PANTALLA, RELOJ Y VIDA
Apenas
nos percatamos y ha pasado más de la mitad de enero del 2026. Se repite en cada
uno de nosotros esa sensación de que el tiempo vuela, que lo hace con mayor
velocidad que antes, y nos damos por sorprendidos. Habría que analizar entonces
qué elementos intervienen para que esa sensación se vuelva cada año más intensa
para cada uno de nosotros.
Algún
estudioso de las redes sociales –lamentablemente no recuerdo quién—afirma que
en gran medida esa sensación de que el tiempo vuela está muy relacionada con
cuánto de él utilizamos frente a pantalla, probablemente desde que abrimos los
ojos por la mañana, hasta que vamos a dormir por la noche. Además, hay una ley
(Weber) que establece que, entre más edad tenemos, más rápido sentimos que pasa
el tiempo.
Esta
mañana amanecí haciendo fila en el exterior de una institución. Supuse que
abría a las 8.30, hora en la que llegué, pero en realidad abría hasta las 9. Me
coloqué detrás del primer cliente con el clásico “buenos días”, pensando en
que, como es costumbre en provincia, de una plática casual hallaríamos
suficiente material para pasar esos treinta minutos platicando sobre algún tema
común a ambos. Me ha sucedido en otras ocasiones y he adquirido grandes conocimientos
de esos personajes urbanos que nos topamos por casualidad en algún sitio
público.
Esta
vez no fue el caso. Me fallaron los cálculos de que un señor con una edad
próxima a la mía aceptaría un diálogo improvisado para ocupar esa media hora. Tras
mi segunda pregunta simplemente me ignoró y retomó lo que venía haciendo desde
que me aproximé a él: Deslizando su pulgar izquierdo sobre la pantalla de su
teléfono móvil. Pasó de una receta de tizanas para la tos a base de clavo de
olor, canela y limón, a otra de medicamentos naturales para prevenir el alza de
colesterol y triglicéridos. Siguió una amplia explicación de una “influencer”
respecto al modo como decidió reparar el motor de su vehículo, pasando por
descalificaciones a la persona de una senadora de la república, que la de la
voz catalogó de “roba maridos”. Entre una cosa y otra algún tik-tok chistoso
con esas risas de fondo que a cualquiera irritan. Siguió otro creador digital
hablando sobre alguna iniciativa del gobierno de México y su repercusión
internacional.
Fue
imposible sustraerme a los sonidos del aparato celular del vecino. Tal vez se
me escapen un par de contenidos “scrolleados” por él, pero eso sí, lo que más
me impresionó, y debo ser honesta, no me había percatado de algo similar en
otros momentos, fue la forma como el dueño de la pantalla interactuaba con ella,
mediante risas discretas en respuesta a lo observado, otras más sonoras, y
hasta contestándole a alguno de los personajes que aparecían en la pantalla,
con expresiones de solidaridad a lo expresado.
Una
sola palabra vino a mi mente: “Enajenación”. Fue evidente la manera como un
aparato de 15X8 centímetros logra absorber totalmente la atención de un ser
humano; cómo lo aísla del mundo exterior y lo vuelve indiferente a todo lo que
ocurra en derredor suyo. Claro, este era el caso de un individuo que ocupaba su
tiempo de espera de esta forma. Pero entonces surge la inquietud: ¿El mecanismo
operará con igual intensidad en una madre de familia mientras está con sus
hijos? ¿O absorberá de modo similar la atención de un niño pequeño, que deja de
relacionarse con el mundo real sumido en una pantalla?
La
observación improvisada de laboratorio callejero que llevé a cabo esta mañana
me detonó infinidad de preguntas por responder. Y claro, me explicó en buena
medida la razón por la que solemos sentir que el tiempo avanza más rápido que
nunca en nuestras vidas. Los conocedores hablan de que la falta de novedad en
nuestras percepciones nos lleva a distorsionar el sentido del tiempo, dando la
sensación de que su velocidad varía conforme a los estímulos que recibamos de
nuestro derredor. Además de que los contenidos en redes sociales están hechos
para que cada treinta segundos cambiemos de uno a otro, y así mantener fija
nuestra atención en la pantalla. O sea,
estamos sometidos por un algoritmo perfectamente calculado por la ingeniería
digital que nos atrapa. Es de ese modo como nuestra percepción del tiempo
cambia, y cuando menos lo pensamos, ya estamos preparando las posadas. Nos
preguntamos en qué se nos fue el tiempo de una forma tan sorprendente, y –para
variar—recurrimos a la IA en busca de respuestas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario