domingo, 30 de agosto de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 TELÓN DE FONDO

Hoy, 30 de agosto se conmemora por parte de la ONU el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, delito que tanto ha destrozado vidas y familias en distintos puntos del orbe, muy en especial en nuestro amado México. Un artículo recién publicado por Reporte Indigo reporta a la fecha más de 133 mil personas desaparecidas y no localizadas en territorio nacional. Eso amén de los casos que nunca fueron registrados para su búsqueda.

Identificamos cuál es el proceder del crimen organizado, de cómo levantan niños y jóvenes para sus actividades delictivas, la mayor parte utilizados como carne de cañón. Tenemos casos terribles, como el de Carlos Emilio, joven quien cenaba junto con su familia en un restaurant de Mazatlán. Se levantó al baño y nunca regresó. Del hecho ya han pasado diez meses, se documentó que dicho baño tenía una doble pared con una puerta de acceso al exterior, por la que se supone extrajeron al joven. A la fecha la búsqueda parece estar estancada, sugiriendo que hay grandes intereses detrás. Muchos otros casos se relacionan con supuestas entrevistas de trabajo a las que adultos jóvenes acuden, para no ser vistos más. En el caso de los niños, por lo general son secuestros de pequeños que se hallan lejos de la observación de sus cuidadores.

En la prevención de la ola de desapariciones que sufre nuestro país reconocemos que urge modificar los factores externos que las provocan. Hoy quisiera enfocarme, sin embargo, a causas individuales o de dinámica familiar que, de igual manera, contribuyen a la expansión de este delito.

Vivimos tiempos en que niños y jóvenes permanecen solos durante buena parte de su vida. La existencia de familias monoparentales, o biparentales en la que ambos progenitores trabajan fuera, lo condiciona. Además, colocamos en las manos de los menores un teléfono celular, que se convierte en parte fundamental de su vida. Con él se comunican, consultan, se divierten y se empoderan. Tal vez los padres nos sentimos aliviados de nuestras culpas, delegando gran parte de la labor formativa que nos corresponde en esos dispositivos. Los jóvenes son mil veces más diestros que nosotros en el manejo de la tecnología, lo que, en cierta forma, les provee cierta superioridad frente a nosotros, quienes pasamos a ser los viejitos que no sabemos cómo manejar una aplicación.

Ahora bien, una cosa es manejar los recursos digitales con maestría, y otra muy distinta asimilar valores humanos esenciales. Los chicos se sienten dueños del mundo y suponen que sus conocimientos les blindan ante cualquier situación que se presente. Así es como, con frecuencia vemos alertas de desaparición de adolescentes emitidas por angustiados padres, cuando resulta que el hijo “decidió” tomarse por su cuenta el fin de semana en casa de un amigo o de la pareja sin avisarle a nadie. Ello evidencia una falta de comunicación entre padres e hijos que, en muchos de los casos, llega a ser fatal. Esa falta de comunicación coloca al joven en mayor riesgo, que finalmente, a pesar de su maestría tecnológica, no sabrá cómo manejar.

De igual manera, la comunicación es capaz de blindar las incursiones de los jóvenes en el ámbito laboral. Si el chico envía un whatsapp con su ubicación en tiempo real durante su trayecto hacia una supuesta entrevista de trabajo, será más sencillo detectar a partir de qué punto se perdió la comunicación, y así estrechar el campo para fines de búsqueda.

Resulta una gran paradoja que vivamos unos tiempos de sobradas herramientas para la comunicación, en los que nuestros jóvenes están más solos que nunca. Y que hayamos dejado de lado la inculcación de valores humanos dentro de la familia, algo que debiera ser urgente para reducir riesgos, antes de que los hijos comiencen a actuar por su cuenta, sin la férula familiar. Por otra parte, esos valores les proveerán de una vida satisfactoria, en la que por el camino del esfuerzo y la constancia el valor de lo logrado pueda disfrutarse en forma plena.

No olvidemos los padres el papel que nos corresponde frente a las nuevas generaciones. No somos sus “cuates” buscando ganar popularidad y simpatía frente a ellos. Sino las figuras de autoridad obligadas a educarlos, Una autoridad que se ejerce desde el amor y el respeto, pero tan firme como la que más. El objetivo último no está en el corto plazo sino a futuro, para que los hijos sepan conducirse de manera óptima cuando se hallen por su cuenta. Porque eso es la vida, una carrera de relevos, en la que a los mayores nos toca participar solo en el arranque del relevo, mientras los hijos toman en sus manos la estafeta.

Una oración y un abrazo a quienes hoy sufren por el delito de desaparición forzada. Y a enfocar las acciones para prevenirlo desde dentro del hogar familiar.

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

Metamorfosis
27/ago/2026

En la tierra sagrada de la Sabana del descanso, entre el terreno fértil y las tormentas, fui convirtiéndome en un antiguo habitante de este suelo, cronista silencioso del viento y paciente guardián de la luz.

A lo largo de tantas estaciones, he comprendido al fin que la madurez no es otra cosa que el valiente permiso de ser uno mismo. Es el instante sagrado en que la corteza se vuelve firme, curtida por la memoria de los inviernos, dejando al descubierto la madera auténtica: esa esencia única que he llevado latiendo en la penumbra de mis anillos desde el principio de los tiempos.

Mi existencia ha sido siempre una danza suspendida entre dos mundos: la oscura paciencia de la tierra que me abraza en la raíz y la infinita ambición del cielo que me llama desde las alturas; un eterno vaivén entre el crecimiento sordo y la hermosa e inevitable transformación.
Si miro hacia abajo a través de la red transparente de mi savia, reconozco las dos grandes estaciones de este viaje. ¡Qué cerca palpitan la distante adolescencia y esta sexalescencia que hoy habito!
No son más que dos capítulos de una misma historia grabada a fuego y tiempo en la fibra de mi tronco.

Aquel brote frágil y torpe, que se agitaba desconcertado ante cualquier brisa, dialoga hoy en perfecta calma con la copa ancha, frondosa y serena que ahora soy.

No importa cuánto se extiendan mis ramas ni cuán alto aspire buscando las estrellas; en lo más íntimo de mi corazón, en la médula intacta de mi madera, guardo el temblor de la semilla original.

Conservo el recuerdo de aquel primer brote de vida que un día emergió de la sombra y se atrevió a soñar con el sol.
Hoy, por fin, mis raíces se afianzan profundas y mis hojas cantan con el viento: disfruto de la libertad plena para vivir el sueño que una vez brotó de la oscuridad.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

La peligrosa comodidad de estar de acuerdo.

Hay algo inquietante en nosotros: nos gusta pensar que somos libres hasta que descubrimos que todos los demás caminan en dirección contraria.

Crutchfield lo demostró hace décadas. Ni siquiera necesitamos tener a la multitud frente a nosotros para sentir su peso. Basta creer que todos piensan diferente para comenzar a desconfiar de nuestros propios ojos.

Hoy el experimento probablemente no necesitaría luces ni botones. Bastaría una pantalla.

Publicamos una opinión y aparecen cien comentarios diciendo lo contrario. Vemos miles de “me gusta” defendiendo una idea absurda y, casi sin darnos cuenta, empezamos a preguntarnos si los equivocados somos nosotros.

La multitud ahora cabe en un teléfono.
Y ocurre también fuera de las redes.

En una reunión alguien dice: “Siempre lo hemos hecho así”. Los demás asienten. Uno descubre una grieta, algo que no funciona, pero mira alrededor y encuentra silencio. Entonces calla.

Ese es quizá el conformismo más peligroso: el que no nos obliga a cambiar de opinión, sino que nos convence de guardar silencio.

Crutchfield nos dejó una pregunta que sigue caminando entre nosotros muchos años después:
¿Cuántas veces hemos tenido razón y aun así levantamos la mano con los demás?

Porque pensar diferente no significa necesariamente tener razón.
Pero conservar la capacidad de cuestionar, incluso cuando todos parecen estar de acuerdo, es una de las pocas maneras de evitar que algún día terminemos caminando juntos, perfectamente alineados… hacia el lugar equivocado...

¿CÓMO SER FELICES? Charla de Pablo Gómez


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


La vida nos ofrece tantas oportunidades, que a veces es increíble escuchar que alguien se queje de que siempre le va mal. De que todas sus relaciones sentimentales terminan, porque sus parejas no los valoran, en los trabajos los jefes tampoco, y nunca resultan ser mejores que ese alguien, ineptos que no merecen su puesto y que por supuesto ellos desempeñarían mucho mejor. 

Tiempos van, tiempos vienen, y si siempre estamos en desventaja en la vida, a pesar de poner el mejor empeño en ella, algo definitivamente se ha estado repitiendo en nuestra forma de actuar, de percibirnos a nosotros mismos y a los demás, algo que radica no en en territorio ajeno, sino dentro de nosotros mismos. 

Si todo a nuestro alrededor gira en sentido contrario siempre, es quizá porque estamos en el lado equivocado. El mundo no va contra nosotros, es tan solo que hemos estado haciendo una y otra vez lo mismo, sin decidirnos a aclarar nuestra mente, sin clarificar tampoco el alma, sin aceptar que está a nuestro alcance, en hacer consciente aquello que encriptado en nuestra mente, nos afecta el corazón, impidiéndonos encontrar la virtud en la gente, la dicha que esconde el día a día, y que no logramos descubrir. 

Dar una ojeada al interior, sin miedo a encontrar nuestros errores, dispuestos a luchar contra esos fantasmas que un día se convirtieron en inquilinos incómodos que aniquilan el espíritu, que nos distorsionan la realidad. Desempañar el cristal para lograr ver a través de él, a esa gente y a ese mundo maravillosos, que la vida siempre pone a nuestro alrededor, en este viaje que solo se recorre una vez.

"El Danubio azul" de Johann Strauss II con la Orquesta Filarmónica de Viena