domingo, 1 de marzo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 LA PROFECÍA DE BRADBURY

A una semana de lo ocurrido, no acabamos de asimilar la terrible violencia que surgió tras el operativo que desembocó en la muerte de Nemesio Oseguera, considerado hasta ahora, por muchos, el capo más poderoso del mundo. Desde el primer momento las redes sociales se fueron inundando de “información”, alguna fundamentada, otra no tanto, y una más como producto de la ficción que más de uno aprovechó para generar su propia narrativa. A esto último es a lo que quiero referirme en esta ocasión.

Viene a mi mente un libro de Michel Desmurget intitulado “La fábrica de cretinos digitales”. En sus páginas se establece una clara diferenciación entre ciencia y opinión, esto es: como seres en libertad tenemos total derecho a expresar nuestra opinión respecto a todo lo que ocurre en derredor nuestro. Lo podemos hacer con nuestro círculo íntimo, en un café o en correspondencia personal. Sin embargo, esto no es lo mismo que la difusión de nuestras opiniones o creencias muy personales presentadas de tal modo que las haga ver como información documentada y verificable.

Justo en buena medida es parte de lo que comenzó a circular poco después del operativo en Tapalpa, Jalisco. Algunos videos reales mezclados con otros que tomaban imágenes de incidentes ajenos, para hacerlas pasar como ocurridas en el operativo del momento, o algunos otros con descripciones de lo que ocurría, por qué ocurría y los alcances que había tenido la incursión de los diversos órdenes del gobierno.

Ahora sabemos que la secrecía con que se armó el operativo fue precisamente para asegurar el éxito de la misión. Los comandos armados fueron pocos, pues haberlos hecho más numerosos hubiera levantado sospechas y tal vez se hubiera filtrado información, y el objetivo habría tenido oportunidad de escapar.

Dentro de los contenidos que circularon, había algunos que, según esto, daban cuenta del pensamiento de los artífices de la operación, como si estos hubieran soplado al oído de los generadores de contenido sus más hondos secretos tácticos.

Sucede lo que ya nos ha ocurrido en otras ocasiones: Nos dejamos sorprender y tal vez hasta apanicar; caemos presas de la maliciosa narrativa de algunos creadores digitales, sin detenernos por un momento a reflexionar objetivamente y a cotejar datos.

Un libro que en lo personal me ha dado una gran luz frente a estos fenómenos de información paralela entre las pantallas y los medios tradicionales de información, es el ensayo de Juan Villoro “No soy un robot”. En él analiza los mecanismos de pensamiento que se activan cuando estamos frente a la información que circula en redes sociales, contrapuesta a la de corte tradicional. Villoro utiliza un término que me parece brillante; al hablar sobre contenidos engañosos en redes, menciona “el recurso político de engañar al prójimo” como una estrategia de comunicación digital. Yo la ampliaría un tanto más para decir que, aparte del objetivo político de dicha distorsión de la verdad, puede haber objetivos narcisistas de poder, donde su autor, al menos por un momento, siente que tiene al mundo en el propio puño.

Está comprobado que la atención puesta en una pantalla es más inmediata y fugaz que la que destinamos a los contenidos impresos. Por su misma condición veloz y evanescente, la información en la pantalla surge y desaparece en fracciones de segundo, dándonos poca oportunidad de apropiárnosla. En cambio, un periódico o un libro pone a trabajar a varios de nuestros sentidos; podemos tomar, pesar, oler, palpar y marcar de diversos modos lo más destacable de lo que leemos.  Lo dejamos de lado y horas después podemos retomarlo, tal vez con un enfoque distinto en esa relectura. Algo que nos deje una impronta más firme en nuestro intelecto y en nuestras emociones.

No todo ha sido esclarecido con relación a lo ocurrido el 22 de febrero del 2026, una fecha que quedará grabada para siempre en la memoria de todos los mexicanos. Conforme pasen los días y las semanas irá conociéndose con mayor detalle el peso específico de lo acaecido en la zona boscosa de Tapalpa, Jalisco un domingo por la mañana.

Ya para terminar, recordemos las páginas de Fahrenheit 451, que dibuja un mundo en el cual los libros han sido prohibidos, y algunos valientes se dedican a memorizar determinadas obras literarias para poderlas transmitir a otros. Su autor Ray Bradbury destaca la urgencia de preservar las obras literarias en un mundo amenazador. Publicada hace poco más de setenta años como una novela futurista y distópica, en cierto modo estaba adelantándose a describir lo que hoy vivimos, pudiéramos decir, de manera tan cotidiana: La crisis del conocimiento en un mundo que llama a la inmediatez sin hacer hincapié en detenernos a comprobar las fuentes de la información.

CARTÓN de LUY

 


RELATO narrado por Katharine Hepburn.

 Una vez, cuando era adolescente, mi padre y yo estábamos haciendo cola para comprar entradas para el circo. Finalmente, solo había una familia entre nosotros y el mostrador de boletos. Esa familia me causó una impresión duradera. Había ocho niños, todos menores de 12 años. Por la forma en que estaban vestidos, se notaba que no tenían mucho dinero, pero su ropa estaba limpia, muy limpia. Los niños se portaban bien, parados en parejas detrás de sus padres, tomados de la mano. Estaban tan entusiasmados con los payasos, los animales y todos los actos que verían esa noche. Por su emoción, se notaba que nunca antes habían estado en un circo. Iba a ser lo más destacado de sus vidas. 

El padre y la madre se pararon orgullosos al frente de su pequeño grupo. La madre sostenía la mano de su esposo, mirándolo como diciendo: 'Eres mi caballero de brillante armadura.' Estaba sonriendo, disfrutando de ver feliz a su familia. La señora de las entradas le preguntó cuántas entradas quería y él respondió con orgullo: 'Quiero ocho entradas para niños y dos entradas para adultos. Luego anunció el precio. La esposa soltó la mano de su esposo, bajó la cabeza y el labio del hombre comenzó a temblar. Se acercó más y preguntó: '¿Cuánto dijiste?' La señora del boleto repitió el precio. No tenía suficiente dinero. ¿Cómo se suponía que se daría la vuelta y les diría a sus ocho hijos que no podía permitirse llevarlos al circo?

 Al ver lo que estaba sucediendo, mi papá metió la mano en el bolsillo, sacó un billete de 20 dólares y lo dejó caer al suelo. No éramos ricos de ninguna manera. Mi padre se agachó, recogió el billete, tocó al hombre en el hombro y dijo: 'Disculpe, señor, esto se le cayó del bolsillo.' El hombre entendió lo que estaba pasando. No le estaban dando caridad, pero aceptó con gratitud la ayuda en su situación desesperada, desgarradora y vergonzosa. Miró directamente a los ojos de mi padre, tomó la mano de mi padre entre las dos, apretó el billete con fuerza y, con los labios temblorosos y una lágrima corriendo por su mejilla, respondió: 'Gracias, señor. Esto realmente significa mucho para mí y mi familia.' Mi padre y yo volvimos a nuestro automóvil y manejamos a casa. Los 20 que regaló mi papá era lo que habíamos planeado usar para nuestras propias entradas. 

Aunque no vimos el circo esa noche, sentimos una alegría dentro de nosotros que era mucho mayor que ver el circo. Ese día, aprendí el verdadero valor de dar. El dador es mayor que el receptor. 

Si quieres ser grande, más grande que la vida misma, aprende a dar. El amor no tiene nada que ver con lo que esperas obtener, solo con lo que esperas dar, todo. La importancia de dar y bendecir a los demás no puede exagerarse porque siempre hay alegría en dar. Aprende a hacer feliz a alguien a través de actos de generosidad.

Tomado de la red

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Perdonar al pasado

El pasado no pide permiso para volver.
Aparece cuando menos lo esperas: en un turno silencioso a las tres de la mañana, en el reflejo cansado de un espejo, en un amanecer que parece prometer calma y termina trayendo memoria.

Durante años nos enseñaron que recordar duele.
Yo aprendí —a fuerza de errores, suturas y despedidas— que lo que duele no es recordar, sino resistirse.
Las lágrimas del pasado no fueron un castigo.
Fueron un idioma.
Un idioma áspero, sí, pero honesto. Cada una vino a decirme algo que en ese momento no quise escuchar: que no todo depende de mí, que no siempre se llega a tiempo, que incluso haciendo lo correcto se puede perder. En medicina y en la vida.

Cada cicatriz es una página subrayada.
No embellece, no presume, no se esconde. Está ahí para recordar que el cuerpo —y el alma— sobreviven. Que sangrar no es fracasar. Que seguir de pie también es una forma de victoria.

Perdonar al pasado no es absolverlo.
Es dejar de discutir con él.
Es aceptar que hice lo que pude con lo que sabía.
Que amé como supe.
Que fallé como humano.
Y que, aun así, sigo aquí.
Hay un alivio casi físico cuando uno saca el odio del pecho.
Como cuando drenas un absceso antiguo y, de pronto, el dolor cede. El corazón se vuelve más ligero. No porque olvide, sino porque deja de cargar.

Hacer las paces con lo que fue, es un ritual íntimo.
No necesita testigos.
Solo honestidad.
Es mirar al pasado a los ojos y decirle:
—Gracias por la lección, ya no necesito la herida.
Entonces algo cambia.
El presente deja de ser una sala de espera y se convierte en un lugar habitable. El ahora empieza a danzar. No con euforia, sino con serenidad. Esa que solo conoce quien ha estado muchas veces al borde y aprendió a respirar ahí.

Perdonar no borra la historia.
La ordena.
Y cuando la historia se ordena, el mañana deja de dar miedo.
Se vuelve una promesa posible.
Radiante no porque sea perfecto, sino porque ya no está manchado por rencores antiguos.
He visto corazones detenerse.
Y he visto otros renacer cuando alguien se atreve a soltar.
Por eso lo escribo.
Para el que lo lea y crea que es tarde o para el que piensa que el pasado lo define, poder decirle que no...
El pasado te enseñó.
El presente te sostiene.
Y el futuro… el futuro empieza el día que te perdonas...

Charla de Daniel Habif: " Vivir bonito es otra forma de inteligencia"


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Momento, ese breve espacio de tiempo, que a veces se hace pequeño o más grande dependiendo no solo de su duración, sino de la intensidad con que sea vivido. Momentos que se prolongan y se hacen largos ratos, momentos cortos con repercusiones prolongadas. momentos que quisiéramos se hubieran ensanchado. Un momento de felicidad, uno de gloria, un momento de tristeza, de dolor, momentos que pueden ser monumentales, momentos que llegan a ser fatales. Momentos que son cúmulo de nostalgia, momentos que nunca llegamos a encontrar en nuestro tiempo. 

De un momento a otro, ya llegará el momento, y a veces no llega ni uno ni otro. ¿En qué momento se va la vida? en ese que no te percataste que estabas viviendo. 

Dame Dios la sabiduría para encontrar siempre el momento de decirle y hacerle ver a los demás que me son importantes y queridos. Dame la serenidad a cada momento para perdonar, para no dejar que mi vida sea llenada de momentos cargados de rencor y de resentimientos. Que nos encontremos con la amistad y el amor en todo momento, y de no ser así, que no que no permanezcamos ahí por demasiado tiempo.

Momentos de paz, de felicidad, de amor, que se unan y hagan de nuestra vida la suma que le dé balance positivo a nuestra existencia, que valga la pena recordar y sea incentivo para seguir viviendo. 

Un día puede ser colmado de felicidad por ese momento que te diste, para decirle a alguien que lo quieres, y te importa. Así de grandioso puede ser el más breve de los momentos.

300 años de música clásica en 18 minutos

Se pueden activar y traducir subtítulos. ¡Vale la pena verlo hasta el final!