KUKULKÁN VERSUS GROK
Hace un par de días ocurrió el equinoccio de primavera, momento bianual cuando el sol se ubica exactamente a la altura del ecuador terrestre, de manera que, por veinticuatro horas, la duración del día y de la noche es equivalente. En diversos puntos del orbe puede apreciarse en forma sensitiva lo que el fenómeno produce, en particular en pirámides mayas de nuestro país y la vecina Guatemala.
Acudir a sitios arqueológicos durante los equinoccios es algo de lo que se lleva registro desde la segunda mitad del siglo veinte, a raíz de las descripciones que J.Rivard publicara para NatGEO en 1969. Es una tradición que a la fecha continúa, que reúne a inspirados y estudiosos alrededor de las pirámides para presenciar el momento en que, a través de unas estructuras triangulares a lo largo de la pirámide, se produce la imagen de una serpiente descendiendo desde la altura hasta la base de la estructura, lo que se ha querido interpretar como el descenso de Kukulkán, la serpiente emplumada de los mayas, equivalente a Quetzalcóatl de los mexicas. Aunque, cabe decirlo, hay descripciones de esta interpretación en crónicas de tiempos de la Conquista.
En lo personal siempre me ha asombrado la precisión matemática con que nuestros pueblos prehispánicos, en particular los mayas, construyeron sus sitios sagrados, destacando los observatorios. Sin lugar a duda fueron unos acuciosos observadores de la bóveda celeste, para identificar el orden de los astros y la sucesión de fenómenos que se presentan de manera cíclica en el firmamento. Maravilloso conocimiento que, a la fecha, por desgracia, está muy subvalorado.
Lo de hoy es la inteligencia artificial (IA). Se convierte, desde una herramienta excelente para ampliar nuestras destrezas frente a los equipos digitales de punta, hasta un equipo de asistentes especializados con los cuales podemos acompañar nuestras diarias actividades en todos los terrenos. No es solamente un apoyo con fines recreacionales, sino un elemento capaz de incrementar nuestro acervo y nuestras habilidades de comunicación.
En un curso de IA impartido por el economista Eduardo Vázquez, director de la Academia de IA regiomontana, se señalaba cuánto crecen las posibilidades de ser contratados por una empresa para los aspirantes que dominen el manejo de la IA. De ese tamaño las ventajas. Ahora bien, como todo en esta vida, el recurso tiene sus claroscuros. Justo me quise imaginar los vastos conocimientos de los mayas frente a la capacidad de razonamiento de nuestros jóvenes egresados, quienes, en muchas de las ocasiones, están delegando el razonamiento a diversas aplicaciones digitales, resultando entonces que la habilidad que les irá abriendo puertas es la de dominar qué aplicación utilizar cuándo y para qué, elaborando las preguntas precisas que conduzcan al desarrollo de un proceso de “pensamiento” que emita la información, o el ordenamiento, o el mapa mental requerido.
De alguna manera el panorama que estamos viviendo a estas alturas del tercer milenio, me recuerda a la novela distópica de George Orwell “1984”. Su trama nos conduce a través de un mundo que va permitiendo que el estado (conocido en la novela como “Gran Hermano”) asuma progresivamente el control de la población, para someterla a sus designios, y cómo la iniciativa de un par de ciudadanos que intentan rebelarse ante el sistema es finalmente sofocada. Una metáfora que debería alertarnos ahora, más de setenta años después de haber sido publicada, de hasta qué grado una sociedad puede perderse cuando el juicio crítico de sus individuos es apabullado por los intereses del sistema. Nos lleva a reflexionar que, si nos abandonamos a la comodidad de la IA y dejamos de practicar nuestro juicio crítico, terminaremos anulados.
“Grok” es precisamente una de las aplicaciones más populares de la IA. Me gusta el nombre pues evoca figuras mitológicas a través de la historia, aunque su función modernísima está asociada a la búsqueda de contenidos en X. Quise por un momento imaginarme a la serpiente emplumada que llega en los equinoccios a diversas pirámides mesoamericanas, enfrentada con el ente creado por la IA que nos provee de información recién publicada en redes sociales. Los visualicé como en un campo yerto, en una lucha cuerpo a cuerpo, tratando de definir, cada uno, quién es el más poderoso.
Una abierta invitación a no subestimar el peso de nuestra historia, construida a base de disciplina, observación y talento, por nuestros abuelos prehispánicos, quienes, hace más de quinientos años, fueron capaces de predecir fenómenos celestes que ahora logramos pronosticar, solo mediante toda la tecnología de punta. Invitación a separar por un rato los ojos de la pantalla, y descubrir las increíbles maravillas que nos rodean.
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