YESSICA
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color
café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor. Se inscribió a un taller de escritura
creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve participantes, con sus 13 años.
Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su
sintaxis, claro reflejo de su gusto por
la lectura. Lee en voz alta a la misma
velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó a estar muy atentos, para no perder detalle de sus textos.
A lo largo de los tres días que duró el taller esta jovencita no dejó de asombrarnos. Afirma que le gusta leer, lo hace de manera
continua, y con sus amigos ha integrado un círculo
literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos
textos.
Veo en Yessica un futuro literario muy prometedor. Tiene un gran talento nato, pero sobre todo posee un espíritu de constancia y disciplina. Durante el taller mostró gran entusiasmo ante
cualquier actividad que se nos encomendó
desarrollar, una tarde se convirtió en
extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y
al final fue el único humano en un mundo en el que todos se habían transformado en perros.
Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede permiso de abrir la puerta de la imaginación
para viajar, descubrir, crear y recrear.
Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la
lectura, sabe disfrutarla.
Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo contagien a
otros, para procurar la lectura por placer.
Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que
se participa por deber, y a partir del momento cuando ya no existe una
exigencia externa, la lectura se abandona.
Nuestros jóvenes la tienen difícil: Les estamos heredando un
mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde
prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se
abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios. Jóvenes como Yessica amenazan con
desestabilizar al sistema, en ellos está
el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad y que –en consecuencia—vaya a lesionar los intereses de los actuales poderosos. Estos
últimos actúan mediante la utilización
de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta
por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan mantener las cosas como ahora están. Solo quien es capaz de alejarse para ver a
la distancia, puede dar una lectura
distinta a las cosas, proponer otros
caminos para generar el cambio que México necesita.
Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior. Detrás de ella está su familia, seguramente
sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse un derrotero propio de forma valiente y
auténtica, y jalar con ella a sus pares.
Es bajo esta premisa como podrán prepararse adultos con clara conciencia
acerca de qué cambios se necesitan, y
cómo conseguirlos.
A mis años, interactuar con gente joven es como recibir una vitamina de largo alcance. El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a la confianza de que nuestro país habrá de seguir adelante y
mejorará. La tarea de nosotros los adultos
mayores consiste en animar a niños y
jóvenes a perseverar en ese entusiasmo, a reforzarlo, pero sobre todo
a que entiendan cómo hemos llegado a donde estamos; de
quedarnos aquí qué riesgos corremos, y cuáles serían las maneras para evitar empantanarnos. Con jóvenes como Yessica me siento tranquila;
al apropiarse ella de la palabra escrita --como lectora y como escritora--,
está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse,
para favorecer el desarrollo del juicio crítico.
Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos
ociosos, es una forma de morir en vida.
Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una
habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los
años acumulados sino los sueños
agotados.
Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje
lo hago a través de su mamá, y de este modo aprovechamos para hablar sobre los hijos y la
educación. Percibo en ella una madre que
sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando
sus actividades, y anticipándose a lo
que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera
resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la
atención materna.
Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el
hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación. Bajo el amor inteligente y proactivo de los padres florecen futuros
adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.
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