domingo, 8 de febrero de 2026

REFLEXIÓN DE JCDovala



La promesa no es una frase.

Es un contrato moral. Es una carga voluntaria. Es una responsabilidad aceptada.


Prometer es atarse al futuro.

Es decir; yo me hago cargo. Del otro. Del mundo. De la palabra.


Porque la palabra dada no es sonido; es estructura, es confianza, es orden social.


Cuidar del otro es humanidad.

Cuidar del mundo es civilización.

Cuidar la palabra es dignidad.


Ese es el pacto. No escrito. No firmado. Pero sagrado.


Sin promesas cumplidas no hay familia. Sin palabra respetada no hay comunidad. Sin responsabilidad 

no hay futuro.


La promesa verdadera no busca aplauso. Busca coherencia. No presume. Cumple.


No es romántica. Es seria. No es emotiva. Es ética.


Porque quien honra su palabra

sostiene más que relaciones; sostiene estructuras.


Eso no es idealismo. Es arquitectura social básica.


La promesa. El pacto. La base.


Y sin base… todo lo demás es humo.

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