domingo, 15 de febrero de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 MISAEL Y EL FUTURO

Misael era un joven preparatoriano de 16 años, deportista, amiguero y rescatista de gatos. ¿Su desgracia? Vivir en Sinaloa, donde se ha vuelto un riesgo estar con vida.

En estos días se lleva a cabo el Carnaval en las diversas ciudades tropicales de nuestro país: Es una tradición arraigada en el puerto de Veracruz, así como en Mazatlán. Este año los propios mazatlecos han venido desanimando al turismo a asistir a la tradicional fiesta previa al inicio de la Cuaresma católica, dado el riesgo potencial que se corre en dicho puerto. En cuestión de semanas fueron levantados diez especialistas en minería, de los cuales al menos cinco de ellos han sido localizados sin vida. Casi de manera simultánea, un grupo de cinco turistas nacionales fue ejecutado, y además se detectó una osamenta en una fosa clandestina.

Nos hemos venido acostumbrando a convivir de esta forma con la muerte. A enterarnos vía redes sociales y lo que se alcanza a filtrar a los medios tradicionales, después de las sugerencias de parte del gobierno para evitar cargar la nota roja en los diarios impresos. Como si no reportar la magnitud de los hechos de sangre contribuyera a disminuir las tasas reales de actos violentos.

Aparte de ello, se utiliza el lenguaje para despojar a la narrativa de gravedad: Dejar de mencionar hechos que suceden, o atribuirlos a causas que no son, pareciera una forma de restar responsabilidad a las instancias gubernamentales.

Misael salió caminando de su casa a comprar un biberón para su gatito recién adoptado. Una actividad muy normal para cualquier chico que ama la vida y que desea poner su granito de arena a favor de esta. Algo que denota sensibilidad y empatía de su parte. Así nada más fue acribillado por integrantes de un grupo del crimen organizado; ahora la versión oficial es que lo confundieron con un delincuente de un grupo contrario, y por eso lo asesinaron. Es más cómodo ⸺supongo⸺, clasificarlo así, archivar la carpeta de investigación en un cajón y seguir adelante, como si nada hubiera sucedido.

Difícilmente los mexicanos nos percatamos de la serie de pequeñas acciones que llevamos a cabo o que evitamos de forma cotidiana, en pro de nuestra seguridad personal.  Ante una llamada proveniente de un número desconocido, o no contestamos, o lo hacemos sin pronunciar palabra, hasta que quien llama exprese el motivo de su llamada. Si vamos al cajero procuramos hacerlo a uno anexo al banco, en horas hábiles y cuidando que haya gente alrededor, y evitamos aproximarnos si percibimos la presencia de cualquiera que nos resulte sospechoso. Cuando nos desplazamos en nuestro vehículo, nos aseguramos de hacerlo con los seguros puestos, los vidrios levantados y procurando no quedar encajonados entre dos vehículos mientras hacemos alto en un semáforo, para, en un dado caso, poder huir. Cuidamos no dejar objetos en el interior del vehículo, y las mujeres hasta evitamos traer nuestro bolso de mano en alguno de los asientos, preferimos colocarlo en el suelo del vehículo, para no llamar la atención de algún vivales. Son infinidad de pequeños detalles cotidianos que nosotros ya hacemos por costumbre, pero que alguien llegado de otro país no tendría la precaución de seguir, de modo que resultaría fácilmente vulnerado.

En México hay poblaciones con una mayor percepción de inseguridad. Según la medición del INEGI 2025, Culiacán, Sinaloa se halla en primer lugar; ahora vemos que Mazatlán no se queda atrás. Viajar a esos lugares por absoluta necesidad es correr un riesgo alto, pero finalmente necesario; hacerlo por diversión, como sería el caso del carnaval, es un peligro que no tiene mucho sentido correr. Muy lamentable que se sume a la lista de ciudades cuyo nivel de inseguridad las coloca fuera de los sitios de interés turístico, tanto para nacionales como para extranjeros, y que lleva a ir perdiendo tradiciones muy nuestras.

Doloroso descubrir que las calles de nuestro México, en muchas localidades, han dejado de ser sitios para jóvenes como Misael, que desean vivir su vida con libertad y seguridad. Que buscan definirse como personas, probar en esa etapa sus deseos y capacidades, y así trazar un futuro prometedor para ellos mismos.  

¿Qué nos toca hacer a los ciudadanos comunes, que no participamos desde un puesto político? Lo primero sería no adormecernos frente a lo que ocurre, no dejarnos arrullar por el canto de las sirenas. Lo siguiente, mantenernos con los ojos abiertos para señalar y, de ser posible, actuar por corregir lo que sucede, recordando que la gran inseguridad que vivimos comienza en el seno familiar, en nuestra cuadra, en la escuela de nuestros hijos. En pequeñas irregularidades que preferimos ignorar…

Descanse en paz Misael. Veamos por el futuro de jóvenes como él en todo México.

CARTÓN de LUY

 


REFLEXIÓN de JCDovala

 La humildad: virtud olvidada en tiempos de exhibición

 Vivimos en la era de la vitrina permanente; mostrarse, validarse, exhibirse. Aquí la humildad no solo es virtud, es contracultura.

 La humildad no es hacerse pequeño.

Es estar bien ubicado. No es negarse valor. Es no inflarse identidad. No es debilidad. Es claridad.

 La cultura actual premia la visibilidad, no la profundidad. La imagen, no el contenido. La apariencia, no la coherencia. La exhibición, no la formación. Todo se muestra. Todo se publica. Todo se expone. Todo se valida por reacción externa. 

Y en ese mundo, la humildad estorba. Porque la humildad no busca foco. No necesita escenario. No compite por atención. No vive de aprobación.

 La persona humilde no se esconde,

pero tampoco se vende. No se subestima, pero tampoco se idolatra. No se niega, pero no se exalta.

 Espiritualmente, la humildad es verdad interior. Es conocerse sin fantasía y sin desprecio. Es reconocer dones sin soberbia y límites sin vergüenza. Es equilibrio interno.

 La soberbia se infla. La falsa humildad se anula. La verdadera humildad se ordena.

 La soberbia necesita ser vista. La falsa humildad necesita ser aprobada. La humildad auténtica no necesita nada de eso.

 El humilde aprende. Escucha. Corrige. Crece. Agradece. Sirve. No porque sea inferior, sino porque es consciente.

 En tiempos de exhibición, la humildad se vuelve resistencia espiritual. Resistir la necesidad de mostrarse. Resistir la comparación. Resistir la competencia de egos. Resistir la validación constante.

 Porque la identidad que depende de la mirada ajena es frágil. La que se sostiene desde dentro es estable.

 La humildad protege la conciencia.

Protege la intención. Protege el camino. No te distrae con imagen. No te contamina con orgullo. No te desordena con superioridad.

 La humildad no te quita valor. Te quita ruido. No te reduce. Te limpia. No te apaga. Te centra.

 Y en un mundo obsesionado con mostrarse, la persona humilde camina libre. No necesita demostrar. No necesita compararse. No necesita competir. No necesita imponerse. Porque ya sabe quién es.

 Y quien sabe quién es, no necesita exhibirse.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

 Mi lugar seguro

Quiero viajar hacia ti
no con los pies,
sino con lo que me queda del alma.
Hacia ese lugar donde dejo de fingir firmeza y puedo sentarme a ser lo que soy.
Mi lugar seguro.
Mi hogar sin llaves ni horarios.
Donde estar roto no es un defecto
sino una forma distinta de estar completo.
Donde el silencio no incomoda
porque habla en pulsos,
y el corazón traduce lo que la boca no se atreve.
Eres una vela que no presume su luz,
pero permanece.
Una llama quieta
que no desafía al huracán,
simplemente no se apaga.
Iluminas sin empujar,
marcas el norte sin ordenar el rumbo.
Y ahí, contigo, descubro esta paradoja hermosa:
que incluso en pedazos,
puedo sentirme entero...

LA ADICCIÓN: El vacío interior. Charla de Toni Zenet

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


He conocido a tanta gente, que sería difícil recordar los nombres de todos. En diferentes lugares, tiempos, circunstancias he tenido la oportunidad de establecer algún tipo de relación interpersonal. Puede que haya olvidado más nombres de los que recuerdo, pero de algo estoy segura, cuando lo he llamado amigo (a) difícilmente se borrará de mi mente su nombre.

Porque la palabra "amigo", no se le da a cualquiera, implica tanta responsabilidad mutua, que uno no le puede conferir ésta a la ligera a nadie, y debe de estarse seguro de poder corresponder a esta muestra de confianza, de cariño, de fidelidad. 

Amistad no es una relación casual, es causal, no nada más nace porque sí, tiene un fundamento básico que es el cariño, y cuando de verdad se quiere y nace una amistad, es compromiso que no obliga, que mueve naturalmente a procurar el bienestar del otro, a ser compañía en las risas, en el llanto, a mitigar penas, a acrecentar alegrías, a compartir la felicidad y la tristeza, intentando siempre ser bálsamo que cure, red protectora que evite sea fuerte una caída, una sonrisa que nos ilumine en la obscuridad, una mano que acaricie y nos haga saber que por duro que sea el trance no nos faltará consuelo. 

Puedo olvidar muchos nombres, pero nunca a quien he llamado amigo, porque vaya a donde vaya ellos siempre van conmigo, porque no hay tiempo pasado en una amistad sincera, porque despreciar una amistad, un afecto cultivado, es rechazar de la vida, el tesoro más preciado.

REFLEXIÓN de Carlos Barco Soria




A veces no hacen falta muchos argumentos.

Basta quedarse en silencio frente a algo así.

El mar que no se cansa, el cielo que se enciende sin pedir permiso, la montaña que permanece…
y uno, tan pequeño, tan consciente de estar ahí.

Santo Tomás decía que la creación es una huella:
no se explica del todo a sí misma, remite a Alguien más. Como una obra que habla de su autor sin necesidad de firmarse.

Yo miro este atardecer y no siento que sea fruto del azar, sino regalo. No siento que todo termine aquí, sino que todo apunta más alto.

Tal vez Dios no se demuestra como un problema de matemáticas.
Tal vez se reconoce así: cuando la belleza nos despierta gratitud y el corazón, sin saber por qué,
susurra: gracias.

Texto e imagen tomados de la página de Fb del Padre Carlos Barco Soria