Servir es otra cosa
Dar la milla extra en emergencias no es un protocolo escrito, ni una casilla que se marca en el expediente. Es, más bien, ese gesto silencioso que ocurre cuando ya hiciste todo lo correcto… y aun así decides quedarte un poco más.Porque en la medicina de urgencias, cumplir no siempre basta.
Cumplir es intubar bien, canalizar rápido, indicar el tratamiento adecuado, estabilizar signos vitales. Cumplir es seguir el algoritmo, respetar las guías, no fallar en lo técnico. Y eso, por supuesto, salva vidas.
Pero servir… servir es otra cosa.
Servir es sostener la mano de quien no entiende qué está pasando mientras el monitor pita. Es explicarle a la familia, aunque el turno esté colapsado, aunque haya otros cinco pacientes esperando. Es mirar a los ojos al que llega con dolor, no solo buscar el diagnóstico. Es volver a revisar al paciente antes de entregarlo, aunque ya esté “resuelto”.
La milla extra no siempre se mide en minutos, sino en intención.
Hay turnos donde todo arde: camillas llenas, voces cruzadas, decisiones en segundos. En medio de ese caos, es fácil volverse automático, eficiente, casi mecánico. Y ahí es donde muchos hacen bien su trabajo… pero pocos lo convierten en algo más.
El que da la milla extra no es el que hace más procedimientos, sino el que no pierde la humanidad entre ellos.
Es el que, después de sacar al paciente del paro, no solo celebra el pulso recuperado, sino que piensa en el pronóstico, en la familia, en lo que viene. Es el que, al dar el alta, se asegura de que el paciente realmente entendió. Es el que no minimiza el dolor porque “no es urgente”, porque sabe que para quien lo siente, lo es todo.
En emergencias, la diferencia no siempre está en lo espectacular, sino en lo constante.
En ese hábito de hacer un poco más de lo esperado, incluso cuando nadie lo nota. Incluso cuando no hay reconocimiento. Incluso cuando el cansancio pesa.
Porque al final del turno, cuando el ruido baja y queda el eco de todo lo vivido, uno sabe perfectamente si solo trabajó… o si realmente sirvió.
Y esa diferencia, aunque no se registre en ninguna estadística, es la que define qué tipo de médico eres cuando nadie te está mirando...
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