La justicia
Empieza por lo justo en lo pequeño. En lo que nadie vigila y nadie aplaude.
La justicia no nace en los grandes discursos ni en los tribunales solemnes, sino en los actos cotidianos; cumplir la palabra dada, reconocer el esfuerzo ajeno, no tomar ventaja cuando se puede.
Ser justo es elegir el camino correcto incluso cuando el atajo seduce. Es tratar al otro con dignidad, aun cuando no puede defenderse. Es entender que el orden verdadero se construye desde adentro.
Lo pequeño forma carácter. Y el carácter, cuando es firme, sostiene lo grande.
La justicia no grita, se practica. Y cuando se vuelve costumbre, se transforma en fundamento.
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