domingo, 22 de enero de 2017

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


Aún es posible escuchar el eco de nuestras voces deseándonos unos a otros, "¡Feliz año nuevo!", y el desconcierto, el dolor, la desesperanza pretende borrarnos la sonrisa y hundirnos en la desolación. 

Presas del temor, sin saber como llegamos a ser parte de este mundo que ahora desconocemos, haciendo el recuento de los daños y de los porqués, Descomposición social, falla en la que todos en mayor o menor grado estamos implicados, por hacer, por no hacer o por permitir se hiciera lo que a simple vista no debía ser. 


Nostalgia de aquellos mis años de niña, cuando el tiempo libre se podía dedicar a juegos en los que se convivía plenamente, sin artefactos intermediarios, un encuentro humano real y cotidiano que nos permitía desarrollar estrategias para establecer relaciones humanas sólidas, verdaderas. 


Permanecíamos alejados de información nociva y nuestra educación provenía del hogar y de la gente más próxima a este. Más ingenuos, quizá, íbamos descubriendo el mundo más lentamente, eso nos permitía ir digiriendo las cosas, con mayor madurez nos era más fácil discernir lo que era bueno, lo que era malo,  tomar decisiones y forjar un criterio para que nuestras elecciones pudieran ser más acertadas. 


A nuestros niños y jóvenes se les ha acortado la inocencia, los avances en tecnología  han puesto a su disposición en forma inmediata y continua toda clase de información, misma que todavía no son capaces de procesar. 


Cerebros y corazones tiernos que son estrujados, movidos por fuerzas que van en contra de los valores humanos, valores que todavía no hemos tenido tiempo de tatuarles para cuando ya son víctimas de tantas calamidades, que tristemente no son advertidas ni por los mismos padres.


¿Una guerra perdida? espero que no. Tiempos de cambios, de fortalecer espíritus propios y de las nuevas generaciones, de ser agentes de cambio en nuestro entorno, de no dejar en manos de la tecnología la educación de nuestros hijos. De sembrar esperanzas, de fortalecer voluntades, tiempo de dejar de mirar más a los ojos, de buscar más el contacto humano, de transmitir optimismo. 


Ser ejemplo y no palabra, que nuestras acciones hablen por nosotros, congruencia en nuestra forma de vivir, no corrompernos si queremos frenar la corrupción, no utilizar la violencia en nuestras luchas por la paz. 


La descomposición no resultó de un día a otro, la solución tampoco será inmediata, pero ya es hora de dejar de ser espectadores de nuestra debacle, no más complicidad, es tiempo de participar activamente en el saneamiento de nuestra sociedad.

4 comentarios:

  1. Excelente Ere, como siempre.Un abrazo. Campa

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    1. Querido amigo, me honra tu opinión. Me encanta ser un confeti en este festín que nos prepara cada semana Carmelita. Un abrazo fraterno.
      Eréndira.

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  2. Excelentd blog . Felicidades Carmelita por tus aportaciones

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    1. Gracias, mi querido Doctor Campa. Tratando de despertar esos cambios tan urgentes con la pluma en ristre. Un abrazo.

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