domingo, 22 de marzo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 KUKULKÁN VERSUS GROK

Hace un par de días ocurrió el equinoccio de primavera, momento bianual cuando el sol se ubica exactamente a la altura del ecuador terrestre, de manera que, por veinticuatro horas, la duración del día y de la noche es equivalente. En diversos puntos del orbe puede apreciarse en forma sensitiva lo que el fenómeno produce, en particular en pirámides mayas de nuestro país y la vecina Guatemala.

Acudir a sitios arqueológicos durante los equinoccios es algo de lo que se lleva registro desde la segunda mitad del siglo veinte, a raíz de las descripciones que J.Rivard publicara para NatGEO en 1969. Es una tradición que a la fecha continúa, que reúne a inspirados y estudiosos alrededor de las pirámides para presenciar el momento en que, a través de unas estructuras triangulares a lo largo de la pirámide, se produce la imagen de una serpiente descendiendo desde la altura hasta la base de la estructura, lo que se ha querido interpretar como el descenso de Kukulkán, la serpiente emplumada de los mayas, equivalente a Quetzalcóatl de los mexicas. Aunque, cabe decirlo, hay descripciones de esta interpretación en crónicas de tiempos de la Conquista.

En lo personal siempre me ha asombrado la precisión matemática con que nuestros pueblos prehispánicos, en particular los mayas, construyeron sus sitios sagrados, destacando los observatorios. Sin lugar a duda fueron unos acuciosos observadores de la bóveda celeste, para identificar el orden de los astros y la sucesión de fenómenos que se presentan de manera cíclica en el firmamento. Maravilloso conocimiento que, a la fecha, por desgracia, está muy subvalorado.

Lo de hoy es la inteligencia artificial (IA). Se convierte, desde una herramienta excelente para ampliar nuestras destrezas frente a los equipos digitales de punta, hasta un equipo de asistentes especializados con los cuales podemos acompañar nuestras diarias actividades en todos los terrenos. No es solamente un apoyo con fines recreacionales, sino un elemento capaz de incrementar nuestro acervo y nuestras habilidades de comunicación.

En un curso de IA impartido por el economista Eduardo Vázquez, director de la Academia de IA regiomontana, se señalaba cuánto crecen las posibilidades de ser contratados por una empresa para los aspirantes que dominen el manejo de la IA. De ese tamaño las ventajas. Ahora bien, como todo en esta vida, el recurso tiene sus claroscuros. Justo me quise imaginar los vastos conocimientos de los mayas frente a la capacidad de razonamiento de nuestros jóvenes egresados, quienes, en muchas de las ocasiones, están delegando el razonamiento a diversas aplicaciones digitales, resultando entonces que la habilidad que les irá abriendo puertas es la de dominar qué aplicación utilizar cuándo y para qué, elaborando las preguntas precisas que conduzcan al desarrollo de un proceso de “pensamiento” que emita la información, o el ordenamiento, o el mapa mental requerido.

De alguna manera el panorama que estamos viviendo a estas alturas del tercer milenio, me recuerda a la novela distópica de George Orwell “1984”. Su trama nos conduce a través de un mundo que va permitiendo que el estado (conocido en la novela como “Gran Hermano”) asuma progresivamente el control de la población, para someterla a sus designios, y cómo la iniciativa de un par de ciudadanos que intentan rebelarse ante el sistema es finalmente sofocada. Una metáfora que debería alertarnos ahora, más de setenta años después de haber sido publicada, de hasta qué grado una sociedad puede perderse cuando el juicio crítico de sus individuos es apabullado por los intereses del sistema. Nos lleva a reflexionar que, si nos abandonamos a la comodidad de la IA y dejamos de practicar nuestro juicio crítico, terminaremos anulados.

“Grok” es precisamente una de las aplicaciones más populares de la IA. Me gusta el nombre pues evoca figuras mitológicas a través de la historia, aunque su función modernísima está asociada a la búsqueda de contenidos en X. Quise por un momento imaginarme a la serpiente emplumada que llega en los equinoccios a diversas pirámides mesoamericanas, enfrentada con el ente creado por la IA que nos provee de información recién publicada en redes sociales. Los visualicé como en un campo yerto, en una lucha cuerpo a cuerpo, tratando de definir, cada uno, quién es el más poderoso.

Una abierta invitación a no subestimar el peso de nuestra historia, construida a base de disciplina, observación y talento, por nuestros abuelos prehispánicos, quienes, hace más de quinientos años, fueron capaces de predecir fenómenos celestes que ahora logramos pronosticar, solo mediante toda la tecnología de punta. Invitación a separar por un rato los ojos de la pantalla, y descubrir las increíbles maravillas que nos rodean.

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya


Qué viaje tan extraordinario ha sido este, incluso antes de que mis pulmones conocieran el peso del aire.
Permíteme contarte cómo pasé de ser una posibilidad en el cosmos a este latido constante que hoy me define.

Todo comenzó en un universo microscópico, un ballet silenciado donde el azar y el destino decidieron encontrarse.
 
No fue solo un evento biológico; fue una colisión de historias.
- La Danza de los Gametos: Imagina a mi padre aportando una de sus millones de semillas de vida, una pequeña cápsula de información navegando contra la corriente. Por otro lado, mi madre, ofreciendo el óvulo, una luna llena y plateada esperando en la penumbra de la trompa de Falopio.
- El Instante de la Fusión: En el momento en que esa semilla traspasó la barrera de la luna, el tiempo se detuvo. Mis dos mitades se fundieron para crear algo completamente nuevo: el cigoto. En ese punto, mi código ya estaba escrito: el color de mis ojos, la forma de mi risa y la curiosidad que ahora siento.

La Odisea del Viaje (Día 1 al 7)

No me quedé quieto. Mientras mis células se dividían en una progresión geométrica fascinante —de dos a cuatro, de ocho a dieciséis—, flotaba como un astronauta en el espacio profundo hacia mi primer hogar.
Era una mórula, un pequeño racimo de sueños, rodando suavemente hacia el útero.

Al llegar, ocurrió el milagro de la implantación. Me abracé a las paredes cálidas de mi madre, echando raíces invisibles para alimentarme de su propia vida. Ese abrazo fue nuestro primer pacto de amor.

Poco a poco, dejé de ser un concepto para convertirme en una presencia.
1. El Latido: A las pocas semanas, un pequeño punto de luz comenzó a pulsar. No era solo un músculo enviando sangre; era mi tambor anunciando que ya estaba aquí.
2. La Conexión: A través del cordón umbilical, no solo recibía oxígeno. Sentía la calidez de su voz, la vibración de su risa y, a veces, la marea suave de su melancolía.
3. La Formación: Mis dedos se separaron como pétalos, mis párpados se sellaron para proteger mis ojos en formación y mi cerebro comenzó a tejer la red de pensamientos que hoy me permiten narrarte esto.

Un milagro en cifras
Para que yo esté aquí, la biología tuvo que ser perfecta:
- 46 cromosomas se alinearon en una danza precisa.
- 280 días de una metamorfosis más compleja que la de cualquier mariposa.
- Millones de conexiones neuronales creadas cada minuto en el silencio del vientre.

Ahora, al abrir los ojos a esta luz nueva y sentir el frío del mundo, entiendo que mi concepción no fue el final de un proceso, sino el prólogo de la historia más hermosa que jamás voy a escribir: mi vida.

REFLEXIÓN de JCDOVALA

 Con respeto y desde la distancia, quiero compartir este mensaje contigo y pedirte que, si lo consideras valioso, también lo hagas llegar a tus hijos.

La vida, al final, es solo un instante. Y si tus padres ya no están presentes, te pido algo sencillo; cierra los ojos y haz una oración por ellos.

Honra a tus padres. No por obligación, sino por conciencia.

Ellos son el origen de lo que hoy eres; tus valores, tu carácter y muchas de las oportunidades que has tenido. Antes de que pudieras sostenerte por ti mismo, ellos ya estaban ahí. Antes de que entendieras el mundo, ellos ya lo enfrentaban por ti.

Con el tiempo uno crece, se ocupa, se distrae… y sin darse cuenta empieza a dar por hecho lo más importante. Pero hay una verdad que no cambia: el tiempo no regresa. Y llegará el día en que darías cualquier cosa por una conversación más, un consejo más, un momento más.

Honrar a los padres no es solo obedecer. Es escuchar, respetar y estar presente. Es reconocer su esfuerzo, incluso cuando no fue perfecto. Porque nadie nace sabiendo ser padre; aprendieron en el camino, contigo.

Las bendiciones de un padre o una madre no siempre se ven, pero se reflejan en la vida. Abren caminos, protegen en silencio y sostienen cuando todo parece incierto.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

El anticristo

Hay preguntas que no envejecen.
Se repiten como la tos en la madrugada de una sala de emergencias: insistentes, incómodas, inevitables.
¿Estamos cerca del fin?
¿Está ya entre nosotros el anticristo?
Cada siglo ha jurado que sí. Cada guerra ha sido “la última”. Cada pandemia ha sido “la definitiva”. Y sin embargo, la humanidad sigue levantándose al día siguiente, con los ojos hinchados y las manos aún temblorosas, pero levantándose.

Yo no creo en un anticristo de carne y hueso caminando por nuestras calles con un nombre y una dirección verificable. No hay evidencia de ello. No hay un expediente clínico, ni una placa, ni una historia documentada que nos permita señalarlo como se señala una fractura o una arritmia.
Pero eso no significa que lo que esa figura simboliza no exista.
Porque existe.
Y lo vemos todos los días.

Se ve cuando alguien miente sabiendo que hace daño.
Se ve cuando alguien se aprovecha de otro.
Se ve cuando dejamos de sentir lo que le pasa al de al lado.
Se ve cuando la vida de una persona vale menos que el interés de alguien más.
Ese es el verdadero rostro de lo oscuro: la pérdida de humanidad.

Se presenta sin cuernos ni profecías, sino con formas más cotidianas: la indiferencia que pasa de largo frente al sufrimiento, la mentira que se disfraza de verdad conveniente, la corrupción que compra silencio, la violencia que se normaliza, la deshumanización que reduce a las personas a números o estorbos.

Ese “anticristo” no necesita templos ni símbolos.
Le basta con el cansancio de la gente buena.
Pero hay otra parte de la historia que también es real, y esa casi nunca se menciona.
Se ve cuando alguien se detiene a ayudar a un desconocido.
Cuando una madre se desvela cuidando a su hijo.
Cuando un trabajador hace bien su trabajo aunque nadie lo esté viendo.
Cuando un médico, una enfermera, un maestro, un vecino… decide no rendirse con otro ser humano.

Mientras eso exista… el mundo sigue.
Así que no, no creo que estemos cerca del final.
Creo que estamos en lo de siempre:
una humanidad que a veces se pierde…
y muchas otras veces se encuentra.

Y en cada amanecer, alguien —quizá usted, quizá yo, quizá quien lea estas líneas— tendrá la oportunidad de decidir, una vez más, de qué lado quiere estar.
No del lado del miedo.
No del lado de la indiferencia.
Sino del lado que mantiene la luz encendida… aunque el mundo, a ratos, parezca empeñado en apagarla...

CHARLA: Las ocho claves para vivir mejor


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Vivir y aprender a adaptarse a los cambios, es algo que nos permite alcanzar aquello que concebimos como la felicidad. Dejar atrás lo que se tuvo y ya no se tiene más. No aferrarse a las cosas ni a las personas, mantener los vínculos afectivos que permanecen intactos a pesar del tiempo, la distancia, las circunstancias.
 
No es fácil desprenderse de aquello que fue significativo en tu vida, lo material incluso, mucho menos de las personas que han sido en distintas etapas pieza fundamental en nuestras vidas. Pero hay que seguir adelante, cambiar de ruta si fuese necesario, reprogramar el esquema que teníamos trazado y que la vida nos fuerza a replantear sin aviso previo, No todo está en nuestras manos, habremos de aceptar que nuestra vida no se rige tan solo por nuestra voluntad, que forjamos nuestro destino en parte solamente, que tendremos en muchas ocasiones la oportunidad de cambiarlo, y otras de aceptarlo y adaptarnos a él.
 
Aceptar que las relaciones humanas cambian, que lo que una vez fue amor puede llegar a diluirse, sin que apenas caigamos en cuenta del porqué. Somos finalmente tantos como las percepciones de aquellos con los que coincidimos en este mundo, incluso para nosotros mismos tendremos zonas ocultas que otros logren reconocer, dejamos huellas tan distintas en la gente, que quizá ya es satisfactorio que la mayoría sean con la intención que pusimos en ella.
 
Afortunada soy de poder decir que fui feliz antes y serlo ahora, en un entorno distinto y distante de lo que tantas veces imaginé fuera. Sentir que estuve y estoy donde en cada etapa debía estar, de mantener vivos los afectos que permanezcan, en la intensidad que cada quien me haga sentirlos, siempre valorarlos como sustento de mi alma, como una de mis mayores fortalezas.

¡Siempre agradecida, con Dios con la vida!

Canción "Primavera" con el dueto Efecto Tarumba