domingo, 29 de diciembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 QUIERO CERRAR CON GRATITUD

Llega el cierre del año con su obligado momento de reflexión. Tiempo para hacer un balance por lo que ha sido cada uno de los trescientos sesenta y cinco días que me fueron prestados para desarrollar mi proyecto de vida personal.   A la vez, me encuentro pisando el umbral de un nuevo año cargado de promesas. Es hora de plantearme qué voy a hacer en un ciclo que comienza, del que no hay manera de saber si terminaré dentro de doce meses o no.  Así de veleidosa es la existencia.

Por este período que se nos escapa rápidamente de las manos, me propongo hacer un balance de lo que ha sido para mí: las oportunidades que tuve, aquellas que por desgracia desaproveché o no alcancé a aquilatar.   Rindo cuentas de lo entregado, lo conseguido y lo desperdiciado.

En este cierre de año pongo énfasis muy particular en un valor que debo de aprender a desarrollar cada día mejor: La gratitud.

Hoy doy gracias al Ser Supremo por la vida, por la oportunidad de llegar a este fin de año en condiciones de celebrar.

Gracias por los ratos de salud y de igual modo gracias por los quebrantos que invitan a recordar que la condición humana no es perenne, como tampoco es una dádiva gratuita.  Un día nacemos y uno más hemos de morir.  Me propongo hacer del intermedio entre uno y otro de tales acontecimientos un tiempo que valga la pena haber vivido.

Hoy agradezco a la naturaleza por sus dones: Tengo sol, agua suficiente y de calidad. Cuento con alimento, un techo y una cama a donde reposar.  El panorama que me rodea provee continuamente de infinidad de colores y texturas. A través del sentido del oído puedo gozar la música, el trino de las aves, y muy en especial, la voz de mis seres amados, esa que llega hasta el corazón de muy distintos puntos del orbe y en ocasiones desde la memoria.

Hoy quiero dar gracias por el regalo de la amistad, un presente que se me ha entregado así porque sí, tantas veces sin merecerlo. A través de su existencia me animo a ser mejor cada día, en la compañía de quien se atreve a decirme la verdad de frente, por el cariño que me profesa. Además de que tengo la certeza de que a mis espaldas me cuida, aun sin que yo llegue a enterarme.

Agradezco de igual manera a esas personas que no me corresponden como yo supondría que lo harían.  No alcanzo a adivinar cuánto dolor cargan sus corazones, que no se los permite.  La vida los ha enviado como los grandes maestros que me han de enseñar el camino del crecimiento interior.

Gracias por los ratos de bonanza donde pude recargar las pilas.   Y gracias por las dificultades, pues es en estas últimas en donde vengo aprendiendo a desarrollar herramientas para abrirme paso.

Por los ratos luminosos, muchas gracias.  También por los más sombríos.  Es precisamente en esas horas oscuras donde el espíritu inicia el proceso de creación que le permitirá más delante transformarse en luz.  Es un parto duro y difícil, porque así ha de ser el nacimiento de lo más valioso.

Hoy es el momento para agradecer lo que he sido durante el año que termina; medir qué tanto he trabajado lo que la vida me dio.  Tiempo de enumerar las respuestas, pero, sobre todo, momento de plantearme nuevas preguntas que habré de ir respondiendo una a una en el período de vida que reste a mi favor.

Gracias al cielo por la fe de creer lo que no alcanzo a entender con los sentidos.  Gracias por la esperanza que me lleva a concebir nuevos propósitos de vida.  Por haberme dado un corazón capaz de aprender a amar y por haberme puesto en el camino de seguir trabajando por lograrlo, muchas gracias.

Por la familia, por los amigos.  Por el gozo de las pequeñas cosas. Por la creatividad, mi mejor compañía, hoy quiero expresar mi agradecimiento más profundo.

Gracias por las dificultades que me llevan a redoblar esfuerzos. Por las caídas que me mantienen humana.  Por los sueños que me impulsan a levantarme una y otra vez.

Por el nuevo año, por las nuevas oportunidades, por el futuro crecimiento interior. Por todo y por todos, muchas gracias al Ser Supremo que me sustenta. Lo digo desde el fondo de mi corazón desde el umbral de un nuevo año. Seguiré haciéndolo mientras haya sangre en mis venas, y un espíritu dando razón y sentido a la casa temporal que hoy lo alberga.

CARTÓN de LUY

 


AVE MARIA de Schubert. Interpreta IL VOLO

REFLEXIÓN DE TEMPORADA


Los años te cambian, te van enseñado a entender las cosas.

Con los años ya no discutes, no te enfadas, evitas charlas y ahorras consejos.

Al final, con el tiempo, si alguien te quiere, te quedas, si alguien te ignora, te alejas, si algo te gusta, lo tomas, si algo te molesta, lo dejas.

Con el paso del tiempo queda menos gente, pero los que se quedan, son los mejores y se les quiere todavía un poco más.

Los años te van enseñando que a veces te rompes y a veces te arreglas, que a veces se gana y a veces se aprende, que a veces amas y a veces sueltas.

Todo me lo enseñó el tiempo y se lo agradezco.

Tomado de la red

Los 7 Propósitos Que Cambiarán Tu Vida en 2025 por Marian Rojas Estapé

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



Uno cree que con el tiempo ha aprendido a conocerse a si mismo, quien puede pensar que se llegue a más de seis décadas de vida y surjan dudas de que lo que hasta ahora hemos pretendido creer somos no sea totalmente cierto.

Advertimos de pronto que actitudes, comportamientos que por años vimos nos daban soporte emocional, nos daban la satisfacción de sabernos útiles, necesarios, que nos permitieron relacionarnos con los demás en un ambiente armónico, donde nuestra presencia era deseable, donde nuestras palabras y consejos se agradecían a veces hasta no siendo solicitados, son por decir lo menos innecesarios e incluso imprudentes y molestos.

Es humano deslindarse entonces de la responsabilidad de ello, sin embargo se tiene que perder el miedo a auto-juzgarse, y a reconocer en el reflejo de ese espejo que es la respuesta que nuestras acciones causan en el otro, que hemos sido arrogantes sin el propósito de serlo, que hemos llegado a creer que podemos normar conductas ajenas pretendiendo que somos el modelo a seguir, reconocer que llegamos a faltar al respeto y a ser intolerantes, dejando de reconocer que hay más de una manera de vivir y que en la diversidad de ellas es donde se debe encontrar la armonía para sobrellevar diferencias y aprender de ellas.

Duele, duele el alma de sentirnos culpables de aquello que fue guiado por la buena voluntad, de buena fe, que ajeno a como fue percibido, llevaba en ello un buen propósito.

Y duele descubrirlo a tantas décadas de haber vivido, quizá por ello la vida nos da oportunidad de cambiar escenarios, de interactuar con otros personajes, para que seamos capaces de percibirnos tal cual somos, aceptarnos, perdonarnos, porque finalmente siempre habremos tenido aún en nuestras acciones más equivocadas una noble intención, porque no nos mueve la mezquindad. Liberar conciencia y corazón de cargos que nos auto-infligimos, somos humanos, erramos, pero si actuando desde el amor se ha lastimado, creo que un perdón solicitado no debiera nunca ser negado.

Espectáculo navideño con 5,000 Drones. Ganador de los récord GUINNESS

 
Subtítulos no disponibles, pero se disfruta bien así.

domingo, 22 de diciembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 NAVIDAD EN MODO “PAZ”

Hagamos de esta Navidad un tiempo de paz, de una paz profunda que revista nuestras celebraciones de temporada. Hagamos las paces con nuestro pasado, con las propias fallas y las inconsistencias que tanto nos cuesta superar.  Decretemos paz hacia aquellas personas que, sentimos, nos han hecho daño; descubramos que, muy en el fondo de su conducta, mora el miedo. Y, a partir de ese conocimiento, seamos comprensivos, restemos peso a la ofensa recibida y perdonemos.

Los habitantes del tercer milenio nos alarmamos al descubrir cuánto odio hay en derredor.   Surgen conflictos entre naciones; entre creyentes de una fe religiosa u otra.  Hay violencia por razón de filiación política, de género, de todo aquello que nos haga diferentes unos de otros. Olvidamos que, precisamente en la variedad está la riqueza de la especie humana, y que ninguno de nosotros posee la verdad última en sus manos.

Vivimos tiempos de mucha prisa. No siempre hay oportunidad para la reflexión.  Actuamos tantas veces movidos por la reacción inmediata que nos causa algo del exterior, sin detenernos a analizar cuál podría ser nuestra mejor respuesta.  En este sistema de actuar unos con otros surgen rispideces que dañan a todos, volviendo nuestro planeta aún más complejo para vivir y desarrollarnos.  Lejos de la armonía empática aparecen resentimientos que nos vuelven menos amables unos para con otros, en una espiral creciente que no parará antes de haber generado muchos destrozos emocionales.

Llega la Navidad para recordarnos qué es lo medular de la celebración.   Al margen de la algarabía, las luces y los regalos.  Más allá de las fiestas ostentosas, conmemoramos la venida del amor más grande, que llega para darse entre nosotros.   La sencillez de su llegad nos invita a tener presente que las cosas más valiosas de la vida son las que vienen del corazón; esas que no cuestan un solo peso, pero que, paradójicamente, llenan el espíritu y nos convocan a sumarnos a ese amor de unos con otros.  Un amor sanador, a través del cual conseguimos actuar para trascender nuestra condición humana con las muchas limitaciones que nos anclan.

Vivamos la Navidad en modo “paz”: Aprendiendo a ser clementes con nosotros mismos, sabedores de que la condición humana es perfectible, y que cada día podremos hacer un poco más para desarrollar la mejor versión de nosotros mismos.  Tolerantes hasta sentirnos contentos con lo que somos y animados para seguir por el camino del crecimiento interior, recordando que la victoria está, no en ser mejores que otros, sino en superar hoy lo que hasta ayer fuimos.

Aprendamos a trabajar a partir del más profundo sentido del amor, ese que nos convoca a actuar para socorrer a quien más lo necesita.  Que, amén de las celebraciones gozosas con familia y amigos, del intercambio de regalos glamorosos, nos demos un tiempo para dedicarlo a esas personas que de ninguna manera tendrían cómo corresponder a nuestra generosidad.  Es justo ahí donde el verdadero rostro de Jesús se nos revela.  Obsequiemos los regalos más valiosos: Nuestro tiempo, nuestra atención, el interés auténtico por los asuntos del otro, sobre todo de aquel que atraviesa grandes dificultades.

Es maravilloso acompañar a los niños en una época de tanta ilusión, cuando la magia de la festividad hace lo propio en sus ojos, en sus risas y en su imaginación.   Permitámonos contagiarnos de ese alborozo infantil para regresar a ser como ellos por un rato, y disfrutar de la mejor manera la Navidad.   Acerquémonos a nuestros mayores para escuchar historias de otros tiempos que hablan de las tradiciones familiares de la época.  Ellos gozarán en contarlo y nosotros aprenderemos nuevas formas de ver la vida, a través del rescate histórico de lo que es muy nuestro.

Dejémonos llevar por la música de temporada que nos unifica a todos en una sola voz, pero no desatendamos el silencio de los que no pueden hablar, de los que no saben cómo hacerlo. Acompañemos a unos y otros para expandir el calor del hogar que hoy nos reconforta.

Sea nuestra Navidad en modo “paz” ocasión de gozoso crecimiento interior. Permitamos que nos mueva la gratitud por lo recibido a lo largo del año, para actuar más delante, hasta colmar el ambiente de bendiciones.  Nuestro mundo necesita más actos de bondad, menos discriminación.  Más diversión sana, menos intoxicaciones de temporada.  Necesita trascender de los regalos materiales a las dádivas que brotan desde el interior y se esparcen en nuestro entorno, recordando que la paz de allá afuera, entre potencias y doctrinas; entre partidos, pueblos, grupos y familias, inicia, justo aquí, en el centro de nuestro corazón.

¡Feliz Navidad 2024, amigos!

CARTÓN de LUY

 


HAUSER - Hermoso especial navideño

REFLEXIÓN de Juan Antonio Villarreal Ríos

Era un hombre triste, no es que llorase todos los días por las banquetas que le conducían a la catedral de aquella ciudad, no es que que cada que se colocaba el batón blanco sobre su cuerpo, los ojos se le humedeciesen, no, era otra cosa que no podía decir, y se tragaba sus sentimientos como si estuviesen prohibidos.

Las vírgenes y los santos percibían su tristeza y guardaban silencio y monedas en sus alcancías, solidarios con aquel hombre de carne y huesos, y cuentas en las manos, pero un día, ese hombre triste, se plantó frente a otro hombre que le ganaba en años y en vida, le pidió le permitiese acariciarle su barba, lo dijo a plena luz del día, a la hora que las palomas desayunaban, estas abandonaron el alimento para observarlo, las manos de aquel hombre triste, casi un santo se posaron en las barbas de aquel otro hombre casi un diablo, entonces las palomas al unísono huyeron al cielo, y aquel hombre triste, por primera vez sintió verdaderamente que Cristo vivía en su corazón, y lloró de verdad, como jamás lo había hecho en las 36,500 veces que se había arrodillado frente a la cruz.

Para una Navidad extraordinaria: Charla de Marian Rojas Estapé

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Vamos recorriendo camino y a través de él encontrando gente con la cual compartimos parte de nuestra historia.  A veces la convivencia es corta y sin embargo trascendental, otras permanecen por una gran parte o toda la vida, sin que revistan mayor significado que dicha permanencia.

Entre ellas, habrá cadenas de afectos que nos mantienen unidos, cadenas que en ocasiones son rotas por motivos ajenos a nuestra voluntad, otras por fallas en la comunicación que a veces resultan en una ruptura parcial que se retoma y otras en que la desidia, el orgullo, la apatía impide reanudarlas, de modo que quedan flotando en ese espacio etéreo en el que van y vienen a nuestra memoria, sin que logremos cerrar un círculo por el que se cuela de vez en vez el dolor de haber perdido un afecto valioso.

Tenemos reencuentros y desencuentros; conocemos y reconocemos gente. A veces los reencuentros nos permiten ver con mayor sensatez y madurez cualidades que habíamos pasado desapercibidas, otras por el contrario nos hacen ver que el afecto se ha transformado sin que nos hayamos percatado de ello, por la distancia, por nuestra evolución como personas, a veces por circunstancias que no alcanzamos a comprender.

Se pierden, se ganan afectos, se refuerzan, se diluyen. Nadie asegura la permanencia de éstos por fuertes que hayan sido los lazos de unión. He visto decenas de veces romperse los vínculos que parecían más sólidos, hay tantas variables que quedan fuera del acceso de nuestra voluntad y a veces es la misma voluntad la que nos hace alejarnos, que decir te amo o prometer una amistad para toda la vida resulta muchas veces un deseo que no llega a transformarse en realidad.

Saber perdonar, tolerar, ser llevados siempre por el amor en las relaciones son constantes que podemos manejar y que permiten que éstas sean duraderas. Relaciones sanas, en donde se conserve ante todo la dignidad, porque ésta no debe naufragar nunca en el afán de continuarlas. El respeto a los demás y a nosotros mismos es invaluable y da al amor autenticidad, solo quien se respeta y respeta a los demás es capaz de dar amor, aceptando a la persona con defectos y virtudes, impidiendo nos lleve la ira a la ofensa, manteniendo el deseo del bienestar del otro como lo deseamos para nosotros mismos.

Vivir en el amor, en la fraternidad, mantener los afectos sin perder la dignidad, ante todo respetar nuestras relaciones, a quienes les entregamos nuestro cariño y a nosotros mismos, para que las cadenas de amor que vayamos entrelazando durante nuestra vida nos den sostén que fortalezca el espíritu, que dé paz, nos amortigüe el sufrimiento y nos mantenga la esperanza.

Tom and Jerry en La noche antes de la Navidad de 1941.

 
¡Qué maravilla recordar los dibujos animados cuando no existía la tecnología y era solo el ingenio humano lo que se utilizaba para contar historias!

domingo, 15 de diciembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 INVENTARIO PERSONAL

Los humanos utilizamos ciertos parámetros para valorar nuestro quehacer por el mundo.   De tiempo en tiempo vamos cerrando ciclos respecto a determinadas actividades.  Uno de estos cierres que nos llega cada 365 días tiene que ver con el fin de año, cuando nos corresponde llevar a cabo una íntima evaluación de nuestro desempeño en el ciclo que termina.

Dentro de las felicitaciones de temporada que intercambiamos en diciembre, nos obsequiamos buenos deseos para el año que está por comenzar, algo muy grato, aunque finalmente corresponde a lugares comunes con poco significado real.  Lo verdaderamente enriquecedor ocurre en nuestro fuero interno, cuando evaluamos si los logros conseguidos a lo largo del año corresponden a los que nos habíamos trazado.   Habría entonces que ver, en primer lugar, si cuando comenzó el año establecimos metas, y si fueron asequibles para cumplir conforme a nuestras condiciones de vida.

En ocasiones nos gana el ritmo acelerado: Iniciamos el día con la lista de pendientes por cumplir y comenzamos una especie de maratón para completar las tareas de ocasión.  Poco nos detenemos a respirar o a voltear al cielo para disfrutar el azul que se despliega por doquier.  Nos movilizamos de un sitio a otro con tal premura, que, si nos preguntaran acerca de diversos elementos que, con un poco de atención habríamos observado en el camino, seguramente reprobaremos.   No reparamos en paisajes, personas o cualquier otro detalle que no sea de suficiente impacto como para capturar nuestra atención.  Tal vez algún accidente automovilístico tendría la capacidad de hacernos voltear, pero solo por un momento.  Tal es nuestra prisa.

Para inventariar nuestra vida durante el último año habremos de identificar los propósitos que nos planteamos a su inicio.   Tal vez nos deseamos salud, amor y bienestar, y en realidad no nos fijamos metas personales por cumplir.   Intentamos seguir siendo los mismos que el año anterior, para llegar a otro 31 de diciembre y volver a desearnos lo mismo bajo igual cartabón, sin experimentar la satisfacción de un crecimiento interior por el cumplimiento de metas trazadas.

Este es el mejor momento para planear nuestros propósitos del próximo año.  Trazarnos los que conlleven desarrollo personal, que no se centren solamente en mí, sino que tengan mayores alcances, que sean capaces de beneficiar a otros seres humanos, a otras causas.  A personas u organizaciones más allá de nosotros mismos, lo que nos permitirá trascender mediante un amor expresado de la única forma válida que existe: a través de la acción.

Los propósitos pueden ser de lo más variado.   Lo que el mundo necesita con urgencia es personas que se sumen a la causa humanitaria de todos nosotros, actuando en aquellos puntos en los que quizá los demás no tienen tanta oportunidad de trabajar.  Una escucha atenta, una llamada telefónica; hacerse presentes ante la persona cercana que la está pasando mal.  Un apoyo económico o en especie a quien más lo necesita.  Son mínimos aportes que nada nos quitan, y que resultan muy significativos, además de que amplían la onda expansiva de bondad que tanto necesita el mundo.   En sitios públicos, ser cordiales con los demás; cuando recibimos un servicio saber dar las gracias con cortesía, pedir permiso para pasar, o regalar una sonrisa nada más porque sí.  Son gestos que de nada nos despojan cuando los damos, y que terminan saneando el ambiente en beneficio de los demás y de nosotros mismos.

Momento de trazar proyectos personales para el 2025, hacerlo de manera que podamos ir midiendo su avance en forma periódica, para así administrar el tiempo y la dedicación que le estamos invirtiendo.   Para nadie está prohibido soñar, tan alto como llegue su imaginación, aunque, claro, hacerlo de forma realista, tomando en cuenta los recursos verdaderos que se tienen para hacerlo.

Menciona Miguel de Unamuno, respecto a los sueños, que estos representan el anhelo de extenderse en tiempo y espacio.  Una excelente forma de abarcar lo que el corazón busca a través de ellos, con un enfoque más allá del propio contentamiento.

Permitamos que la algarabía de la temporada nos invada con su música, su colorido y sus fiestas.  Vivamos con los seres queridos esta época con matices a la vez religiosos como profanos, que vuelven las fiestas algo único a lo largo del año.   Gocemos el barullo exterior con la disposición de un niño, que se entrega a vivir el momento presente a fondo.  Al mismo tiempo, hagamos una reflexión para revisar cómo vamos, qué pendientes quedan del año que termina, y, sobre todo, cuál es el plan de trabajo personal para el año que habrá de comenzar.  Un plan que nos permita alcanzar las metas que conduzcan a mejorar día con día la casa común para todos.

CARTÓN DE LUY

 Desde este espacio deseo felicitar a LUY por haber recibido a principios de mes el XX Premio México de Periodismo "Ricardo Flores Magón 2024". Un orgullo que colabore semanalmente con este blog.



TREGUA NAVIDEÑA. Caso real en la Primera Guerra Mundial. -

CAFÉ PENDIENTE: Tradición de generosidad a otros


Estamos en una cafeterías y entran dos personas:
- Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres “pendientes”.
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van.

Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
- Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan.
Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos.

- ¿Qué son esos “cafés pendientes”?
- Espera y verás.
Seguimos sentadas, hablando de nuestras cosas y mirando a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja: ¿Tiene algún café pendiente?

El 𝗰𝗮𝗳𝗲́ 𝗽𝗲𝗻𝗱𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 es una práctica filantrópica con origen en Nápoles en el siglo XIX. Cuando alguien estaba feliz después de que algo bueno había pasado, en lugar de pagar un café pagaba dos, dejando sobre la mesa el dinero para el próximo cliente. Ese gesto fue llamado ‘caffe sospeso’, literalmente, café en espera. E iba destinado a invitar a un café a alguien sin recursos económicos.

Con un café se consigue sacar una sonrisa en cualquier momento del día a una persona que no puede pagarse una taza de café caliente. Y además, en un momento de tantas diferencias, es algo que nos hace sentir más unidos. Un gesto que no tiene nada que ver con la limosna, es más bien una forma de compartir los problemas, un momento de comprensión y consideración hacia los demás.

Texto: Cosas que nunca te dije. Publicado por Manuel Salvador Sáenz Vanegas

Vivir la Navidad desde lo esencial: Charla con MARIAN ROJAS ESTAPÉ

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez




Quisiera que las palabras fueran fieles transmisores de los sentimientos, pero en la comunicación intervienen más de uno, y el receptor muchas veces descifra un código que para él encerraban tus palabras y tu no habías advertido.

La palabra, instrumento a veces punzocortante, otras bálsamo que alivia, brisa que refresca, hielo que congela, puente de unión, muro que separa. ¡Que hable por ti la actitud y logre mayor congruencia!

MOG Y LA NAVIDAD: Corto animado

domingo, 8 de diciembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 RENACER, SIEMPRE RENACER

“Somos lo que hacemos con lo que otros hicieron de nosotros”: Sabia sentencia de Jean Paul Sartre, escritor y filósofo francés del siglo pasado.  Palabras que nos desvalijan de cualquier pensamiento que intente mantenernos en nuestra zona de confort de manera pasiva, como victimizados por un pasado que nos ancla.

La inminente entrada del invierno en el hemisferio norte invita a maravillarnos frente a los prodigios de la naturaleza.   Observar cómo una planta que brotó en la primavera y manifestó su mayor esplendor en el verano, ahora se repliega ante el rigor de las bajas temperaturas; en muchas ocasiones muda su follaje, o hasta pareciera morir.  Simplemente se recoge y guarda su esencia última para renacer cuando el tiempo sea el apropiado.

Los humanos, considerados con mucho el culmen de las especies vivas, en ocasiones no actuamos conforme a nuestra jerarquía en la naturaleza.  En nosotros participan elementos que modifican ese apego a las leyes fundamentales de la vida, de modo que los resultados no alcanzan a ser tan predecibles como en otras especies.  El intelecto, la capacidad de reflexión y la creatividad nos permiten ir un paso adelante para conseguir condiciones más favorables para nuestro desarrollo y supervivencia, pero a la vez nos colocan frente a situaciones que, en un momento dado, no hallamos cómo manejar.

El proceso del parto es único para el ser humano.  Ese ser que se ha venido desarrollando en el vientre materno hasta alcanzar determinadas condiciones de maduración, ahora se enfrenta al desafío de abrirse paso por un canal que, no por natural deja de ser desafiante para su pequeña anatomía.  Sin embargo, sabemos que ocurre así por cierta razón.  Ese desafío contribuye a consolidar un proceso de perfeccionamiento que ha durado nueve lunas y que ahora avanza a la recta final.   El afán de querer atajar ese tránsito, por más “humanitario” que algunos puedan suponer, cancela una parte fundamental de maduración integral del individuo que viene al mundo.

A partir de esa primera etapa separado de su madre, el ser humano irá enfrentando nuevos retos cada día.  Lo que para los adultos constituyen acciones básicas de supervivencia, algún día tuvieron que ser aprendidas a base de ensayo y error.  Esto es, cada vez tuvimos que renacer, aunque, evidentemente, en los primeros años no estábamos conscientes de ello.  Conforme avanzamos a una percepción mayor de la vida, vamos descubriendo que, tras cada obstáculo que enfrentamos, viene un proceso de recreación, a través del cual aprendemos, primero a superar el escollo y después a retomar nuestra marcha, a pesar de la dificultad, o más bien, por encima de la dificultad, con una nueva enseñanza en la mochila de viaje.  Esto constituye la diferencia con otras especies animales, en nuestro caso se desarrolla el prodigio de poder identificar el proceso paso a paso.

Son tantas las ocasiones en que nos vemos tan abatidos, ya sea por una enfermedad, un fracaso laboral, una ruptura emocional, que de momento pensamos en “tirar la toalla”.   Conforme la preparación que recibimos para enfrentar estos desafíos, iremos entendiendo que se trata de una batalla, no de la guerra, y que tenemos la capacidad de salir adelante, es más, de crecer con ello, dispuestos a ser mejores de lo que fuimos antes del contratiempo.

La facultad de enfrentar los mayores desafíos sin quebrarnos no surge por generación espontánea ni se compra en línea.  Es el resultado de todo un proceso de formación que inicia desde la más tierna infancia, cuando, a través de nuestras interacciones cotidianas con el niño le vamos inculcando la idea de que la vida no siempre es miel sobre hojuelas, pero que nosotros, como seres racionales y creativos, tenemos la posibilidad de enfrentar cada desafío de la mejor manera, esto es, renacer una y otra vez, tras cada batalla.

Los especialistas hablan de que nuestras jóvenes generaciones no han desarrollado tolerancia a la frustración.  Querámoslo o no, la era tecnológica con su inmediatez ha modulado en gran medida el modo de reaccionar de los jóvenes nacidos al filo del tercer milenio.   Suelen ser bebés cuyos padres buscan a toda costa evitar que lloren y se desesperen, muchas de las veces dándoles una pantalla digital para que se entretengan, sin percibir que justo esos espacios de aburrimiento son clave en el desarrollo de la imaginación infantil, y que permitir que los pequeños los vivan, es darles la oportunidad de un desarrollo integral.

Nacemos una sola vez en la vida.  Renacemos muchas, lo hacemos tras un golpe, un fracaso, un momento de grave dificultad.  Como en la fragua, vamos modelando nuestra esencia última mediante el fuego abrasador, para ser cada día mejores seres humanos.   No hay que olvidarlo.

CARTÓN de LUY

 


Adeste Fideles Concierto de Navidad. Orquesta y Coro RTVE Alfredo García...

REFLEXIÓN sobre los niños

 


Cambia este hábito y cambiarás toda tu vida | Johnny Abraham

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Esta Navidad siento que ese ánimo grinch se ha debilitado, no creo sucumbir ante esta tormenta de emociones que desencadena la Navidad, unas que definitivamente considero muy valiosas, y otras que son contra las que generalmente me rebelo, que resultan dar a la Navidad un contexto estresante, en el que la irrelevancia parece ocupar el primer lugar. Pero si, he estado desplazando esa sensación de tristeza que generalmente me embarga desde que inicia diciembre, hasta convertirse a veces en algo que realmente llega a ser deprimente y que seguramente tiene que ver con sensaciones que se guardan en el inconsciente algunas y otras que surgen como recuerdos de épocas infantiles en que las navidades eran fechas que no llenaban las expectativas que como niños uno tenía, quizá es eso.

Siempre me esforcé en no contagiar mi desánimo, tuve la suerte de que el padre de mis hijos tuviera espíritu navideño y motivaba a que en el hogar lo hubiera. Mis hijos supieron lo que era una Navidad celebrada con amor, con buen humor y en un ambiente familiar, sin excesos, sin gran algarabía, pero con profundo sentimiento de unidad y bienestar espiritual, cuando menos así lo siento yo.

Ahora, después de estos últimos años en que la vida nos ha colocado como familia en situaciones difíciles, que se han logrado sortear, encuentro en estas fechas la oportunidad de dar gracias a Dios, a la vida por poder festejar esta Navidad, haciendo de ella una época especial para reafirmar los lazos de amor entre la familia, los amigos, y dejar a un lado ese rechazo a todo aquello con lo que no he estado ni estaré en sintonía, pero que discriminaré para dar paso a mis emociones positivas, a que aflore el amor, a que mi corazón se llene de gozo de poder estar al lado de los que quiero. 

Navidad esta vez, reviste un significado especial en donde mis queridos nietos Ricardo, Rodrigo y Paola con su ternura, inocencia y la magia que envuelve la infancia, vencen a mi grinch interior y vienen a hacer de mi Navidad, una muy feliz Navidad.

El arbolito de navidad más feliz del mundo: Animación creada con IA

domingo, 1 de diciembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 LEER EL PRESENTE

“Baste a cada día su propio afán”.  Esta expresión de Mateo 6:34, que mi padre invocaba cada mañana durante su larga enfermedad, viene a mi memoria en especial hoy, cuando vemos que se elevan los momentos de desesperanza que nos tientan a abandonar toda lucha, considerándola estéril.

Quizás otorgando una nueva perspectiva a la realidad podamos vivirla de mejor manera.  Nuestro pensamiento suele balancearse entre distintos tiempos, en lo que los especialistas denominan “red neuronal por defecto”: nos remitimos al pasado con todo aquello que tuvimos y no más tenemos, lo que nos deprime.  O avanzamos hacia el futuro imaginando escenarios complicadísimos, lo que nos angustia.  De entrada, no conseguimos enfocarnos al único tiempo válido, el presente, con su paleta de posibilidades para construir una realidad positiva y satisfactoria.

Con ocho mil millones de habitantes, el planeta en este tercer milenio se vuelve complejo. Máxime cuando las súper carreteras informáticas traen a nuestro campo de conciencia realidades terribles de lo que ocurre en cualquier rincón del mundo.  Contenidos, muchos de ellos, muy apegados a lo que es, pero muchos otros con un sesgo informático muy singular, que finalmente nos lleva a una sensación de abatimiento.  Los males del mundo llegan a manera de alud a nuestros sentidos para agobiarnos y, no pocas veces, sumirnos en la depresión.

Vivir en el aquí y el ahora es el recurso supremo para el bienestar espiritual.  Colocarnos con todos nuestros sentidos, nuestros pensamientos, expectativas y limitaciones, en el plano de lo que ahora hay, eso que tenemos frente a nosotros para trabajar por construirnos un mundo digno de ser habitado.   La tarea de desintoxicarnos de contenidos mediáticos dañinos es fundamental, tanto hacer a un lado noticias desalentadoras que no hacen más que sumirnos, así como “realidades virtuales” frente a las cuales nuestra limitada humanidad se siente incompetente.  Somos humanos reales, sin edición, con defectos, heridas y desaciertos, pero, por encima de todo, con la voluntad por superarnos.

Jean Paul Sartre, escritor y filósofo francés del siglo veinte, quien rechazó el Nobel de literatura en 1964,  tiene una sentencia maravillosa, que viene al caso para ilustrar lo que aquí postulo, y que dice: “Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”, dando cuenta de que la libertad radica, justo, en trabajar activamente por construirnos, propuestos a superar todos los elementos que parecieran querer evitarlo.   En la medida de su voluntad, el ser humano es capaz de modificar el impacto de esa narrativa que, de entrada, busca limitar nuestro desarrollo personal.  Hacerlo significa ir por la vida haciéndose responsable de lo que es en el presente, sin anclarse a elementos externos a sí mismo, máxime si pertenecen a un tiempo que ya no es.

El gran problema de esta época de hedonismo es que se nos llama a centrarnos en el ego para conducir nuestra existencia. Partimos de cómo nos sentimos o qué esperamos del mundo, para determinar lo que estamos dispuestos a hacer.  Si nuestros actos no van a redundar directamente en un beneficio personal, los descartamos; replegamos nuestras naves y dejamos de participar de manera activa.  Aplicamos unas matemáticas rigurosas y finalmente demoledoras que nos van encapsulando.  Como si sintiéramos que los demás no han hecho suficientes méritos para ganarse nuestra atención, y entre esas expectativas irreales nos aislamos.

Como humanidad nos urge desarrollar la capacidad para leer el presente.  La actitud empática de aceptar a otros con sus lógicas diferencias, hacia una tarea de conjunto.  En ocasiones partimos de nuestros propios conceptos para considerar que, si los demás no actúan como nosotros, entonces no podemos aceptarlos.  Habría entonces que preguntarnos, siendo muy sinceros: ¿y quién nos puede afirmar que lo que nosotros hacemos es lo correcto dentro de la vastedad del universo?  O, como dice el dicho, hay muchas formas de matar piojos.

Si abrimos los ojos y miramos en derredor, descubriremos que la humanidad vive asolada por distintas plagas emocionales: La depresión por lo que se tuvo ayer y se ha perdido; la angustia por lo que puede venir en un futuro; la intoxicación de contenidos vía las redes sociales.  Se nos olvida enfocar nuestros sentidos hacia la maravilla de la naturaleza, a descubrir que somos parte de ella, y que de su contemplación  adquirimos grandes enseñanzas de vida. Observamos la forma como otros seres vivos intercambian entre ellos funciones, para el bienestar colectivo.   Pidamos al cielo la humildad necesaria para entender que no somos el centro del universo, sino una simple arenilla en la playa cósmica, eso sí, con un papel único y trascendental por cumplir.

CARTÓN de LUY


 

DIVERTIDA MÚSICA DE BRAHMS

VALIOSA CARTA DE UN MAESTRO


 Tomada de la página de Facebook de Eva de Metal

Marian Rojas: "Somos adictos a la irrelevancia y nos cuesta mucho lo pro...

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Plasmar mis sentimientos a través de las letras, es algo espontáneo, fluye a través de mis dedos, como si mis ideas pasaran directamente a ellos sin filtros, sin reglas, sin nada que les fije el rumbo o les marque directriz alguna.

No sé en que momento empecé a escribir, ignoro también porque me inicié en esto, se hizo en mí una actividad si no indispensable, sí necesaria, que me permitía catalizar muchas veces las emociones de experiencias propias y ajenas.

Sin intentarlo realmente, logro a veces la conexión con personas, en el pensamiento y mucho más allá, como si se tendieran redes que conectan las almas, y se convierte uno en un transmisor de sentimientos que nos son comunes, que nos afectan por igual, para bien o para mal.

Así escribo, con la humildad de reconocerme una escritora sin instrucción alguna, y carente del arsenal cultural que se requiriera para llamarse escritora, aceptando el título porque finalmente me define como alguien que se atreve a describir con palabras, ideas y sentimientos, aunque nunca sea capaz de lograr una obra literaria.

Ni siquiera he sido capaz de preparar mis escritos haciendo un borrador susceptible de corrección.
Me siento, tecleo, a veces confieso que hasta apuradamente, como si tuviera miedo de tomarme más tiempo y perder a idea, idea que además no es por lo general preconcebida y que a veces va surgiendo cuando escribo,

Esta es mi confesión, y sé que me revela tal cual soy, como escritora informal, o como se pueda llamar a lo que hago, pero que en cada escrito, en cada reflexión, llevo por guía lo que me dicta la razón, y conectada directamente con el corazón, porque soy un ser sentipensante, ese término nacido en Sucre en voz de un pescador, para señalar que se actúa con el corazón, empleando también la cabeza.

Mis escritos no tienen más valor que aquél que le encuentre por lo menos un lector, son tan solo letras que forman emociones simbolizadas en palabras, y que pueden tener mil errores, pero al fin y al cabo intentan sonar auténticas y libres, de mi total inspiración.

EL VERDADERO SENTIDO DE LA NAVIDAD

domingo, 24 de noviembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 500 DÍAS: LECCIONES DE VIDA

No deja de sorprenderme la elevada frecuencia con que aparecen notas que dan cuenta de fallecimientos de figuras públicas muy jóvenes. Me lleva a recordar aquello de morir a los 27 años, que muchos artistas del siglo veinte han cumplido. La frecuencia actual me inquieta, en particular porque son muertes aparentemente inexplicables o absurdas, como caerse de un quinto piso en medio de la noche. Me parecen como el probable colofón de vidas vividas de manera precipitada o irreflexiva, sin especial cuidado, según se deja ver. Me preocupa en particular el mensaje subyacente en todos estos casos, que podría llevar a nuestros jóvenes a pensar que así es la vida, un albur, una especie de ruleta rusa que se juega con total ligereza, sin importar lo que el azar marque.

Frente a este panorama nos hacen falta modelos que apunten en sentido contrario; figuras que inviten a la reflexión, a la resistencia y a no darse por vencidos aun en las condiciones más desfavorables. De igual manera como encontramos los ejemplos del actuar precipitado, hay modo de explorar para hallar verdaderos arquetipos que instan a no darse por derrotados en la vida, así se nos presenten las dificultades más grandes.

Estoy por terminar la lectura de una gran novela que acaba de ver la luz este noviembre: “500 días”, escrita en coautoría por dos grandes narradores que se identifican con los seudónimos de Medardo y Espacio de Luz, el primero de ellos es el protagonista central que va a dar a prisión acusado de un delito que no cometió; la segunda una psicóloga que conoce de tiempo atrás y a la que une una gran amistad. La historia está basada en hechos reales, y nos va llevando desde la vida que gozaba Medardo al momento de su intempestiva detención por causas que no logra identificar de entrada y que finalmente, cuando descubre el motivo de su detención, entiende que ha sido víctima de usurpación de identidad.

La obra está narrada con crudeza, dando cuenta de una realidad que para la mayoría de nosotros resulta ajena, confinada a los recintos carcelarios y el manejo discrecional de muchas de sus autoridades, para las que los derechos humanos son un lujo que no existe en prisión. Lo maravilloso de la obra es que nos va llevando a través de los terribles escenarios que debe vivir el protagonista, a la par que en él comienza un proceso de sanación interior de la mano de Luz, con la que mantiene constante comunicación telefónica.

En toda lectura tengo la costumbre de señalar los párrafos que me resultan destacables. Mi ejemplar está plagado de anotaciones que marcan las reflexiones tan importantes que llevan a cabo Medardo y Luz, conforme avanza el proceso judicial del primero. Da cuenta en forma directa de las transformaciones que van ocurriendo en “La Extensión”, el penal donde se le mantiene preso durante más de un año. Cambios en la persona de sus compañeros de prisión, como en el entorno, físico y social, y el modo en que, habiendo logrado un determinado estado de equilibrio, surgen situaciones que dan al traste con parte de lo conseguido y habrá que volver a empezar. Hay ratos en que Medardo se quiebra, tanto que nos lleva a pensar que terminará dándose por derrotado ante la presión. No obstante, vemos ese espíritu inquebrantable volver a surgir de los escollos, con más sabiduría que antes de caer.

Desde aquí va mi profundo reconocimiento a Medardo y a Espacio de Luz por su capacidad de narrar al mundo palabras de esperanza, que invitan a no desfallecer jamás. Nos demuestran en cada línea que la voluntad de propósito queda siempre por encima de las dificultades, y que el corazón es un diamante en bruto que se va puliendo con cada golpe que recibe. Y finalmente que, no conforme con ser mejor para sí, ese corazón prodiga su amor hacia el entorno, como una invitación que logra contagiar de entusiasmo a los demás.

Nosotros, adultos, hemos acostumbrado a nuestros jóvenes a un mundo de inmediatez y precisión, de modo que ellos esperan que las cosas funcionen tal como quieren, y a la primera de cambios. Por desgracia eso es una falacia, y cuando salgan al mundo real van a sufrir un descalabro, en ocasiones tan grave, que termine con ellos. Nos corresponde a nosotros ubicarlos en la realidad con sus lógicas variaciones y sus desafíos, y hacer lo necesario para que desarrollen las herramientas requeridas para salir adelante. Proveerles de modelos que les ayuden a no desfallecer en el camino, es darles un gran regalo de vida.

“500 días”, por Medardo y Espacio de Luz, ed. Cálamo, 2024: Una lectura de lo más recomendable, grandes lecciones de vida para todos nosotros, peregrinos del mundo. Palabras de aliento que nos animan en esos ratos cuando nos sentimos desfallecer a la vera del camino.

CARTÓN de LUY

 

Todo el amor a nuestros peluditos.

MERCEDES SOSA: Gracias a la vida

REFLEXIÓN DE Sylvia M. Cantú

Damos la bienvenida a este espacio a la escritora monclovense, querida amiga Sylvia Martha Cantú, con una réplica a mi CONTRALUZ del domingo pasado.

Certero y preocupante. 

A medida que nos zambullimos en ese mar de “descubrimientos” de IA, se reducen nuestras habilidades para expresar, como lo hace un escritor, la verdad de nuestra existencia. Solamente damos a los demás a través del celular y otros gadgets, lo que queremos que los demás vean de nosotros mismos o de alguna situación o noticia. 

¿Dónde quedaron las historias de los abuelos? 

Aquellas tardes de convivencia con amigos, familiares, etcétera... se han convertido en simples frases que acortamos cada vez más, sustituyendo palabras por signos o figuras. Vamos silenciando nuestro cerebro, nuestro corazón y perdemos el contacto de la voz y de abrazos reales no virtuales. ¿Qué nos espera?... ¿Ser robots?

¡Qué lástima! Se acabo aquello de: 

"Había una vez…"

Juan Miguel Zunzunegui: "Cómo nos contamos nuestra historia"

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez





El amor puede ser entregado a la persona equivocada, pero nunca resultará ser en si mismo un error. 
Amar engrandece a la persona, le convierte en su mejor versión, le hace entregar lo mejor de si mismo y lograr ser feliz a través de la felicidad que le prodiga al otro. 

Nunca será un error amar, aun cuando nuestro amor sea traicionado, aun cuando termine siendo incomprendido, lastimado, desdeñado; haber alojado en nuestro corazón ese sentimiento siempre habrá valido la pena.

Siempre será mejor haber amado y resultar desilusionado que vivir tras un escudo contra tan sublime sentimiento y vivir ajeno a experimentarlo para no correr el riesgo de sufrir.

Amar nunca podrá ser equivocado, nadie se equivoca al amar, el error es de aquéllos que no pudieron descifrarlo o percibirlo y fueron incapaces de corresponderlo.

Nunca te arrepientas de haber amado, el corazón que ama siempre podrá recuperarse aun cuando lo sintamos literalmente roto, mantenerlo a salvo y retirarse a tiempo, cuando lo vemos amenazado por la indiferencia o el maltrato.

Bien vale la pena tener cicatrices en el corazón, si éstas fueron huella de un verdadero amor. A reconstruirlo y seguir la vida, nadie en esta vida se muere de amor, nadie debe morir sin haber amado.


SOLUCIÓN DE RAÍZ: Corto animado

domingo, 17 de noviembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 HISTORIAR: ALBERGAR ESPERANZAS

Cuando creemos dominar un tópico surgen nuevos conocimientos que ponen en evidencia cuán equivocados estábamos.  Con relación a la tecnología de la información y comunicación es doblemente válido decirlo, puesto que crece a pasos agigantados y los estudiosos del tema avanzan en sus descubrimientos con cada nuevo día.

Esta semana he estado leyendo al filósofo y ensayista coreano Byung-Chul Han.  “La crisis de la narración” es una de sus tantas obras que abreva de filósofos tradicionales como Heidegger y Foucault para plantear cuestionamientos de gran vigencia, como los relativos al uso de la tecnología y el vacío interior.

Chul Han habla de narrar historias. De la forma como, desde inicios de la civilización, los hombres y mujeres han estado formados de historias.  Lo vemos reflejado en leyendas y consejas, en cuentos infantiles y en la convivencia con individuos afines a nosotros, de cuya interacción se genera lo que llamamos cultura.  De tales historias que hablan sobre la conducta humana, sus alcances y limitaciones, así como las consecuencias de actuar de una u otra manera, es como se establecen los marcos conductuales dentro de los cuales nos regimos la mayoría de los seres humanos.

El filósofo refiere el concepto de modernidad tardía directamente asociado con la tecnología digital.  Cómo el surgimiento de dispositivos electrónicos ha ido marcando nuestra conformación emocional, transitando de las primeras computadoras que requerían una laboriosa programación, hasta los actuales dispositivos, a los que se accede con un simple clic.  Coincide con autores como J. Haidt al señalar que, en este tema, el mayor cambio que se ha dado en el ser humano lo produjo la introducción del teléfono inteligente, llevándonos de ser homo sapiens a phono sapiens, puesto que toda nuestra existencia va siendo estructurada en función de los contenidos de acceso inmediato.

La gran tragedia es, para el pensador coreano, que nos hemos ido quedando sin historias por contar.  Cada aplicación que utilizamos nos provee de una información casi instantánea, que en breve es sustituida por una nueva información, descartando la posibilidad de crear historias que nos construyan como seres humanos.  Tanto el material que publicamos en Facebook, como las selfis provienen, no tanto de una actitud narcisista, sino de una angustia existencial; responden a la necesidad apremiante por llenar ese vacío profundo que se cierne en torno a nuestra vida.  La llama la “atrofia temporal” que desestabiliza y fragmenta la vida, algo que en su momento ya señalaba Marcel Proust, hace cien años, en la última parte de su novela “En busca del tiempo perdido”.

Chul Han engloba todas estas conductas frente a la pantalla como “realidades momentáneas” que dejan al usuario digital, finalmente, sin auténtica historicidad.  Su vida no consigue ser narrada, ni para sí mismo ni para los demás, como una historia que posea unidad, congruencia y trascendencia.  Se queda como fragmentos deshilachados de momentos vividos, nada más.

Un punto en el que insiste el filósofo es en el efecto adictivo de las aplicaciones tecnológicas.  Vale la pena recordar que el uso de la tecnología genera disparos de dopamina como podía hacerlo el alcohol o las sustancias psicotrópicas.   Su uso habitual genera un fenómeno de tolerancia, de manera que cada vez se requerirá de un mayor consumo para obtener el efecto deseado, lo que constituye la trampa de las adicciones.  Algo que quizás inició de manera candorosa llega a convertirse en un infierno para el usuario y sus allegados.

La diferencia entre una narración autobiográfica y la información que publicamos en redes, es que la primera consiste en un ejercicio consciente de memoria, en tanto lo segundo obedece más a impulsos poco reflexivos, que en breve desaparecen sin dejar huella en nuestra propia estima.  Narrar el yo no es un ejercicio que tenga que ver con la cantidad de información que proporcionamos a otros, sino que es una evaluación de la calidad que viene teniendo nuestra existencia.  El recuerdo no es una simple enumeración de acontecimientos personales; representa una forma propia de narrarnos, para así sentir que hemos hecho una diferencia en nuestra vida y en la de quienes nos rodean.  Hacer que el transcurso del tiempo tenga un sentido que nos impulse a echarle ganas a todo lo que hacemos.

Una vida plena implica el trabajo activo para romper con ese aterrador vacío vital que nos lleva, en un momento de crisis, a cuestionarnos qué hemos construido con todo nuestro tiempo.  De qué modo el mundo es mejor gracias a que nosotros hemos existido. Termino con unas palabras del propio Byung-Chul Han: “La narración es lo único que abre el futuro, al permitirnos albergar esperanzas”.

CARTÓN de LUY

 


"El vuelo del abejorro" de N. Rimsky Korsakov. Interpreta Yuja Wang

POEMA DE KONSTANTIN KAVAFIS

ÍTACA
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Contando desde los márgenes: Charla de José Luis Gallego, cuentacuentos.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez



¡Qué bonito es vivir y no perder la capacidad de asombro! Admirar día a día el atardecer y dejarse maravillar por la gama de colores que cubre el cielo. Seguir el ciclo de la luna, encontrando en cada fase la magia que emana de su luz, aun en luna nueva admirar la luz cinérea que permite su visibilidad.

Se vive tan precipitadamente, en una carrera constante por la consecución de metas, metas que se nos impulsó a alcanzar desde niños, y que sin más ni más aceptamos como propias, dejando a un lado aquéllas que no dejamos aflorar porque nos quitaban tiempo, porque nos alejaban de ese plan predeterminado que se nos trazó.

Cuando ya nuestro paso se ralentiza, cuando ya la demanda de las conquistas no es prioridad en nuestras vidas, cuando nos permite la vida detenernos a escucharnos, sin perdernos en el estridor del ruido incesante que nos apaga el sonido de la verdadera esencia de nuestro existir, es cuando tenemos oportunidad de reencontrarnos con el asombro infantil que ante los más simples sucesos nos llena de emoción, y nos maravilla, nutriendo el alma dejando a un lado el que sea o no necesario para conseguir un propósito, porque tal propósito es simplemente la emoción que nos genera. 

Del asombro nace la filosofía, del asombro la ciencia, de no perder la capacidad de asombro depende que la vida, por más años que haya sido vivida, no se convierte en aburrida rutina, o un tiempo que transcurre muy a pesar nuestro.

Educar a los niños en el asombro, y dejar que este permanezca en nosotros a lo largo de la vida, sin que la irrelevancia lo sustituya, para impedir que el alma envejezca.

FLOTA Y VUELA: Corto animado

domingo, 10 de noviembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 DERROTEROS DE LA IMAGINACIÓN

Una de las grandes facultades que distinguen a la especie humana es la imaginación.  A través de ella podemos soñar, crear conceptos y formular pensamientos que más delante habrán de cristalizar.  Como todo, la imaginación tiene su lado oscuro, que no pocas veces condiciona grandes problemas.

Todos los seres humanos experimentamos a lo largo de nuestra existencia momentos grandiosos, son los “Kairós” de los que ya hemos hablado, vivencias casi mágicas que se despegan del tiempo cronometrado para trascender.  En gran medida dichas experiencias tienen que ver con la imaginación; aquello que concebimos en nuestra mente y ahora se vuelve realidad tangible.  De igual manera habrán de presentarse momentos desagradables, que no empatan con lo que habíamos imaginado, lo que provoca profunda desazón.  Cuando eso sucede hay quienes se quedan anclados al momento desgraciado, ponen en pausa su vida y no parecen dispuestos a salir del hoyo.   Visto desde la imaginación es un darle vueltas a lo que es contraponiéndolo frente a lo que esperábamos que fuera, o lo que debió haber sido, o lo que sentimos merecer y no nos está concediendo la vida… Plantamos nuestra dolorosa realidad frente al escenario que nos sugiere la imaginación y nos frustramos.

Malaurie es una chica fantástica que conocí en el verano.  Lo que más admiro de ella es su capacidad para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.  Lo hace con singular pasión, sacando el máximo provecho de cada experiencia.   Encaja perfectamente en esa sentencia que reza: “Si la vida te da limones, haz limonada”. Es un alma vieja. Pese a su juventud posee la sabiduría de apreciar a profundidad el momento presente e imaginar qué puede hacer para disfrutarlo al máximo, con toda la creatividad puesta en la tarea. Podría decirse que valora lo que hay en este momento, sin detenerse a pensar en lo que no hay, o lo que hubo, o lo que podría haber habido.

La imaginación llega a ser nuestra plataforma de despegue de donde parten las mejores concepciones rumbo a hacerse realidad.  Casi en paralelo, puede convertirse en un pozo sin fondo donde va a dar nuestra vida cuando no ponemos la voluntad al frente de nuestro proyecto de vida.  Situaciones complicadas tenemos todos; sería imposible colocarlas en una balanza para saber quién tiene más que quién, pero finalmente lo fundamental no es ponernos a medir los males, sino ejercitar la disposición para superar –una a una—las dificultades del camino.

Un cuento maravilloso de Marguerite Yourcenar habla de un anciano pintor oriental Wang Fo, y de su ayudante el joven Ling, a quienes el Emperador “Amo Celeste” mandó aprehender.  Conforme los soldados lo llevaban casi en rastras hacia el palacio imperial, Wang Fo no dejaba de admirar el paisaje, los bordados en las mangas de sus captores y las figuras caprichosas que se formaban en los charcos que cruzaban por el camino. Para ese entonces el viejo sabio y su ayudante Ling habían ido vendiendo todo lo que poseían para subsistir y para seguir adquiriendo materiales como pinceles y polvos para pintar, de modo que el anciano siguiera haciendo arte. Incluso el joven Ling llegó a robar comida para su amo, de manera que pensó que aquella detención tenía que ver con el delito cometido.  Ya frente al emperador, y a pregunta del viejo, quedó expuesta la razón: El mandatario había crecido entre los lienzos de Wang Fo, en un enclaustramiento que lo mantenía aislado del mundo exterior.  Cuando finalmente tuvo la edad para salir a conocer lo que había más allá de palacio, su decepción fue singular.  Nada era tan hermoso como Wang Fo lo había plasmado en sus lienzos.  De esta manera el emperador decidió aprehenderlo, dejarlo ciego y amputar sus manos, a manera de venganza por la decepción sufrida.

Como última tarea antes de ser sacrificado, el mandatario ordenó al viejo pintor terminar una obra que, según él, había quedado inacabada.  El anciano se puso a pintar un mar de jade azul y una barca, tan reales, que terminaron por convertirse en medio y en vehículo mediante los cuales Wang Fo y su discípulo Ling lograron escapar de la maldad del emperador.  Todo el relato sirve para describir la forma como el viejo siempre halló el modo de disfrutar de lo más pequeño y ser creativo, con toda la pasión, para hacer de su vida algo único.

Frente a historias como la aquí narrada podemos llegar a la conclusión que el disfrute de la vida es más producto de la voluntad que de las circunstancias, y que, en incontables ocasiones, dichas circunstancias que de inicio se antojan insalvables, pueden ser modificadas.  Y si no modificadas, sí vividas para construir con ese material llamado “realidad” algo único que favorezca disfrutar –con lo que hay-- el regalo de la vida.

CARTÓN de LUY

 


Havasi (Ellos no son) — Preludio a Tiempo de Héroes

REFLEXIÓN DE Peter D. Wimbrow



El hombre en el espejo

Cuando obtienes lo que quieres en tu lucha por sobrevivir

Y el mundo te hace rey por un día

Solo ve frente al espejo y mírate

Y mira lo que ese hombre tiene que decir.

Porque no es tu padre, ni tu madre, ni tu mujer

Cuya opinión o juicio sobre ti es importante

El tipo cuyo veredicto cuenta más en tu vida

Es el que te mira desde el cristal.

Él es el tipo a quien complacer, no importa todo el resto

Porque él está contigo, siempre, hasta el final.

Y habrás pasado tu prueba más difícil y peligrosa

Si el hombre del espejo es tu amigo.

Puedes engañar al mundo entero a través de los años.

Y recibir palmaditas en la espalda al pasar

Pero tu recompensa final será angustia y lágrimas.

Si has engañado al hombre del espejo.

Toda transformación comienza en uno mismo: Mario Alonso Puig.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Mientras más vivo, más ausentes tendré que extrañar. Aprenderé a esta coexistencia con la muerte que no se puede soslayar. A sentirlos distinto, pero siempre sentirlos, acariciada por los recuerdos, abrigada por el cariño que nunca se llevan con ellos, que permanece y alimenta mi alma, que inspira, trasciende y es energía vital.

Unida a los ausentes, a mis muertos, que al llamarlos así solo me refiero a ese estado de transición en que deja de latir su corazón, pero su recuerdo sigue haciendo acelerar la marcha del mío. No me han dejado amargura por más dolor que su pérdida me haya causado, sobreviven en mi las mejores memorias de cada uno de ellos, detalles sencillos, grandes ocasiones, lágrimas, sonrisas, abrazos, frases, convivencia, que marcaron en gran parte mi vida. Mis amados difuntos, mis cariños perecederos, envasados en mi alma sin fecha de caducidad.

Gracias por haber sido, gracias por seguir siendo la savia que fortalece mi existir.





Amor gatuno y otras cosas

domingo, 3 de noviembre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 HUELLAS, NADA MÁS

Me sucede con cierta frecuencia: el mayor reto a la hora de publicar es ponerle nombre al niño.  Un título que simbolice el contenido de lo que voy a abordar.  El presente salió con relativa facilidad.  Ya escrito y justo en el ambiente que pretendo evocar, recordé una canción de Javier Solís que se escuchaba en la radio en los años sesenta, solo que en vez de huellas la canción hablaba de sombras.

En estas fechas se llevan a cabo diversas celebraciones con motivo del Día de Muertos.  Tradiciones otrora confinadas al centro y sur de México se han extendido, los colores morado y anaranjado del bello papel picado de los altares de finados se halla presente, con determinadas variaciones según la región.   La muerte es la gran invitada que se regodea entre candelas encendidas, sahumerios, cempasúchil, viandas y las infaltables golosinas: alfeñiques y pan de muerto con sus diseños representativos del gran final, escarchados con azúcar. Fotografías y prendas del finado, cruces de sal y un perro que indique el camino desde el Mictlán.

Hoy deseo hablar sobre cómo impacta en nosotros el tiempo pasado.  Esta celebración está dedicada a recordar a quienes se nos han adelantado en el camino, es una pausa para vivir nuestro duelo a profundidad, pero nada más.  No debemos quedarnos enganchados a ese tiempo que ya no es real.  Cierto, en ocasiones cuesta mucho trabajo hacerlo, pero la vida sigue su avance siempre para adelante y nosotros debemos fluir con ella, hacia la renovación constante de nuestra propia persona. La gran tarea que tiene cada ser humano en esta vida es conocerse, identificar uno a uno sus talentos y ponerlos a trabajar.  Hacerlo, no como una obligación por cumplir, sino como una oportunidad para disfrutar el trabajo activo a favor de una causa superior a la propia persona.

Justo, revisando la función de un personaje dentro de una historia, entendemos que al personaje lo definen incontables circunstancias: Su aspecto físico, la relación que guarda con el resto de los personajes, pero –finalmente—es definido por sus acciones dentro de la trama.  Es el mismo caso en la vida real, nuestros actos definen quiénes somos.  Los actos derivan de nuestros pensamientos y su continuidad a través del tiempo los convierte en hábitos.  De este modo, lo que somos se manifiesta a través de lo que hacemos y llevan el sello del propósito vital que nos hace brincar de la cama cada mañana con un proyecto en mente.

Es bien conocido que permanecer emocionalmente en el pasado acarrea depresión. Tanto porque no estamos aprovechando nuestro presente, como porque --al fin humanos—tendemos a romantizar ese tiempo que ya se fue, en donde todo era mejor, los seres humanos eran maravillosos, etcétera.  La razón que modela esos tiempos de dicho modo es muy sencilla: nuestra propia persona de entonces tenía una estructura emocional distinta.  Fundamentalmente lo que recordamos viene cribado por las sensaciones que vivimos, desde la persona que éramos entonces.

Es muy bello recordar esos momentos dichosos de infancia y juventud, nuestras raíces.  Recordar y honrar, por elemental justicia.  En ello están las bases del árbol del que hoy somos ramas.  Evitemos, no obstante, quedarnos atrapados en un tiempo que ya no existe y que finalmente absorbe nuestra energía del presente.  Sabemos que para estas festividades tan hermosas contamos con la admiración de muchas naciones extranjeras, que reconocen lo nuestro como un patrimonio intangible único.  Aun así, por más que nos duelan esos seres queridos que han partido, no podemos instalarnos en el ayer.  Ellos, nuestros muertos, no lo hubieran querido así para nosotros.

Una pieza poética entrañable es la escrita por nuestro preclaro Alfonso Reyes por la muerte de su padre, el General Bernardo Reyes, a las afueras de Palacio Nacional, asesinato que se enmarca en los terribles eventos de la Decena Trágica en febrero de 1913.  Inicia con estas palabras: “¿En qué rincón del tiempo nos aguardas, /desde qué pliegue de la luz nos miras? […] Y si seguí viviendo desde entonces/es porque en mí te llevo, en mí te salvo…” El poema fue escrito en el aniversario de la muerte del general Reyes, pero en 1930, y fue publicado en forma póstuma. Quizás el escritor pensaba guardárselo para sí nada más; los amantes de las letras agradecemos que haya traspasado las fronteras de lo íntimo y hoy sea de todos nosotros.  En sus letras vemos cómo, a pesar del terrible dolor que padeció por la violenta muerte de su padre, se plantó en el presente, sí para evocar la figura del padre, no para anclarse en el pasado.

Nuestras bellas tradiciones en torno al Día de Muertos nos representan en el concierto mundial.  Vivámoslas. Al amanecer  recojamos nuestro dolor y reemprendamos la marcha

CARTÓN de LUY

 


El éxtasis del oro (de la película "El bueno, el malo y el feo" con Hauser

RAY BRADBURRY ACERCA DE LA MUERTE


"Cuando morimos, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio adonde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. No importa lo que hagas – decía – en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un autentico jardinero esta en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí. El jardinero estará allí para siempre”.

Tomado de la página: Revista Literaria La Noche de las Letras.

Meditación y estrés: Charla de Daniel López Rosetti

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


He oído decir varias veces que la gente no cambia. Quizá si algo tiene implícito el hecho de sobrevivir en este mundo, es la posibilidad de adaptación y el vencer la resistencia al cambio.

Cambiar no implica necesariamente un acto voluntario, a veces es tan ajeno a ello que nos sorprende a nosotros mismos el modificar hábitos, actitudes que habíamos tenido por largo tiempo. Cambiar muchas veces será causa de satisfacción, en otras la incapacidad de hacerlo, a pesar de que la vida misma nos lo exige nos ocasionará frustración, depresión, un rechazo a aceptar que ya no va más lo que antaño nos había funcionado. Decía Ortega y Gasset "yo soy yo y mi circunstancia" , a veces tenemos a posibilidad de transformar ésta, cuando no, la transformación habrá de ocurrir en nosotros.

La neuroplasticidad, que ahora sabemos no tiene limite de edad, tiene la posibilidad de llevarnos a cambios positivos, pero también a cambios desfavorables, nuestro aprendizaje puede ir en uno u otro sentido.

Cambia, todo cambia, diría musical y bellamente Mercedes Sosa, y al cambiar nuestro entorno, nuestro cuerpo, nuestras necesidades y posibilidades, a veces con cambios drásticos impuestos por los sucesos que la vida nos impone, tendremos que renovar, que aprender, que desaprender, que incluir o desechar de nuestro archivo intelectual y emocional, Cambiaremos perspectivas, anhelos que quedan inconclusos tendrán que quedar en el limbo de lo inalcanzable y ser suplidos por aquellos que nuestras nuevas circunstancias nos hagan sentir son posibles.

Si, cambia la vida, cambiamos nosotros, sin embargo, tengo la certeza de que hay una esencia que permanece incólume, que se mantiene y nos mantiene con un código espiritual reconocible a través de toda nuestra vida, una esencia que nos define. Hay ese algo que no transmuta, que permite que a pesar del tiempo y de las circunstancias seamos  seres de luz u obscuridad, sensibles o insensibles, empáticos o indiferentes, esa energía que nos hace vibrar, virtud divina que prevalece ante el cambio y que sería deseable todos los seres humanos lleváramos por siempre en nuestro interior; se llama AMOR!

El primer otoño: Cortometraje animado

domingo, 27 de octubre de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 POR UNA SALUD DE FONDO

El gobierno de Claudia Sheinbaum acaba de lanzar una iniciativa para el 2025: Prohibir la venta de comida chatarra en las escuelas.  Como muchas otras campañas del pasado se antoja un asunto urgente, dados los índices de enfermedades crónicas relacionadas con el sobrepeso y la obesidad.  Por desgracia, una vez más, parece poco probable lograr su cumplimiento.

En el concierto internacional México es un país que muchos extranjeros disfrutan, pese a los crecientes índices de inseguridad.  Les agrada el desenfado con que nuestra cultura aborda el diario vivir, de manera festiva y despreocupada, atentos a disfrutar el momento sin pensar en cuestiones más allá de lo inmediato.  Hasta donde sé es uno de los pocos países del mundo en que cualquier actividad se convierte en motivo para botanear: Subir a un camión, hacer fila en la vía pública o entrar al cine, constituyen una buena excusa para comprar una bolsa de frituras y un refresco de soda o un jugo. No se diga durante el desarrollo de juegos deportivos, desfiles o conmemoraciones patrias.  Lo que no puede faltar es la multiplicidad de vendedores de comida chatarra. Terrible  además –hay que decirlo—como quedan de basura plazas y calles terminado el evento. Los hábitos de nosotros los adultos, los imitan nuestros niños, recordando aquello de que el ejemplo es el maestro más poderoso que existe. 

Tal vez nosotros como oriundos ya no percibamos este fenómeno dietético, pero si observamos con algo de acuciosidad descubriremos que la mayoría de las familias consumen calorías vacías a la menor provocación.  No se diga en el hogar cuando a la fecha, pese al incremento en costos y las campañas del sector salud, el envase de uno o dos litros de refresco de soda es el elemento que no puede faltar a la hora de comida y cena, y en algunos casos incluso en el desayuno.  Hallé unos datos alarmantes (INEGI, 2023): se calcula que hasta un 30% del ingreso familiar corresponde al gasto en este tipo de productos chatarra.  Paradójicamente, de cada 100 pesos, se invierten 19 centavos en productos de corte literario.

Con la prohibición de comida chatarra en los recintos escolares va a suceder como con otras medidas restrictivas que claramente no han funcionado: Va a generar un mercado negro intramuros; no va a faltar el mecanismo para la introducción y venta de frituras o golosinas hipercalóricas.  Como todo mercado negro, a precios discrecionales, lo que constreñirá aún más el presupuesto familiar. Los niños serán sancionados por consumirlos dentro del plantel, aunque no fuera de este, en casa. ¿Entenderán el mensaje los escolares? Lo dudo.

A inicios de semana en su columna de El Economista Eduardo Ruiz Healy presenta datos a todas luces alarmantes: Arranca con una aseveración tan dolorosa como terrible: “Los mexicanos nos estamos suicidando por comer tanta chatarra.”  Documenta su dicho con datos como estos, grosso modo: En la edad adulta el sobrepeso ronda el 70% y la obesidad entre el 32 y el 44%.  En población infantil el 37% de menores de 12 años y casi el 43% de adolescentes presentan sobrepeso u obesidad. El consumo anual de refresco de soda por mexicano alcanza los 163 litros, lo que equivaldría a medio litro diario.  Pese a los ajustes en las porciones y el costo, para una buena parte de los mexicanos primero está la compra de estos productos en la economía del hogar.

Lo ideal es abordar la problemática, ya sea de salud o de seguridad pública, con un enfoque antropológico. Se requieren científicos que desentrañen los orígenes de lo que hoy tenemos enfrente, para diseñar estrategias de solución de raíz, yendo a modificar las causas últimas de los problemas, en lugar de afanarnos en podar las ramas de las consecuencias.  La seguridad pública no se consigue colocando un elemento armado en cada esquina, estrategia que –visto está—hace poco o nada por resolver el problema.  La buena nutrición no va a brotar por generación espontánea tras una restricción que no toca los orígenes antropológicos del problema.  El consumo de calorías vacías que tanto  tienta a la población no va a modificarse sin una estrategia que atienda a los hábitos alimentarios de las familias; que demuestre  la relación causa-efecto entre dieta y salud, y que –finalmente—ofrezca alternativas viables de compra y preparación de alimentos sanos para la familia, amén de opciones de entretenimiento como el deporte, en donde la familia completa pueda emprender una convivencia sana y enriquecedora.

Habría que volver la vista a países que, con mucho, han optimizado la nutrición en escolares: Países como Finlandia, donde los niños se involucran de manera directa en la preparación de sus propios alimentos, en un aprendizaje activo que se habrán de llevar para toda la vida.