Nuestra vida es el cuento que cada quien decide contar, un cuento que tiene inicio y final, en el que solo al primero tenemos acceso. Una historia que se escribe día a día y que solo en parte se mantiene en la memoria, permaneciendo en ella sin que nuestra voluntad intervenga en decidir las vivencias que deseáramos conservar. Tristeza, dolor y felicidad, tintes distintos en los momentos vividos que habremos de interpretar según la percepción que en su momento hayamos tenido de ellos y que definitivamente modificaremos de acuerdo a nuestro presente
Hace unos días leía a mis nietos un bello cuento. "El poder del amor" era su título. Trataba de un osito extraviado en el bosque, le temía a la obscuridad, Un conejo le aconsejó entonces que recordara bellos momentos y con ello acudirían luciérnagas mágicas que iluminarían su camino a casa. Haciendo una analogía, reflexioné en la importancia que tiene llenar nuestra vida de bellos momentos, y ¿qué momentos pueden ser más bellos que aquellos en donde sentimos y hacemos sentir el amor? esos que no tan solo se recuerdan, que revivimos con tanta emoción que aceleran el ritmo de nuestro corazón, ¡ recordar si! ¡volver a pasar por el corazón!
Y no es ningún cuento que esas vivencias hacen la magia de iluminar el camino cuando nos acecha la obscuridad y nos sentimos perdidos. Ese reencuentro con el amor de nuestra familia, a nuestras amistades, a la gente con la que hemos convivido y que hemos cultivado a lo largo de nuestra existencia son emociones que iluminan hasta los días más aciagos, luz que da fuerza, que imprime fe para enfrentar la adversidad aún en la mayor de las penumbras. Esa magia divina que solo posee el amor, que a veces en la cotidianeidad se nos ofrece y cuya trascendencia valoraremos muchas veces más en el futuro que en el momento en que se vivió.
¡Me encantó este cuento! queda en mí el deseo para mis nietos y para todos nosotros, que siempre que nos sintamos perdidos, que la obscuridad aceche, miles de luciérnagas mágicas nos acompañen con tan solo evocar bellos momentos, plenos de amor.
Los buenos momentos hay que propiciarlos, los malos llegan solos. Seamos artesanos del amor y que el poder de nuestra creatividad haga magia que ilumine nuestras vidas
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