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domingo, 3 de mayo de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 PEQUEÑO RECONOCIMIENTO

La enfermedad nos coloca frente a una realidad única: Nuestra condición de mortales. Desde que nacemos somos proclives a enfermar, pero conforme nuestra edad avanza, esa posibilidad va en aumento.

Esta semana estuve en la Clínica de Alta Especialidad UMAE 34 del IMSS en Monterrey, Nuevo León. Ahí me realizaron varios estudios de laboratorio y gabinete, y consulta médica. Los especialistas buscaban descartar una condición preocupante que, para mi fortuna, finalmente se eliminó del panorama diagnóstico. Ahora bien, como experiencia integral fue interesante en muchos aspectos. Es de lo que quiero hablar hoy.

Esta Unidad Médica de Alta Especialidad fue inaugurada en 1995. Tiene un diseño funcionalista que me recuerda el estilo de Luis Barragán, con sus colores rosa y ocre, y atmósferas de doble altura que proporcionan amplitud.  El estilo arquitectónico rompe, definitivamente, con el tradicional de unidades hospitalarias del Seguro Social. Forma parte de un complejo inmobiliario que comprende, además, un edificio administrativo y una unidad de Medicina Familiar. Todos ellos revestidos con ladrillo de fachada. Al frente de la UMAE destaca una escultura metálica monumental de forma cúbica, elaborada en varios planos, que representa un grupo humano, y en la de Medicina Familiar se aprecia la clásica madre amamantando al niño, protegida por el águila, símbolo del IMSS, del escultor neoleonés Federico Cantú Garza.

Desde que se accede a la explanada se observa un contraste entre personas que ingresan a consulta y otras más que, supongo, son familiares de pacientes hospitalizados, y que toman pequeños espacios o resquicios del exterior del inmueble para descansar un poco, algunos de ellos recostados directamente sobre el cemento que se extiende por la explanada y escaleras exteriores. En la puerta principal existen dos mesas de registro en las cuales los vigilantes indican a los recién llegados escribir nombre y motivo de ingreso, y revisan bolsos y mochilas.

Una vez sorteado ese punto se accede a espacios amplios, bien cuidados, muy limpios y perfectamente señalizados, que albergan las áreas de consulta y diversos gabinetes de estudio de enfermedades de corazón y pulmones. Todo es luminoso y bien ventilado, con un jardín interior en la planta superior que da gran vida a los espacios. Es sencillo localizar el servicio que se está buscando. Dado que me fueron solicitados varios estudios de laboratorio y gabinete, y luego la consulta, pude recorrer todas las áreas del edificio destinado a la atención ambulatoria. Las unidades de Terapia Intensiva y Hospital se hallan muy independientes de todo esto.

Las amplias salas de espera me dieron oportunidad de llevar a cabo un ejercicio de introspección personal, al tener frente a mí las muy diversas facetas de la vida humana, y en forma particular, cuando esa vida es atravesada por la enfermedad. Cómo lo toma cada paciente, algunos reflejando la crisis en que los coloca la enfermedad, otros más dejando ver cómo se mantienen fuertes ante el mal físico, y algunos dan cuenta de lo desesperanzador que llega a ser un diagnóstico. Ese hospital logra generar una integración espiritual. Surge la alegría, como fue mi caso, de un diagnóstico que se descarta, y que en otros casos lleva a un llanto hondo que nadie condena ni mira de soslayo. Hay una convergencia de humanidades benévola y arropadora.

La UMAE 34 ha ganado varios premios, tanto por su calidad administrativa, como por su servicio médico y la excelencia de su personal en el trato al paciente, como si cada trabajador de las distintas categorías se mantuviera consciente de dar lo mejor, adaptándose a las necesidades personales de cada paciente.

El dolor humano es uno solo, pero se despliega en modalidades muy diversas. Ante una enfermedad que se presume catastrófica llegan sentimientos como la angustia y el temor, frente a un panorama incierto que nos hace temer por la vida, por las limitaciones que puedan desarrollarse, o bien, ante el sufrimiento que llegasen a padecer nuestros seres queridos. Son momentos críticos que a cualquiera cimbran.

¡Qué maravilla que contemos con espacios de atención médica dignos, completos y reconfortantes para esos trances de la vida! Espacios como esta unidad médica que facilitan los trámites y los procesos de interiorización personales. Maravilloso descubrir que ahí existen trabajadores de distintas categorías que actúan por convicción, más que por obligación contractual. Y así como en diversas ocasiones he señalado errores de nuestro sistema de gobierno, esta vez aplaudo la calidad y calidez de un hospital del IMSS, que facilita al paciente y a sus familiares enfrentar un quebranto de salud. ¡Como derechohabiente agradezco y reconozco su magnífica labor!