El lado B del amor
Hay una mentira elegante que nos vendieron desde siempre: que el amor es luz constante, que es fácil, que es un refugio donde nada duele.Y no.
El amor —el de verdad— tiene un lado B.
Y ese no sale en las fotos.
Ese lado no es rosa.
No es cómodo.
No es el que se presume.
Es el momento en que dos personas se quitan el disfraz y se ven sin adornos. Cuando el cansancio pesa más que las palabras bonitas. Cuando el silencio incomoda. Cuando la vida —cruda, injusta, sin pedir permiso— se mete en medio y empieza a desgastar todo.
Porque el amor no se prueba cuando todo fluye.
Se prueba cuando la vida golpea.
Y aquí hay que decirlo claro, sin maquillaje:
esto no es aguantar maltrato.
No es tolerar humillaciones.
No es justificar lo que rompe la dignidad.
Eso no es amor. Eso es otra cosa.
El lado B del amor no es quedarse en lo tóxico.
Es resistir juntos la crueldad de la vida, no la crueldad del otro.
Es cuando el problema no es la persona que tienes enfrente…
sino lo que el mundo les lanza a ambos.
La enfermedad.
El fracaso.
El miedo.
El desgaste de los días que no salen como uno quería.
Ahí es donde el amor deja de ser discurso y se vuelve decisión.
Porque amar no es sostenerse de la mano cuando hay música de fondo.
Es sostenerse cuando todo alrededor hace ruido… y aun así no soltarse.
El lado B del amor es incómodo.
Es áspero.
Pero es real.
Es ese punto donde muchos se van, porque no era lo que esperaban.
Y unos pocos se quedan… no por costumbre, sino por convicción.
Nos enseñaron a buscar fuegos artificiales.
Pero el amor que dura no explota… arde lento.
Dos personas que solo conocen el lado A se enamoran.
Dos personas que entienden el lado B… se convierten en equipo.
Y en un mundo que empuja, rompe y desgasta,
no hay nada más poderoso que eso:
dos corazones palpitando al mismo ritmo ...
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