domingo, 4 de enero de 2026

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

MENSAJE DE AÑO NUEVO

En las postrimerías del año, cuando la última hoja pende del calendario anunciando el fin de centenares de días vividos, pasean por mi mente vertiginosamente imágenes de vivencias que la memoria alcanza a recuperar. 

En el balance final, donde definitivamente no todo lo que ocurrió fue bueno, unos años terminarán siendo mejores que otros. A veces estamos deseosos de que concluya un azaroso año, como si pasar de un año a otros nos librara del peso del dolor y al cambiar de número el año, así cambiara el rumbo de nuestra travesía por la vida.

¡Feliz año nuevo! siempre será el deseo que proclamaremos y repetiremos decenas de veces unos a otros, quizá no pasen muchos días en que nos demos cuenta que había valido la pena quedarnos en el anterior, pero el tiempo se creó sin retrocesos ni pausas, avanzamos hacia lo que venga, mejor, igual o peor que lo pasado, y no podemos dejar cifradas nuestras ilusiones en el nuevo año de que todo será mejor. 

Nosotros no cambiamos, seguimos siendo los mismos y tan solo es el paso a un día más, ilusoriamente estrenamos, pero tan solo es continuidad. Pero no romper esa magia que crea el entrar a un año nuevo radica más que nada en renovar esperanzas, en sublimar dolor, en recapacitar en nuestros errores e intentar no repetirlos, enmendarlos, en mantener espíritu libre de resentimientos, en reconquistar afectos, en mantener los que han prevalecido año tras año. Lo que debemos renovar es la voluntad de enfrentar cada día con positividad, de aceptar que nuestra actitud ante la vida será la que mengüe o incremente la adversidad, que no perdamos de vista que cada día vivido es digno de ser agradecido.

Deseo para todos un año en que prevalezca nuestra fe, en que la esperanza no nos abandone, en que la voluntad nos haga resistir y mantenernos firme en los buenos propósitos a los que aspiremos, que nuestras metas sean realistas, que los sueños no nos abandonen porque, por irrealizables que parezcan, a veces son la plataforma para lanzarnos a alcanzar una meta, sin que la frustración de no hacerlos posibles sean un lastre que nos ancle al pesimismo. Que el año nuevo sea la oportunidad de reinventarnos una y otra vez, sin perder nunca la esencia divina de la espiritualidad que mantiene a flote nuestra vulnerabilidad física.

A reencontrarnos con la felicidad, en mayor o menor grado, pero que siempre existan momentos, días, en que una sonrisa, una carcajada, nos robe el aliento, y nos permita fugarnos de las rutinas pesadas, del dolor, de los desencuentros y problemas que se susciten en el diario acontecer de nuestras vidas.

¡Feliz año nuevo!

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