Una frase corta que encierra en ella una gran verdad. En nuestro ir y venir por los caminos que la vida nos depara, por elección a veces, por necesidad o imposición circunstancial otras, más de una vez habremos de reencontrarnos con aquéllos que un día pensamos o quizá deseamos no volver a ver nunca.
No hay nada mejor que sentirnos en paz con nosotros mismos, de buscar alejarnos de la venganza, de regresar el mal con mal, de mantener en nuestro corazón reclamos y resentimientos añejos que reciclamos a cada momento y que nos dejan solo amargura en el corazón y peor aún nos incitan a "pagar con la misma moneda" el daño que a nuestro juicio nos hicieron.
Difícil ser justos en nuestro juicio hacia las acciones de otras personas, si a veces no lo somos ni con nosotros mismos, condenar y mucho menos buscar vengar las que consideramos afrentas no es a mi parecer la mejor forma de sentirnos satisfechos o de poder sentir que hemos saldado la cuenta.
En el camino nos podremos o no volver a encontrar, y nada mejor que hacerlo con sensatez, cada quien lleva sus luchas internas y en su conciencia el cargo de aquellas acciones que con toda intención dañaron a otros, a veces incluso justificadas con argumentos sin validez, apoyados en heridas que nunca curaron y que impulsan a " no buscar quien me la hizo sino con quien me la pague", siempre hallaremos en nuestro camino personas así, y perder energía y tranquilidad por vengarnos de quien ya de por si tiene un caos espiritual es vano, más perjudicial para nosotros mismos que para ellos.
En el camino nos podremos o no volver a encontrar, y nada mejor que hacerlo con sensatez, cada quien lleva sus luchas internas y en su conciencia el cargo de aquellas acciones que con toda intención dañaron a otros, a veces incluso justificadas con argumentos sin validez, apoyados en heridas que nunca curaron y que impulsan a " no buscar quien me la hizo sino con quien me la pague", siempre hallaremos en nuestro camino personas así, y perder energía y tranquilidad por vengarnos de quien ya de por si tiene un caos espiritual es vano, más perjudicial para nosotros mismos que para ellos.
Sentir satisfacción en la venganza, es "bienestar", efímero, una recompensa dopaminérgica cuyo efecto es a corto plazo y que finalmente se convierte en culpa, un reclamo de nuestra conciencia de haber actuado impulsiva e instintivamente sin un fin satisfactorio.
Seamos agentes de paz, cada quien da lo que lleva dentro, y eso lo define. Marquemos distancia de aquéllos que contaminan nuestra vida, sigamos en este camino pudiendo mirarlos a la cara con la compasión que merece aquél que vive atormentado por los resentimientos, sin dar más salida a su amargura que dañando a quien tiene cerca.
La mejor guerra se pelea en silencio, manteniendo nuestra paz interior.
"Arrieros somos y en el camino andamos", no debiera sonar a sentencia de venganza como situación de reciprocidad, sino de solidaridad, "hoy por ti, mañana por mi" y cuán cierta resulta esta frase más de una vez en la vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario