domingo, 19 de abril de 2026

CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

El aire de la mañana tiene hoy una textura distinta, como si el tiempo se hubiera detenido un instante para permitirme tomar aire antes de seguir la marcha.

No hay necesidad de nombres ni de cifras; basta con el silencio de la luz que empieza a filtrarse por la ventana para entender que este no es un amanecer cualquiera, sino un recordatorio silencioso de la permanencia.

Al abrir los ojos, el primer sentimiento no es de logro, sino de un asombro casi reverencial.

Me detengo a observar la arquitectura de lo cotidiano: el pulso constante que me habita, la maravilla de una creación que se despliega ante mis ojos sin que yo haya hecho nada para reclamarla.

Me siento como un espectador invitado a una función magistral, alguien que, sin méritos especiales, ha recibido un asiento en primera fila para presenciar el milagro de la existencia.

Sin embargo, reconozco que esta luz no es gratuita. Mi identidad no está hecha solo de claridades, sino también de las sombras que proyectan las ausencias.

El dolor por los que ya no están no es un lastre, sino el marco que sostiene mi estructura; son sombras amadas que enmarcan mi presente y le dan profundidad a lo que soy.

Entiendo, al fin, que la plenitud no es la ausencia de grietas, sino la capacidad de dejar que la luz pase a través de ellas.

Hay una gratitud profunda que se anuda en el pecho al pensar en los rostros que dan color a mis días. 
Los amigos, esos cómplices de vida que son, en realidad, los verdaderos espejos donde uno termina de reconocerse.

Verlos, escucharlos, saber que compartimos el mismo fragmento de eternidad, es un regalo que recibo con las manos abiertas y el corazón conmovido.

Hoy no se trata de mí, sino de lo que me rodea y me sostiene.

Es un agradecimiento sincero por la oportunidad de seguir siendo testigo de la belleza, por la capacidad de sentir el calor del sol y la frescura del viento, y por la bendición de habitar este mundo un día más.

Me quedo con esa paz: la de saber que la vida sigue su curso y que, por un designio que me sobrepasa, hoy sigo aquí, celebrando el simple y extraordinario hecho de estar presente.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

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