domingo, 7 de octubre de 2018

Prosa poética de Juan José Arreola


Si camino paso a paso hasta el recuerdo más hondo, caigo en la húmeda barranca de Toistona, bordeada de helechos y de musgo entrañable. Ahí hay una flor blanca. La perfumada estrellita de San Juan que prendió con su alfiler de aroma el primer recuerdo de mi vida terrestre una tarde de infancia en que salí por vez primera a conocer el campo.  Campo de Zapotlán, mojado por la lluvia de junio, llanura lineal de surcos innumerables. Tierra de pan humilde y de trabajo sencillo, tierra de hombres que giran en la ronda anual de las estaciones, que repasan su vida como un libro de horas y que orientan sus designios en las fases cambiantes de la luna.  Zapotlán, tierra extendida y redonda, limitada por el suave declive de los montes, que suben por laderas y barrancos a perderse  donde empieza el apogeo de los pinos.  Tierra donde hay una laguna soñada que se disipa en la aurora.  Una laguna infantil como un recuerdo que aparece y se pierde, llevándose sus juncos y sus verdes riberas.

Tomado de la página "Una poesía al día" del Mtro. Felipe Garrido.

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