domingo, 22 de febrero de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 HUELLAS O FANTASÍA

Un fenómeno que las redes sociales vienen exponiendo más y más en las últimas semanas, es el relativo a los terianos (therians): personas en general jóvenes que se identifican, mediante su aspecto y comportamiento con alguna especie no humana.

En lo personal sabía poco o nada sobre este fenómeno. Como primer ejercicio de un curso sobre IA que estoy tomando, solicité a Copilot información de su origen y trastornos psicológicos asociados al fenómeno. En la primera clase del curso aprendimos que un “prompt” es la instrucción que le damos a la aplicación de IA para llevar a cabo una tarea. De este modo pregunté a Copilot sobre el origen de esta tendencia. Me enteré de que no es precisamente un fenómeno nuevo, sino que en otras culturas ha sido representado por tótems, chamanes y mitos como el del hombre-lobo.

Habría que preguntarse, entonces, por qué en las últimas semanas va creciendo a tanta velocidad su difusión a través de redes sociales: Personas con cabezas de perro, de caballo o de gato interactuando con otros seres humanos, desde la posición erecta algunos, hasta simulando caminar en cuatro patas otros. Circulan videos de terianos interactuando con especies animales que reaccionan de distintas maneras ante su presencia.

Según la IA, la identificación del humano por determinada especie animal puede ser espiritual, psicológica o simbólica, de modo de destacar determinadas cualidades inherentes a la misma, como la lealtad, la valentía o el sentido de comunidad. En lo personal suponía que detrás de esta forma de actuar había un trastorno psicológico. Según Copilot no obedece a una perturbación mental, sino a una identidad que se adopta, contrario a la zoantropía, que sí es un delirio patológico asociado a cuadros psicóticos, en general de tipo esquizoide o bipolar. En este último caso el individuo se percibe como un ser de una especie no humana y tiende a actuar como tal, gruñe, deja de hablar y pretende comer lo que el animal que asume comería. De esta última categoría se tienen documentados pocos casos a lo largo de la historia.

De momento este asunto de los terianos me recordó la oleada de identidades como los punk y darketos, que surgieron en México entre finales de los años setenta y hasta los noventa. Esos grupos se estudiaron, encontrando en su origen la necesidad de una identidad propia y una búsqueda de un sentido de comunidad.  Aunque a la fecha no hay nada similar relativo a los terianos, yo me atrevería a decir que detrás de estas actitudes marginales a la normalidad social, hay cierta búsqueda de identidad que nuestros jóvenes no están pudiendo satisfacer en las condiciones actuales. Ellos se aíslan frente a las pantallas y pierden contacto con otros humanos. Se sienten relegados e incomprendidos; no acaban de asimilar el orden que rige a la sociedad, e intentan establecer un orden propio. Vale la pena no perder la pista a estos fenómenos por demás reveladores.

Otro asunto perruno, que no es precisamente nuevo, pero viene expandiéndose en Europa, es el de los perros virtuales. Esto es, personas adultas ⸺más que jóvenes⸺ que pasean perros inexistentes en espacios públicos. Para ello adquieren unas correas con un sistema rígido en su interior, de modo que esta no caiga por gravedad, sino que permanezca en una posición como la que mantendría si en realidad estuviera llevando a un perro. Supongo que puede tratarse de un manejo aséptico de la idea de tener un perro que no come, no se ensucia ni hace destrozos en la casa, al cual hay que sacar a pasear. Me remite a algún chiste gráfico de una revista ochentera, en el que aparece un individuo por la calle paseando a su cepillo de dientes. Lo que surgió como un juego conceptual, ahora resurge en países como Alemania, en los que se toma muy en serio su ejecución. Nuevamente nos sugiere una forma de emprender una acción socialmente encomiable, como sería atender un perro, pero sin los inconvenientes que implica su real cuidado.

Es interesante leer la forma como distintos fenómenos sociales reflejan un intento de apropiarse de una realidad que no bien acaba de abarcarse. Es un decir “aquí estoy” frente a una cultura que a ratos se percibe como un muro ante el cual simplemente nos topamos. Jugar con la imaginación de esas maneras es una forma de autoafirmarnos. Habría que ver, entonces, si es la forma más gratificante que hay para hacerlo.  

Por momentos pareciera que la tecnología paraliza nuestra creatividad. En este desperezamiento obligado que nos toca aplicarle antes de que el tiempo nos gane, habrá que decidir el modo como elegimos escribir nuestra propia historia, si en paseos interminables llevados por la fantasía, o fincando un compromiso a fondo con la vida, para dejar una huella permanente de nuestro paso.

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