LA PROFECÍA DE BRADBURY
A
una semana de lo ocurrido, no acabamos de asimilar la terrible violencia que
surgió tras el operativo que desembocó en la muerte de Nemesio Oseguera,
considerado hasta ahora, por muchos, el capo más poderoso del mundo. Desde el
primer momento las redes sociales se fueron inundando de “información”, alguna
fundamentada, otra no tanto, y una más como producto de la ficción que más de
uno aprovechó para generar su propia narrativa. A esto último es a lo que
quiero referirme en esta ocasión.
Viene
a mi mente un libro de Michel Desmurget intitulado “La fábrica de cretinos
digitales”. En sus páginas se establece una clara diferenciación entre ciencia
y opinión, esto es: como seres en libertad tenemos total derecho a expresar
nuestra opinión respecto a todo lo que ocurre en derredor nuestro. Lo podemos
hacer con nuestro círculo íntimo, en un café o en correspondencia personal. Sin
embargo, esto no es lo mismo que la difusión de nuestras opiniones o creencias
muy personales presentadas de tal modo que las haga ver como información
documentada y verificable.
Justo
en buena medida es parte de lo que comenzó a circular poco después del
operativo en Tapalpa, Jalisco. Algunos videos reales mezclados con otros que
tomaban imágenes de incidentes ajenos, para hacerlas pasar como ocurridas en el
operativo del momento, o algunos otros con descripciones de lo que ocurría, por
qué ocurría y los alcances que había tenido la incursión de los diversos
órdenes del gobierno.
Ahora
sabemos que la secrecía con que se armó el operativo fue precisamente para
asegurar el éxito de la misión. Los comandos armados fueron pocos, pues
haberlos hecho más numerosos hubiera levantado sospechas y tal vez se hubiera
filtrado información, y el objetivo habría tenido oportunidad de escapar.
Dentro
de los contenidos que circularon, había algunos que, según esto, daban cuenta
del pensamiento de los artífices de la operación, como si estos hubieran
soplado al oído de los generadores de contenido sus más hondos secretos
tácticos.
Sucede
lo que ya nos ha ocurrido en otras ocasiones: Nos dejamos sorprender y tal vez
hasta apanicar; caemos presas de la maliciosa narrativa de algunos creadores
digitales, sin detenernos por un momento a reflexionar objetivamente y a
cotejar datos.
Un
libro que en lo personal me ha dado una gran luz frente a estos fenómenos de
información paralela entre las pantallas y los medios tradicionales de
información, es el ensayo de Juan Villoro “No soy un robot”. En él analiza los
mecanismos de pensamiento que se activan cuando estamos frente a la información
que circula en redes sociales, contrapuesta a la de corte tradicional. Villoro
utiliza un término que me parece brillante; al hablar sobre contenidos
engañosos en redes, menciona “el recurso político de engañar al prójimo” como
una estrategia de comunicación digital. Yo la ampliaría un tanto más para decir
que, aparte del objetivo político de dicha distorsión de la verdad, puede haber
objetivos narcisistas de poder, donde su autor, al menos por un momento, siente
que tiene al mundo en el propio puño.
Está
comprobado que la atención puesta en una pantalla es más inmediata y fugaz que
la que destinamos a los contenidos impresos. Por su misma condición veloz y
evanescente, la información en la pantalla surge y desaparece en fracciones de
segundo, dándonos poca oportunidad de apropiárnosla. En cambio, un periódico o
un libro pone a trabajar a varios de nuestros sentidos; podemos tomar, pesar,
oler, palpar y marcar de diversos modos lo más destacable de lo que
leemos. Lo dejamos de lado y horas
después podemos retomarlo, tal vez con un enfoque distinto en esa relectura.
Algo que nos deje una impronta más firme en nuestro intelecto y en nuestras
emociones.
No
todo ha sido esclarecido con relación a lo ocurrido el 22 de febrero del 2026,
una fecha que quedará grabada para siempre en la memoria de todos los
mexicanos. Conforme pasen los días y las semanas irá conociéndose con mayor
detalle el peso específico de lo acaecido en la zona boscosa de Tapalpa,
Jalisco un domingo por la mañana.
Ya
para terminar, recordemos las páginas de Fahrenheit 451, que dibuja un mundo en
el cual los libros han sido prohibidos, y algunos valientes se dedican a
memorizar determinadas obras literarias para poderlas transmitir a otros. Su
autor Ray Bradbury destaca la urgencia de preservar las obras literarias en un
mundo amenazador. Publicada hace poco más de setenta años como una novela
futurista y distópica, en cierto modo estaba adelantándose a describir lo que
hoy vivimos, pudiéramos decir, de manera tan cotidiana: La crisis del
conocimiento en un mundo que llama a la inmediatez sin hacer hincapié en detenernos
a comprobar las fuentes de la información.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario