domingo, 19 de octubre de 2014

CONTRALUZ por María del Carmen Maque Garza

PARADOJAS DEL TERCER MILENIO
Para decirlo de la manera más clara, el Tercer Milenio nos pescó a todos poco preparados, y de alguna manera estamos pagando la factura.
Pertenezco a una generación que ha vivido lo suficiente para atestiguar los cambios que ha sufrido el planeta en los últimos cincuenta años.  De  niña me maravillaban las caricaturas de Hanna-Barbera que retrataban un mundo futurista en el que buena parte de las actividades cotidianas se hallaban tecnificadas.  Lo que parecía un paseo por un mundo fantástico, hoy se viene cumpliendo en gran medida, de manera que podemos colocar a los norteamericanos William Hanna y Joseph Barbera al lado de otros futuristas reconocidos como Julio Verne o Isaac Asimov.
Pero así como la tecnología ha avanzado a grandes zancadas, nos hemos quedado relegados en otros aspectos   fundamentales.  Uno que salta a la vista  con mucha frecuencia es el relativo al lenguaje, ya no digamos los chats de las generaciones más jóvenes, sino grandes erratas en textos de autores de importantes publicaciones digitales.  Errores ortográficos que  no deberían existir a partir de la utilización de los métodos de autocorrección de los programas computacionales, pero que paradójicamente parecen haberse incrementado.
Otro error –sintáctico-- que da cuenta del ritmo tan acelerado que llevamos, es la utilización de palabras parecidas frente a las que ponemos poco cuidado al seleccionar: Un caso son las homófonas “rayar” y “rallar”, o “haya” y “halla”, en cuya confusión incurrimos en grandes errores.  Otro caso es el de “previsto” y “provisto”, que con frecuencia confundimos, incluso vamos más allá para utilizar “prever” por “proveer”, o más grave aún, utilizamos el barbarismo “preveer”, que recuerdo haber escuchado en  los discursos de  un par de políticos.  Asimismo recuerdo aquella  diputada que, señalando las fallas de dicción de un colega, se preció de que ella “no hablaba con faltas de Ortografía”.  Conclusión: Hemos descuidado que la palabra sea la mejor aliada del pensamiento.
La tecnología nos ha vuelto asistentes de primera fila a los eventos de la vida.  En lugar de  auxiliar a un semejante en apuros nos ocupamos en tomar video y subirlo a las redes; en vez de disfrutar un espectáculo nos  dedicamos a grabarlo; en lugar de reconocer la condición humana que hay en todos, nos mofamos de quienes han hecho el ridículo,  cuyos videos se suben a la red como “bloopers”.
Todo ello de alguna manera nos ha vuelto insensibles al dolor humano; la situación penosa de  alguno se convierte en mercancía que se ofrece en el mercado virtual, y que se mide de acuerdo a su popularidad.  Luego no nos extrañe que esa costumbre nos vaya tornando  indiferentes frente a lo que sucede en nuestro entorno inmediato.
Con relación a los desafortunados eventos que vienen ocurriendo en el estado de Guerrero, al igual que tantos otros que se han presentado a lo largo y ancho del país en los últimos años, hay palabras que simplemente han dejado de tener sentido.  Términos tan terribles, que cualquiera de ellos nos hubiera horrorizado hace algunos lustros, hoy se vuelven parte de la jerga común: “Entambados”; “disueltos”; “desmembrados”; “decapitados”, por citar algunos.  Por desgracia se han vuelto tan comunes en su uso, que ya no nos remiten a la imagen de lo que simbolizan, sino que pasan por nuestra percepción como podrían pasar, digamos: “hipotenusa”; “rescoldo”; “marco” o “periférico”, términos carentes de una connotación emocional que los distinga del resto.
Ahora bien, poco o nada nos percatamos de la forma como hemos quedado entrampados en el mercadeo de la tecnología.  Se ha vuelto un imperativo en nuestra vida poseer la última versión de tal o cual aparato tecnológico, a tal grado inconsciente, que podremos dejar de lado cualquier otra necesidad frente a la urgencia de convertirnos en felices poseedores del nuevo aparatito, como si no hacerlo nos dejara fuera de la jugada.
La lista es infinita: ¿Qué justifica que una chica compre para el día de su boda tres o cuatro modelos de vestido de novia? ¿Quién marcó esta tendencia como obligada? ¿No sería más inteligente invertir  el dinero de los vestidos extra en cubrir  otros aspectos del propio matrimonio?

Si nos descuidamos la Globalización se  volverá un mercenario  movido únicamente por  el dinero de los grandes capitales, para despojar a la realidad de cualquier otro aspecto humano. Bajo el engaño de creernos amos y señores pasaremos a ser lacayos y luego esclavos de nuestra propia creación, lo que me recuerda a otro autor futurista que no debemos dejar fuera: Aldous Huxley, autor de “Un Mundo Feliz”, quien con sobrada razón expresó: “El progreso tecnológico nos ha provisto de maneras muy eficientes para ir hacia atrás”. ¿O cómo la ven…?

2 comentarios:

  1. Hola Hermana!, gracias por mantenernos siempre alertas de las cosas esenciales que dejamos pasar, algunas que pudieran parecer pequeñas como la ortografía y otras importantes como la empatía con nuestros semejantes!

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  2. Las palabras tienen el poder de comunicar, transformar, hermanar, pero también lo tienen para marcar, discriminar o destruir, por ello la importancia que debe tener su uso en la construcción social. Gracias por tu acertado comentario.

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