domingo, 8 de febrero de 2026

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

Polvo de Estrellas

Hace cien vidas ya te amaba, cuando aún éramos polvo de estrellas vagando sin rumbo en el vientre del cosmos. Lo supe siempre, desde ese entonces en que el universo apenas balbuceaba sus primeras palabras. Tuyo era mi corazón; tuyo había sido siempre. No había dudas, no había grietas. Era una certeza que ardía en mí como un fuego eterno.

Y entonces llegaste, esta vez con piel y con nombre, y todo cobró sentido. El día que te vi por primera vez, lo supe con más claridad que nunca: eras tú, la razón de todos mis naufragios. Una alegría feroz, incontrolable, me recorrió de punta a punta, como un rayo que partiera en dos mi vieja soledad. Pero tú… tú no lo sabías. Pasaste frente a mí, ligera como un suspiro, de la mano de otro que no conocía tu destino como yo lo conozco.

No importa. No importa, porque el amor verdadero no reclama ni exige, sólo espera. Y si en esta vida he de morir en silencio para que el universo me devuelva una próxima donde tus ojos me reconozcan al fin, entonces moriré gustoso. Moriré mil veces más, si es necesario, porque sé que nuestra historia está escrita en las estrellas, y el tiempo, implacable como es, no tiene más remedio que rendirse ante ella...

No hay comentarios.:

Publicar un comentario