DE CHABACANOS Y OTRAS COSAS
Uno
de los grandes cambios de movilidad en el mundo tras la pandemia por COVID 19,
es el relativo a las compras en línea. Los centros comerciales en distintas
ciudades se van quedando cada vez más desiertos, en tanto las compras por la
vía electrónica se disparan. Los mecanismos se vienen afinando para consultar
catálogos de mercancía, seleccionar los artículos que nos hagan falta, pagar y
esperar a que algún servicio de paquetería nos traiga a domicilio lo comprado.
No nos escapamos de los fraudes, por citar un ejemplo, yo compré en línea dos
kilogramos de chabacano prensado de Michoacán por una suma considerable, pero
que creí justificada. Hoy me llegaron dos bolsas de 225 gramos cada una, de
chabacano prensado provenientes de China. Aclaro que los pesé en mi báscula de
cocina, pues como no hablo chino, no habría podido traducir las leyendas de las
bolsas. Definitivamente fue una estafa, que, seguramente, tendré cuidado para evitar
a futuro.
Pero
hoy quiero hablar de otra forma de delito cibernético a raíz de nuestra
dependencia de los métodos electrónicos. Días atrás esperaba un libro que
compré en una plataforma renombrada, que consigue libros en distintos países.
Esta plataforma envía notificación por mensaje cuando la paquetería va llegando
a domicilio. Esperando ya mi libro, entró una llamada de un número local y
contesté, confiada en que sería el servicio de paquetería que debía estar ya a
la puerta. La voz que me llamó por mi nombre completo, es de esas voces muy
ejecutivas de ciertas entidades bancarias. Se identificó como funcionario del
banco fulano de tal, en el que, efectivamente, yo tengo una cuenta. Una vez que
confirmé ser la persona por la que preguntan, me pide que corrobore si acabo de
solicitar un préstamo por una cantidad de varios ceros. Lo niego, a lo que muy
amable responde: “Permítame, señorita, la voy a transferir al área de préstamos
para que realice una aclaración”. Yo sé que debí haber colgado desde el primer
momento, cuando descubrí que no era la paquetería, tonta de mí, pero, en fin,
llegué hasta este punto y ni modo. En ese momento le indico que no me
transfiera a ninguna otra área, que en seguida salgo a la sucursal que me
corresponde para hablar en persona con un ejecutivo. Lo siguiente es un sonido atronador
en mi oído, sospecho que mi amable interlocutor aventó su teléfono. Supongo que
nada más le faltó reclamarme por qué le hice perder su tiempo, si a fin de
cuentas no me pudo estafar.
En
México hay servicios tan necesarios como de riesgo. Uno de ellos es la
telefonía celular. Ahora que el gobierno federal intenta que proporcionemos
todos nuestros datos confidenciales, para conservar nuestra línea telefónica, pienso
que es como estar ofreciendo un platillo aún más jugoso a los delincuentes, que
seguirán (ellos sí) desde el anonimato, intentando robarnos nuestro patrimonio
familiar y nuestra tranquilidad.
Hace
dos semanas Coahuila salió a votar por diputados locales y votó por el PRI. La
calidad de vida que venimos teniendo con estos últimos tres gobiernos estatales
nos hace descartar cualquier cambio de color. Estamos muy bien así, nada qué
ver con lo que sucede en otras entidades federativas, que me lleva a recordar
lo que vivimos los coahuilenses allá por el 2011, cuando el crimen organizado
asolaba varias ciudades de nuestro estado, período en el que ocurrió la masacre
en el municipio de Allende Coahuila, que cobró la vida de muchas familias. Sucesos
que, hasta la fecha, no han sido del todo clarificados y mucho menos olvidados
por quienes, por cercanía geográfica al menos, los recordamos con una mezcla de
dolor e impotencia.
Muchos
de los delitos más terribles hoy en día tienen que ver con el uso de la
tecnología. En mi caso, desde los chabacanos que encargué de Michoacán y que me
llegaron desde China en cantidades irrisorias, y que no he probado. Me inquieta
descubrir que sean de plástico y no frutales… Hasta los intentos graves de
extorsión, son condiciones que nos activan la liberación de cortisol, y nos
llevan a permanecer en guardia, a la defensiva, que no es la mejor manera de
vivir. Definitivamente.
Recordando
Coahuila 2011 y su cohorte de muerte, pienso en las madres buscadoras, en su
doble lucha, la de acabarse el cuerpo excavando para encontrar los huesos de
sus hijos desaparecidos, y la de no desfallecer, a pesar de todo lo que tienen
en contra, la falta de apoyos, la represión, y tantas y tan burdas
descalificaciones a su incansable labor titánica, al modo de amar a sus seres
queridos con todo, hasta terminar con la carne en vivo.
Ya
escribiré una secuela de este texto, donde les platique si los chabacanos eran
tales, o productos de utilería solamente. Mientras tanto, a seguir cuidándonos,
más cada día.
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