sábado, 22 de enero de 2011

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza,


CON OTROS OJOS
Christopher es un joven enamorado de México, que igual se entusiasma oyendo hablar de las riquezas de cada estado,  como lo hace al platicar   con perfecta dicción  sobre sus viajes por Quintana Roo, Yucatán, Colima, Jalisco, Chihuahua y Zacatecas.   Estuvo en Baja California y Sonora, y para el verano planea conocer Veracruz y el sur de Tamaulipas, y por qué no, tal vez Durango.  Está perfectamente informado de nuestras instituciones y  conoce sus funciones, de manera que no  duda en identificar a cuál recurrir en un momento dado. Aguza sus sentidos para capturar  imágenes,  vocablos,  acordes musicales,  aromas, sabores; se detiene en cada uno, los goza y los   guarda.   Disfruta las historias que la gente cuenta, y lleva consigo  mucha información impresa que ha recolectado durante su viaje.   Cualquiera de nosotros pensaría que se trata de un mexicano que ama tanto a su país que se ha propuesto agotarlo; el pequeño detalle es que Christopher es austríaco y visita México por quinta vez desde el 2006.
   Este joven investigador utiliza el dinero de un premio académico de excelencia  otorgado por el gobierno de su país, para  recorrer la  frontera norte de México  investigando  su cultura.    Llegó a Piedras Negras ávido de información, aunque de entrada se topó con que la institución  encargada oficialmente de la cultura en nuestro municipio se negó  a atenderlo, y ha sido mediante otras instancias, y  la buena voluntad de ciudadanos “de a pie”,   involucrados en  el movimiento cultural local, como Christopher  ha venido recabando la información necesaria para su tesis de doctorado.   Su perfil  profesional le  brinda las herramientas para abrirse paso en circunstancias adversas, y a la fecha cuenta con un nutrido grupo de amigos, entre los cuales me cuento, que hemos sellado con él un pacto de cooperación.  En lo personal me mueven dos  cuestiones,  la primera es sentirme mucho muy honrada como mexicana al percibir que alguien  venga desde tan lejos con  singular entusiasmo a recordarme   cuán grande es  mi país.  Y  la segunda, que sea antropólogo social,  profesión que tuvo José, mi compañero para vivir la vida, de quien aprendí  una perspectiva muy particular para   compenetrarme con las riquezas de mi amado México.
   A Christopher nada lo arredra, ni la indiferencia de las instancias oficiales, ni la tibieza de las que sí lo recibieron pero se quedaron casi  en buenas intenciones.   Su trabajo de investigación llegará a feliz término, de eso  estoy más que convencida, y algo que él no se  propuso  con su visita, pero que en lo personal  me queda como enseñanza de la misma,  es que los mexicanos, y en este caso los coahuilenses, necesitamos despertar y entender la urgente necesidad que tenemos de cerrar filas,  en este caso creadores   y promotores culturales.  Cerrar filas  para tejer una red que nos sustente a todos,   facilitando nuevas oportunidades de crecimiento, pero sobre todo hacerlo con el   fin de   ofrecer una  propuesta enriquecedora para nuestros jóvenes,  en un país que en ratos el desánimo nos tienta a   considerar como  causa perdida.
   Está visto que   muchos de los organismos oficiales están muy alejados de los propósitos, tanto de  creadores   como de promotores culturales,  en tanto nosotros nos hallamos algo aislados unos de otros, de manera que la comunidad se queda en niveles pobres de participación.  Esta inquietud ha sido compartida al menos por aquéllos a quienes el entusiasmo del joven investigador europeo incidentalmente  ha acercado, quizás más de lo que nosotros mismos habíamos hecho antes de ahora.
    En aras de nuestro rescate como nación  urge comenzar a ver a México con otros ojos, redimensionar aquellos  elementos que nos pertenecen a todos, y que  nuestra misma indiferencia está entregando a la delincuencia para que haga pedazos:   La  diversidad de nuestros ecosistemas; la  grandeza de  los grupos humanos;  el inagotable abanico de formas y colores que se despliega a través de tiempo y geografía.  La maravilla de nuestra artesanía,  llámese textiles, cestería, cerámica, maderas, metales,  vidrio soplado. La arquitectura colonial y moderna; las artes plásticas; esa gastronomía que no por nada nos coloca entre las tres más ricas del mundo; nuestra música, nuestras danzas.  Las bellas  tradiciones centenarias;  las letras,  el cine, el teatro; en fin,   toda expresión de identidad nacional.   Y por encima de ello la alegría que aún  en las  mayores adversidades no nos abandona, y ésa nuestra fe que nos lleva a encomendar al cielo las causas más difíciles con  absoluta confianza, como haría un  niño.
   Christopher: Gracias por creer en México, por   exhortarnos  a   ver lo  propio   con otros ojos; a redescubrir y aquilatar todo aquello  que  tu  amor  por   lo que es nuestro pone muy en alto. Ello nos  conmina a   sacar del letargo,   de una vez y para siempre,    nuestro oxidado orgullo patrio.
http://contraluzcoah.blogspot.com/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario