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domingo, 10 de diciembre de 2017

VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza

EPIFANÍA BLANCA

Me tomó por sorpresa.  Las gotas de lluvia fueron transformándose con rapidez en aguanieve y finalmente en copos níveos.  Mi rutina de la primera hora de la mañana se vio felizmente interrumpida por este regalo del cielo.

La naturaleza nos obsequia una nueva lección cada día.  La mía de hoy fue acerca de la docilidad.  Es maravillosa la forma como los grandes copos de nieve van cayendo, pareciera que se mece cada uno por impulso propio, hasta tocar el suelo.  Al depositarse sobre una superficie lo hacen en completo silencio, a diferencia de sus hermanas las gotas que emiten, desde un discreto “plic” hasta un espectacular “plum” cada vez que chocan con un objeto duro.

Los copos nos enseñan además el sentido de la solidaridad.  Van cayendo uno sobre el otro y sobre el otro, hasta integrarse en una masa homogénea que se adhiere con particular apego a los sitios que toca, y que al filo del mediodía, cuando  el sol asoma y las avecillas que ya se han desperezado, dejan escuchar sus primeros trinos, empezarán a convertirse en agua.

El panorama luce estático bajo ese manto de blancura que se engruesa de tanto en tanto.  No parece haber vida en las calles ni en los patios, como si los seres vivos cuidáramos de no romper ese encanto con algún movimiento, y hasta el más ruidoso de los chamacos guardara sus sonoras manifestaciones para después.

Viene a mi mente la palabra “paz”. Este blanco bendito que todo cubre y calma nos invita a creer en ella, a revestirnos de su pureza, en particular en esta temporada cuando los ánimos –de manera paradójica al sentido de la fiesta-- fácilmente caldean por efecto de la agitación y el alcohol.

Doy gracias a Dios por esta hermosa lección previa a la Navidad, que me ayuda a no perder de vista cuál es la esencia de la fiesta, el sentido último de la celebración.  Se trata del amor en la mayor de sus manifestaciones, se trata de Jesús que vino para dar la vida por cada uno de nosotros.  

...Que mi corazón no lo olvide.


domingo, 8 de diciembre de 2013

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



Yo ya entiendo porque soy un Grinch, soy contemporánea de él, yo real, él ficticio. 
No es que no me guste la navidad, es que me rebelo contra todo aquello que nos presiona, que nos hace sentir desdichados si no lo tenemos. Para muchos es la fecha en que más se nos cargan las ausencias, las limitaciones económicas; fecha en que se siente uno a la mitad esté donde esté, cuando no puede estar con todos aquellos que desearía, peor si tiene que trabajar, y no se diga si está enfermo. 
Sé que a la mayoría esta parte no le gusta ni leerla, ¡soy una aguafiestas! lo sé, pero es la realidad de mucha gente en épocas navideñas. Deseos no cumplidos que duelen más, porque en estas fechas de magia navideña no a todos se les convierten sus sueños en realidad, se siente más la miseria tanto la material como la espiritual. Como cada diciembre, tengo que encontrar el valor de la navidad en una montaña inmensa de cosas superfluas, vacías, sin sentido, sé que finalmente lo encuentro en las risa y abrazos de mis hijos y mi esposo, en la llamada de los seres queridos que están lejos o en sus mensajes, en esa maravillosa sensación de sentir los afectos, al hacer a un lado aquello que es vano, negativo, ahí en el sentimiento de unión, en ese lazo de amor que se hace más patente también en estas fechas, ahí está la magia que por fin me dice que la Navidad sí tiene un sentido. Sentir amor, sentir paz, eso es para mí sentir la Navidad. ¡Si, soy un Grinch!!

Concierto de Navidad con Andrea Bocelli, 6a parte

Canta con el Mormon Tabernacle: Our Father, White Christmas

domingo, 8 de enero de 2012

Hermoso video: NAVIDAD SIGNIFICA AMOR EN ACCIÓN.

Regálense trece minutos para  entrar en contacto con los sentimientos de su propio corazón.  Hermosísima historia navideña que nos recuerda que  lo que vuelve verdaderamente  significativas estas fiestas  no   tiene relación con el  calendario sino con nuestro modo de actuar.

sábado, 24 de diciembre de 2011

OJO 25 DIC CHRISTMAS AROUND THE WORLD: Christmas bells

Bella pieza instrumental con imágenes que nos recuerdan el verdadero y urgente  sentido de la Navidad alrededor del mundo.   Lo mejor para cada uno de ustedes en su corazón, en su familia y en su patria.

ORÍGENES DE LA NAVIDAD



La palabra para Navidad en el antiguo inglés tardío es Cristes Maesse, la Misa de Cristo, hallada por primera vez en 1038, y Cristes-messe en 1131, y Christmas en inglés (acotación mía, basada en wikipedia). En holandés se dice Kerst-misse, en latín Dies Natalis, de donde se deriva la palabra francesa Noël, e Il natale en italiano; en alemán Weihnachtsfest, de previo a la Sagrada Vigilia. El término Yule (Navidad) es de origen incierto. El nombre en anglosajón era geol, fiesta: geola, nombre de un mes (cf. el islandés iol, una fiesta en diciembre).
Jerusalén 
 En el año 385, Silvia de Burdeos (o Eteria, como parece evidente debe ser llamada) quedó profundamente impresionada por las espléndidas fiestas sobre la infancia del Señor Jesús celebradas en Jerusalén. Ellos celebraban la "Natividad"; el Obispo iba de noche a Belén, regresando a Jerusalén para las celebraciones del día. La fiesta de la Presentación se celebraba cuarenta días después. Pero este cálculo empezaba desde el día 6 de enero, y la fiesta duraba hasta la octava de esa fecha. (Peregr. Silv., ed. Geyer, pp. 75 ss.). Nuevamente, (en la pág. 101) ella menciona como muy importantes fiestas, la Pascua y la Epifanía. Como podemos ver, en el 385, el 25 diciembre no era observado en Jerusalén. Este dato verifica las citas dadas por Juan de Nikiu (c. 900), tomadas de las cartas entre Cirilo de Jerusalén (348-386) y el Papa Julio I (337-352), con el propósito de conseguir que en Armenia se celebre la Navidad el día 25 diciembre (véase P.L., VIII, 964 ss.). Cirilo declara que su clero no puede realizar en la misma fecha de la fiesta del Nacimiento y Bautismo, una procesión a Belén y Jordania. (Esta posterior práctica es un anacronismo). Él le pide a Julio que le asigne a la Navidad, su verdadera fecha "tomándola de los documentos del censo traídos por Tito a Roma"; Julio asigna como fecha el 25 de diciembre. Otro documento (Cotelier, Patr. Apost., I, 316, ed. 1724) dice que Julio le escribió a Juvenal de Jerusalén (c. 425-458), informándole que Gregorio Nacianceno, en Constantinopla estaba siendo criticado por "dividir la fiesta en dos". Julio murió en el año 352, y por el 385, Cirilo no había introducido cambio alguno cambio; de hecho, Jerónimo, escribiendo aproximadamente en el 411 (en Ezeq., P.L., XXV, 18), reprocha a Palestina el hecho de celebrar el nacimiento de Jesús (cuando Él se ocultaba) en el día de la fiesta de la Manifestación. Cosme Indicopleustes sugiere (P.G., LXXXVIII, 197) que, incluso a mediados del siglo sexto, Jerusalén se distinguía por combinar las dos conmemoraciones, arguyendo que en Lucas III,23, el día del bautismo de Cristo se realizó el día de Su cumpleaños. Sin embargo, la conmemoración en Jerusalén de David y del Apóstol Santiago se realizaba el día 25 de diciembre, hecho que muestra que esta fiesta no era celebrada en este día. Usener, tomando argumentos del "Laudatio S. Stephani" de Basilio de Seleucia (c. 430. —P.G., LXXXV, 469), piensa que Juvenal intentó introducir esta fiesta, pero que la fama del nombre de Cirilo hizo que la fecha se mantuviera sin variación.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Navidades en rojo Por Yoani Sánchez

Yoani Sánchez es una bloguera cubana que ha logrado abrir paso a la palabra escrita desde la Isla, para volcarla al mundo.  Mujer excepcional, hábil comunicadora, da a conocer los problemas que enfrentan los ciudadanos en un régimen que limita recursos que para el resto del mundo están al alcance de cualquier bolsillo.  En esta ocasión nos acerca de manera auténtica y hermosa al misterio que llega a representar la Navidad para un niño cubano.


¿Qué era aquel objeto? ¿Para qué servía su pulida superficie, su redondeada estructura? ¿Por qué la abuela lo guardaba en el fondo de la gaveta con su ropa más íntima y junto a las cartas que medio siglo antes le escribiera su primer novio? Mi hermana y yo robábamos de vez en cuando la caja –forrada por dentro con fieltro negro–, donde reposaba lo que a nuestros ojos parecía una bombilla o el picaporte de una delicada puerta. Cuando venían los primos más pequeños desde un pueblo de provincia, presumíamos ante ellos de nuestra jerga habanera que rondaba lo marginal, de la TV en blanco y negro exhibida en la sala y especialmente de aquella bola dorada de cristal, alrededor de la cual tejíamos un montón de invenciones. Sin que la dueña cascarrabias nos viera, decíamos que la delicada esfera provenía de un tiempo en que la madre de nuestra madre había sidouna princesa. Fantaseábamos con que su posesión era todo lo que le quedaba de una vida pasada, la única pista con la que nuestra familia reencontraría el linaje perdido de sus predecesores. Y los muy ingenuos chiquillos nos creían, miraban los reflejos y confirmaban que algo así solo podía pertenecer a una excelsa familia de la que Scheherazada, la reina de Saba o el mismísimo Tutankamón podrían haber sido parte.
Se nos resbaló de las manos una tarde y se hizo añicos contra el suelo del diminuto cuarto donde habíamos crecido. El cristal tenía una capa de polvo brillante en su interior y esa noche la chancleta de la abuela se nos quedó marcada en la espalda. Cuando llegó agosto y los parientes “guajiros” regresaron, ya sabíamos que la hermosa bola dorada solo había sido una guirnalda, un simple adorno para un árbol festivo que nunca habíamos visto. Estaba yo a punto de cumplir los ocho y me faltaban todavía nueve años para acercarme por primera vez a un pesebre de Navidad. Pero el anticipo, el heraldo de que algo existía más allá de la chata realidad me había llegado con aquel vidrio pintado que una emigrante española guardaba entre su pertenencias más queridas. La misma gallega, aplatanada ya a la Isla, nos contaba a escondidas sobre un niño nacido entre el heno y el mugido de las cabras. Narraba la historia de Jesús en voz muy baja, pues nuestros padres transitaban en ese momento de sus vidas por su etapa de mayor fanatismo ateísta. El edificio, el barrio, la escuela, la ciudad toda, vivía escondiendo los escapularios, rezando en un susurro, ocultando las imágenes de la Virgen detrás de algún libro de marxismo o de una bandera roja. En el sostén, debajo de la blusa –cosido o agarrado por un imperdible– portaban las ancianas su crucifijo con la imagen de aquel otro barbudo proscrito que no había bajado de la Sierra Maestra. Mostrar la mínima fe en Él se convirtió en una de las vías más expeditas para meterse en problemas, solo superada por el acto de profesar otra ideología. Así que aprendíamos la religión y la sospecha al mismo tiempo, descubríamos a la par una cosmogonía y su negación.
Meses después de que aquella guirnalda estallara contra las lozas del piso, mi hermana y yo vivimos otro diciembre gris que concluyó sin tiaras ni diademas. El día 24 en la noche nos crecía la comezón, pues ya sabíamos que en otros lugares unas ramas verdes se alzaban en medio de las salas, rodeadas de luces. Sin embargo, en nuestro pacato socialismo real, en nuestra ínsula sovietizada, nada delataba la celebración oculta que muchos llevaban por dentro. Dormimos temprano, si es que dormimos. A la mañana siguiente la abuela se demoraba más que de costumbre en el baño y a través de las persianas alcanzamos a oírle un breve “Amén”. La Navidad había terminado. Solo quedaba esperar el último día del año, donde entre cucharadas de arroz con frijoles y algún trozo de carne de cerdo se aguardaban la primeras luces de enero y el aniversario de la Revolución. A eso había quedado reducido nuestro diciembre, a una fecha patria, a un hombre de verde olivo proclamando el inicio de una nueva etapa histórica que jamás cumpliría sus promesas de redención. Pero las inquietas niñas que habíamos roto aquella bola de cristal, aquel objeto cuasi mágico, no volveríamos a ser las mismas. Algo del polvo dorado que saltó al quebrarse el vidrio quedó sobrevolando sobre nuestras vidas. Nos hizo recelosas, pero no de la credulidad sino del escepticismo, suspicaces de las máscaras del materialismo más que de las poses del dogma religioso. Nos convirtió en seres desconfiados de ese carnet rojo que obligaba a esconder la cruz cerca del seno, taparla con el fieltro negro del miedo. ~
Tomado de la revista Letras Libres, No. 156, Diciembre 2011

domingo, 19 de diciembre de 2010

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

UNA NAVIDAD DISTINTA
Es tiempo de Navidad: El ambiente se va impregnando de música, colorido y aromas que desafían la imaginación.   La magia propia de la temporada  imprime un brillo especial a los ojos de los pequeños quienes observan atentos los muñecos  con movimiento que exhibe alguna casa comercial; el reflejo multicolor de los aparadores se proyecta jugueteando en sus pupilas como sobre un claro espejo.  Niños y viejos dejan volar la imaginación frente al Nacimiento presentado en niveles,  en tanto siguen divertidos el trayecto de pastores y reyes con rumbo a Belén.  Al centro en el portal, María y José flanquean una cuna rústica que permanece  vacía hasta la noche del veinticuatro; al fondo el buey y la mula se preparan para calentar con su vaho al recién nacido, en tanto los diversos pasajes bíblicos se despliegan a lo largo y ancho del amplio escenario donde conviven el musgo, el papel pintado; las figuras de barro, y las luces navideñas de importación.  Por acá el pozo con su aguadora; más allá  las dunas de Egipto, y entre una y otra el lago  con superficie de espejo, sobre el cual se extiende un puñado de cisnes de barro pintado en vivos colores.
   Diciembre: Tiempo cuando damos permiso a  nuestro niño interno para venir a curiosear. La de este 2010 es una Navidad que ansiamos ver llegar luego de doce meses muy dificultosos; habrá miles de hogares enlutados por la muerte de uno o varios seres queridos, a los que una guerra sin cuartel ha arrebatado de forma inmisericorde.  Por otra parte las dificultades económicas que no son pocas, amenazan con robar parte del encanto festivo  de la temporada. De alguna manera las circunstancias externas llaman a replantear la fiesta en nuestras vidas, y en cierto modo volver entonces al origen mismo de la celebración, a  lo que ocurrió hace más de dos mil años, el nacimiento de un rey que vino al mundo en la mayor de las pobrezas, para que  ningún desposeído pudiera sentir que él estaba por encima de sus propias  carencias.
   Una Navidad distinta: Dejemos de lado el consumismo que tanto mal viene haciendo al mundo, y comencemos a inventarnos un gozo sencillo desde el corazón.  Que la medida de nuestro amor no se ubique en la cartera sino en lo auténtico y original de nuestra dádiva, particularmente esos pequeños actos de generosidad que podemos  obsequiar a quienes nos rodean.  Curiosamente en esta vida, lo más  valioso es lo que  menos  costo tiene en el mercado. Somos bombardeados por intereses ajenos al corazón que nos orientan en el sentido de comprar para ser, o comprar para amar.  Cada uno de nosotros vale mucho como para dejarse tasar en dígitos, cuando nuestro potencial es tan grande como ancho el universo.
   Una Navidad distinta: Tiempo de contar nuestras bendiciones y ser agradecidos con Dios, de la manera como cada uno lo conciba.   Desde el primer latido que en  aquel bendito santuario se desprendió de nuestro cuerpo en formación, la vida es una secuencia de pequeños milagros demasiado perfectos como para atribuirlos a la  mera casualidad.
   No es una simpleza dar gracias por la vida, por la luz,  por el agua,  por las especies vivas que nos proporcionan compañía y sustento.   Todo lo contrario, reconocer cada uno de estos elementos como regalos del cielo representa encontrar nuestra justa dimensión dentro del tiempo y del espacio.   ¡De qué fácil manera nos gana la soberbia hasta hacernos sentir que somos origen y destino de todo lo que orbita en derredor nuestro!  ¡Tanta nuestra pequeñez, que no alcanzamos, ni parados de puntas, a asomarnos por la ventana del universo,   ver más allá, y entonces asumir con justeza que no somos más que granos de arena en la inmensa playa de los tiempos!
   Una Navidad distinta: Tiempo de dar gracias al cielo por nuestros seres amados: Por los que siguen entre nosotros e inmerecidamente nos hacen sentir especiales; por quienes se han adelantado en la ruta  espiritual,  y hoy comparten de una manera nueva ese gozo que nos  invade y alegra en esta temporada.
   Tiempo de romper el círculo  personal, crecer,  expandirnos,  y posar nuestros sentidos en las necesidades de los demás.  Descubrir poco a poco que cuando restamos importancia a nuestras propias cosas y anclamos la atención más allá, la vida se vuelve  ciertamente interesante,  y  cualquier carga se torna llevadera.
   Una Navidad distinta, plena en el sentido último del amor.  Tiempo para compartir, más que lo que tenemos, lo que somos.  Más que buenos deseos, pequeñas gentilezas. Sea, primero nuestro corazón y luego nuestro hogar, ese portal sencillo donde  venga a nacer el amor más grande, ese amor salvífico  que hoy tanto necesita nuestro mundo para volver a creer, para  recomenzar.  

Origen de la canción: Noche de paz



Hallazgo del Museo: Stille Nacht de Salzburgo: Recientemente encontramos un facsímil de la canción ''Noche de paz'' para dos voces y guitara con letra de Joseph Mohr, melodía de Franz Xaver Gruber, fechada el año 1816.

"Noche de paz": Podríamos evocar la historia de esta canción como un cuento de hadas, pero la realidad es muy distinta, habla de miseria, de marginación y enfermedades, aunque algunas veces habla también de vidas colmadas de sorpresas y de milagros.

Hace más de 200 años, el 11 de diciembre de 1792, existió un niño pobre. Era el tercer hijo de Anna Schoiber, una costurera que remendaba y fabricaba calcetines. Su padre era un soldado llamado Joseph Mohr que dio su nombre al hijo antes de desertar y desaparecer, dejando en la miseria a la familia.

Las autoridades de Salzburgo consideraron que tres hijos ilegítimos eran demasiado. Anna Schoiber fue condenada a pagar una multa de 9 florines. En aquella época un buey costaba 12 florines, se puede comprender entonces  que la pobre costurera nunca hubiera reunido tanto dinero. ¡Tenía que pagar con la cárcel! Joseph Wohlmuth, un hombre dispuesto a pagar la multa a condición de que pudiera ser el padrino del pequeño Joseph, pero como Wohlmuth era el verdugo de la ciudad de Salzburgo y por consecuencia le estaba prohibido entrar en una iglesia, para el bautizo del niño mandó a su cocinera para reemplazarlo en la ceremonia. Así comenzó la difícil existencia del niño Joseph Mohr, sin padre, en la miseria con su madre y sus dos hermanos,  y con un padrino que era verdugo. La familia vivía cerca del Monte de los Capuchinos en un apartamento invadido por la humedad. Esta situación fue el origen de la tuberculosis de Joseph. En estas condiciones tan precarias, en el Salzburgo de comienzos del siglo XVIII, era imposible prever un futuro positivo para un niño que ni siquiera tuvo la posibilidad de aprender un oficio. Muchas veces, sentado en la escalera de la casa, Joseph pensaba cantando en voz alta.

Un maestro del coro de la catedral de Salzburgo descubrió aquella voz y convenció a la madre para que su hijo pudiera entrar a la cantoría de la Catedral. Se abrían así las puertas para el comienzo de una vida nueva, pero una gota de amargura transformó aquella felicidad.  En los registros de la escuela, Joseph Mohr fue declarado huérfano; se pensaba que la inhumana medida convenía a su protección porque los hijos de madre soltera eran inadmisibles en cualquier lugar, por lo que  Joseph se vió obligado a negar a su madre, incluso  cuando la veía pasar en la calle.

No obstante, a los 7 años de edad, Joseph pudo cursar en Salzburgo la escuela preparatoria, luego el bachillerato. Tocaba violín y cantaba en el coro de la Iglesia de San Pedro. En 1810 encontramos a Joseph Mohr estudiando filosofía y preparándose para el sacerdocio, y un año más tarde entraría al seminario. El 15 de julio de 1815, en ceremonia solemne en el Domo de Salzburgo, Joseph recibió las sagradas órdenes. Increíble la trayectoria de este niño pobre de Salzburgo  desde una cuna llena de privaciones hasta la condición de sacerdote letrado y aceptado por la iglesia. Poco tiempo después de la ceremonia de ordenación, con sentimientos dispares, supo que tenía que presentarse para ocupar el cargo de vicario en Mariapfarr pequeña aldea situada a cuatro jornadas de Salzburg, precisamente el lugar donde había nacido su padre. Joseph presentía que en Mariapfarr se encontraría con algunos parientes y que se vería obligado a salir de su anonimato como huérfano. El pueblo estaba situado a más de 1000 metros de altitud y sólo en verano era accesible por un puerto en las montañas.

Joseph visitó aquellos lugares perdidos entre las montañas. Las largas marchas por los bosques y prados alpinos, el aire puro y la vida sencilla y sana, hicieron desparecer casi por completo sus dolencias pulmonares. Joseph Mohr conoció en Mariapfarr a su abuelo,  un anciano conocedor de todas las tradiciones y de la vida de los campesinos de la región. Nadie interrogó a Joseph sobre sus orígenes, todos lo aceptaron como cura y nieto del viejo Mohr.

En su parroquia Joseph vivió una Navidad extraordinaria; durante sus estudios había asistido a fiestas solemnes y frías que no habían llegado hasta su corazón. En Mariapfarr se dio cuenta de que con instrumentos sencillos de cuerdas  y con canciones populares,  se pueden conseguir fiestas alegres y profundas que invaden los corazones de calor y caridad. Es posible que  en aquella atmósfera, tan diferente a la de la Catedral de Salzburgo, naciera  la primera semilla de la poesía y canción "Noche de paz".

Aquella Nochebuena, cuando todos los fieles salieron de la iglesia, los ayudantes de la misa encendieron con las velas del pesebre las linternas para iluminar los largos senderos que conducían a la casas. "Noche silenciosa y santa. Todos duermen. Sólo velan los santos padres. Gracioso niño de cabellera rizada, duerme en la paz celestial," así comienza la primera estrofa de la poesía que escribió Joseph Mohr. Recientemente encontramos en Salzburgo un facsímil de la canción "Noche de paz" para dos voces y guitara con letra de Joseph Mohr, melodía de Franz Xaver Gruber y fecha del año 1816. Joseph Mohr mostró su carácter humanitario, pero una vez más cayó enfermo de los pulmones. Después de un tiempo de convalecencia en Salzburgo, Joseph se dio cuenta de que ya no era posible vivir en las montañas. Como vicario encontró, una nueva parroquia, 20 km al norte de Salzburgo, en las orillas del río Salzach, en el pueblo de Oberndorf. Allí conoció maestro Franz Xaver Gruber, organista, y músico. Los dos amigos comenzaron a hacer música en la iglesia y en la casa. Joseph Mohr sintió gran felicidad, cuando volvió a encontrar el río y los bosques de su juventud. Era muy aceptado entre los fieles, pero el cura del pueblo, sintió celos por los éxitos espirituales de su joven ayudante. Descubrió su origen de hijo ilegítimo y comenzó a amargar su vida.
   Se aproximaba la Navidad de 1818. El maestro y amigo, Franz Xaver Gruber, trató de lograr la reconciliación entre el cura y Joseph organizando una velada navideña; Joseph buscó los versos de la poesía navideña de Maríapfarr, y los dos amigos la compusieron. Así, el 25 de diciembre de 1818, nació el villancico que hoy se canta en todo el mundo, en todas las lenguas: "Noche de paz". Joseph Mohr murió el 4 de diciembre de 1848, tan pobre como había llegado al mundo; había gastado su dinero en la fundación de una escuela para hijos de los pobres de su parroquia.
Traducido por Peter Schuler
Schilf, Hanno: Joseph Mohr. Manuskript. "Stille-Nacht-Museum", Salzburgo.



sábado, 11 de diciembre de 2010

¿Y SI HUBIERA NACIDO EN MÉXICO? 1a parte

 Me encontré este primer video que combina de una manera muy interesante la pastorela mexicana con danzas típicas de nuestro país, entre las que destacan los estados de Michoacán, Veracruz y Jalisco.
   Vale la pena verlo completo (10 minutos).  Desde youtube puede verse la segunda parte de 5 minutos de duración.