domingo, 4 de enero de 2026

REFLEXIÓN de JCDovala

Cuando la esperanza aprende a caminar

La esperanza no nace corriendo.

Al principio tiembla. Da pasos cortos, torpes, casi invisibles. Aprende a caminar como lo hace la vida, cayéndose sin hacer escándalo.

No es euforia ni promesa fácil. Es una disciplina del alma. Un gesto cotidiano que se repite cuando ya nadie aplaude y el camino se vuelve largo.

La esperanza aprende a caminar

en medio de la duda, cuando el cansancio pesa más que la fe y aun así elegimos no endurecer el corazón. Camina despacio, pero avanza. No grita consignas, sostiene.

Agradezcamos esa esperanza modesta, la que no exige garantías,

la que no huye del dolor ni lo convierte en espectáculo. La que se queda. La que acompaña incluso cuando no entiende.

Respetemos su ritmo. Hay esperanzas que no están listas para correr porque han cargado demasiado. Forzarlas sería traicionarlas. Amarlas es caminar a su lado.

Y cuando, al fin, la veamos erguirse,

sin ruido y sin victoria pública,

sabremos que algo verdadero ha ocurrido, la vida, una vez más, eligió seguir adelante.

Así camina la esperanza; con los pies en la tierra, la mirada limpia y el alma en silencio.

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