Cada amanecer es un juicio silencioso contra la persona que fuimos ayer.
La vida nos entrega veinticuatro horas nuevas, no para lamentar lo perdido, sino para cortar aquello que ya no nos permite crecer, sanar las heridas que siguen gobernando nuestras decisiones y renacer con la humildad de quien entiende que nunca es tarde para volver a empezar.
El pasado quedó donde debía quedarse. Es un libro cerrado que ya no admite correcciones. Ni la culpa, ni la nostalgia, ni el arrepentimiento podrán cambiar una sola de sus páginas.
Pero el futuro... el futuro todavía no existe.
Está naciendo, justo ahora, en esa llamada que decides hacer, en el abrazo que dejas de posponer, en el perdón que por fin otorgas, en el miedo que eliges enfrentar y en la pequeña decisión que parece insignificante, pero que mañana llamaremos destino.
No desprecies los cambios pequeños. Los grandes árboles comenzaron siendo una semilla, y las vidas extraordinarias casi siempre empezaron con un acto de valentía que nadie vio.
Hoy la vida vuelve a susurrarte al oído:
Corta. Sana. Renace.
Corta. Sana. Renace.
Lo que verdaderamente importa aún te está esperando...
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