domingo, 2 de julio de 2017

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

TRIVIALIZACIÓN Y CEGUERA
Quizás el libro de Saramago que más me ha marcado sea “Ensayo sobre la Ceguera”, obra que lleva a entender lo absurdo de tantos constructos sociales que tenemos por indispensables. Cuestiones que nos parecen elementales en nuestras relaciones interpersonales, tales como nivel escolar, poder adquisitivo, vestimenta, edad o hábitos de higiene personal, pierden su valor ante una situación de crisis colectiva que demanda que todos los personajes se unan en una causa común. Es un argumento que con cierta frecuencia viene a mi mente ante situaciones del diario vivir, en las que se evidencia lo absurdo que resultan actitudes clasistas y racistas, que a la larga merman un grupo social.

Así como en la novela los personajes fueron contagiados por la ceguera blanca, nosotros estamos siendo afectados por la ceguera social a través de lo que hoy se conoce como “trivialización”. Esto es, el hecho de que ocurran tantos eventos violentos y que se publiciten por todos los medios, genera un acostumbramiento tal, que para que la violencia despierte en mí alguna reacción será necesario que su intensidad sea cada vez mayor. Recuerdo el primer cadáver que vi, fue a principios de los sesentas a mis 6 años de edad; un motociclista había sido impactado por un vehículo, y en pleno crucero se hallaba el cuerpo sin vida del infortunado junto a su maltrecha motocicleta; es una imagen que a más de 50 años de distancia sigo teniendo presente como si la viera ahora. Frente a ello quisiera yo saber, para los 6 años de vida un niño actual, ¿cuántos cientos o miles de imágenes de violencia o de muerte habrán registrado sus pupilas? No necesariamente en el mundo real, pero sí a través de los contenidos en los que la violencia es la regla, y de forma cotidiana se hace apología de la misma. Disparos, estallidos, patadas, ofensas verbales, amenazas de muerte, por citar algunas de dichas manifestaciones. Justo en estos días vi el comercial de una telenovela que está por estrenarse, me sorprendió el número y la variedad de escenas violentas que exhibe este adelanto, y que da cuenta de manera clara de ese fenómeno de trivialización. Como los personajes de Saramago, que en aquellas condiciones de aislamiento y carencia fueron cancelando sus propias percepciones, así sucede con la violencia en nuestro medio, se van creando las condiciones para que a fuerza de repetición asumamos como “normal” la conducta que incluye todo tipo de agresión a otros seres humanos, violación de sus derechos, o deseos de venganza y de muerte. Como público caemos en la trampa de los productores, esto es, reaccionar justificando esos actos violentos y asumiéndolos como conductas sociales aceptables, dentro de una sociedad egocéntrica en la cual lo único que cuenta son mis derechos, a cualquier precio, y nada más.

Algo similar ocurre con la forma como se presenta el sexo en la pantalla. Parece que la censura se limita a impedir que se visualicen de manera clara determinadas porciones anatómicas, pero presenta como “normal” cualquier otro tipo de contenidos. No me considero moralista, simplemente es de sentido común que si permitimos que nuestros niños asimilen ciertos contenidos como normales y apetecibles, por supuesto que van a querer imitarlos. Si la actriz bonita y rica conoce al galán millonario y guapísimo, y después de bailar dos piezas se van a la cama, ¿cuál es el mensaje que se da? No nos sorprenda entonces el elevado número de embarazos en adolescentes con las consabidas complicaciones médicas. Y por otra parte, presentar el acto sexual como sinónimo absoluto de amor transmite un mensaje engañoso que llevará al niño, y más a la niña, a experimentar la temprana actividad sexual como forma de manifestar su cariño por otra persona.

La trivialización es un arma de alta peligrosidad, genera sociedades carentes de empatía. Y es más letal todavía, cuando no se acompaña de referentes, esto es, cuando en una sociedad sus integrantes no se documentan, de modo que carecen de elementos de juicio más allá de los que la televisión o los medios digitales marcan. La trivialización conduce a la idea de que lo único que importa es el momento presente, la satisfacción personal y los propios derechos, sin importar el daño que pueda ocasionarse a otros. Si avanzamos por este camino llegaremos, como en la novela de Saramago, a un punto donde una terrible crisis humanitaria nos lleve a rediseñar los constructos sociales para crear un concepto de comunidad nuevo y distinto, pero francamente no tiene caso esperar a que ello ocurra. Mejor nos ponemos a trabajar desde ahora con nuestros jóvenes y con los contenidos a los que acceden, partiendo de la idea de construir una sociedad justa y democrática para todos.

2 comentarios:

  1. Muy bonito. Muy claro. Muy entendido. Muy real. Felicidades..Ojalá que sea muy a tiempo

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  2. Así es, Antonio, confiemos en que sea a tiempo. Muchas gracias por tus comentarios.

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