domingo, 14 de diciembre de 2025

REFLEXIÓN de JCDovala

 La ofrenda de la vida. 

La vida, en su misterio, no se nos entrega como propiedad eterna, sino como ofrenda fugaz. Cada día que amanece es un regalo que pide ser honrado, no con riquezas, sino con actos que trascienden.

Ofrecemos la vida cuando amamos con sinceridad, cuando compartimos sin esperar, cuando sembramos bondad en un terreno árido. La verdadera ofrenda no está en lo material, sino en el tiempo que dedicamos, en la palabra que consuela, en la mano que levanta.

Vivir es comprender que somos custodios de un instante prestado. Y en ese instante, la mejor respuesta que podemos dar es ofrendar lo mejor de nosotros mismos: la fe, la esperanza, la sonrisa, la ternura.

Porque al final, la vida no se mide por lo que recibimos, sino por lo que supimos entregar. 



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