La sonrisa rota
La tristeza se está quedando a vivir conmigo.Ya no toca la puerta.
Ya no avisa cuando llega.
Simplemente aparece,
se sienta a la par de mi café frío
y mira en silencio cómo pasan los días.
A veces adopta la forma de cansancio.
Otras, la de una sonrisa automática
que nadie sospecha rota por dentro.
Lo más peligroso de ciertas tristezas
no es que griten…
es que aprenden a comportarse como parte de la casa.
Y uno sigue funcionando.
Trabaja.
Habla.
Salva vidas quizá.
Pero por dentro siente que algo se fue apagando lentamente,
como una sala de emergencia a las tres de la mañana
cuando ya no quedan fuerzas ni para pensar.
Tal vez crecer también era esto:
descubrir que hay dolores
que no buscan destruirte,
solo enseñarte cuánto silencio puede soportar un ser humano.
Pero incluso la tristeza más fiel
tiene miedo de algo:
de los amaneceres coloridos,
de una llamada sincera,
de una mano que se queda,
de esa pequeña chispa absurda
que insiste en recordarnos
que todavía estamos vivos...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario