domingo, 11 de noviembre de 2012

ESO QUE SOMOS LOS QUE ESCRIBIMOS por Ipathia


¿Qué tan difícil resulta escribir? El motivo será siempre algo que escribir. Eso no se cuestiona. No importa el tema. Las variables son en ese sentido infinitas.
Hablando en sentido estricto, en el acto de escribir encontramos dos caminos. Algunos pueden aventurarse a hacerlo sin tomar en cuenta las reglas ortográficas y de sintaxis que los maestros se empeñaron en enseñarnos desde que fuimos niños. Otros nos aventuramos con la certeza de conocer dichas normas, aunque en la primera de cambios acomodamos las comas, los guiones largos, los verbos en gerundio, donde mejor nos parece (ya la RAE y los correctores de estilo se encargarán de someternos a juicio).
Quienes cursamos la educación media superior y superior, vivimos agridulces 7 años redactando informes, resúmenes, reportes, análisis, comparativos, etc., sobre todo aquello que cayó en nuestros sentidos; desde el breve resumen de una cuartilla (a doble espacio con la tan fastidiosa Arial 10) sobre Las Batallas en el Desierto de José Emilio Pacheco, pasando por el apunte de todas las tarjetas informativas de todas las salas del Museo de Antropología e Historia o el reporte sobre El Ciudadano Kane, de Orson Welles.
Hasta ahí, el ejercicio de escribir era más o menos obligado, con algunos momentos felices donde románticos adolescentes tuvimos la idea de escribir un diario. Por supuesto, el acto de escribir pormotu propio es cercenado gracias a la violación del pobre cuadernillo por los ojos de nuestra madre y/o hermanos.
En este mundo todos tenemos ganas de decir lo que pasa por la mente de cualquier manera. Por el medio que sea. Unos bailan, otros cantan, esculpen, pintan, diseñan, construyen. ¿Qué nos sucede a aquellos que nos gusta decir a través de la palabra escrita aún después de las torturas sufridas? ¿Qué nos conduce al sometimiento de la mirada desconocida? Es la pregunta que se hace a todo escritor reconocido. Para casi todos es un acto catártico, reflexivo. El buen escritor se reinventa en cada uno de sus libros. Conocemos su esencia, lo reconocemos en cada uno de escritos, aunque él ya no sea el mismo.
Milan Kundera es uno de ellos. En El libro de la risa y el olvido, publicado por  vez primera en 1978, dice que “escribimos libros porque nuestros hijos no se interesan por nosotros. Nos dirigimos a un mundo anónimo porque nuestra mujer se tapa los oídos cuando le hablamos.”
Claro, hablamos de un escritor. No de aquellos que pululamos por el mundo con la manía de escribir una que otra línea, intentando ser coherentes. Ésos tenemos un nombre:
“[…] Una mujer que le escribe a su amante cuatro cartas diarias no es un grafómano, sino una mujer enamorada. Pero mi amigo, que saca fotocopias de su correspondencia amorosa para editarla un día, es un grafómano. La grafomanía no es el deseo de escribir cartas, diarios, crónicas de familia (esto es, escribir para uno mismo y para quienes le rodean), sino de escribir un libro (es decir, de tener un público de lectores desconocidos).”
¿Cuántos grafómanos hay en el mundo? Cualquiera con acceso a Internet, se jacta ahora de ESCRITOR. Se trata de escribir para aparentar ser intelectual, interesante. O al revés, para aparentar ser alivianado, coolpro -lo que sea que eso quiera decir-. En ambos casos la idea es ocultar una sola cosa: el nivel de ignorancia; se trata de escribir para verter el propio vacío de la existencia.
“[…] La grafomanía (la manía de escribir libros) se convierte fatalmente en una epidemia masiva cuando el desarrollo de la sociedad adquiere tres características básicas:
1)      un alto nivel de bienestar general que permite a la gente dedicarse a una actividad improductiva;
2)       una elevada proporción de atomización de la vida social de la que se deriva la soledad generalizada de los individuos;
3)      Una escasez radical de grandes cambios sociales en la vida interior de la nación.”
No podríamos decir que México se defina por tener un alto nivel de bienestar general y una atomización de la vida social; pero ¡vaya que tenemos una escasez radical de cambios sociales! Por consiguiente la gente que escribe en las redes sociales como si a través de ellas fuera a transformar al mundo, en realidad no esta más que llenando vacíos. Vacíos en servicios públicos, en nuestra vida laboral, social, emocional. Nada más.
“La soledad generalizada produce la grafomanía, pero la grafomanía masiva al mismo tiempo confirma y aumenta la soledad general. El descubrimiento de la imprenta hizo posible en otros tiempos que la humanidad se entendiese mutuamente. En la época de la grafomanía generalizada la escritura de libros adquiere el sentido contrario: cada uno está cercado por sus letras como por una pared de espejos que no puede ser traspasada por ninguna voz del exterior.”
¿Entonces es la soledad la que nos hace buscar compañía en los extraños, a través de las letras? Me gusta pensar que no es sólo eso. Claro, lo asumo desde mi condición de paria y por supuesto, de persona común y corriente sin aspiraciones literarias. Es una injuria para los que somos amantes del ostracismo que nos digan necesitados. Pienso que más allá de soledad, el origen es desolación, si tomamos al pie de la letra la reflexión del checo. La desolación orilla siempre a buscar el acompañamiento, que no la compañía. Conduce a buscar los oídos, el cuerpo, el alma de otro para usarlo; no para compartirlo.
No lo sé. Esta es la primera vez que escribo para alguien que no sea para mí, para un profesor, un amor o un amigo. Y sea por la razón que sea, autorreflexión, soledad, empatía, compañía o simples ganas de escribir, lo hago bajo el signo de la belleza que inunda siempre el espacio como preámbulo del horror que está por surgir.

Escribamos mientras tanto.
Kundera, Milan. El libro de la risa y el olvido, Ed. Seix Barral, Barcelona 1978, pp. 137-138.
Blog donde publica la autora: http://agnosis.me/que-es-agnosis-me/  Twitter personal: @Iphatia

2 comentarios:

  1. Qué bien dicho: Se escribe para buscar acompañamiento de los extraños, ocultando en lo posible la ignorancia.

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  2. Utilizamos al otro para evadirnos de la soledad y para demostrarnos que no somos ignorantes:quee interesante reflexion.

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