Rafael Elizondo durante su presentación en Piedras Negras, Coahuila, en el marco del XVIII Festival Internacional de Guitarra del Noreste. Fotografía cortesía de Orquídea López Allec.
Vivir la música por dentro.
Entregar todo el ser cada vez que se rasgan las cuerdas una a una
para convocar acordes preciosos de la caja sonora.
Transportarse a no sé qué mundo íntimo que sólo él ha conocido,
pero al que en ese rato nos convida
para emprender un viaje a través de las memorias, de las emociones.
Vivir la música por dentro.
Estremecerse con los propios acordes
como un niño que se detiene a escuchar por vez primera
el canto del bosque
cuando las ramas de los árboles se mecen con el viento.
Vivir la música por dentro.
Conmoverse y conmover;
vibrar y hacer vibrar;
recorrer tiempos y geografías;
amor y dolor;
esperanza y sombras.
Ser uno con la música, con el ayer,
con los sueños del hombre que no mueren,
con la esperanza que se niega a abandonarnos.
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