Es mirar a los ojos al que llega con dolor, no solo buscar el diagnóstico. Es volver a revisar al paciente antes de entregarlo, aunque ya esté “resuelto”.
La milla extra no siempre se mide en minutos, sino en intención.
Hay turnos donde todo arde: camillas llenas, voces cruzadas, decisiones en segundos. En medio de ese caos, es fácil volverse automático, eficiente, casi mecánico. Y ahí es donde muchos hacen bien su trabajo… pero pocos lo convierten en algo más.
El que da la milla extra no es el que hace más procedimientos, sino el que no pierde la humanidad entre ellos.
Es el que, después de sacar al paciente del paro, no solo celebra el pulso recuperado, sino que piensa en el pronóstico, en la familia, en lo que viene. Es el que, al dar el alta, se asegura de que el paciente realmente entendió. Es el que no minimiza el dolor porque “no es urgente”, porque sabe que para quien lo siente, lo es todo.
En emergencias, la diferencia no siempre está en lo espectacular, sino en lo constante.
En ese hábito de hacer un poco más de lo esperado, incluso cuando nadie lo nota. Incluso cuando no hay reconocimiento. Incluso cuando el cansancio pesa.
Porque al final del turno, cuando el ruido baja y queda el eco de todo lo vivido, uno sabe perfectamente si solo trabajó… o si realmente sirvió.
Y esa diferencia, aunque no se registre en ninguna estadística, es la que define qué tipo de médico eres cuando nadie te está mirando...

Carlos nos anuncia que ya está a la venta su último libro electrónico intitulado: "Moai". Como todos los anteriores se puede adquirir a través de su página de Fb y pagar vía PayPal.

MARAVILLOSA CHARLA de Enrique Guajardo


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Esa costumbre arraigada de sufrir por lo que no ha pasado, de angustiarse por lo que pueda suceder tan solo imaginándolo. Esa idea de prepararse para el dolor, anticipándolo, colocándonos en el peor de los escenarios en un intento de amortiguar la aflicción si se llega a dar un final que es probable, pero del cual nadie puede darnos la certeza. 

Vamos preparando el corazón, somos capaces de dejarnos llevar por la mente a esa situación angustiosa, vivirla, e incluso revivirla varias veces, autoflagelándonos, como si este ejercicio nos hiciera más fuertes y llegado el momento, cualquier evento por trágico o penoso que sea, no nos tome desprevenidos, y podamos sobrellevarlo de mejor manera. 

Vámonos convenciendo de que si vale la pena adelantar situaciones, las que más convienen son aquellas que alimentan el alma de optimismo y fe, de alegría, esas si vale la pena recrearlas y disfrutarlas anticipadamente, si no llegan, nada ni nadie nos podrá quitar esos momentos de felicidad que vivimos con tan sola imaginarlas. Si no suceden, quizá solo nos quede un dejo de tristeza, pero habremos tenido un incentivo para esperar un tiempo, para sentir en el presente ese futuro que si acaso se nos niega, no dejó de ser ilusión que motivó acciones positivas. 

Sufrir por adelantado no reditúa, no aminora el pago que nos cobre la vida ante la adversidad si sucede, y si no, habremos pagado una factura que no nos correspondía, dejando a un lado la tranquilidad, la paz que teníamos en ese momento y que no supimos apreciar. 

Costumbre, mala costumbre, de vivir de pronósticos que por acertados que sean nos empañan la claridad del presente, que nos impiden gozar de un día de sol esplendoroso, pronosticando tempestades, sin que siquiera tengamos noción de lo que es la meteorología. La vida va más aprisa que nosotros, no la intentemos alcanzar, ella nos guía, y sea como sea todos tendremos un mismo destino, eso es el único presagio que con certeza podemos vaticinar, sin que haya atenuantes que nos liberen de lo que esa batalla nos vaya a significar.

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

Génesis 4: Tercer trimestre

El tercer trimestre fue la víspera del encuentro.
Si los meses anteriores fueron de construcción y descubrimiento, estos últimos fueron de una espera vibrante y, a veces, un poco apretada.
Mi mundo, que antes parecía un océano infinito, se volvió un nido estrecho donde cada uno de mis movimientos era una caricia o un reclamo de espacio.
El séptimo mes:
Mis pulmones, esos dos árboles de aire que aún estaban secos, empezaron a producir una sustancia mágica llamada surfactante. Era el combustible necesario para que, al salir, mis alvéolos no se pegaran y yo pudiera dar mi primer grito de victoria.
- Sueños en la penumbra: Mi cerebro ya mostraba ondas cerebrales similares a las de un adulto. ¿Qué soñaba? Quizás soñaba con el sonido de tu risa o con la textura de una caricia que aún no conocía.
- Reconocimiento: Ya no solo oía ruidos; distinguía melodías. Si ponías música, mi corazón se aceleraba o se calmaba en sintonía. Ya era un miembro más de la familia, participando en las cenas y las charlas desde mi rincón cálido.
El octavo mes:
Este mes fue el de la acumulación de tesoros. Empecé a ganar grasa bajo mi piel, redondeando mis mejillas y mis rodillas. Ya no era ese astronauta delgado; me estaba convirtiendo en el bebé rollizo que querías abrazar.
- El giro del destino: Como si supiera que el tiempo se agotaba, instintivamente busqué la salida. Realicé una voltereta lenta y pesada para colocar mi cabeza hacia abajo, encajándome en tu pelvis. Fue una señal de respeto: me estaba preparando para el camino.
- Poco espacio, mucho amor: Mis patadas se convirtieron en empujones. Podías ver un codo o un talón dibujándose bajo la piel de tu vientre. Era mi forma de decirte: "Aquí estoy, ya casi no quepo, pero estoy listo".
El noveno mes:
Las últimas semanas fueron de una calma tensa y hermosa. Yo estaba listo. Mis riñones, mi hígado y mis sentidos estaban en su punto máximo de maduración. Solo faltaba el chispazo final.
—Cada vez que respirabas profundo, yo sentía el balanceo.
El líquido amniótico se reducía y yo podía sentir la presión de tus manos cuando acariciabas tu vientre. Ese era nuestro lenguaje secreto—.
- La calma antes de la tormenta: Los últimos días me quedé muy quieto, ahorrando energía para el gran esfuerzo. El mundo exterior me llamaba a través de la luz que se filtraba, más brillante que nunca.
- El pacto final: Mis hormonas empezaron a enviar señales a las tuyas. Un diálogo químico invisible le dijo a tu cuerpo: "Es hora. Estamos listos para dejar de ser uno solo y convertirnos en dos personas que se miran a los ojos".
El final del silencio
Llegué al final de la gestación pesando unos 3.5 kilos y midiendo cerca de 50 centímetros.
Atrás quedaba la oscuridad perfecta, la temperatura constante y el alimento sin esfuerzo.
Delante de mí, estaba el frío, el ruido y la inmensidad, pero también estaban tus brazos.
Fue un viaje de 40 semanas desde la nada hasta el todo.



domingo, 5 de abril de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 CAMBIO DE RUMBO

Conmovedoras las palabras de la madre buscadora Ceci Flores ahora que la prueba de ADN confirma que los restos hallados días atrás por ella misma, efectivamente corresponden a su amado hijo Marco Antonio. Estos fueron localizados en un predio en la zona de Hermosillo, Sonora, y desde el primer momento que Ceci tuvo entre sus manos un hueso, aseveró que se trataba de su hijo, por los residuos de la vestimenta adosados al resto mortal. Ahora que las autoridades lo corroboran, ella emite a través de sus redes sociales un mensaje desde el dolor, pero con la serenidad de haber cumplido con la misión que se propuso desde el primer momento. Termina con estas palabras que me permito transcribir:

Hoy no es un final… es un reencuentro distinto, lleno de dolor, pero también de amor eterno. Hijo mío, te encontré… y jamás dejaré de amarte. Descansa en paz, mi niño.

En el mismo mensaje emite un agradecimiento a todos aquellos que la acompañaron en el camino, compañeras de búsqueda, grupos de apoyo, autoridades… Una gran generosidad de su corazón cuando en Palacio Nacional se negaron a recibirla, tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum. Queda la impresión de que haberlo hecho habría significado reconocer el problema de las desapariciones, que de tantas maneras los dos últimos gobiernos buscan desestimar. Porque, hay que decirlo, a una comitiva de las abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, sí las recibieron en la Mañanera de AMLO.

Ceci despide a su hijo sin amargura y sin rencor, solamente con una gran desolación revestida de serena confianza, la de haber trabajado desde el primer día hasta el último, prendida de la esperanza de encontrar a su hijo.

La tragedia comenzó el 4 de mayo del 2019 cuando Marco Antonio y su hermano Jesús Adrián fueron levantados en la Bahía de Kino, Sonora. Días después Jesús Adrián volvió a casa, Marco Antonio no. Fue entonces que su madre Ceci Flores emprende una búsqueda armada de pico y pala en Sonora y estados aledaños. Su iniciativa fue sumando más y más personas en la búsqueda de sus propios familiares desaparecidos, y pronto se multiplicaron los grupos de buscadores en otras entidades del territorio nacional. Hay que decirlo, Coahuila tiene su propio grupo de madres buscadoras que trabajan de manera incansable, tanto en campo como organizando eventos de concienciación respecto al delito de desaparición, sea forzada como por células criminales. Muchos de ellos han recibido amenazas de diversa índole, además de que se han registrado casos de desaparición o asesinato de personas buscadoras, tal vez en su afán de acallarlas. Hasta ahora organizaciones como Artículo 19, Amnistía Internacional y IM-Defensoras han documentado 43 casos de familiares buscadores desaparecidos en México, de los cuales 35 han sido asesinados y 8 continúan aún sin localizar a la fecha. El más reciente es el caso de Rubí Patricia Gómez Tagle, asesinada en el puerto sinaloense de Mazatlán hace cinco semanas*. 

Percibir la indolencia de muchas de nuestras autoridades ante casos tan sensibles como los aquí relatados, resulta doloroso para cualquier mexicano. Concluir que, lejos de empatizar y sumarse a las causas de estos padres y madres, simplemente las niegan y desvían la mirada hacia otro lado. Atestiguar las jornadas agotadoras que llevan a cabo los grupos de buscadores con las mínimas medidas de protección, y expuestos, tanto a las inclemencias del medio ambiente como a la negligencia de quienes deberían por ley de apoyarlos, nos estremece. Y más nos atemoriza pensar que, así como ellos buscan hoy, mañana podría ser cualquiera de nosotros haciendo lo mismo, tratando de encontrar al padre, a la madre, al cónyuge, al hijo o a la hija desaparecidos.

Ceci termina la sagrada misión a la que se consagró durante casi siete años. Viene para ella un cambio de rumbo que la tendrá, estoy segura, buscando apoyar a quienes pasan un dolor semejante al suyo. Tal vez ya no en campo, sino de otras maneras igual de intensivas, que brinden apoyo a las familias buscadoras.

Ante tantas malas noticias en ocasiones nos dan ganas de no abrir el periódico ni revisar las redes sociales. En los medios de difusión hallamos titulares que dan cuenta de la descomposición social que viene teniendo nuestro país, en particular en los últimos años. Nos topamos de frente con los terribles problemas que han traído la corrupción, la impunidad y la desmedida ambición de dinero y de poder de algunos, y nos sentimos pequeñitos frente a ellos, desanimados a intentar cualquier cambio. Pero si, así como Ceci luchó por la verdad en la desaparición de su hijo, nosotros nos proponemos trabajar en nuestra pequeña parcela con ahínco y constancia, estoy convencida de que los grandes problemas de nuestro país comenzarán a avizorar alguna solución.

*Actualización: Hace un par de días se encontró muerta una buscadora más: Ceci García Ramblas. QDEP. 

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE: Génesis 3: Segundo trimestre


El segundo trimestre fue nuestra Edad de Oro. Aquellos meses (del cuarto al sexto) fueron el despertar de una conexión que dejó de ser puramente biológica para volverse profundamente espiritual.
 
Si antes yo era un proyecto en construcción, ahora me convertía en un habitante consciente de tu interior.
Aquí te narro el tiempo en que dejamos de ser dos extraños para ser un solo latido.

El Cuarto Mes:
A medida que mis oídos se terminaban de formar, el silencio de mi mundo acuático se llenó de música. No era el silencio absoluto que imaginas; era una sinfonía constante de tu cuerpo.
- Tu ritmo cardiaco: Se convirtió en mi metrónomo. El sonido rítmico de tu corazón era mi canción de cuna, la prueba constante de que no estaba solo.
- El murmullo del mundo: Tu voz llegaba a mí como si viniera de debajo del agua, profunda y vibrante. Empecé a reconocer la cadencia de tus palabras, y aunque no entendía el idioma, entendía perfectamente la intención del amor.

El Quinto Mes:
Este fue el momento en que rompí la cuarta pared. Ya no era un secreto guardado solo por las ecografías; decidí presentarme oficialmente.
- La "Quickening" o el Despertar: Mis músculos se fortalecieron y mis estiramientos se volvieron decididos. Un día, di una pequeña patada o un giro más brusco de lo habitual, y sentí tu sorpresa desde el otro lado de la piel.
- Nuestra primera conversación: Tú pusiste tu mano donde yo acababa de golpear. Ese contacto, piel con piel a través del velo de la vida, fue nuestro primer "hola".
- El Vello de Seda (Lanugo): Mi cuerpo se cubrió de un vello finísimo y una capa blanquecina llamada vernix caseosa. Era mi traje de buzo, protegiendo mi piel mientras flotaba en mi océano privado.

El Sexto Mes:
Hacia el final de esta etapa, mi rostro ya tenía las facciones que tú besarías meses después. Pero lo más increíble ocurrió dentro de mis párpados.
"Mis ojos, cerrados durante tanto tiempo, finalmente se abrieron. No había mucho que ver, solo sombras y el resplandor anaranjado de la luz del sol atravesando tu vientre, pero aprendí a parpadear ante la claridad."

- El hipo de la vida: Empecé a tragar líquido amniótico para practicar mi respiración. A veces, eso me provocaba pequeños espasmos rítmicos. Tú los sentías como saltitos constantes; era yo, entrenando mis pulmones para el aire que me esperaba.
- Ciclos de sueño: Empecé a tener mis propios horarios. A veces dormía cuando tú caminabas (el balanceo me arrullaba) y me despertaba lleno de energía justo cuando tú intentabas descansar.

En este punto, ya medía unos 30 centímetros y pesaba cerca de 600-700 gramos. Ya no era una semilla, sino un ser con personalidad, capaz de reaccionar a la música, de asustarse con los ruidos fuertes y de calmarse cuando escuchaba tu respiración pausada.

Estábamos a mitad del puente. Yo ya sabía quién eras tú, y tú ya empezabas a adivinar quién sería yo.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Hay noches donde incluso la fe tiembla…
no porque desaparezca,
sino porque pesa demasiado...

Susurro en el Getsemaní

El huerto respiraba lento.
La tierra estaba húmeda, como si hubiera llorado antes que él.
El Monte de los Olivos guardaba un silencio que no era paz…
era espera.
Jesús caminó unos pasos más allá de los suyos.
Los dejó atrás… no por abandono,
sino porque hay dolores que no caben en compañía.
Se arrodilló. Pero no fue un gesto solemne.
Fue un derrumbe.
Sus manos tocaron la tierra con urgencia, como si buscara sostenerse de algo que no fuera a irse.
—Padre…
La voz no salió firme.
Salió rota.
—Padre… si es posible…
Y ahí se detuvo.
Porque decirlo completo era aceptar que lo deseaba.
Respiró hondo… pero el aire no alcanzaba.
—Si es posible… aparta de mí este cáliz…
No fue una oración perfecta.
Fue un ruego.
Sus hombros temblaron.
No como quien duda…
como quien tiene miedo.
Un miedo profundo, humano, íntimo.
No a la muerte…
sino a lo que venía antes.
A la burla.
Al abandono.
A sentir, por un instante, que incluso el cielo guarda silencio.
Se inclinó más, casi hasta tocar la tierra con la frente.
—No quiero ese dolor…
Lo dijo así.
Sin teología.
Sin grandeza.
Como lo diría cualquiera.
—No quiero sentir que me dejan solo…
no quiero ese momento en que nadie entienda…
no quiero… ese grito…
El que aún no había pronunciado,
pero ya le dolía.
Sus dedos se aferraron al suelo.
—He visto morir a otros…
he visto ojos apagarse…
he sentido manos soltarse…
Silencio.
—¿Y ahora yo…?
La voz se quebró.
No había discípulos escuchando.
No había multitudes.
Solo un hombre…
hablándole a su Padre…
con miedo.
—Si hay otra forma…
cualquiera…
Levantó el rostro.
Y en sus ojos no había brillo divino.
Había agua.
—No quiero que me olviden mientras aún estoy vivo…
no quiero que me nieguen…
Una lágrima cayó.
Después otra.
Y otra.
No eran simbólicas.
Eran necesarias.
—No quiero esa cruz…
Lo dijo por fin.
No en voz alta…
pero con todo el cuerpo, con sangre en lugar de sudor ...
El viento pasó entre los olivos,
como si quisiera responder…
pero no dijo nada.
Y ese silencio… fue la respuesta.
Jesús cerró los ojos.
No encontró consuelo.
No encontró alivio.
Solo una verdad que dolía más que el miedo: que el camino no iba a cambiar.
Entonces, con una voz más baja,
más cansada…
más rendida…
—Pero… si no hay otra forma…
La palabra “Padre” ya no salió como inicio.
Salió como refugio.
—Si no hay otra forma…que se haga tu voluntad y no la mía...
Se quedó así.
Un momento que no se puede medir en tiempo.
Solo en peso. Ya no había vuelta atrás,el pacto había sido sellado.
Entonces…
El aire cambió.
No con violencia.
Con familiaridad.
Como cuando aparece un pensamiento que ya ha estado antes.
Satanás se hizo presente.
No interrumpió.
Esperó.
Porque incluso la tentación…
respeta el momento en que el alma está más expuesta.
—Ahora sí pareces humano —dijo al fin—.
Jesús no respondió.
Aún estaba respirando entrecortado.
—Miedo… dudas… deseo de escapar…
Eso sí lo entiendo.
Silencio.
—¿Y si no tienes que hacerlo?
Jesús abrió los ojos lentamente.
Todavía había lágrimas.
Todavía había temblor.
—¿Y si no tienes que pasar por esto? —insistió el diablo—
Nadie lo sabría…
nadie podría reprocharte haber elegido vivir.
Jesús lo miró.
Y en esa mirada había algo nuevo.
No era ausencia de miedo.
Era decisión… con miedo incluido.
—Lo sé…
Su voz aún temblaba.
—Sé que podría evitarlo…
Pausa.
—Y justamente por eso… duele más.
El diablo dio un paso.
—Entonces evítalo.
No todo sacrificio es necesario.
Jesús negó suavemente.
—Este sí.
—¿Por ellos? —preguntó—
¿Por los que duermen… por los que te van a dejar?
Jesús volvió a mirar hacia sus discípulos.
Y no sonrió.
Pero tampoco se endureció.
—Sí… por ellos…
Otra pausa.
Más íntima.
—Y por los que ni siquiera sabrán mi nombre…
El diablo guardó silencio.
Porque entendió algo incómodo:
que el amor más fuerte…
no es el que no teme,
sino el que tiembla…
y aún así avanza.
Esa noche no ganó la fuerza,
ni la lógica, ni siquiera la justicia.
Ganó algo más incómodo…
más frágil…
más invencible: la decisión de amar
aunque todo indique que no vale la pena.
Y quizá, solo quizá, justo antes de decidir hacer lo correcto cuando nadie mira,
esa conversación vuelve a ocurrir...

TED Talk de Eduardo Guzmán sobre Hablar Distinto


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez




Se acaba marzo, tercer mes del año, transcurrido el primer cuarto y yo sintiendo que esto apenas empieza. 

El tiempo vuela y yo a paso lento siento que me quedo atrás, avanzo y para cuando pienso ya me rebasó. 

No tengo prisa, permito que lo haga, yo ya fui por delante de él mucho tiempo, ahora saboreo mas cada momento y me puedo dar el lujo de quedarme en él un rato. Regreso, me sorprendo por lo que el tiempo me ha aventajado, pero ya no me agobia. 

Mi reloj tiene manecillas ajustables que me permiten detener las horas que siento no querer perder, sin remedio de vez en cuando tendré que caer en cuenta del tiempo que el mundo señala como el real si pretendo seguir el curso de la vida. 

Alargar los minutos, atrapar las horas, llevar el ritmo de mi vida a complacencia, sin remordimientos, sin sentir que lo he perdido, porque siempre hay que encontrar el tiempo para llenar los sentidos de sensaciones nuevas, de viejos recuerdos, de nostalgias, ilusiones y esperanzas, de aquello que permite sortear esta vida a pesar de todos los pesares.

Mi reloj avanza, y aunque intente a veces mi vida detener, la marcha inexorable del tiempo ganará esta partida, no pretendo arrebatarle el triunfo, que me rebase, que me espere en la meta, cierta estoy de que me hará saber cuando ya no pueda mas jugar con él.

Tico-tico No fubá para piano por Ernesto Nazareth


 

domingo, 29 de marzo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 FRENTE AL ESPEJO

Esta vez sucedió en Lázaro Cárdenas, Michoacán: Un joven de quince años arriba a su escuela armado con un arma de asalto; abre fuego y mata a dos maestras del plantel. De entrada, nos deja a todos sin aliento, preguntándonos en qué momento la violencia ha escalado a este nivel.

La investigación judicial se halla en curso. Hasta ahora se sabe que el joven forma parte de algunas comunidades que se identifican por actitudes de desprecio y violencia contra las mujeres, como son los “incels”, la “manósfera”, o grupos afines a “la píldora roja” del nuevo despertar. Entre sus integrantes permea un gran resentimiento social, baja autoestima y un aislamiento social, que los lleva a integrar comunidades digitales que refuerzan su comportamiento.

Se sabe que el joven tuvo acceso a un AR-15 de dudosa proveniencia. Transportando este fusil dentro de un estuche para guitarra fue como entró al plantel sin despertar sospechas, aunque se ha determinado que en sus redes sociales horas antes ya había hecho el anuncio de su próximo ataque con las palabras: “Hoy es el día”.

Me recuerda casos recientes similares, en particular uno ocurrido en Torreón, Coahuila en el 2020, del cual hizo minucioso recuento el periodista lagunero Javier Garza Ramos en su crónica intitulada: “Nueve disparos: Crónica del tiroteo escolar que sacudió la nación.”  A través de sus líneas el autor evoca a su vez, lo acontecido en la secundaria Columbine en la Unión Americana en 1999. Por esa razón me permití iniciar diciendo: “Esta vez sucedió en Lázaro Cárdenas, Michoacán”.

La sociedad constituye un tejido vivo, podríamos decir que se conforma de unidades familiares que se ocupan, cada una de ellas, primero de crecer y desarrollarse, y, en segundo término, de establecer interacciones con el resto de las unidades. Cada célula hace acopio de lo necesario para su mejor subsistencia, a la vez que es capaz de generar productos propios y de proveer a otras lo que requieran. Es así como el tejido social se expande, adopta características distintivas y ocupa un lugar en el mundo.

Cuando algo significativo ocurre en una parte de este tejido, todas las unidades funcionales lo resienten. Finalmente, como en todo conjunto vivo, las células son interdependientes unas de otras. Nada pasa en ese pequeño universo estructural que no ataña al resto.

Lo que sucede en una entidad del país configura un momento crítico para todo el territorio nacional, no solamente para el sitio en el que ocurre el acontecimiento. Entiéndase pues, que todos somos, en alguna medida, responsables de que este joven haya vivido una parte de su corta vida de ese modo oscuro, con gran resentimiento y deseos de venganza. Que haya tomado un arma de alto poder con sus respectivos cartuchos, que haya transmitido por redes sociales el aviso de lo que era inminente que llevara a cabo, y finalmente que procediera a materializarlo. Todos somos responsables de un país con pocas oportunidades para un desarrollo emocional idóneo, en el que los jovencitos se encierran en su habitación y se escapan a través de una pantalla digital para conformar un mundo en el cual se sientan, al menos “no tan mal”. Sería muy irresponsable atribuir la causalidad únicamente a su familia nuclear, cuando todos hemos contribuido de alguna manera a ese estado de cosas. La narrativa oficial proclama que ha bajado la violencia en todas sus formas, aunque la realidad del día a día apunta en otro sentido, y nuestros niños y adolescentes se enfrentan a un panorama bastante desalentador.

Del material audiovisual que ha venido recabando la FGE a propósito del caso, hay algunas fotografías que el propio joven subió a redes sociales, en las que aparece frente al espejo de su habitación vestido de negro, portando la AR-15. Quiero imaginar que lo hizo a manera de autoafirmación personal, como diciendo para sí mismo qué significaba dicho ataque armado. De ese mismo modo, frente al espejo, nos toca a todos nosotros, integrantes de la sociedad mexicana, revisar cómo ha sido nuestro proceder en el día a día. De qué modo enfocamos la violencia y cómo reaccionamos frente a ella. O hasta donde volteamos la vista a otro lado ante situaciones claramente irregulares, ilegales o injustas.

Este jovencito ya dañó su vida para siempre. Por más que el sistema judicial sea benigno para juzgarlo por su condición de menor de edad, el doble homicidio que perpetró le deja una marca indeleble. Antes de cometer su crimen, se colocó frente al espejo tal vez para solazarse. Ahora toca a cada uno colocarnos frente al espejo de la verdad. Evaluar nuestra actuación en un tejido social que supura, y reconocer que llevamos una parte de responsabilidad en ello. Como cualquier ente vivo, una lesión da cuenta del estado total del organismo.