TRAYECTO Y DESTINO
Ahora
cuando ha pasado la algarabía de las fiestas decembrinas, y regreso a mi puesto
de trabajo a organizar las actividades del año, descubro que mi propósito para
estos próximos doce meses consiste en vivir a profundidad las cosas pequeñas,
las que tantas veces damos por descontadas.
Quiero
trazarme objetivos asequibles que pueda cumplir con tranquilidad. Metas de
corto plazo, pero con un sentido humanitario, que no solo me beneficien a mí,
sino a otros, convencida de que, a nuestra partida, lo único que llevamos bajo
el brazo es un poco de lo que hayamos sembrado.
Aspiro
a despertar cada mañana con el gozo de seguir con vida y con una salud
suficiente como para disfrutar los pequeños momentos que se van presentando a
lo largo del día. Recobrar el asombro del niño que sabe maravillarse con lo
menudo, sin tantas complicaciones.
Disfrutar
el fresco del aire que respiro, del primer sorbo de café matutino, de la
estampa que se despliega ante mis ojos con cada amanecer. Extender ese disfrute
a través de la imaginación, para descubrir mi gran fortuna de estar con vida cada
mañana.
Quiero
recordar de manera constante el privilegio de contar con esas amistades que son
como espejo fiel y como bálsamo sanador, frente a las cuales puedo ser yo misma
sin ocultamientos ni dobleces, y hallar de ese modo que la vida crece en
plenitud.
Deseo
enseñar a mis sentidos a capturar las sensaciones que tantas veces damos por
descontadas: Un aroma, un sabor, una melodía que se habría perdido en la nada
si la dejáramos pasar. La calidez de un
abrazo en la piel, que nos recuerda que no vamos solos por el camino.
Durante
este año me propongo disfrutar aún más los momentos de mí-conmigo, espacios
mágicos que es perfectamente válido fomentar y disfrutar, aunque el resto de la
humanidad nos pueda tachar de locos.
Deseo
alcanzar la sabia humildad de reconocer en otros sus grandes atributos, para
hallar la vida más valiosa de lo que hasta ahora la considero. Que sepa
descubrir en cada uno de mis compañeros de camino un punto común que me conecte
con ellos para formar nuevos lazos de amistad y reconocimiento mutuo.
Quiero
tener siempre a la mano lecturas que me lleven a replantear lo que hasta ahora
doy por hecho, a imaginar nuevos panoramas y a generar formas de alcanzarlos.
Que encuentre en una frase o en unas líneas lo necesario para emprender la
marcha por caminos así de inexplorados como prometedores.
Que
termine la jornada con una nueva enseñanza. Que pueda dar gracias al cielo por
lo aprendido en el día que comienza a declinar. Que la curiosidad por descubrir
algo distinto no se apague con el ocaso, sino todo lo contrario, que al alba vuelva
a nacer renovada y fresca.
Pido
a la vida fluir como hace el río, sin estancarme en algún punto del trayecto,
sino solamente acariciando las piedras del lecho, tomando su forma de manera
instantánea, para luego seguir avanzando hacia el mar último en el que habremos
de desembocar algún día.
Para
este 2026 quiero ubicar mi sitio en el cosmos. Soy una simple arenilla en
tiempo y en espacio, un fragmento apenas perceptible. Aun así, mi esencia es
única, digna de existir y de enriquecerse con el trabajo de cada día. Una
partícula micrométrica dentro del universo que me ha tocado habitar por un
tiempo determinado.
Que
para cuando me sorprenda el final, no lleve las manos ociosas ni mi canasto
vacío. Que no haya vivido en vano cada etapa del trayecto antes de afluir al
mar.
¡Feliz
2026 de propósitos personales, para cada uno!
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