domingo, 5 de abril de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 CAMBIO DE RUMBO

Conmovedoras las palabras de la madre buscadora Ceci Flores ahora que la prueba de ADN confirma que los restos hallados días atrás por ella misma, efectivamente corresponden a su amado hijo Marco Antonio. Estos fueron localizados en un predio en la zona de Hermosillo, Sonora, y desde el primer momento que Ceci tuvo entre sus manos un hueso, aseveró que se trataba de su hijo, por los residuos de la vestimenta adosados al resto mortal. Ahora que las autoridades lo corroboran, ella emite a través de sus redes sociales un mensaje desde el dolor, pero con la serenidad de haber cumplido con la misión que se propuso desde el primer momento. Termina con estas palabras que me permito transcribir:

Hoy no es un final… es un reencuentro distinto, lleno de dolor, pero también de amor eterno. Hijo mío, te encontré… y jamás dejaré de amarte. Descansa en paz, mi niño.

En el mismo mensaje emite un agradecimiento a todos aquellos que la acompañaron en el camino, compañeras de búsqueda, grupos de apoyo, autoridades… Una gran generosidad de su corazón cuando en Palacio Nacional se negaron a recibirla, tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum. Queda la impresión de que haberlo hecho habría significado reconocer el problema de las desapariciones, que de tantas maneras los dos últimos gobiernos buscan desestimar. Porque, hay que decirlo, a una comitiva de las abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, sí las recibieron en la Mañanera de AMLO.

Ceci despide a su hijo sin amargura y sin rencor, solamente con una gran desolación revestida de serena confianza, la de haber trabajado desde el primer día hasta el último, prendida de la esperanza de encontrar a su hijo.

La tragedia comenzó el 4 de mayo del 2019 cuando Marco Antonio y su hermano Jesús Adrián fueron levantados en la Bahía de Kino, Sonora. Días después Jesús Adrián volvió a casa, Marco Antonio no. Fue entonces que su madre Ceci Flores emprende una búsqueda armada de pico y pala en Sonora y estados aledaños. Su iniciativa fue sumando más y más personas en la búsqueda de sus propios familiares desaparecidos, y pronto se multiplicaron los grupos de buscadores en otras entidades del territorio nacional. Hay que decirlo, Coahuila tiene su propio grupo de madres buscadoras que trabajan de manera incansable, tanto en campo como organizando eventos de concienciación respecto al delito de desaparición, sea forzada como por células criminales. Muchos de ellos han recibido amenazas de diversa índole, además de que se han registrado casos de desaparición o asesinato de personas buscadoras, tal vez en su afán de acallarlas. Hasta ahora organizaciones como Artículo 19, Amnistía Internacional y IM-Defensoras han documentado 43 casos de familiares buscadores desaparecidos en México, de los cuales 35 han sido asesinados y 8 continúan aún sin localizar a la fecha. El más reciente es el caso de Rubí Patricia Gómez Tagle, asesinada en el puerto sinaloense de Mazatlán hace cinco semanas*. 

Percibir la indolencia de muchas de nuestras autoridades ante casos tan sensibles como los aquí relatados, resulta doloroso para cualquier mexicano. Concluir que, lejos de empatizar y sumarse a las causas de estos padres y madres, simplemente las niegan y desvían la mirada hacia otro lado. Atestiguar las jornadas agotadoras que llevan a cabo los grupos de buscadores con las mínimas medidas de protección, y expuestos, tanto a las inclemencias del medio ambiente como a la negligencia de quienes deberían por ley de apoyarlos, nos estremece. Y más nos atemoriza pensar que, así como ellos buscan hoy, mañana podría ser cualquiera de nosotros haciendo lo mismo, tratando de encontrar al padre, a la madre, al cónyuge, al hijo o a la hija desaparecidos.

Ceci termina la sagrada misión a la que se consagró durante casi siete años. Viene para ella un cambio de rumbo que la tendrá, estoy segura, buscando apoyar a quienes pasan un dolor semejante al suyo. Tal vez ya no en campo, sino de otras maneras igual de intensivas, que brinden apoyo a las familias buscadoras.

Ante tantas malas noticias en ocasiones nos dan ganas de no abrir el periódico ni revisar las redes sociales. En los medios de difusión hallamos titulares que dan cuenta de la descomposición social que viene teniendo nuestro país, en particular en los últimos años. Nos topamos de frente con los terribles problemas que han traído la corrupción, la impunidad y la desmedida ambición de dinero y de poder de algunos, y nos sentimos pequeñitos frente a ellos, desanimados a intentar cualquier cambio. Pero si, así como Ceci luchó por la verdad en la desaparición de su hijo, nosotros nos proponemos trabajar en nuestra pequeña parcela con ahínco y constancia, estoy convencida de que los grandes problemas de nuestro país comenzarán a avizorar alguna solución.

*Actualización: Hace un par de días se encontró muerta una buscadora más: Ceci García Ramblas. QDEP. 

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