SABBAT: METÁFORA DEL ÚLTIMO DÍA
Dentro
de mis primeras lecturas de este 2026 incluyo el libro “Gratitud” del médico y
escritor británico Oliver Sacks, mejor conocido por su obra literaria basada en
casos clínicos intitulada: “El hombre que confundió a su mujer con un
sombrero”. Y la obra testimonial “Despertares” llevada a la pantalla bajo este
mismo nombre, protagonizada por Robin Williams y Robert DeNiro. Este pequeño
libro al cual hoy hago referencia consta de cuatro ensayos personales que Sacks
escribió en los últimos años de su vida, cuando él, como médico, sabía que el
final estaba cerca. Una parte del prólogo fue escrito por Bill Hyes, su
compañero de vida en esa etapa final.
Es
interesante el recuento personal que hace Oliver Sacks de su existencia,
comenzando por una figura que fue muy significativa a lo largo de su vida: la
tabla periódica de elementos, con la cual, en distintos momentos se sintió muy
identificado. Sorprende el modo como conocimientos científicos duros pueden
adquirir para Sacks una representación muy personal y viva. A sus ochenta años
hace un recuento de los momentos grandiosos que ha vivido hasta entonces, así
como de las dificultades que ha debido atravesar, y la forma como estas le han
hecho crecer. Se alegra de haber alcanzado tal edad, con todo el
enriquecimiento que ese cúmulo de años significa.
El
segundo ensayo lo escribe un año después, en ese momento como paciente en
tratamiento por un cáncer metastásico. Hace alusión a David Hume, filósofo y
ensayista escocés, quien, en igualdad de circunstancias, escribió en un breve
período su autobiografía para dejar un legado después de su muerte. En este punto Sacks cobra conciencia de que
muchos de sus contemporáneos han muerto y siente cada vez más cercano su propio
final, pero a la vez se alegra de haber tenido la oportunidad de vivir como lo
ha hecho.
En
su tercer ensayo enfatiza notablemente su pasión por la tabla periódica de
elementos y la forma como se identifica con esta. A sus ochenta y dos años,
asume con mayor firmeza su condición de enfermo que pronto va a morir. Se nota
en el escritor una actitud de aceptación frente a su propio destino, dispuesto
a vivir esa última etapa de la mejor manera posible.
El
último ensayo del libro se intitula “Sabbat”. En él hace un repaso de algo que
nos venía expresando mediante guiños desde un inicio. Nació y creció en una
familia judía ortodoxa, hijo de dos médicos que supieron combinar su quehacer
profesional con el cumplimiento de las tradiciones religiosas que el judaísmo
les impuso. Habla expresamente del choque familiar que vivió frente a sus
padres, algunos años después de su bar mitzvá, al cumplir los dieciocho, y a
pregunta expresa del padre revelar su homosexualidad, y cómo, luego de ello, decidió
emigrar de Inglaterra a Norteamérica.
En
este ensayo final Sacks narra una especie de reconciliación con su familia
extendida a través de una experiencia del Sabbat con todos ellos, en lo que
sería su último viaje a Jerusalén, esta vez acompañado de Billy, su compañero
de vida. Nos revela cómo fue para él ese cerrar círculos, a partir de una
metáfora del propio Sabbat judío en su vida personal, como el día de la semana
en que hay que descansar, hacer una evaluación de lo conseguido en un período
de tiempo determinado, y poder terminar sin cuentas pendientes.
Me
parece un libro muy valioso que nos ubica en realidades que tantas veces
eludimos: Somos humanos, mortales y no vamos a vivir para siempre. En nuestras
tradiciones como mexicanos nos burlamos de la muerte y la caricaturizamos, pero
muy en el fondo, debajo de esas capas de aparente burla, sentimos un miedo
atroz a nuestra propia muerte. Nadie puede predecir cuándo llegará ese momento
final. Es una buena estrategia ir
haciendo un alto periódico en el camino para medir qué hemos conseguido y
cuáles cosas tenemos pendientes, para ocuparnos de ellas a la brevedad.
Amanecer cada día –como aconsejan los filósofos orientales—preparándonos para
morir, de modo que, llegado el momento, podamos partir con la tranquilidad de saber
nuestra obra terminada, en disposición de descansar, como se vive, para ciertas
religiones, el día dedicado a la reconciliación.
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