La vida nos ofrece tantas oportunidades, que a veces es increíble escuchar que alguien se queje de que siempre le va mal. De que todas sus relaciones sentimentales terminan, porque sus parejas no los valoran, en los trabajos los jefes tampoco, y nunca resultan ser mejores que ese alguien, ineptos que no merecen su puesto y que por supuesto ellos desempeñarían mucho mejor.
Tiempos van, tiempos vienen, y si siempre estamos en desventaja en la vida, a pesar de poner el mejor empeño en ella, algo definitivamente se ha estado repitiendo en nuestra forma de actuar, de percibirnos a nosotros mismos y a los demás, algo que radica no en en territorio ajeno, sino dentro de nosotros mismos.
Si todo a nuestro alrededor gira en sentido contrario siempre, es quizá porque estamos en el lado equivocado. El mundo no va contra nosotros, es tan solo que hemos estado haciendo una y otra vez lo mismo, sin decidirnos a aclarar nuestra mente, sin clarificar tampoco el alma, sin aceptar que está a nuestro alcance, en hacer consciente aquello que encriptado en nuestra mente, nos afecta el corazón, impidiéndonos encontrar la virtud en la gente, la dicha que esconde el día a día, y que no logramos descubrir.
Dar una ojeada al interior, sin miedo a encontrar nuestros errores, dispuestos a luchar contra esos fantasmas que un día se convirtieron en inquilinos incómodos que aniquilan el espíritu, que nos distorsionan la realidad. Desempañar el cristal para lograr ver a través de él, a esa gente y a ese mundo maravillosos, que la vida siempre pone a nuestro alrededor, en este viaje que solo se recorre una vez.
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