domingo, 23 de marzo de 2025

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Cuando niña y aún durante mi juventud, presté poca atención al concepto de inteligencia emocional. En contadas ocasiones reflexioné sobre el manejo de las emociones y mi capacidad para saberlo llevar bien o mis fallas en ello.

Poco a poco se fue haciendo más patente para mí el gran valor que tiene la inteligencia emocional en el desarrollo personal y la convivencia social de las personas. Era tema no tratado en casa.
No recuerdo una sola charla con mis padres o hermanos, acerca de la autoestima, o de nuestras reacciones ante los acontecimientos cotidianos o aquellos extraordinarios como accidentes, pérdida de un ser querido, o un simple pleito.

Nos inculcaron principios, valores y creo que he podido lograr hasta ahorita, una estabilidad emocional que me permite sostenerme ante la adversidad, ser empática profesional y en los ámbitos familiares y sociales, sin embargo, aún descubro cuantas fallas tengo en ser asertiva, para evitar ser controladora, para respetar las formas de ser de los demás y no influir en ellas, menos cuando ni siquiera se me solicita. Continúo haciendo críticas a espaldas o de frente, algunas pretenden ser constructivas, pero finalmente resultan muchas veces provocadas por ese afán de conducir a la gente por el camino "correcto", pretendiendo entonces que están equivocadas y hay que redirigirlas hacia el mío. ¿No es esto acaso un grave error de autopercepción? Mi ego parece salir a flote en forma constante, dando por resultado que aquello que indudablemente es una buena intención, termina siendo un acto de arrogancia, que hasta mucho después he llegado a reconocer.

Apenas ahora, me hago cargo más a menudo de mis emociones, apenas ahora pongo límites en mis relaciones, en mis palabras y mis actos, me permito ser yo sin moldear mi carácter para que me acepten o me incluyan, no compito por el cariño, a pesar de que siempre he sido favorecida por él, acepto que hay gente que puede no quererme o quererme menos que a otros, que eso está bien y no tiene por qué doler.

Pongo distancia si alguien me humilla, creo que solo una vez en mi vida he sabido de ello, reconociendo que quien humilla solo nos ve como un espejo distorsionado donde encuentra todos sus fantasmas y sus miedos, es a ellos a los que les insulta, o agrede.

Con la conciencia tranquila de nunca actuar de mala fe, reconozco mis errores, y sí acepto que en una gran parte lo hago tardíamente, pero soy de lento aprendizaje en cuanto al tema, o quizá no sea eso, sino que llevé instrucción y seguí patrones ya trazados, sin comprender que muchas de mis fallas en la gestión de emociones son causadas por la incapacidad de regular los sentimientos.

Hoy me digo, que está bien enojarse, que está bien estar triste, tener miedo, estar alegre. No me condeno por ello, solo intento aprender día a día a controlarlas, a reconocer las causas y a que no impacten negativamente en mis relaciones ni en mi autoestima.

Soy un ser sentipensante, mantengo interrelación amigable entre mi corazón y mi cerebro, tratando de darles mantenimiento a diario.

Diría Galeano:  "Amo a la gente sentipensante que no divorcia razón de emoción".

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